viernes, 31 de marzo de 2023
1917, decreto de expulsión de Argentina del embajador alemán Karl von Luxburg.
1918, LA INVASIÓN ALEMANA DE URUGUAY
Aunque el principal teatro de operaciones de la Primera Guerra Mundial fue Europa y América Latina se mantuvo en su mayor parte ajena al conflicto, es poco conocido un supuesto plan alemán para invadir Uruguay, lo que hubiera extendido la contienda hasta el Cono Sur.
Durante los primeros años de la guerra Uruguay se mantuvo neutral, sin embargo durante 1917 las relaciones con Alemania se fueron enrareciendo debido al hundimiento de varios barcos con bandera uruguaya por parte de submarinos germanos. A mediados de septiembre de ese año, ante las sospechas de que las tripulaciones de los barcos alemanes refugiados en el puerto de Montevideo pudieran hundirlos, tropas uruguayas abordaron las naves. Semanas más tarde, a principios de octubre, por su defensa de la democracia y por estar en contra del autocratismo alemán, el gobierno uruguayo rompió relaciones con Alemania.
En esa misma época se hizo tristemente célebre un personaje muy importante en esta historia, el conde Karl von Luxburg, embajador de Alemania en Argentina. El 10 de septiembre se conocieron unos telegramas de Luxburg en los que recomendaba que si eran hundidos barcos argentinos se hiciera sin dejar rastros. Esto provocó que el gobierno argentino decretara su expulsión del país.
Meses más tarde, el 10 de enero de 1918, Daniel Muñoz, el embajador de Uruguay en Argentina, envió un mensaje al ministro Relaciones Exteriores de su país, Baltasar Brum, comunicándole que le había llegado información importante para el gobierno argentino. Según esta información, Luxburg había comprado hacía algún tiempo material de guerra por valor de varios millones de pesos con el que se podría equipar a 15.000 hombres.
Proseguía Muñoz diciendo que este material era para los alemanes asentados en Brasil. Estos supuestos planes para armar a los colonos alemanes de Brasil los podríamos relacionar con dos hechos. Primero, la entrada a finales del pasado octubre de Brasil en la guerra tras el hundimiento de varios de sus barcos por submarinos alemanes. Y segundo, la publicación en la misma época de unos telegramas de Luxburg en los que se mencionaba un proyecto para la “reorganización del Sur de Brasil” y el empleo de una escuadra de submarinos para golpear a Brasil.
A continuación Muñoz señalaba que ante la imposibilidad de tener éxito en Brasil, parece que Luxburg o sus agentes estarían dispuestos a destinar ese material de guerra a armar una huelga revolucionaria o a ayudar a los elementos adversos al presidente argentino Hipólito Yrigoyen, en el caso de que este contrariara la política alemana. Por último, Muñoz indicaba a Brum que podría informar a los argentinos de esto, “asegurando que la información es de origen muy serio”.
Con el tiempo las sospechas sobre una supuesta conspiración alemana contra Brasil o Argentina se tornaron en sospechas sobre una invasión de Uruguay por parte de emigrados alemanes del sur de Brasil. Temeroso de esto el presidente uruguayo, Feliciano Viera, preguntó a su homólogo argentino sobre la actitud que tomaría en caso de una invasión alemana.
El mismo Viera, en un discurso en la Asamblea General de Uruguay el 15 de febrero, hizo publica esta consulta a Yrigoyen. Viera dijo que “con motivo de abrigarse muy serias sospechas de que el Gobierno Alemán patrocinaba una insurrección de los colonos alemanes a objeto de producir un levantamiento en las provincias del Sur del Brasil, insinuándose a la vez que se pretendía llevar a cabo una invasión por el Norte de nuestro territorio, el Gobierno Uruguayo al poner este hecho en conocimiento del Presidente Yrigoyen, pidió se expresara cuál sería la actitud del Gobierno Argentino en el caso de que el Uruguay se dirigiera a él en demanda de materiales bélicos para armar las milicias que movilizase”.
“El Presidente Yrigoyen hizo saber al representante de nuestro país en la Argentina que, en el caso de semejante atentado, el Gobierno Argentino pondría todo su concurso en defensa de la soberanía de la Nación Uruguaya, asumiendo las responsabilidades consiguientes”. Por su parte, Brum contaría años más tarde que la respuesta de Yrigoyen fue que accedería a vender armas a Uruguay y que además “su patria concurriría a rechazar el agravio con su sangre y sus riquezas”.
Como es natural, el Ejecutivo uruguayo agradeció a Yrigoyen esta respuesta. Poco después, el día 22, la Cámara de Representantes también agradeció al presidente argentino el apoyo a Uruguay en caso de una invasión alemana. Un mes más tarde, el 25 de marzo, Yrigoyen dio las gracias por estas muestras de afecto y señaló los sentimientos de fraternidad entre ambas naciones.
Finalmente no hubo ninguna invasión, sin embargo en marzo, cuando un sumergible alemán detuvo en alta mar a una misión militar uruguaya que se dirigía a Europa, a punto estuvo de estallar la guerra entre ambos países, aunque esa es otra historia.
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jueves, 23 de marzo de 2023
El hundimiento del navío argentino Toro por un submarino alemán según la declaración de su capitán (1917).
BARCOS ARGENTINOS HUNDIDOS POR ALEMANIA DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
Es poco conocido que durante la Primera Guerra Mundial, y en el marco de la guerra submarina sin restricciones, Alemania hundió varios barcos argentinos, lo que provocó serios conflictos entre ambos países. Ya en 1916 dos barcos argentinos, el Argos y el Curramalán desaparecieron y aunque se sospechó que Alemania pudiera estar detrás, nunca se pudo probar. Aún hubo que esperar hasta 1917 para que se produjera el primer ataque alemán a un buque argentino.
El 4 de abril de ese año, al suroeste de Inglaterra, cerca de las islas Scilly, un submarino de la Marina Imperial Alemana, el UC 30, cañoneó sin previo aviso al mercante argentino Monte Protegido, pese a que su bandera era perfectamente visible. Luego, tras la rendición de la tripulación, los alemanes abordaron el barco. Después, según el testimonio del capitán noruego del Monte Protegido, los alemanes le interrogaron y le comunicaron que aquellas aguas habían sido declaradas cerradas a la navegación desde el 1 de febrero, cosa que él desconocía.
Seguidamente los alemanes se hicieron con parte de las provisiones del barco, con sus instrumentos de navegación y con su documentación para, a continuación, echar a pique el navío con dos bombas explosivas, siendo sus tripulantes abandonados en un bote y rescatados por los británicos al día siguiente.
Tras recibirse la noticia en Argentina se produjeron protestas antigermanas y el Gobierno de Hipólito Yrigoyen ordenó que los barcos alemanes que se encontraran en aguas argentinas fueran puestos bajo vigilancia. Luego, días después, el Gobierno envió una enérgica nota de protesta a Alemania demandando una satisfacción y pidiendo una ceremonia pública de reparación.
Poco más tarde los alemanes, ya que el Monte Protegido desconocía la prohibición de navegar por aquellas aguas, ofrecieron excusas e indemnizaciones y aceptaron saludar a la bandera argentina en la primera oportunidad que tuvieran. A esto respondió el Gobierno argentino aceptando la satisfacción, retirando la vigilancia de los barcos alemanes, ratificando los sentimientos amistosos entre ambos países y dando por zanjado el asunto, algo que fue criticado por una parte de la opinión pública.
