jueves, 18 de marzo de 2021

LA DINASTÍA AQUEMÉNIDA.



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TOMIRIS, LA REINA BÁRBARA QUE ACABÓ CON CIRO EL GRANDE.

A mediados del siglo VI a. C. Ciro II, mejor conocido como Ciro el Grande, de la dinastía aqueménida accedió al trono de Persia, se rebeló contra su abuelo, Astiages, rey de Imperio Medo, al que venció y arrebató su reino. Este fue el nacimiento del Imperio Persa. A continuación, conquistó el reino de Lidia y el Imperio Neobabilónico, pero cuando Ciro se disponía a extender su imperio hacia el norte, terminó vencido por unos bárbaros y su reina, Tomiris, la cual acabó con la cabeza del persa entre sus manos. 

Cuenta Heródoto que, hacia el año 530 o 529, Ciro, confiando en su invencibilidad, se lanzó contra el territorio de los nómadas maságetas, que ocupaban una inmensa llanura de Asia Central, más allá del río Oxus, el actual Amu Daria. Así también lo relata el historiador Jordanes, que señala a la vanidad de Ciro como causa de su ruina. Por entonces reinaba sobre los maságetas Tomiris, o Támiris, como la llaman otros historiadores. Tomiris, tras la muerte de su marido, había obtenido el mando sobre los maságetas. Otros autores llaman a este pueblo getas o escitas. 

Ciro envió un mensajero a Tomiris para solicitar su mano, pero esta, que sabía que el persa en realidad no quería su mano sino su reino, le prohibió entrar en sus tierras. Este cortejo también se menciona en la Suda, la gran enciclopedia bizantina. Ciro, en vista de que no tenía éxito con su estratagema, marchó de inmediato hacia el río Araxes, al sur del Cáucaso, y preparó abiertamente una campaña contra los maságetas, echando puentes sobre el río para el paso del ejército. Que Heródoto sitúe la acción en este río debe tratarse de un error o, como apuntan algunos historiadores, el Araxes era otro nombre del Oxus. Por su parte, Amiano Marcelino, sitúa la campaña de Ciro en Europa, más allá del Bósforo. 

Mientras tanto, Tomiris le envió un mensajero a Ciro en el que pedía que se conformara con su imperio y que dejara en paz a los maságetas. Aún así, si el rey quería seguir adelante con sus planes, Tomiris le invitaba a pasar a su país confiada en que la victoria le sería más fácil en su territorio, o bien, ella pasaría al del persa para luchar. A pesar de que la mayoría de los consejeros de Ciro eran de la opinión de que lo mejor era dejar a Tomiris entrar en territorio persa, Creso, el antiguo rey de Lidia y ahora consejero de  Ciro, le aconsejó que fueran los persas lo que entraran en el país de los maságetas, pues si era vencido, además de la batalla, también perdería su imperio. A continuación, Creso expuso su plan: establecer el campamento, preparar un banquete, dejar a las peores tropas y fingir la retirada del resto del ejército, para atraer a los maságetas. 

Ciro aceptó el plan de Creso y avanzó hacia el país de los maságetas, instaló el campamento y retrocedió. Entonces, un tercio del ejército maságeta invadió el campamento persa y acabaron con las tropas de Ciro que habían quedado. A continuación, los maságetas disfrutaron de la comida y del vino del banquete persa y, cuando se habían quedado dormidos por la embriaguez, los persas les atacaron, acabaron con muchos de ellos y capturaron a otros, entre ellos al hijo de la reina Tomiris, el joven Espargapises. El macedonio Polieno, en sus Estratagemas, dice, por el contrario, que la que tendió esta trampa fue Tomiris a los persas. 

Tomiris, al saber lo sucedido, envió un mensaje a Ciro en el que le decía que liberara a su hijo y se marchara, o le saciaría de sangre. Poco después, el hijo de Tomiris pidió su libertad y los persas se la concedieron, pero una vez libre se quitó la vida ante la vergüenza de haber caído en aquella trampa. 

Tomiris, al no haber hecho caso Ciro de su mensaje, reunió todas sus tropas y le atacó. La batalla, según Heródoto, fue muy reñida, aunque finalmente triunfaron los maságetas. Fue aniquilado la mayor parte del ejército persa y con el, su rey, Ciro. Entonces Tomiris mandó llenar un odre de sangre humana y buscar el cadáver de Ciro entre los persas muertos; y cuando lo encontró, introdujo su cabeza en el odre, cumpliendo así su promesa de saciarlo de sangre. Por su parte, los historiadores Justino y Orosio dicen que Tomiris tendió una emboscada a Ciro en un desfiladero y que mató, a la exagerada cifra, de 200.000 persas, y después le cortó la cabeza a Ciro y la metió en un odre lleno de sangre, pronunciando estas palabras: “sáciate de la sangre que ansiaste y de la que siempre fuiste insaciable”. Julio Frontino, en su obra Estratagemas, aúna ambas versiones y dice que, tras un combate reñido, Tomiris emboscó a Ciro en un desfiladero. Esta victoria de Tomiris llevaría al sofista Elio Teón a considerar a la reina de los maságetas como la más valerosa de todas las mujeres. 

Termina su relato Heródoto diciendo que esa es una de las versiones sobre la muerte de Ciro y, efectivamente, hay otras. Diodoro cuenta que Tomiris crucificó a Ciro; Ctesias dice que murió de una herida que le causaron durante una campaña contra el pueblo de los Derbices, en la frontera oriental; Beroso cuenta que Ciro murió en una batalla contra los escitas Daai; por su parte, Jenofonte dice que Ciro murió de viejo, algo que concuerda con que su cuerpo pudiera ser enterrado en Pasagardas. 

Cuenta Jordanes, que Tomiris, animada por el botín capturado a los persas, dirigió una campaña hacia Mesia, entre las actuales Bulgaria y Rumanía, y fundó una ciudad, Tomis, la moderna Constanza. 

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lunes, 15 de marzo de 2021

ARTICULO 13º DEL TRATADO DEL PARDO DEL 11 DE MARZO DE 1778.