Pero poco duraron estas muestras de amistad. El 6 de junio el submarino alemán U-64 hundió el mercante argentino Oriana cerca del puerto francés de Tolón. Según los testigos, los alemanes primero cañonearon el velero, luego lo abordaron y finalmente lo hundieron con explosivos, siendo su tripulación rescatada por un navío francés.
Cuando los argentinos aún estaban estudiando el hundimiento del Oriana, su marina mercante recibió otro golpe. El día 22 de ese mes, al oeste del Estrecho de Gibraltar, el submarino alemán U-39 hundió el vapor Toro, el cual se dirigía desde Buenos Aires a Génova. Los tripulantes consiguieron llegar a Gibraltar y Tánger y allí declararon que el submarino disparó varios cañonazos de advertencia, el Toro se detuvo y los alemanes les dieron unos minutos para embarcar en los botes salvavidas, tras lo cual, cañonearon la nave y esta se hundió.
Días después el Gobierno argentino envió a Berlín una protesta exigiendo reparaciones y exigiendo seguridad para las naves argentinas. La respuesta alemana llegó a finales de julio. Según ellos el Toro llevaba mercancías consideradas como contrabando de guerra, lo que justificaba su hundimiento, aunque dejaban la puerta abierta a entregar una indemnización en el caso de que se demostrara que jurídicamente no llevaban razón. Por último, expresaron el deseo de que las relaciones entre ambos países continuaran siendo amistosas.
Poco más tarde el representante de Argentina en Berlín, Luis Molina, señaló que los alemanes le habían trasmitido que en adelante los buques argentinos serían respetados. En cuanto al Toro, el Gobierno argentino se mostró en desacuerdo con que buques neutrales pudieran ser atacados e insistía en las reparaciones y seguridades requeridas. Luego, a finales de agosto, el representante alemán en Buenos Aires, el conde Karl von Luxburg, comunicó al Gobierno argentino que finalmente Alemania aceptaba abonar una indemnización.
Días después, el 10 de septiembre, los estadounidenses, deseosos de que Argentina abandonara su neutralidad, entregaron a sus autoridades unos telegramas cifrados interceptados a los alemanes y enviados desde la Legación sueca en Buenos Aires por el Conde Luxburg. En uno de ellos Luxburg pedía que no se atacaran las naves argentinas Orán y Guazú y si no era posible, que fueran hundidas sin dejar rastro. En otro de los telegramas, Luxburg se refería al ministro Honorio Pueyrredón como asno. Y en un tercero, volvía a indicar la posibilidad de hundir barcos argentinos sin dejar rastro.
Esto, como es natural, provocó el enfado argentino contra Alemania, pero también, en menor medida, contra Suecia. Al día siguiente el Gobierno argentino expulsó a Luxburg del país. Con posterioridad Alemania y Suecia condenaron aquellos telegramas, pero eso no evitó que las Cámaras votaran romper relaciones con el Reich, aunque esto no se implementó. Luego, entre rumores de que Argentina declararía la guerra, se produjeron importantes manifestaciones antigermanas, sin embargo el asunto se calmó hasta enero de 1918.
El día 26 de ese mes, pese a las seguridades alemanas de no volver a atacar a un buque argentino, el submarino U-67 torpedeó cerca de Tolón el mercante Ministro Yriondo. Sus tripulantes fueron rescatados por un destructor francés y aunque se trató de remolcar el navío argentino, este terminó por hundirse horas después. A pesar de ello, este hundimiento tuvo menos repercusión que los anteriores y la investigación se demoró varios meses al sospecharse de que realmente la responsable había sido una mina.
Las siguientes noticias que tenemos sobre el hundimiento de los barcos argentinos las encontramos tras el final de la guerra. En junio de 1920 leemos en prensa que Alemania había pagado la indemnización por el hundimiento del Monte Protegido. Luego, a finales de septiembre de 1921, en el puerto de Kiel y a bordo del acorazado alemán Hannover, tuvo lugar una ceremonia de desagravio por los hundimientos del Monte Protegido y del Toro en la que se izó la bandera argentina, dándose así por zanjado el asunto.
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sábado, 11 de marzo de 2023
Pedro de Alvarado en Ecuador según la Historia del Descubrimiento y Conquista del Perú (1555) de Agustín de Zárate
¿TLAXCALTECAS EN LA CONQUISTA DE ECUADOR?
Es sabido que durante la conquista de México los españoles utilizaron miles de guerreros tlaxcaltecas como tropas auxiliares, pero es poco conocido que cientos de estos indígenas pudieron ser llevados por Pedro de Alvarado en 1534 en una expedición al actual Ecuador, es decir, a más de 3.000 kilómetros de tu tierra natal.
En 1532, Alvarado, uno de los conquistadores más famosos de México, Adelantado, Gobernador y Capitán General de Guatemala, obtuvo una capitulación para “descubrir, poblar y conquistar cualquier Isla que hay en la mar del Sur de la Nueva España”. Así, desde esa fecha comenzó a preparar esta expedición en el puerto de Iztapa, en el Pacífico guatemalteco. Para construir aquella armada, como sabemos por testimonios posteriores, se utilizó a los indios de la zona, los cuales trabajaron hasta la extenuación.
Tras varios meses de dilación Alvarado trasladó sus naves al Puerto de la Posesión, el actual municipio nicaragüense de El Realejo, y por fin, a finales de enero de 1534, su armada zarpó. La expedición estaba compuesta por 12 naves, 140 marineros y 450 soldados españoles. Además, como el Adelantado le comunicó al rey, la expedición llevaba 200 esclavos negros.
En cuanto a los indios, según la pesquisas hechas tiempo después, habrían sido en torno a 1.200, aunque otras fuentes dan cantidades superiores. Según los testigos, el Adelantado dio permiso a los hombres de a caballo para llevar dos o tres indios de servicio y los de a pie para llevar uno. Entre este contingente indígena se señala la presencia de hombres y mujeres, tanto libres como esclavos.
Pero, ¿quiénes eran estos indígenas? Algunos historiadores han propuesto que eran tlaxcaltecas llegados desde Nueva España basándose, primero, en la participación de tropas tlaxcaltecas en la conquista española de América Central; segundo, en la presencia en la expedición de la mujer de Alvarado, hija de un noble tlaxcalteca, la cual pudo ir acompañada de gente de este pueblo; y tercero, en la presencia de personas de origen mexicano en el Perú del siglo XVI, las cuales podrían identificarse como antiguos miembros de la expedición de Alvarado.
Sin embargo, como señala algún testigo, era un grupo heterogéneo compuesto por indios de varias procedencias. Así, además de los indígenas traídos desde la ciudad y del territorio de México, había mayas o xincas de Guatemala llegados a Nicaragua con Alvarado, nahuas de los alrededores de Puerto de la Posesión o lencas de San Miguel, villa esta que habría quedado despoblada al ser sus habitantes llevados a la fuerza en la expedición, aunque esto lo niegan algunos testigos.
Volviendo a la expedición, Alvarado escribiría al rey que, tras navegar casi 400 leguas hacia poniente, las corrientes le arrastraron a la bahía de Caráquez, en Ecuador. Sin embargo, hay testimonios que afirman que el Adelantado, tras ser sabedor de las riquezas del Perú, planeó ir desde un principio a este territorio y que incluso había mandado a uno de sus hombres a reconocer la costa. Concretamente el objetivo de Alvarado era, según el cronista Pedro Cieza de León, Quito, lugar fuera de las posesiones de Francisco Pizarro y conocido por sus riquezas.
Desde Caráquez Alvarado envió primero los barcos a Puerto Viejo y luego a Panamá y Nicaragua para traer más gente. Mientras, la expedición comenzó su caminó hacia Quito, utilizando a los indios como porteadores. Tras pasar por Jipijapa, cuenta Cieza de León que los españoles saquearon el que llamaron Pueblo del Oro, donde también tomaron muchos cautivos. De estos saqueos se quejarían Pizarro y Diego de Almagro en varias cartas al rey, ya que Alvarado perturbó la paz en aquel territorio.
Más adelante, tras pasar por el Pueblo de las Golondrinas, llegaron al pueblo de Chonana. Allí, según testigos, Alvarado echó a los perros a un cacique e hizo quemar a varios indios. En este pueblo, cuenta Cieza de León que algunos de los indios traídos desde Nicaragua se comieron a infinidad de naturales de aquel territorio. Si esto fuera cierto, sería un indicio de que parte de aquellos indios eran tlaxcaltecas, pues hay noticias de que este pueblo practicaba la antropofagia.
A continuación, mientras saqueaban y mataban, los exploradores de Alvarado descubrieron el río Daule y el camino para ir a Quito, aunque resultó que aquella ruta estaba repleta de ciénagas. En ese tiempo, mientras se buscaba otro camino, cuentan Alvarado y Cieza de León que la expedición fue azotada por una extraña enfermedad por la que los hombres morían en poco tiempo y el que sobrevivía, perdía el juicio.
Más tarde, los exploradores de Alvarado llegaron a un pueblo y capturaron a unos indios que les sirvieron como guías, tras lo cual hicieron llamar al Adelantado. Cuando Alvarado se dirigía a reunirse con ellos el volcán Cotopaxi hizo erupción y comenzó a llover ceniza sobre la expedición, además, cuenta Cieza de León, que muchos indios de servicio murieron extenuados por las pesadas cargas que debían transportar.
Tras reunirse Alvarado con su avanzadilla envió cuadrillas a explorar y una de ellas descubrió el pueblo de Chongo y un gran río. El Adelantado partió con algunos hombres para inspeccionarlo y dejó al resto al mando del licenciado Caldera. Estando en aquel río, Alvarado fue atacado por los naturales del lugar, pero estos huyeron al ver a los caballos. Después de cruzar río, el Adelantado envió a su hermano Diego a explorar. Este llegó a un pueblo llamado Ajo e hizo llamar a su hermano. Entretanto, el hambre era tanta en los grupos de Alvarado y Caldera que los hombres se comían los caballos, perros e incluso lagartijas.
Mientras el Adelantado iba a reunirse con su hermano, este decidió proseguir su exploración y alcanzó los Andes. Allí, a pesar de la nieve, consiguió atravesarlos y llegar a un pueblo. Luego fue el turno de los grupos de Alvarado y de Caldera. En esos momentos cayó sobre ellos una ventisca de nieve y granizo de tal magnitud que tuvieron que abandonar casi todas las provisiones y el botín. El frío provocó que murieran algunos españoles, muchos esclavos negros y cientos de indios. Según Cieza de León muchos de los indígenas que sobrevivieron lo hicieron con amputaciones o ciegos.
Por fin consiguió Alvarado llegar al pueblo de Pasa, donde la expedición descansó. Luego, tras siete meses de viaje, la expedición llegó al sur de Quito, al pueblo de Quisapincha. Cerca de allí hallaron el camino real de los incas y rastro de otros españoles. Entonces el Adelantado envió a su hermano a explorar, mientras él fue a Panzaleo, donde tuvo noticia de que el antiguo señor de Quito, Zopezopagua, se encontraba en Sigchos. Entonces Alvarado se decidió a capturarlo, pero en ese instante aparecieron mensajeros de Almagro. El Adelantado habló con ellos y estos le dijeron que aquellos territorios estaban dentro de los límites de la gobernación de Pizarro.
Tiempo después Alvarado se presentó con su ejército en Riobamba, donde estaba Almagro. En esta acción y en las anteriores, las fuentes no mencionan la presencia tropas indígenas, lo que evidenciaría que no había guerreros tlaxcaltecas entre las fuerzas del Adelantado.
Sea como fuere, cuando parecía que los españoles iban a trabar combate entre si por los derechos a aquel territorio, Almagro intentó convencer a Alvarado de que aquella región era parte de la gobernación de Pizarro. Entonces el Adelantado, para evitar un derramamiento de sangre, tomó la decisión retornar a Guatemala, vender su armada a Almagro y dejar a sus hombres con él. Entre estos hombres habría que incluir a los indios supervivientes de la expedición, la mayoría de los cuales se quedaron allí, siendo muy pocos los que regresaron con Alvarado.
Las últimas noticias que tenemos sobre el Adelantado y los indios que había traído desde Nicaragua es que años más tarde, por llevarlos a Perú, fue condenado a una gran multa y a devolverlos a sus lugares de origen.
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sábado, 4 de marzo de 2023
1896, expedición a Cuba del vapor filibustero Three Friends.
1898, EL PLAN ESPAÑOL PARA ATACAR TEXAS DESDE MÉXICO Y ASÍ SALVAR CUBA
Es poco conocido que en 1898, en vísperas de la Guerra Hispano-estadounidense y ya durante la misma, los españoles intentaron golpear a los Estados Unidos desde México para así salvar sus territorios de Cuba, Filipinas y Puerto Rico.
Las tensiones entre España y Estados Unidos surgieron debido a las injerencias norteamericanas en Cuba y a la ayuda que desde los puertos estadounidenses se enviaba a los insurrectos cubanos. De este modo, ya meses antes de que los estadounidenses declararan la guerra en abril, surgieron los primeros proyectos en España para atacar Estados Unidos.
Así, encontramos en la prensa de la época referencias a una alianza con Francia y Rusia, a la utilización de corsarios contra el comercio de Estados Unidos o al desembarco de 200.000 soldados españoles en las costas estadounidenses. Planes todos estos de difícil realización e incluso fantásticos que siguieron apareciendo incluso después de que los Estados Unidos declararan la guerra a España.
Sin embargo, más allá de los proyectos quiméricos aparecidos en prensa hubo otros planes más tangibles, como el que intentó llevar a cabo el marqués de Bendaña, embajador español en México. Por las cartas de Bendaña sabemos que, a pesar de la neutralidad mexicana, tenía instrucciones para crear “en la frontera complicaciones a los Estados Unidos”.
Según Bendaña, Ramón Blanco, Capitán General de Cuba, le dio instrucciones para que “un cuerpo de españoles, unidos a fuerzas mexicanas de sus más intrépidos soldados, los llamados rurales, hicieran una sublevación en Texas, apoyando a los mexicanos que tan vejados se ven allí por sus conquistadores”.
Paralelamente a las intrigas de Bendaña hay noticias de que un grupo de españoles estuvo a punto de invadir el territorio estadounidense. A finales de marzo las autoridades mexicanas supieron por los estadounidenses que un español de Cuba, Joaquín Martí, en comunicación con las autoridades españolas de La Habana, estaba preparando desde diciembre una tropa con la que invadir Texas.
Según se publicó, Martí ya había reunido al menos 200 hombres en el rancho Las Tortillas, en Tamaulipas. Martí y su segundo, José García, fueron detenidos junto a varios de sus colaboradores en Ciudad Guerrero, Vallecillo y Monterrey, en los Estados de Tamaulipas y Nuevo León. Luego fueron enviados a Nuevo Laredo, donde permanecieron encarcelados varios meses.