Deseando Sus MAJESTADES CATÓLICA Y FIDELÍSIMA promover las ventajas del comercio de sus respectivos súbditos, las cuales pueden verificarse en el que recíprocamente hicieren de compra y venta de negros, sin ligarse á contratas y asientos perjudiciales, como los que en otro tiempo se hicieron con las compañías portuguesa, francesa é inglesa, las cuales fué preciso cortar ó anular, se han convenido los dos altos príncipes contrayentes en que para lograr aquellos y otros fines y compensar de algún modo las cesiones, restituciones y África renuncias hechas por la Corona de España en el Tratado preliminar de límites de 13, de Octubre de 1777, cedería Su MAJESTAD FIDELÍSIMA, como de hecho ha cedido y cede por sí y en nombre de sus herederos y sucesores á Su MAJESTAD CATÓLICA y los suyos en la Corona de España, la isla de Annobón, en la costa de África, con todos los derechos, posesiones y acciones que tiene á la misma isla, para que desde luego pertenezca á los dominios españoles del propio modo que hasta ahora ha pertenecido á los de la Corona de Portugal; asi mismo todo el derecho y acción que tiene ó puede tener á la isla de Fernando del Po en el golfo de Guinea, para que los vasallos de la Corona de España puedan establecer en ella, y negociar en los puertos y costas opuestas á la dicha isla, como son los puertos del río Gabaon, de los Camarones, de Santo Domingo, de Cabo Fermoso y otros de aquel distrito, sin que por eso se impida ó estorbe el comercio de los vasallos de Portugal, particularmente de los de las islas del Principe y de Santo Tomé, que al presente van, y que en lo futuro fueren á negociar en dicha costa y puertos, comportándose en ellos los vasallos españoles y portugueses con la más perfecta armonía, sin que por algún motivo ó pretexto se perjudiquen ó estorben unos á otros.

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LAS ISLAS AFRICANAS DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA.

Muchos saben que a grandes rasgos el Virreinato del Río de la Plata lo formaron Uruguay, Paraguay, Bolivia y extensas regiones de las actuales Argentina y Chile, pero pocos conocen que unas lejanas islas africanas también pertenecieron a este virreinato. 

En los años 1777 y 1778 España y Portugal firmaron los Tratados de San Ildefonso y el Pardo. Estos tratados fijaron los límites entre el Virreinato del Río de la Plata y Brasil, pero habían unos artículos que hacían referencia a territorios en el Golfo de Guinea, en África, en los que Portugal cedía a España las Islas de Fernando Poo, actual Bioko, y Annobón, aunque en realidad la soberanía de Portugal sobre estas islas era, cuanto menos, endeble. 

Con estas adquisiciones, España tenían como objetivo la creación de una base desde la que abastecer de esclavos sus territorios ultramarinos, en especial al recién creado Virreinato de la Plata. Así mismo, los españoles querían convertir estas islas en una escala en la ruta de Filipinas. 

Con estas posesiones en África, España creó la Gobernación de Fernando Poo y Annobón y la hizo dependiente del Virreinato del Río de la Plata. El caso del Virreinato del Río de la Plata y las islas del Golfo de Guinea no es único. Tenemos el ejemplo de Filipinas y algunos archipiélagos de Oceanía, que dependieron del Virreinato de Nueva España, con su centro en México, durante casi 250 años. 

España, para hacerse cargo de las islas, envió en 1778 una expedición desde Montevideo. Dado que estas islas eran parte del Virreinato del Río de la Plata, fueron su Virrey, Pedro de Cevallos, y la Real Hacienda de este territorio, los que organizaron y sufragaron esta expedición, perteneciendo algunas de sus tropas al Regimiento Fijo de Buenos Aires. 

Las fuerzas navales estuvieron dirigidas por José Varela y las terrestres por el Brigadier Conde de Argelejo, que había sido nombrado Gobernador de las Islas. En un principio el destino de la expedición se mantuvo en secreto y solo se reveló en alta mar, así se evitaba que los ingleses lo descubrieran. 

Una vez llegados a la isla portuguesa de Príncipe, los españoles debieron esperar durante varios meses al comisario portugués que debía formalizar la entrega de las islas. Por fin, en octubre, españoles y portugueses llegaron a Fernando Poo y los primeros tomaron posesión, aunque, tanto las malas condiciones de los expedicionarios como del lugar elegido, les hicieron desistir de asentarse allí. 

A continuación, tras un breve paso por Príncipe y Santo Tomé, se dirigieron a Annobón, pero en el trayecto murió Argelejo, siendo sustituido por el teniente coronel Joaquín Primo de Rivera, su segundo. Una vez en Annobón, la población se negó a reconocer la soberanía del rey de España, llegando a producirse momentos de tensión. Incluso, los habitantes de Annobón salieron “en procesión con crucifijos, santos, calaveras y otros huesos humanos”. Entonces, la expedición se retiró a Santo Tomé y esperó refuerzos de España para un segundo intento en 1779, ya en época del virrey Vértiz. 

A finales de este año regresaron a Fernando Poo y fundaron un establecimiento, Concepción, aunque para ello tuvieron que enfrentarse primero con los nativos, reacios a permitir la colonización de los españoles. Pero las bajas y las enfermedades hicieron que las tropas españolas se amotinaran, tomaran preso a Primo de Rivera, abandonaran el asentamiento y se retiraran a Santo Tomé en 1780. Finalmente, los pocos supervivientes de la expedición regresaron, previo paso por Brasil, a Montevideo en 1783, firmando así el fracaso de la expedición. 

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martes, 9 de marzo de 2021

EL LIBER HISTORIAE FRANCORUM Y SAN VICENTE MÁRTIR.

«Qui ait: 'Domine, tunica beati Vincenti martyris deportant et cum ipsa, ut eis Dominus misereatur, exorant. Et ille ait: 'Vade, dice episcopo civitatis, ut cum fiducia veniat ad nos, nihil dubitans'. Ille vero cum haec episcopo nunciasset, ipse cum muneribus occurrit eis, Childebertus quoque postolans, ut ei reliquias beati Vincenti daret. At ille dedit eis tolam eius. Tamen memorati reges, adquesita maxima parte Hispaniae, cum multis spoliis reversi sunt. Childebertus vero Parisius veniens, ecclesiam in honore beati Vincenti martyris edificavit».


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541, LA INVASIÓN MEROVINGIA DE HISPANIA.

Son conocidas las guerras civiles de los visigodos, sus guerras contra los suevos o las que mantuvieron contra los bizantinos, pero es prácticamente desconocido que en el siglo VI los visigodos se enfrentaron a los francos de la dinastía merovingia cuando estos invadieron Hispania. 

En el año 507, tras la derrota visigoda en la batalla de Vouillé, los godos perdieron la mayor parte de sus territorios en la Galia, conservando únicamente una franja de tierra en el sureste, la conocida como Septimania. Desde entonces los visigodos se asentaron definitivamente en Hispania y pasaron a controlar la mayor parte del territorio. 

Años después de Vouillé gobernaba Hispania el ostrogodo Teudis. Durante su reinado, en el año 541 o 542, según otros, los reyes francos Clotario I y Childeberto I, hermanos e hijos de Clodoveo I, acompañados de un gran ejército y, según algunas fuentes, por otros tres reyes francos, cruzaron los Pirineos occidentales, pasaron por Pamplona, y a continuación se dirigieron a Caesaraugusta, la actual Zaragoza, a la que pusieron sitio. Según Isidoro de Sevilla está invasión se produjo en el año 569 de la Era Hispánica, es decir, el año 531. 

Para unos historiadores la invasión tuvo como objetivo anexionarse territorios, para otros era una mera expedición de saqueo y para otros se pretendía vengar las ofensas que el anterior rey de los visigodos, Amalarico, había hecho años atrás a su mujer, Clotilde, hermana de los reyes francos. 

Según Gregorio de Tours, en su Historia Francorum, los habitantes de Zaragoza se volvieron hacia Dios, ayunaron, se vistieron de cilicio y sacaron en procesión alrededor de la muralla la túnica del Beato Vicente Mártir. Las mujeres seguían esta procesión vestidas de luto y con los cabellos cubiertos de cenizas. Ante está visión, los francos se asustaron y creyeron que se trataba de algún hechizo, por lo que levantaron el sitio, que duró, según la Crónica Caesaraugustana, 49 días. 

Esta crónica también dice que los francos devastaron casi toda la provincia Tarraconense, algo que coincidiría con lo que cuenta Gregorio de Tours al decir que los francos conquistaron gran parte de Hispania, a lo que añade que regresaron a la Galia con gran botín. 

Otra versión, la del Liber Historiae Francorum, dice que el rey Childeberto levantó el sitio de Zaragoza solo cuando consiguió que le entregaran la túnica del Beato Vicente Mártir, la cual llevó hasta París, donde le dedicó una iglesia en la que más tarde ser haría enterrar. Esta iglesia es la hoy conocida como Abadía de Saint-Germain. 

Una tercera versión dice que la retirada de los francos no fue tan tranquila ya que el duque Teudigiselo interceptó la retirada franca en los Pirineos. Estos, tras un primer enfrentamiento desfavorable, pagaron a Teudigiselo un fuerte rescate para que les dejara retirarse durante un día, tras el cual, los francos rezagados fueron masacrados por los visigodos. 

Por su parte, la Crónica Albeldense nos dice que Teudis venció a los reyes francos en el territorio de las Hispanias, aunque no sabemos si esta mención hace referencia a una batalla que no conocemos o a la victoria del duque Teudigiselo sobre los francos en los Pirineos. 

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jueves, 4 de marzo de 2021

DECRETO DE INDEMNIZACIÓN DE PARAGUAY A FRANCIA Y A ALGUNOS DE SUS CIUDADANOS.

 



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EL CONFLICTO FRANCO-PARAGUAYO DE 1855-1858.

Anteriormente hablamos de la historia de la colonia Nueva Burdeos, en Paraguay, en esta ocasión nos ocuparemos de la crisis diplomática surgida entre Paraguay y el Segundo Imperio francés debido a los problemas entre el primer país y los colonos franceses de Nueva Burdeos, crisis que pudo haber desembocado en un conflicto armado. 

El 22 de noviembre de 1855 el cónsul francés en Paraguay, Lucien de Brayer, se quejó de que a uno de los colonos de Nueva Burdeos, relacionado con un intento de fuga, se le había maltratado. De inmediato las autoridades paraguayas abrieron una investigación, aunque poco después el Ministro paraguayo de Relaciones Exteriores calificaría estas quejas de 'falsas'. Quizás, debido a la protesta del cónsul francés, el Presidente López absolvió dos días después a un grupo de colonos que habían sido detenidos intentando fugarse de la colonia. 

A pesar de que la mayoría de los colonos abandonaron Nueva Burdeos a finales de 1855, las quejas por parte del cónsul francés continuaron. En enero del año 1856 el cónsul se quejó por la expulsión de Paraguay de un francés, Luis Naud, ajeno a la colonia. El Ministro de Relaciones Exteriores, Nicolás Vázquez, contestó al cónsul que la expulsión se debía a la mala conducta de Naud y, lo que es más increíble, le recordó al cónsul que fue él mismo el que solicitó en el pasado varias veces la expulsión de su compatriota. Aún así, el cónsul francés insistiría en su queja. 

En febrero el cónsul volvió a protestar por las deudas y el precio de los pasajes que el Gobierno de Paraguay reclamaba a los excolonos. De nuevo, en febrero, el cónsul se quejó al Gobierno de Paraguay por los documentos retenidos a cierto excolono. En este mes se decretó que se dieran empleos a los excolonos para que pudieran pagar sus deudas, pero poco después, el cónsul francés protestó por considerar estos empleos como trabajos forzados, casi esclavos. Con estas nuevas quejas la polémica se fue volviendo más áspera, llegando Nicolás Vázquez a sugerir que el cónsul francés actuaba por cuenta propia y no siguiendo ordenes del Gobierno de Francia, además de ser la mano oculta tras las protestas de algunos excolonos. 

Durante los meses siguientes continuó el intercambio de notas entre Lucien de Brayer y Nicolás Vázquez, a los que en mayo se sumó el conde Alejandro Walewski, hijo natural de Napoleón y Ministro de Exteriores francés, quejándose por algunas de las disposiciones que hacia los excolonos había tomado el gobierno paraguayo. El ministro francés llegó a notificar que el Gobierno del Emperador había prohibido que cualquier nacional emigrase a Paraguay. 

A mediados de 1856 llegó a Paraguay Tomás Guido, ministro plenipotenciario de la Confederación Argentina, para negociar ciertos asuntos de su país, pero, según la prensa francesa, también para mediar entre el gobierno paraguayo y los excolonos. El Gobierno de Paraguay, para evitar altercados con los excolonos, en junio, les condonó las deudas para facilitar que salieran del país. 

Aún así los problemas continuaron. Entre otros reclamos, el cónsul francés solicitaba una indemnización para los excolonos por pagos que habían efectuado de forma injusta y otra indemnización para Francia por los gastos ocasionados por socorrer a sus nacionales y por su transporte al exterior de la República. 

Ya en julio se menciona por primera vez el rumor de la próxima llegada de una escuadra francesa para apoyar los reclamos del cónsul. Mientras, siguieron las discusiones entre el cónsul de Brayer, su sucesor,  Armand de Brossard, y las autoridades paraguayas. En marzo de 1857 aparece otra noticia de un barco de guerra francés, el 'Le Bisson', en aguas de Paraguay llevando a cabo observaciones sospechosas de las defensas paraguayas. Sin embargo, finalmente se aclaró que el navío francés solo tenía intereses científicos. 

Solamente en febrero de 1858, cuando Paraguay indemnizó a Francia y a sus ciudadanos, cesaron los rumores de intervención naval francesa. Y aunque el Gobierno de Paraguay con esto no reconocía nada, prefirió el pago de estas indemnizaciones por el bien de su tranquilidad y de las buenas relaciones con el Imperio francés. 

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lunes, 1 de marzo de 2021

EL CONTRATO PARA LA COLONIZACIÓN FRANCESA DE PARAGUAY.

 

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1855. NUEVA BURDEOS, UNA COLONIA DE FRANCESES EN PARAGUAY.