Se publicó, según las cartas encontradas a Martí, que el plan era que una vez comenzara la guerra entre Estados Unidos y España, una tropa de 400 jinetes, o 1000 según otras fuentes, se reuniría frente a San Ignacio, cruzaría el Río Bravo por el pueblo de Carrizo y desde allí atacarían Laredo y otras ciudades texanas. Un periódico estadounidense publicado en México, The Mexican Herald, llegó a divulgar de forma totalmente exagerada que los planes eran arrasar “los condados de Zapata, Starr y Webb, a lo largo de la frontera, e inaugurar un modo de guerra de guerrillas que significaba la matanza de cada hombre, mujer y niño estadounidense en su camino”.
Durante las siguientes semanas aparecieron rumores sobre el reclutamiento de nuevos contingentes para atacar la frontera estadounidense. La preocupación por posibles ataques fue tal que las fuerzas mexicanas se vieron obligadas a patrullar la frontera. Sin embargo, esto no alivió al embajador estadounidense en México, Powell Clayton, que escribía con preocupación a Ignacio Mariscal, Secretario de Relaciones Exteriores de México.
Pero este no fue el último plan español para atacar Estados Unidos. En abril, el terrible Valeriano Weyler, antiguo Capitán General de Cuba, propuso realizar un desembarco de 50.000 hombres en las costas estadounidenses. Por esas fechas vemos a Carlos de Borbón, pretendiente carlista al trono español, lamentarse de que no se hubiera desembarcado en Florida o bombardeado Nueva York.
Más tarde, en mayo, el Capitán General de Cuba envió a México una Comisión integrada por varios militares para la compra de víveres, a los que se sumaron otros oficiales de alto rango semanas después, al parecer, con la verdadera misión de reorganizar la defensa naval de Cuba y hostilizar a los Estados Unidos en la frontera.
Quizás fruto de estas intrigas, según se publicó, el capitán Luis Manene y el teniente Federico Muniategui habrían logrado alistar una tropa de 500 mexicanos y españoles para invadir Texas, aunque el plan fue desbaratado por las autoridades mexicanas, acabando así una de las últimas esperanzas de España de ganar la guerra.
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sábado, 25 de febrero de 2023
El nuevo presidente del Paraguay (Andrés Blay, Mercurio XXI Número 378 - 1921 febrero 10 )
BLAY, UN ESPÍA PARAGUAYO EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Es sabido que antes y durante la Segunda Guerra Mundial los tentáculos del espionaje nazi se extendieron por todas partes, sin embargo es poco conocido que un paraguayo, Andrés Blay Pigrau, formó parte de una amplia red de espionaje alemán que operaba en España y Sudamérica.
Blay nació en 1892 en Asunción en el seno de una familia de inmigrantes catalanes. Más tarde el joven paraguayo se instaló en España. En 1912 Blay, estudiante de medicina, fue incorporado al Consulado General del Paraguay en Barcelona como canciller ad honorem, en 1920 ascendió a vicecónsul y en 1926 a cónsul.
Durante la Guerra Civil Española encontramos a Blay ayudando a huir de Barcelona a prominentes fascistas, sin embargo, el paraguayo no se convirtió en agente alemán hasta 1942, algo que conocemos gracias a las investigaciones que el MI5 británico hizo sobre él.
Según estas averiguaciones Blay se enemistó con importantes funcionarios de su país, por lo que tenía intención de viajar a Paraguay para solucionarlo y obtener instrucciones de su gobierno, aunque la difícil situación económica de la posguerra española y de la Segunda Guerra Mundial no le permitía sufragar aquel viaje.
En aquella misma época, en abril de 1942, la mujer de Blay enfermó de tifus y el paraguayo solo pudo conseguir medicinas para su esposa de los alemanes. En el consulado alemán el paraguayo conoció a uno de sus trabajadores, Horst Müller, el cual le proporcionó las medicinas. Müller era en realidad un importante agente de la Abwehr, el servicio de inteligencia militar alemán, y el que se encargará de reclutar a Blay.
En lo sucesivo, el agradecido Blay, comenzó a frecuentar a Müller y así pudo conocer al cónsul Friedrich Rüggeberg y a Gustav Fock, alias “Blanco”, ambos agentes de los servicios de inteligencia de Alemania. Tras varias conversaciones, Müller fue conocedor de las dificultades económicas que Blay tenía para viajar a Paraguay, por lo que le ayudó a conseguir el dinero y el pasaje para su viaje a través de agentes alemanes radicados en Lisboa. En ese instante, aunque Blay no fuera aún consciente, ya había sido reclutado por los alemanes para la sección naval de la Abwehr.
Poco después, en junio, en una reunión Müller pidió a Blay que, durante su viaje a Asunción y al regreso del mismo, obtuviera información sobre la navegación en el puerto de Buenos Aires. Este interés alemán en aquel puerto lo podríamos relacionar con los planes que desarrolló en las mismas fechas el Jefe del Arma Submarina alemana, Karl Dönitz, para atacar a los mercantes que navegaran por el Río de la Plata. Aunque esto solo es una conjetura.
Luego, en julio, Blay se trasladó a Madrid para conseguir los visados para su viaje. Allí mantuvo varias reuniones con el agente “Blanco”, el cual le informó sobre su misión en Sudamérica. Esta era la de obtener información sobre los barcos mercantes y de guerra que hubiera en el puerto de Buenos Aires, así como de su nacionalidad, tonelaje y carga, en especial si era carne o cereales con destino a países aliados. Y aunque Blay ponía excusas para no realizar esta misión, “Blanco” siguió dándole instrucciones y le enseñó el modo de codificar esa información para ser transmitida a Europa.
Después, en agosto y septiembre, ya de regreso a Barcelona, Blay tuvo nuevas reuniones con Müller, en las que este le mostró sus instrucciones y le comunicó la intención alemana de utilizarlo como agente en Sudamérica en el caso de que Argentina rompiera relaciones con Alemania. Por entonces, la inteligencia británica ya había interceptado varios mensajes alemanes que trataban sobre Blay, y en los que los agentes nazis se referían a él con los nombres en clave de “Médico” y “Valentín”.
Luego, a finales de septiembre, Blay viajó a Bilbao para embarcar hacia Sudamérica. Allí un policía conocido como Santiago le entregó una carta que debía llevar a Buenos Aires, la cual cosió en sus pantalones. Además el policía le dio los nombres de dos agentes que trabajaban como correos para los alemanes y que eran parte de la tripulación del barco que debía llevarle a Sudamérica.
Estos agentes eran Jesús Aguilar y Bernardino Solana, con los que Blay debía contactar durante la travesía utilizando una contraseña. Según creyeron posteriormente los británicos, estos agentes debían entregar al paraguayo dinero y sus instrucciones en forma de microfotografías.
Blay embarcó a principios de octubre en el transatlántico Cabo de Buena Esperanza. Durante la travesía, a pesar de sus instrucciones, no habló con sus contactos. Poco después, a mediados de mes el transatlántico hizo escala en Port of Spain, en la isla de Trinidad. Allí los británicos le sometieron a una inspección aparentemente rutinaria, aunque no encontraron nada.
Pero lo que Blay no sabía es que los británicos ya tenían información sobre él y que una fuente secreta le había señalado. Esta fuente quizás se tratara de Aguilar, reclutado por los británicos en algún momento de la guerra y que actuaba como doble agente. Así, Blay fue desembarcado y en un primer interrogatorio el día 25 afirmó que se dirigía a Paraguay por motivo de su cargo y por asuntos familiares. Pero esto no engañó a los británicos, que le detuvieron y le recluyeron en el campo de internamiento de St. James, a las afueras de Port of Spain.