En 1854, durante su viaje a Europa, Francisco Solano López se encargó de encontrar en Francia a colonos para llevar a Paraguay. En un principio el objetivo fue conseguir 500 colonos españoles, pero no pudo hacerse. Luego se firmó un contrato con Antonio López, un armador de Bordeaux, por el que se realizaría una emigración de 800 a 900 operarios rurales y algunos artesanos. Los colonos deberían ser capaces de trabajar, ser vascos, franceses o españoles, y de religión católica. 

El 14 de Mayo de 1855, apareció el decreto de Carlos Antonio López sobre la creación de la colonia de La Nueva Burdeos, actual Villa Hayes. El preámbulo de este decreto nos da alguna información sobre las motivaciones de esta colonia. Se pretendió que la llegada de los colonos aumentara la población y mejorara la agricultura. La colonia se estableció junto al Paraguay, unos kilómetros río arriba de Asunción, en un punto del Gran Chaco conocido por el lugar de la antigua Reducción del Paraguayo Don Amancio González Escobar. 

Los colonos contratados recibirían tierras y herramientas. También recibiría habitación y animales, cuyo coste deberían abonar posteriormente, junto con el del pasaje desde Europa. Además, se decretaba que para la seguridad de la colonia, esta contaría con una guarnición del ejército. Los colonos fueron llegando en varias etapas a Paraguay durante los primeros seis meses del año. Ya que en un primer momento la colonia no estaba preparada, los colonos fueron asentados temporalmente en Asunción y más tarde en la Villa del Pilar. A principios de julio, el 'Eco del Paraguay' anuncia la llegada a Asunción de más de 200 colonos. A finales de julio Francisco Solano López fue invitado por los colonos de Nueva Burdeos para que celebrara su cumpleaños. En la noticia que recoge el evento se nos describe como era aquel pueblo, llegando a decir que era “el país de las esperanzas”. En agosto llegó otro grupo a bordo del Aquitaine, barco que, tras su compra, sería llamado Río Blanco. 

Los problemas con los colonos empezaron pronto. En mayo, antes del decreto de creación de la colonia, ya tenemos noticias de alborotos causados por algunos colonos durante la travesía y en su estancia en la Villa del Pilar. A mediados de julio varios de ellos desertaron de Nueva Burdeos con sus armas. Para evitar esto, el gobierno prohibió que los colonos salieran a cazar sin permiso. A finales de agosto fueron apresados varios colonos que intentaban huir y, al parecer, internarse en el Chaco, aduciendo que las tierras de Nueva Burdeos no eran buenas o que ellos no eran agricultores. A estos, ya excolonos, se les permitió abandonar la colonia y se les reasentó en otros puntos del país. 

Las deserciones y la no llegada de todos los colonos que un principio se deseaba, hizo que a principios de septiembre, el Presidente López ordenara que, ante la falta de mano de obra, fueran llevados a Nueva Burdeos ciudadanos paraguayos para poblarla. 

A raíz de las deserciones, el 27 de septiembre se dispuso que aquel que intentara fugarse “...será castigado con todo rigor, y hasta con la pena de muerte, según las circunstancias”. Aún así, a finales de octubre otro grupo de franceses fue apresado cuando intentaba huir a Corrientes, en la Confederación Argentina. En noviembre, tras una nueva fuga, se endurecieron las normas sobre la posesión de armas para que los colonos no se mantuvieran de la caza durante sus fugas. 

En esas fechas llegaron las primeras quejas del cónsul francés, Lucien de Brayer, por el trato que uno de los colonos apresados recibió durante el interrogatorio, iniciándose así una crisis diplomática. Quizás, debido a las quejas de Brayer, el Presidente López decidió perdonar a varios de los desertores. 

Se puede decir que el 29 de diciembre se puso punto y final a Nueva Burdeos. En esa fecha se dio permiso a la mayoría de los franceses para que abandonasen la colonia, quedando muy pocos en ella, sin embargo, aquellos que dejaran Nueva Burdeos deberían pagar al Tesoro Nacional sus deudas por el pasaje y la manutención. Para que esto sucediera, se decretó en febrero de 1856 que se diera ocupación a los excolonos que se encontraban en Asunción para que así pudieran pagar sus deudas con parte de su sueldo. A pesar de ello, muchos excolonos, para no pagar su deuda, rechazaban estos trabajos. El Gobierno, para evitar altercados con ellos, en junio, les perdonó las deudas para facilitar así que salieran del país. En esta decisión debió influir la mediación de Tomás Guido, ministro plenipotenciario de la Confederación Argentina, recientemente llegado a Paraguay. 

Muchos de los franceses, que un principio querían volver a su país, acabaron dispersándose por la Confederación Argentina. 

La crisis diplomática franco-paraguaya siguió con el sucesor de Brayer, Armand de Brossard, al punto de que Napoleón III consideró intervenir militarmente en Paraguay. Solamente en febrero de 1858, cuando Paraguay indemnizó a Francia y a sus ciudadanos, cesaron los rumores de intervención naval francesa. La indemnización a los excolonos se debió al pago de las deudas que algunos de ellos realizaron antes de que dichas deudas fueran condonadas por el Presidente López. La indemnización a Francia tenía su origen en los gastos de este país para socorrer a sus nacionales y de los transportes para sacarlos de Paraguay. 

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jueves, 25 de febrero de 2021

LA DINASTÍA JULIO-CLAUDIA.




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10 HECHOS QUE NO CONOCÍAS DEL EMPERADOR AUGUSTO.

Es mucho lo que se conoce sobre el primer emperador del Imperio Romano, Augusto, y su reinado de cuarenta años, el más largo de la historia del Imperio, pero a continuación hablaremos de diez hechos de su vida que apenas se conocen. 

Cuenta Suetonio que, poco después de la Guerra de Perusia que le enfrentó contra los partidarios de Marco Antonio, estando el joven Augusto, aún llamado Octaviano, en esta ciudad, un grupo de gladiadores casi acabó con su vida. 

En su adolescencia estuvo prometido con la hija de Publio Servilio Isáurico, aunque finalmente su primera esposa fue Claudia, hijastra de Marco Antonio, con la que se casó para sellar la reconciliación y la alianza con este. Aunque más tarde la repudiaría para casarse con Escribonia. 

En el año 30 a. C., tras la muerte de Cleopatra, cuenta Suetonio que hizo sacar de su sepulcro el sarcófago de Alejandro Magno, al que homenajeó colocándole una corona de oro y cubriéndole de flores. 

Construyó un templo en honor Júpiter Tonante por “haberle salvado del peligro cuando, durante una marcha nocturna en su expedición contra los cántabros, un rayo pasó rozando su litera y mató al esclavo que le precedía para alumbrarle”. Y es que, según Suetonio, esta experiencia le traumatizó. “Sentía un temor un tanto enfermizo por los truenos y los rayos, hasta el extremo de que, para protegerse, llevaba siempre consigo a todas partes una piel de foca, retirándose, a la menor sospecha de tormenta, a algún lugar recóndito y abovedado”. 

Dos noticias dejan de manifiesto la crueldad de Augusto. En una ocasión “hizo vender en publica subasta a un caballero romano junto con sus bienes por haber amputado a sus dos jóvenes hijos los dedos pulgares para evitar su alistamiento”. En otra, alguien se acercó a saludarle y Augusto, pensando que escondía una espada, lo hizo torturar, le sacó los ojos con sus propias manos y ordenó que lo mataran. 

Según Suetonio, Augusto no adornaba sus casas de campo con grandes lujos, prefería hacerlo con objetos antiguos o raros “como los restos colosales de enormes monstruos y animales salvajes que se conservan en Capri y que se conocen con el nombre de “huesos de los gigantes” y “armas de los héroes”. 

Augusto, a raíz de sus vidas llenas de vicios y excesos, exilió a su hija y a su nieta, Julia la Mayor y Julia la Menor, a pequeñas islas italianas. Cuenta Dion Casio que también fueron desterrados a islas algunos de los numerosos amantes de su hija. 

”Según dicen, tenía el cuerpo cubierto de manchas, de señales de nacimiento diseminadas por su pecho y vientre en la forma, orden y numero de la constelación de la Osa, pero también de ciertas callosidades que se le habían desarrollado en varias partes hasta formar impétigo...”. 

Se sabe que compuso varias obras como “Respuestas a Bruto a propósito de Catón”, “Exhortaciones a la filosofía”, unas memorias sobre su vida, así como obras en verso y una tragedia, que destruyó al no estar contento con su estilo. 

Durante su largo reinado extendió las fronteras del Imperio. Después de casi doscientos años acabó la conquista de Hispania. También envió expediciones a lugares tan remotos como Etiopía y al sur de Arabia, la Arabia Felix, actual Yemen, como se nos cuenta en las Res Gestae y en la Geografía de Estrabón. 

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sábado, 20 de febrero de 2021

VON LUCKNER, UN CORSARIO ALEMÁN DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.

La presencia de corsarios alemanes durante la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico es conocida, pero no lo es tanto esta presencia durante la Primera Guerra Mundial. En las siguientes líneas hablaremos brevemente sobre la expedición del Conde von Luckner y su presencia en el Pacifico. 

En 1915 el navío anglo-estadounidense Pass of Balmaha fue capturado por un U-boat alemán. Más tarde el navío fue artillado y renombrado como Seeadler con el objetivo de que se dedicara a incursionar en aguas enemigas. El Seeadler, comandado por von Luckner, consiguió a finales de 1916 romper el bloqueo naval de los aliados de la Entente haciéndose pasar por un barco noruego. A continuación rodearon las Islas Británicas por el norte y desde el este de Groenlandia, fueron hacia el sur. Entre las Azores y las Canarias, a principios de 1917, capturó y hundió dos naves inglesas. Más hacia el sur, entre Brasil y las Islas de Cabo Verde, capturó y hundió otras nueve naves inglesas, francesas, italianas y canadienses. Más al sur capturaron otro navío, en el cual embarcaron a los prisioneros y los enviaron a Río de Janeiro. 

El Seeadler siguió hacia el sur y a mediados de abril pasó al este de las Islas Malvinas y días después bordeó el Cabo de Hornos y entró en el Océano Pacífico. Los alemanes pusieron rumbo norte, aproximándose al Archipiélago Juan Fernández, desde donde pusieron rumbo noroeste, hacia las Islas Marquesas. Para entonces varios barcos británicos seguían la pista del Seeadler. A ellos se unió el Avoca, que en aquel momento se encontraba en la Columbia Británica, para que lo buscara en la zona de las Islas Galápagos, ya que por entonces se sospechaba que el navío alemán podría estar ocultándose en esas islas. Sin embargo, el Seeadler se encontraba a unos 2000 kilómetros de allí. Así lo constatan el mismo Luckner en sus memorias (Seeteufel: Abenteuer aus meinem Leben) y sus biógrafos. Como curiosidad hay que señalar que aunque Luckner no estuvo en las Galápagos en 1917, sí estuvo en 1937 de camino a Nueva Zelanda, en un viaje propagandístico del régimen nazi. 

En junio y julio, entre las Marquesas y Hawái, tres naves estadounidenses fueron capturadas y hundidas. Desde aquí el Seeadler viró hacia el sur, hacia la Polinesia. El barco terminó hundiéndose en la isla de Mopelia a causa de un tsunami, aunque ningún tripulante ni ningún prisionero murió. Luckner y parte de la tripulación zarparon en un pequeño barco hacia Fiji, donde fueron capturados e internados en Nueva Zelanda, aunque Luckner consiguió escapar y más tarde recapturado. El resto de la tripulación apresó un barco francés y navegó hasta la Isla de Pascua. Allí pasaron varios meses con el beneplácito de las autoridades locales, hasta que en febrero de 1918 fueron llevados a Chile e internados en un barco en el puerto de Talcahuaco. 

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NAZIS EN ECUADOR: CORSARIOS ALEMANES EN LAS GALÁPAGOS.

Quizás opacado por los éxitos de la guerra submarina y de la aviación alemana a veces se olvida la increíble historia de los mercantes “raiders”, esto es, buques mercantes armados que se comportaban como corsarios e incursionaban en todos los océanos con el objetivo de asaltar, capturar o hundir mercantes de países aliados. Esta táctica ya fue empleada por los alemanes en la Primera Guerra Mundial y en la segunda fue seguida también por italianos y japoneses. Uno de estos corsarios fue el Komet, que llevó sus operaciones a un lugar tan remoto como las Islas Galápagos. 

En 1936 fue botado el carguero Ems. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial la Kriegsmarine lo confiscó y lo transformó en un crucero auxiliar, siendo rebautizado como Komet. Le añadieron 6 cañones, 6 tubos lanzatorpedos, una lancha rápida y un hidroavión. El Komet, al mando del Capitán Eyssen, zarpó en julio de 1940 y con ayuda de rompehielos de la Unión Soviética, con los que aún mantenían buenas relaciones, lograron asombrosamente llegar al Océano Pacífico a través del Círculo Polar Ártico utilizando la Ruta del Noreste. 

Una vez en el Pacífico el Komet se unió a otros barcos alemanes, se hicieron pasar por barcos japoneses para pasar desapercibidos y comenzaron sus operaciones en la zona de Micronesia. Entre noviembre y diciembre el Komet junto al Orión hundieron varios cargueros de Reino Unido y Noruega en las cercanías de la Isla de Nauru, tomando más de 600 prisioneros que fueron desembarcados en la Isla de Emirau, en la Melanesia. A continuación, a finales de 1940, tras fracasar un plan de minar el puerto Rabaul y de desembarcar tropas y ocupar la Isla de Nauru, el Komet, en solitario, bombardeó esta isla y destruyó sus plantas de producción de fosfatos. 