Allí, al ser registrado, los británicos encontraron escondida en sus pantalones la carta que le entregó Santiago. Esta misiva estaba escrita por el reconocido agente alemán Joaquín Baticón e iba dirigida a José Valles, trabajador del consulado español en Buenos Aires, agente alemán y persona muy cercana al general Friedrich Wolf, agregado militar alemán en Argentina y también espía. En esta carta Baticón indicaba a Valles que Blay era de absoluta confianza y le pedía que le ayudara durante su estancia en Buenos Aires. Además, Baticón mencionaba a otros dos agentes alemanes que operaban en Argentina, Manuel Pérez y Horacio Peña.
A continuación, los británicos decidieron enviar a Blay a Inglaterra para que allí continuaran las pesquisas. En enero de 1943 el paraguayo llegó a Inglaterra y fue interrogado en Latchmere House, cuyo nombre en clave era Camp 020, lugar donde el MI5 investigaba a los agentes enemigos. Allí Blay acabó por confesar que era un agente alemán. Luego fue internado en Huntercombe, nombre en clave Camp 020R.
Durante los siguientes meses Blay fue interrogado minuciosamente varias veces más. En dichos interrogatorios el paraguayo dio los nombres de otros agentes, algunos de los cuales, como Baticón, serían detenidos con posterioridad. En ese tiempo incluso el FBI se interesó por él y los británicos concluyeron que en su misión de espionaje el paraguayo no había sido instruido para realizar sabotajes.
La información proporcionada por Blay durante los interrogatorios evidenció ser de gran importancia operativa y demostró por un lado la amplia extensión de la red de agentes alemanes en Sudamérica y por otro que el espionaje alemán utilizaba los servicios consulares y los navíos españoles para sus operaciones.
Finalmente, tras acabar la guerra, Blay sería liberado en septiembre de 1945. Los ingleses le deportaron y le embarcaron rumbo a Buenos Aires. Pero aquí no acabó su historia. Durante los siguientes meses británicos y estadounidenses siguieron los pasos de Blay.
Así, a mediados de octubre un miembro de la embajada de Estados Unidos en Argentina informó a su gobierno que cinco peligrosos agentes alemanes liberados por los británicos, entre los que se encontraba Blay, se dirigían a Buenos Aires y señalaba el riesgo de esta llegada. Blay arribó a Argentina el 23 de ese mes. De inmediato fue detenido por la policía argentina y deportado a Paraguay con posterioridad.
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viernes, 17 de febrero de 2023
La Batalla de las Lagunas de Epulafquen (1832): el final de los hermanos Pincheira
Durante su guerra de independencia y durante los primeros años del Chile independiente este país debió enfrentarse en el sur de su territorio a varias guerrillas. Uno de estos grupos fue el de los hermanos Pincheira, que no fueron vencidos hasta 1832 en las lagunas de Epulafquen, en la actual Argentina.
Estas guerrillas, con famosos caudillos como Benavides, Picó o el cura Ferrebú, tuvieron su origen en las montoneras realistas que combatieron a los patriotas chilenos durante la Guerra a Muerte. Sin embargo, tras la imposibilidad de reconquista española, los guerrilleros realistas se fueron transformando en bandidos cuyo modo de vida era el robo de ganado y la toma de rehenes.
Este fue el caso de los hermanos Pincheria: José Antonio, Santos, Pablo y Antonio. Durante casi 15 años estos hermanos formaron un grupo que pasó de unos pocos cientos a casi dos millares de hombres, en el que tenían cabida ladrones, desertores y antiguos realistas y que creció gracias a las alianzas con varios pueblos indígenas, sobre todo pehuenches.
En ese tiempo los Pincheira asolaron el sur de Chile, así podemos encontrarlos en 1817 y 1819 atacando Chillán y en 1820 y 1822 San Carlos. En 1823, tras atacar Linares, Antonio murió en la huida y meses más tarde lo hacía otro de los hermanos, Santos. En 1824 los Pincheria devastaron varias zonas de las regiones de Ñuble y Maule, para luego refugiarse al este de los Andes. Meses más tarde, en noviembre de 1825, atacaron Parral y aniquilaron a un destacamento de dragones.
Entre 1826 y 1828 los chilenos Barnachea, Borgoño y Bulnes, entre otros, dirigieron campañas a través de los Andes contra los Pincheira y otros caudillos que se encontraban en el territorio de Neuquén. Al mismo tiempo el gobierno intentaba acabar con ellos, primero ofreciendo un indulto a sus secuaces y luego a los propios Pincheira, pero aún así, el problema persistió.
Más adelante, los Pincheira se vieron involucrados en luchas tribales en las pampas y en incursiones en provincias argentinas como la de Mendoza. El gobierno de este territorio firmó ese año un tratado con José Antonio en el cual le daban el grado de coronel y le entregaban el mando de las fuerzas del sur. Tiempo después, en 1830, los Pincheira estuvieron vinculados a la muerte del exgobernador mendocino Juan Corvalán.
Luego, en 1831, los encontramos realizando una incursión a menos de 100 kilómetros al sureste de Santiago de Chile. Ese mismo año el general chileno Joaquín Prieto consiguió atraerse a varios de los hombres de los Pincheira e intentó negociar con José Antonio, pero sin éxito. Tras el ascenso de Prieto a la presidencia, su sobrino, Manuel Bulnes, continuó sus gestiones mientras reunía una división en Chillán. A continuación, en diciembre de 1831, Bulnes obtuvo información sobre los Pincheira gracias a la traición de algunos de los capitanes de estos.
Ya en enero de 1832 Bulnes escribió que había conseguido engañar a los hermanos para atraerlos a un punto cercano al territorio chileno. Por fin el día 10 de ese mes la división de Bulnes, compuesta por casi 1.000 hombres, incluidos algunos milicianos e indios auxiliares, partió de Chillán hacia el este. El 13, una avanzadilla chilena capturó al más fiero de los hermanos Pincheira, Pablo, y a algunos de sus hombres en Roble Huacho, siendo luego ejecutados.
De inmediato las fuerzas de Bulnes continuaron su marcha a toda prisa a través de las montañas y la madrugada del día 14 llegaron a las cercanías del campamento de José Antonio Pincheira, en un lugar llamado Coyamuelo, en la Lagunas de Epulafquen o Palanquín, donde había unos 350 hombres entre montoneros y lanceros pehuenches.
Antes del amanecer los chilenos capturaron a una avanzadilla enemiga, aunque dos hombres consiguieron llegar al campamento y dar la voz de alarma. En ese momento, según cuenta el historiador Diego Barros, infiltrados de Bulnes soltaron a los caballos para imposibilitar la huida, consiguiendo solo los pehuenches subir a sus monturas.
En medio de aquel desorden, los chilenos, divididos en tres columnas cargaron “con un ímpetu irresistible arrollando a los desordenados pelotones que encontraban a su paso”. En esas circunstancias muchos de los hombres de Pincheira se rindieron, mientras que él, apartado del tumulto y ante la incapacidad de organizar una defensa efectiva, reunió 50 hombres y huyó. Al mismo tiempo, la caballería chilena persiguió a los pehuenches, a los cuales masacraron, entre ellos a los caciques Neculman y Coleto.
Otro grupo de montoneros se refugió en una montaña y para evitar ser alcanzados por los chilenos les lanzaban rocas por las laderas, aunque poco después, rodeados, no tuvieron más remedio que rendirse. Al acabar el día, las tropas de Bulnes no habían tenido ninguna baja. Por su parte Pincheira había perdido muchos hombres y otros tantos habían sido capturados o se habían pasado a los chilenos, los cuales se hicieron con los caballos, el ganado, las armas y las cautivas que encontraron en el campamento enemigo.