Más tarde el Komet se dirigió al Índico Sur para buscar balleneros de países aliados. Siguió su viaje hacia las costas antárticas y de allí fue a las islas francesas de las Kerguelen. A la vista de los pocos éxitos en esta zona, y tras pasar cerca de Australia, Tasmania y Nueva Zelanda, el Komet se dirigió hacia el Canal de Panamá, con la esperanza de encontrar más barcos en la Zona de Seguridad Panamericana. Esta zona fue creada por los aún no beligerantes Estados Unidos para proteger con su marina a los barcos aliados. 

El Komet, después de atravesar la Polinesia, llegó en agosto de 1941 a las cercanías de las Islas Galápagos, pertenecientes al Ecuador. Pero esta no era la primera vez que un barco de guerra alemán llegaba a estas islas. En el verano 1914, al poco de comenzar la Primera Guerra Mundial el SMS Leipzig merodeó por las aguas de las Galápagos e incluso llegó al puerto de Guayaquil. Un segundo barco alemán parece ser que anduvo por las Galápagos, se trata del velero Seeadler, al mando del Conde von Luckner. 

El día 14 de agosto el Komet se encontró con el carguero británico Australind, al que dispararon varios cañonazos. El Australind finalmente fue hundido pero la mayoría de sus tripulación fue rescatada. Los alemanes, sin temor a ser descubiertos, permanecieron en aquellas aguas. Poco después el Komet avistó a un barco holandés, el Brastagi o el Weltevreden. Esa misma noche acechó durante unas horas al carguero británico Lochmonar, aunque finalmente perdió su rastro. El día 17 el Komet capturó intacto el carguero holandés Kota Nopan junto con su preciada carga de, entre otras cosas, caucho, estaño y manganeso. El día 19 hundió el carguero británico Devon y capturó a sus tripulantes, en su mayoría de origen indio. Junto a los barcos hundidos o capturados, el Komet hizo prisioneros a sus tripulaciones. El Capitán Eyssen, previendo la llegada de naves norteamericanas, decidió abandonar aquellas aguas. 

En septiembre las noticias de las hazañas del Komet en las Galápagos ya se conocían en Estados Unidos y Europa. The New York Times titulaba dos de sus noticias así: “Buque corsario hunde barco holandés; Carguero catalogado como presa alemana al oeste de Panamá” y “Corsario del Eje recorre el Pacífico por las rutas hacia Panamá; Corsario del Eje vaga por las rutas del Pacífico hasta el Canal; Se reportan muchos barcos atrasados como ataques.” Y añadía que las Galápagos podrían ser una base de los corsarios alemanes. Un periódico español contaba el 16 de septiembre: “Un buque armado alemán opera cerca de las islas Galápagos, al Oeste del Ecuador y en las proximidades del Canal de Panamá,...”. Por entonces se creía que el Kota Nopan había sido hundido y no capturado. La prensa francesa mencionaba que la Marina estadounidense ya patrullaba el Pacífico en busca del barco corsario alemán. La prensa británica también se hacia eco de la presencia de un corsario del Eje en las aguas de las Galápagos. 

Alarmados por estos ataques y con la necesidad de proteger el Canal de Panamá, los Estados Unidos situaron una base militar en Baltra, en las Galápagos, en 1942. El temor estadounidense a una ocupación de las Galápagos era tan real que en 1942 la revista Life publicó una serie de hipotéticos planes de invasión de América por parte de fuerzas del Eje. Uno de ellos consistía en que un flota combinada germano-japonesa usaría las Galápagos como plataforma para desembarcar en Ecuador, atacar el Canal de Panamá y atacar Estados Unidos desde el Sur. 

Ahora volvamos al Komet. El navío alemán regresó hacia la Polinesia. En septiembre, el diario de abordo del Komet recogía varias noticias de prensa que hacían referencia a su presencia, la de un corsario nazi, en las Galápagos. En la Polinesia el Komet se reunió con otro barco corsario alemán, el Atlantis, y le  transfirió parte de sus prisioneros y de su cargamento. A finales de mes el Komet emprendió el viaje de regreso a Alemania. Cruzó el Cabo de Hornos y, disfrazado de carguero portugués, llegó a Burdeos y luego a Hamburgo a finales de noviembre, después de más de 500 días de singladura. 

Para finalizar mencionaremos el destino final del Komet. El corsario alemán emprendió un segundo raid en octubre de 1942, aunque su travesía duró poco ya que fue hundido por la Royal Navy frente a las costas francesas. 

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lunes, 15 de febrero de 2021

CAPITANES Y CABOS DE LA EXPEDICIÓN DE EL DORADO DE 1541-1542.

Hernán Pérez de Quesada llevaba en su expedición en busca de El Dorado por Teniente General a Lope Montalvo de Lugo y como capitanes y cabos, según Lucas Fernández de Piedrahita en su Historia General de las Conquistas del Nuevo Reyno de Granada, a los siguientes hombres: 

-Baltasar Maldonado, Capitán de Caballería. 

-Juan de Céspedes, Capitán de Caballería. 

-Pedro Galeano, Capitán de Caballería. 

-Juan Muñoz de Collantes, Capitán de Caballería. 

-Martín Yáñez Tafur, Capitán de Infantería. 

-Diego Martínez, Capitán de Infantería. 

-Juan de San Miguel, Cabo. 

-Guzmán de Avellaneda, Cabo. 

-Pedro García Ruíz, Cabo. 

-Cristóbal de Monroy, Cabo. 

-Nicolás Gutiérrez, Cabo. 

-Alonso de Alvarado, Cabo. 

-Juan Rodríguez Gil, Cabo. 

-Diego Suárez Montañes, Cabo. 

-Francisco Rodríguez, Cabo. 

-Lope de Salcedo, Cabo. 

-Francisco del Hierro Maldonado, Cabo. 

-Machín de Oñate, Cabo. 

-Maesse Juan, Cabo. -Juan Fuerte, Cabo. 

-Francisco de Barajas, Cabo. 

-Otros, de los que Piedrahita no halló rastro.

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LA EXPEDICIÓN EN BUSCA DE EL DORADO DE 1541-1542.

Fueron varias las expediciones que los españoles emprendieron durante la época de la conquista en busca del mítico El Dorado, un país o una ciudad que según los rumores estaba llena de oro y riquezas. Algunas de las más conocidas son las de Orellana, Lope de Aguirre o Jiménez de Quesada, pero hay otras menos conocidas, como la de Hernán Pérez de Quesada, entre los años 1541 y 1542, de la que nos ocuparemos a continuación. 