A continuación, Bulnes, conocedor del peligro de dejar libre a Pincheira, envió hacia el norte un destacamento en su búsqueda, pero tras varios días de infructuosa persecución, tuvieron que regresar. Luego Bulnes envió otro destacamento que, con ayuda de antiguos montoneros e indios amigos, debía buscar a Pincheira en la frontera de Mendoza. Mientras, él partió hacia el sur en una campaña contra algunos pehuenches aún hostiles, tras lo cual regresó a Chile.
Tiempo después, a Pincheira, ya en Mendoza, le habían llegado proposiciones de Bulnes para rendirse a cambio del perdón, y aunque no aceptó de momento, si lo hicieron algunos de sus hombres presa del desaliento. A continuación, en febrero, Pincheira, envió a un mensajero a Curicó para negociar las condiciones de su rendición, sin embargo, acosado por las tropas enviadas por Bulnes en su persecución, decidió entregarse. Finalmente, Pincheira llegó a Chillán el 11 de marzo y en virtud de lo negociado, se le perdonó y se le permitió residir en los alrededores de San Fabián de Alico durante el resto de su vida.
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martes, 7 de febrero de 2023
1824, LA GRAN COLOMBIA DERROTA A ESPAÑA EN CUBA
En 1824, cuando la mayoría de la América española ya era independiente pero la amenaza de España aún existía, las naves patriotas intentaban golpear a los españoles en todos los mares y alejar así el peligro de sus costas. En este contexto la marina de la Gran Colombia llevó a cabo una audaz y poco conocida acción contra los españoles en aguas de Cuba, una de las últimas posesiones de España en el continente.
Así, el 4 de abril, o el 5 según otras versiones, una pequeña flotilla de la armada colombiana proveniente de Puerto Cabello y comandada por el francés de Nueva Orleans Renato Beluche, compuesta por las corbetas Boyacá y Bolívar, avistó frente a la costa norte de Cuba a la corbeta española Ceres, la cual había participado en el combate de Puerto Cabello un año antes, donde los españoles vencieron a las fuerzas grancolombianas.
Las naves colombianas avistaron a medio día a la Ceres y fueron en su persecución. Pese a que la Ceres navegaba a toda vela, a las 7 de la tarde fue alcanzada frente a La Habana. De un lado estaban la Boyacá, capitaneada por el escocés Thomas Brown, con unos 22 cañones y 140 hombres, y la Bolívar, comandada por Beluche, con el estadounidense John Clark como segundo capitán y con unos 23 cañones y 156 hombres. Del otro lado, la Ceres, capitaneada por el teniente de navío Martín María Espino, con unos 36 cañones y 326 hombres entre marinería e infantería.
La Boyacá se aproximó lo suficiente a la Ceres como para descargar sus cañones y abrir fuego de fusilería. Seguidamente los españoles respondieron y, a continuación, la Bolívar se sumó al combate, el cual duró cerca de una hora, hasta que la Ceres, completamente destrozada, se rindió a la Bolívar. Según las informaciones de la época, el combate fue tan duro que la Ceres tuvo 30 muertos y 60 heridos, de los cuales morirían la mitad. Mientras, las naves colombianas no tuvieron muertos y solo algún herido, entre ellos Beluche.
Por su parte, la prensa española contó que la Ceres, de solo 24 o 26 cañones, se encontraba frente a La Habana escoltando varios mercantes que habían salido de aquel puerto. Allí, la Boyacá, la Bolívar y un tercer navío, el bergantín Mosquito, la capturaron tras un combate de una hora. Además, según estas noticias, los colombianos consiguieron capturar varias naves mercantes, quizás 11, a pesar de que también estaban armadas.
Sea como fuere, los colombianos, incapaces de conducir a Venezuela la maltrecha Ceres, emprendieron la huida hacia el norte, a aguas de Florida. De inmediato, las autoridades españolas de La Habana organizaron una flotilla para perseguirlos. Según las noticias que tenemos, esta escuadra estaba formada por la fragata Sabina, la corbeta María Isabel, la goleta Belona y una balandra.
Sin embargo, las naves colombianas y su presa, o presas, lograron llegar el día 18 a Panzacola, la moderna Pensacola, en la Florida Occidental. Allí se refugiaron y los españoles tuvieron que retirarse. En Panzacola los colombianos llevaron a cabo las reparaciones pertinentes. Mientras, Beluche fue a Nueva York para conseguir nuevos tripulantes y dinero con el que pagar las reparaciones. También en Panzacola los colombianos desembarcaron a los marineros españoles, mientras que a los soldados de infantería y artillería los retuvieron a bordo. Más tarde, en verano, emprendieron el regreso a Puerto Cabello, llevando consigo a parte de los prisioneros, que después serían canjeados.
Lo siguiente que sabemos es que la Ceres quedó incorporada a la marina de guerra colombiana, a la que sirvió durante los siguientes años bajo el mando del norteamericano Joseph Swain. Así podemos ver a la Ceres en 1825 merodeando por aguas de Cuba, en 1826 Simón Bolívar la envió a Puerto Cabello para luchar contra la revolución encabezada por José Antonio Páez y en 1827 el Libertador pensó usarla para expedicionar sobre Puerto Rico. Por último, sabemos que en estas fechas Espino, el capitán de la Ceres durante el combate, fue juzgado y condenado por no haber hecho uso a tiempo del mayor alcance de su artillería.
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sábado, 4 de febrero de 2023
1945, declaración de Guerra de Argentina a Japón y Alemania
Decreto 6945/45 (27 de marzo de 1945)
El presidente de la Nación Argentina, en acuerdo general de Ministros, decreta:
Artículo 1: El gobierno de la Nación acepta la invitación que le ha sido formulada por las 20 Repúblicas americanas participantes de la Conferencia Interamericana sobre problemas de la Guerra y la Paz y se adhiere al Acta final de la misma.
Artículo 2: A fin de identificar la política de la Nación con la común de las demás Repúblicas americanas y solidarizarse con ellos ante amenazas o actos de agresión de cualquier país a un estado Americano, declárase el estado de guerra entre la República Argentina por una parte y el Imperio del Japón por otra.
Artículo 3: Declárase igualmente el estado de guerra entre la República Argentina y Alemania atento el carácter de esta última aliada del Japón.
Artículo 4: Por los respectivos ministerios y secretarías del Estado se adoptarán de inmediato las medidas necesarias al Estado de beligerancia, así como las que requieran para poner término definitivamente a toda actividad de personal, firmas y empresas de cualquier nacionalidad que puedan atentar contra la seguridad del Estado o interferir en el esfuerzo bélico de las Naciones Unidas o amenazar la paz, el bienestar y la seguridad de las Naciones Americanas.
Artículo 5: Comuníquese, etc. – FARRELL. – Juan D. Perón. – César Ameghino. – Alberto Teisaire. – Juan Pistarini. – Amaro Avalos. – Bartolomé de la Colina. -Julio C. Checchi.
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LOS BARCOS ARGENTINOS HUNDIDOS POR LA ALEMANIA NAZI
Durante la Segunda Guerra Mundial los distintos gobiernos argentinos apostaron, a diferencia de otros países americanos, por la neutralidad, sin embargo, los ataques de los submarinos de la Alemania nazi a varios barcos argentinos a punto estuvieron de acabar con dicha neutralidad.