Cuentan Fray Pedro de Aguado y el Obispo Piedrahita que en 1541 llegó al Nuevo Reino de Granada, actual Colombia, Montalvo de Lugo desde el territorio venezolano en el cual había estado buscando El Dorado. Tentando al gobernador del Nuevo Reino, Hernán Pérez de Quesada, con inmensas riquezas, le convenció para que emprendiera una expedición en búsqueda del Dorado o tierra de las Amazonas, como la llama Fray Pedro Simón. Pese a la negativa, de entre otros, del Cabildo de Tunja, Pérez de Quesada siguió adelante con sus planes ya que, según él, era un gran servicio que se le hacia a Su Majestad por la gran cantidad de oro, plata y piedras preciosas que el rey dejaría de ganar si no iba. 

La expedición la formaron 280 españoles, entre ellos varios capitanes, 150 caballos y 8 o 10 mil indios muiscas, que actuarían como porteadores. La hueste de Pérez de Quesada partió en septiembre desde Santa Fe de Bogotá. Llegaron primero a Tunja y luego a los páramos de Pasca, donde les alcanzó un fuerte temporal de frío y hielo, por lo que murieron muchos de los indios que acompañaban a los españoles. 

Llegaron al pueblo de Nuestra Señora, entre la cordillera y los llanos venezolanos, donde descansaron varios días. Desde allí llegaron al río Guaviare y más tarde al río Papamene. Más adelante se adentraron en el territorio de los Choques, nación caníbal según Piedrahita, ya que creían que cerca se encontraba El Dorado. Simón y Piedrahita también mencionan las tierras de los indios Guapis, los cuales les hablaron que conocían a los del Dorado. 

Prosiguieron hasta el río Bermejo. En este territorio montañoso y agreste, españoles e indios morían de enfermedades, hambre y otras calamidades. Consiguieron llegar al promontorio de Finisterra. Desde allí avanzaron hasta el pueblo de Guazábara, con cuyos habitantes se enfrentaron. 

En adelante, los ríos y las ciénagas eran tan abundantes que los españoles se vieron obligados a construir varios puentes. Pasaron los ríos que llamaron Bagre y Olmeda, cerca del cual el hambre fue tal que se vieron obligados a comer algunos caballos. A continuación llegaron al pueblo de La Fragua, donde descansaron dos meses. Desde allí Pérez de Quesada envió varias avanzadillas para explorar y una llegó el pueblo que llamaron Valladolid. Hasta allí se dirigió el resto de la expedición, donde, según Aguado, fueron atacados por los habitantes del lugar con flechas y hondas. Al día siguiente los españoles emboscaron a los indios de Valladolid y los masacraron, tiñendo el río de sangre. 

Eran tantas las penalidades que sufrían los españoles que Aguado cuenta que alguno llegó a ahorcarse por no poder soportarlas. Otros, según el mismo autor, murieron a manos de caníbales, que consiguieron despedazar a varios soldados y se los llevaron cargados para comer. Pasaron, según Simón y Piedrahita, por el valle de Mocoa y por la tierra de Achivichí. 

Más tarde los españoles, tras perder muchos hombres y caballos entre la maleza del camino, llegaron al valle de Sibundoy, cerca de Pasto, donde encontraron a otros españoles a las ordenes de Belalcázar, que les socorrieron. Aquí, hacia finales de 1542, acabó la desastrosa expedición de Pérez de Quesada, que costó la vida a más de 100 españoles, 8.000 indios y casi todos los caballos, en su mayoría victimas de las enfermedades y ahogados en los ríos. 

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martes, 9 de febrero de 2021

LAS CONVERSACIONES DE ANÍBAL CON LOS ROMANOS EN ÉFESO SEGÚN JUSTINO Y OROSIO.

Justino, Epítome, XXXI, 4-9: “Así pues, cuando los embajadores llegaron ante Antíoco en Éfeso, le entregan las propuestas del senado. Mientras esperan respuesta, todos los días frecuentaban el trato con Aníbal, diciéndole que se había alejado de su patria por miedo, mientras los romanos observan con suma lealtad la paz que habían concluido no tanto con su república cuanto con él; él había hecho las guerras no más por odio a los romanos que por amor a su patria, a la que los mejores deben incluso la misma vida; de hecho, las causas de estas guerras eran las oficiales entre pueblos, no las privadas entre generales; después alababan sus proezas. Aníbal, contento por la forma de hablar sobre éstas, con excesiva frecuencia y con gran avidez hablaba con los embajadores, sin saber que con su trato íntimo con los romanos haría germinar en el rey el odio contra sí. Pues Antíoco, pensando que con tan asiduas conversaciones se habían restablecido las buenas relaciones de aquél con los romanos, nada le contaba, como antes, y, excluyéndolo del todo de su proyecto, empezó a odiarlo como a un enemigo y un traidor”. 

Orosio, Historias contra los paganos, IV, 20, 18: “Hacia Antíoco fue enviado, juntamente con otros legados, Escipión Africano, que tuvo, incluso, con Aníbal, una amigable charla; pero al no conseguir la firma de la paz, se alejó de Antíoco”.

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EL MEJOR GENERAL DE LA ANTIGÜEDAD SEGÚN ANÍBAL BARCA.

En el año 193 a. C., o 192 según otros autores, Aníbal, tras huir de Cartago por miedo a ser entregado a los romanos, se encontraba en Éfeso, en territorio del rey seléucida Antíoco III. Por aquellas fechas llegó a la ciudad una delegación romana en la que se encontraba el viejo enemigo de Aníbal, Escipión el Africano. Entonces se produjo una conversación entre ambos en la que hablaron sobre a quien consideraba el cartaginés el mejor general de la antigüedad. 

Sobre este encuentro, Tito Livio, basándose en la historia perdida de Quinto Claudio Cuadrigario, que a su vez seguía la historia también perdida de Cayo Acilio, dice: 

“Al preguntarle el Africano a Aníbal quien había sido, en su opinión, el más grande de los generales, respondió que Alejandro, el rey de los macedonios, porque con un puñado de hombres había derrotado a ejércitos incalculablemente numerosos, y porque había recorrido regiones remotísimas que el hombre no tenía esperanzas de visitar. Cuando a continuación le preguntó a quién ponía en segundo lugar, dijo que Pirro, que había sido el primero en enseñar el arte de emplazar un campamento, aparte de que nadie lo había superado en habilidad para elegir el terreno y organizar una defensa; además había demostrado tal arte para atraerse a la gente que los pueblos de Italia preferían el imperio de un rey extranjero al del pueblo romano, tanto tiempo a la cabeza de aquel país. Le siguió preguntando a quién consideraba el tercero, y dijo que sin lugar a dudas a él mismo. Entonces Escipión rompió a reír y añadió: “¿Qué dirías si me hubieras vencido?” “En ese caso, la verdad, -replicó- me pondría delante de Alejandro y de Pirro y de cualquier otro general””. 