En plena Batalla de Francia, el mercante argentino Uruguay, que en un primer momento transportaba cereales a Bélgica, tras la invasión nazi de este país cambió su rumbo hacia Irlanda. El 27 de mayo de 1940, al oeste de España fue disparado y detenido por el submarino alemán U-37, el cual le solicitó la documentación. A continuación, un oficial alemán subió al Uruguay y dio a la tripulación un plazo de 20 minutos para abandonar el barco y subir a los botes. Luego se colocaron bombas en el barco y las detonaron, aunque en la prensa se hablaría de un ataque con torpedos.
El Uruguay se hundió a unas 136 millas al oeste de las costas de Galicia. Parte de los náufragos fueron rescatados por un pesquero y llevados al puerto de La Coruña. Sin embargo, varios de los marinos no fueron localizados, por lo que las autoridades españolas organizaron su búsqueda. Poco después, el resto de los náufragos fueron rescatados por el vapor griego Anastasia. A continuación, todos marcharon a Barcelona donde embarcaron rumbo a Argentina.
El 3 de junio aparecieron las primeras noticias sobre la reacción del Gobierno argentino, el cual pidió “satisfacción e indemnización al Reich”. Según la prensa, “el Embajador de la Argentina en Berlín ha presentado una nota de protesta en nombre de su Gobierno contra el torpedeamiento del vapor argentino Uruguay. Dicha nota está redactada en términos enérgicos y precisos. Ya ha sido comunicado por el ministro de Negocios Extranjeros, Cantilo, al embajador de Alemania en Buenos Aires”.
Poco después, se publicaba que el incidente germano-argentino había quedado resuelto. Los alemanes argumentaron que su submarino sospechó que el barco se dirigía a un país enemigo, por lo que el Uruguay fue hundido. De este modo, se decía que el acto no debía ser considerado de beligerancia, por lo que el Gobierno argentino decidió no insistir en su reclamo, aunque con posterioridad se dieron nuevos pasos para esclarecer el ataque al Uruguay.
Dos años más tarde, el 18 de abril de 1942, otro barco argentino sufrió un ataque. En este caso fue el buque cisterna Victoria. A unas 300 millas de la costa de Estados Unidos el U-201 torpedeó el Victoria, sin embargo, gracias a la ayuda de otros barcos, la tripulación fue rescatada y se pudo llevar el navío argentino a Nueva York.
En los primeros momentos se pensó, incluso por parte de las autoridades argentinas, que el Victoria habría chocado con una mina, sin embargo, semanas más tarde, ya aceptada la tesis del ataque con torpedos, el Gobierno argentino protestó ante los gabinetes de Alemania e Italia.
Las autoridades argentinas protestaron por el ataque y conferenciaron sobre el asunto con los representantes del Eje en el país, Erich Otto Meynen y Livio Carbaccio. Estos prometieron investigar las circunstancias que rodearon el ataque al Victoria.
Poco después, el 17 de junio, el Ministerio de Negocios Extranjeros de Alemania entregaba una nota en la que se reconocía el ataque y expresaba su pesar por el error cometido y se ofrecía a entregar una indemnización. Esto en un principio pareció satisfacer al Gobierno sudamericano, pero solo unos días más tarde se produjo un tercer ataque contra un barco argentino.
El 22 de junio el mercante Río Tercero, junto a cinco de sus tripulantes, fue hundido a unas 200 millas al sureste de Nueva York. El responsable del torpedeamiento fue el submarino U-202, también conocido como Innsbruck.
De inmediato Argentina comenzó a investigar los hechos y protestó por lo ocurrido, llegando el asunto a las Cámaras, donde se generó un intenso debate. También se produjeron algunas protestas callejeras que reclamaban el fin de la neutralidad. Derivando algunas de estas protestas, como refleja la prensa, en altercados.
Los alemanes alegaron que los colores argentinos no estaban lo suficientemente visibles en el Río Tercero, de ahí el error del ataque. Asimismo, ofrecían una indemnización por los daños causados.
Por su parte, el Gobierno argentino manifestó que en adelante tomaría medidas para que en lo sucesivo su bandera fuera lo suficientemente visible, además, se prohibiría navegar por zonas peligrosas.
Así, el 8 de julio la prensa publicaba que el Ministro argentino de Relaciones Exteriores, Enrique Ruiz Guiñazú, daba por zanjado el asunto. Sin embargo, el debate siguió muy vivo en la Cámara argentina, donde el diputado socialista Nicolás Repetto pidió que se requisaran los bienes del Eje en el país para poder cubrir los perjuicios sufridos por la marina argentina.
A pesar de estos ataques y de las presiones internas y externas, el Gobierno argentino no rompería relaciones con los países del Eje hasta enero de 1944 y no declararía la guerra hasta marzo de 1945.
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jueves, 26 de enero de 2023
1836, el corsario texano Terrible captura al mercante mexicano Matilde cerca de Sisal.
THOMAS TOBY, EL CORSARIO TEXANO QUE ATACÓ EL SUR DE MÉXICO (1836-1837)
A mediados de 1836, tras la victoria texana de San Jacinto en abril y la firma de los tratados de Velasco en mayo, la guerra entre México y Texas parecía haber acabado con la victoria texana y su independencia de facto, sin embargo, a partir de ese momento comenzó una nueva fase del conflicto. Los texanos, previendo una nueva invasión mexicana, utilizaron su pequeña marina y a corsarios para hostigar las costas de México y así dañar su comercio.
Uno de estos corsarios fue la goleta Thomas Toby. Este buque originalmente fue el navío mercante de Nueva Orleans De Kalb, rebautizado posteriormente como Thomas Toby en honor del agente texano de igual nombre que actuaba en aquella ciudad. Según algunas fuentes el primer capitán del buque fue un tal Suares, aunque quien lo comandó durante sus ataques a México fue Nathaniel Hoyt. De acuerdo a informaciones mexicanas, la tripulación del navío corsario ascendía a 30 hombres y su armamento estaba compuesto por un cañón giratorio, otros dos pequeños cañones llamados esmeriles, fusilería y armas blancas.
A finales de septiembre la Thomas Toby, también conocida como Tom Toby, partió del puerto texano de Velasco e inició su primera incursión en aguas mexicanas. Durante los siguiente días recorrería Sisal, Campeche, Veracruz, Tampico y Matamoros. En Tampico, el día 4 de octubre, la Thomas Toby capturó fuera del alcance de los cañones del puerto un mercante mexicano llamado Segunda Juana, cargado, entre otras cosas, de puros, cacao y aguardiente, y lo envió a Galveston.
A continuación la Thomas Toby bombardeó Tampico, a lo que los mexicanos respondieron de la misma manera. Tras esto, los tampiqueños se concentraron en la orilla del río con la intención de repeler un supuesto ataque. Luego, el capitán de la Thomas Toby retó al comandante de Tampico a batirse con cualquier barco mexicano que hubiera en el puerto, pero al no obtener respuesta, se retiró.
De Tampico la Thomas Toby navegó al puerto yucateco de Sisal donde el día 12, haciéndose pasar por un buque inglés, los corsarios abordaron y capturaron un bergantín de México llamado Mexicano cargado de café y azúcar. Luego los “piratas tejanos”, como eran llamados por los locales, abandonaron el puerto bajo el intenso fuego de los mexicanos. Tras esto, los corsarios y su presa navegaron hasta Velasco.
Durante los siguientes meses, entre tormentas, reparaciones y motines, la Thomas Toby permaneció en aguas de Luisiana. Tras este tiempo de inactividad, la nave volvió al servicio en la primavera de 1837 durante el bloqueo mexicano de la costa texana.
En mayo la Thomas Toby realizó una nueva incursión en las costas de Yucatán y Campeche. Partiendo de su base texana la Thomas Toby atravesó el Golfo de México hasta aguas yucatecas. Según el Diario del Gobierno, la mañana del día 24, el buque corsario se acercó con bandera estadounidense al pueblo de Sisal e intentó abordar un mercante, pero al darse cuenta de que se trataba del navío español Emilio abortó el ataque. Pero en ese momento se aproximó al Emilio la canoa mexicana Sabina, a la que los corsarios si capturaron.
Según la versión mexicana, mientras esto sucedía, el corsario estaba fuera del alcance de los cañones del puerto, pero los texanos dijeron que las balas mexicanas llegaron a atravesar sus velas. A continuación la Thomas Toby arrió la bandera estadounidense, izo la texana y puso rumbo a Campeche.
Tiempo después, en Campeche, la Thomas Toby encontró al bergantín mexicano Fénix mientras este se hallaba cargando sal en las salinas próximas al pueblo de Celestún y tras perseguirlo durante dos horas lo capturó. Como vemos en la prensa texana, el Fénix y su cargamento de sal fueron enviados a Galveston. Allí incluso se pensó en reconvertir el bergantín mexicano en una nave de guerra texana.
Luego el corsario texano volvió a Sisal donde la mañana del día 31 tomó una canoa en la que envió a tierra a varios tripulantes del Fénix. Según estos la Thomas Toby intentó capturar a la goleta mexicana Correo de Campeche, pero al ver al navío español Emilio y confundirlo con un buque de guerra que le perseguía, decidió retirarse.
Días después, el 2 de junio, la Thomas Toby persiguió a la goleta mexicana Eulalia que se dirigía de La Habana a Sisal. Según se publicó, el corsario texano alcanzó a la Eulalia y abrió fuego, por lo que su capitán se vio en la necesidad de embarrancar su nave entre los pueblos de Santa Clara y Telchac, pero consiguiendo salvar a la tripulación, a los pasajeros y el cargamento.
Tras esto, la Thomas Toby regresó a Texas y la siguiente noticia que tenemos del buque corsario es que se hundió en Galveston a principios de octubre debido a un huracán.
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viernes, 13 de enero de 2023
John Drake entre los charrúas, en Buenos Aires y Paraguay (1582-1585).
LOS CONQUISTADORES INGLESES DE PARAGUAY
Como ya vimos en otro video, aunque la exploración, conquista y colonización de Paraguay fue llevada a cabo principalmente por españoles, junto a ellos aparecen otras nacionalidades, como portugueses o alemanes, sin embargo, llama la atención una pequeña minoría, la de los ingleses, cuya participación en la Conquista es poco conocida.
Los primeros ingleses en llegar a Paraguay lo habrían hecho en 1528 en la expedición del veneciano Sebastián Caboto. Eran 6 o 7, u 8 si tenemos en cuenta que hay quien cree que el mismo Caboto pudo nacer en Inglaterra, aunque no sabemos cuantos de ellos pudieron llegar realmente hasta el río Paraguay.
La siguiente noticia que tenemos sobre la presencia de ingleses en la conquista de Paraguay es de principios de 1537. En esas fechas el Adelantado Pedro de Mendoza envió desde Buenos Aires una expedición capitaneada por Juan de Salazar de Espinosa y por Gonzalo de Mendoza para socorrer a Juan de Ayolas, que se encontraba explorando el río Paraguay. La expedición llegó hasta La Candelaria, en el alto Paraguay, y luego descendió al territorio de lo que hoy es Asunción, donde el 15 de agosto comenzaron a construir una casa fuerte o fortaleza de madera.
Entre los fundadores de este fuerte encontramos a tres ingleses. El primero, Juan de Rute, polvorista y vecino de Londres, cuyo hijo, Miguel, fue uno de los primeros pobladores de Santa Fe y regidor de la misma en 1578. El segundo fue Nicolás Colman o Colina, natural de Hampton, del que hablaremos más adelante. Y el tercero, Richarte Limón, vecino de Plymouth, que se afincó en Asunción y al parecer fue su primer herrero, al que encontramos con Domingo Martínez de Irala en 1549.
Años después, en 1542 encontramos a un inglés muerto en los primeros meses de ese año. Se trata del lombardero Nicolás Ynglés. Poco más tarde, en 1544, tenemos noticias de la presencia en Asunción de dos ingleses, Juan Richarte, quizás Juan de Rute, y Nicolás Symon, dedicado a la construcción de barcos y al que podemos identificar con Nicolás Colman. Según la Relación de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Juan Richarte cortó una mano a Nicolás Symon durante un riña.
Años después volvemos a encontrar a Nicolás Colman, esta vez junto al conquistador Diego de Abreu, hombre que se amotinó en 1547 contra Francisco de Mendoza, lugarteniente del gobernador Martínez de Irala, y entre 1549 y 1553 contra el mismísimo gobernador.
Tiempo más tarde, entre 1556 y 1557, en el territorio paraguayo de Guayrá, en el actual Estado brasileño de Paraná, vemos a Colman encabezando una rebelión en la Villa de Ontiveros. De él escribió el cronista Ruy Díaz de Guzmán que “de todos estos que tan descaradamente se rebelaron, fue cabeza un inglés llamado Nicolás Colman, que, aunque tenía una sola mano, que era la izquierda, por haber perdido en una pendencia la derecha, era el más resuelto y atrevido soldado de cuantos allí estaban, como siempre lo mostró,...”.
Años después, hacia 1569, volvemos a encontrar a Colman en Ciudad Real del Guayrá acaudillando una rebelión contra el gobernador de este territorio, Alonso de Riquelme. Pero aquí no acaba la historia de los Colman, pues este linaje pervivió en la historia de Paraguay durante los siguientes siglos, con nombres como el de Fray Juan Bernardo Colman y el comandante Andrés Colman.
Más tarde, en la década de 1580 tenemos noticias de la presencia de otros ingleses en Paraguay. Todo comenzó en 1582 cuando John Drake, pariente del famoso corsario Francis Drake, acompañó a Edward Fenton en su viaje hacia Oriente a través del Estrecho de Magallanes. En diciembre de ese año, frente a las costas de Brasil, la escuadra de Fenton capturó un barco español en el que había un inglés natural de Limehouse y que residía en Asunción desde hacía doce años. Este inglés es llamado en algunos relatos Juan Pérez y en otros Richard Carter.
Luego, Drake se separó de Fenton y su nave naufragó en las costas uruguayas, donde él y varios de sus compañeros fueron capturados por los indios charrúas. Tras varios meses, algunos ingleses huyeron y consiguieron llegar a Buenos Aires, donde fueron tratados con consideración, aunque Drake no reveló su identidad. Sin embargo, tiempo después llegó al lugar, una vez liberado por Fenton, Juan Pérez, el inglés de Asunción, el cual desveló el parentesco de uno de aquellos huéspedes con el temible Francis Drake.
A continuación, Drake, junto a sus compañeros, fue llevado a Santa Fe en 1584, donde hizo una relación de la expedición de Francis Drake de 1578, para ello contó con la ayuda del inglés Juan Pérez, que hizo de intérprete.
Luego Drake y otro compañero fueron llevados a Asunción y recluidos en una ermita más de un año. Allí Drake conoció al conquistador Juan de Rute, del que hablamos anteriormente. Según la declaración de Drake “el inglés que se llamaba Juan de Rute, el cual había cuarenta años que estaba en la tierra, y no sabía ya hablar inglés”. Finalmente Drake y su compañero fueron llevados a Arica y de allí a la capital virreinal, Lima, donde el Tribunal de la Inquisición se hizo cargo de ellos por ser luteranos, pero esa es otra historia.
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