Plutarco en su biografía de Tito Flaminino recoge la misma anécdota, pero en la biografía de Pirro da una versión diferente, en la que Pirro era el mejor general, Escipión el segundo y Aníbal se colocaba en tercer lugar. 

El historiador Apiano recoge la misma versión de Tito Livio pero añade los motivos que Aníbal dio a Escipión para colocarse entre los tres grandes generales de la antigüedad. Escipión, esperaba obtener el tercer lugar en esta lista, “sin embargo Aníbal respondió: “A mí mismo, pues siendo todavía jovenzuelo conquisté Iberia y fui el primero, después de Hércules, en cruzar los Alpes con un ejército. Y tras invadir Italia, sin que ninguno de vosotros tuviese valor para impedírmelo, arrasé cuatrocientas ciudades y, en numerosas ocasiones, os coloqué la lucha a las mismas puertas de la capital sin recibir ayuda económica ni militar de Cartago”.

Justino y Orosio también mencionan este encuentro, pero sin mencionar nada sobre esta conversación en concreto. 

Por último, hay que señalar al escritor Luciano de Samósata, que en un diálogo imaginario, cuenta que Alejandro y Aníbal discutieron sobre quien era el mejor general y pidieron el arbitraje de Minos. Cuando Minos iba a decidir apareció Escipión y una vez oídos los argumentos de los tres, dictaminó que el mejor general era Alejandro, seguido por Escipión y colocando a Aníbal en tercer lugar.

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miércoles, 3 de febrero de 2021

NAZIS EN LA ISLA DE GOUGH.

Durante la Segunda Guerra Mundial los británicos temieron que las fuerzas del Eje establecieran una base de operaciones en el Atlántico Sur. Para evitarlo, Gran Bretaña llevó a cabo una serie de operaciones. Ya en 1941 los británicos eliminaron depósitos de combustible y carbón en la Isla Decepción, en las Islas Shetland del Sur, para que los alemanes no pudieran utilizar esta isla como base de suministros. Más tarde, en 1942, enviaron un contingente de soldados a las Malvinas para frustrar un supuesto ataque o desembarco japonés. 

Una tercera operación, casi desconocida, fue el patrullaje en la Isla Gough, que previamente habían visitado los alemanes. En verano del año 1942, el corsario alemán Stier (Raider J) fue reabastecido de combustible en las cercanías de la Isla Gough por el petrolero Charlotte Schliemann. También merodeó por Gough buscando un lugar adecuado para anclar y realizar ciertas reparaciones, pero no lo encontró. Según otras versiones, el Stier investigó la isla para establecer una base temporal para los barcos corsarios y un campo de prisioneros. 

Más tarde, la nave británica HMS Hawkins visitó la isla para investigar las actividades de los alemanes.

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EL PLAN JAPONÉS PARA CONQUISTAR LAS MALVINAS EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.

Es relativamente bien conocido el papel de Argentina durante y después de la Segunda Guerra Mundial, también hechos como los de la Batalla del Río de la Plata, pero son menos conocidos los presuntos planes japoneses de invadir las Islas Malvinas. 

Según algunos documentos del archivo de Esmond Ovey, embajador británico, su homólogo japonés en Buenos Aires, el Barón Shu Tomii, habría prometido devolver las islas Malvinas a Argentina. También, conforme a informaciones de espías del MI6 que operaban en Argentina, Japón pretendía hacerse con las islas para usarlas como base para atacar a los barcos de suministros británicos. Hay que recordar que por el Atlántico Sur Gran Bretaña recibía refuerzos y suministros desde Australia, Nueva Zelanda, India y Sudáfrica, y, que a su vez, desde Gran Bretaña eran enviadas tropas a Egipto por este camino, ya que la ruta del Mediterráneo era peligrosa por la presencia de alemanes e italianos. 

A finales de 1941 el Secretario de Estado para las Colonias, Walter Guiness, informaba al gobernador de las Malvinas sobre los presuntos planes japoneses de atacar las islas y destruir los depósitos de combustible, y posteriormente entregárselas a Argentina. La inteligencia británica manejaba dos posibilidades. Que los japoneses tomaran las islas con una pequeña fuerza terrestre, o bien, que usaran aviones para bombardearlas. 

El supuesto plan japonés no parece tan descabellado si tenemos en cuenta que, en los primeros años de la guerra, corsarios alemanes frecuentaron las Islas Kerguelen, en el Océano Índico, y atacaron decenas de objetivos en el Océano Pacífico, llegando a merodear por los alrededores de las Islas Galápagos, perturbando así las rutas comerciales y amenazando incluso el Canal de Panamá. 

Ya en 1941 los británicos eliminaron depósitos de combustible y carbón en la Isla Decepción, en las Islas Shetland del Sur, para evitar que los alemanes pudieran utilizar esta isla como base de suministros. Más tarde, en 1942, el barco corsario alemán Stier navegó por el Atlántico Sur y exploró la posibilidad de crear una base de operaciones en Gough Island. 

Teniendo en cuenta estos antecedentes, el ataque a Pearl Harbor y la expansión japonesa por el Pacífico, Winston Churchill decidió reforzar la defensa de las Malvinas, hasta esa fecha únicamente custodiadas por un pequeño grupo de voluntarios. En un primer momento los británicos intentaron que Canadá o los Estados Unidos se encargaran de la defensa de las Malvinas ya que se encontraban en la Zona de Seguridad Panamerica, aunque finalmente serían fuerzas británicas las encargadas de la defensa de las Malvinas. 

De este modo, en la segunda mitad de 1942, Churchill envió refuerzos a las Islas Malvinas por temor a que el Imperio del Japón invadiera el territorio e interfiriera así las vitales rutas marítimas del Atlántico Sur. Churchill dijo en un mensaje: "Sería algo muy serio perder las Islas Malvinas ante los japoneses y no es un consuelo decir que dañaría a Estados Unidos más que a nosotros mismos”. "Las Islas Malvinas son muy conocidas y su pérdida sería un shock para todo el Imperio". 

Se envió a las Malvinas la Task Force 122, integrada por el 11º batallón del Regimiento de Infantería de West Yorkshire, una unidad de artillería antiaérea, radares, ingenieros y otros efectivos, que sumaban un total de 1.700 tropas que fueron acantonadas principalmente en Stanley. La Task Force 122 también se hizo cargo, junto con un pequeño destacamento noruego, de las Islas Georgia del Sur. 

Con estas fuerzas Churchill esperaba, como así fue, disuadir a Japón o a Alemania de emprender cualquier acción en las Malvinas. Aunque, según documentos de la época, incluso antes de la llegada de las tropas a las Malvinas, los británicos pensaban que un ataque japonés ya era improbable.

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