jueves, 28 de julio de 2022

PARTE DEL MARQUÉS DE COUPIGNY SOBRE LA BATALLA DE ARJONILLA

 




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EL JOVEN JOSÉ DE SAN MARTÍN, SOLDADO DEL IMPERIO ESPAÑOL

Sobre la vida de José de San Martín, Libertador de Argentina, Chile y Perú se sabe mucho, pero a continuación hablaremos sobre sus orígenes, sobre su vida menos conocida, la anterior a ponerse al servicio de la independencia americana. 

José Francisco de San Martín nació en 1778 en la antigua misión jesuítica de Yapeyú, en la actual Provincia de Corrientes. Fue hijo de los palentinos Juan de San Martín, Teniente Gobernador de Yapeyú, y de Gregoria Matorras, siendo el menor de cinco hermanos. Según teorías recientes, en realidad era mestizo, hijo del español Diego de Alvear y de la guaraní Rosa Guarú, que lo entregaron al matrimonio San Martín. 

Poco después la familia se trasladó a Buenos Aires, donde San Martín acudió brevemente a una escuela de primeras letras. En el año 1784, San Martín y su familia viajaron a España. En Madrid ingresó en el Real Seminario de Nobles y a continuación siguió sus estudios en la escuela de las Temporalidades de Málaga. 

En julio de 1789, a los once años, entró como cadete en el Regimiento de Infantería de Línea de Murcia. Sus primeras campañas fueron en el Norte de África contra los moros. Primero estuvo en Melilla, luego en Mazalquivir y más tarde fue parte de la guarnición de Orán. Durante su estancia en este lugar, la ciudad sufrió un fuerte terremoto y fue asediada durante varias semanas por el enemigo, siendo poco después entregada al Bey de Argel. 

En 1793 San Martín fue trasladado primero al Ejército de Aragón y luego a los Pirineos Orientales, donde combatió, al parecer como granadero, contra los franceses en la Guerra del Rosellón. En esta época participó en las batallas de Mas Deu y Truillás bajo el mando del general Antonio Ricardos. Por su destacada participación en acciones menores entorno a Le Boulou, San Martín fue ascendido al grado de Segundo Subteniente. A continuación, el Regimiento de Murcia pasó por Port-Vendres, por el Fort Saint-Elme y Collioure, donde tuvo que capitular a mediados de 1794, aunque los franceses permitieron a San Martín y a sus compañeros retirarse a España. Durante esas acciones, San Martín fue ascendido a Primer Subteniente y más tarde a Segundo Teniente de su regimiento. 

En 1795 España firmó la paz con Francia y en 1796 ambas naciones se aliaron contra Inglaterra. A finales de ese año murió el padre de San Martín en Málaga. Abiertas las hostilidades entre España e Inglaterra, San Martín se encontraba embarcado en la flota española y el 4 de febrero de 1797 tomó parte en la batalla del Cabo de San Vicente, en la que también participó el famoso Nelson y en la que vencieron los ingleses. 

Tiempo después, embarcado en la escuadra del Mediterráneo, San Martín sirvió en la fragata “Santa Dorotea”, al mando de la Infantería de Marina. En mayo de 1798 recaló en el puerto francés de Tolón, donde según algunos, conoció a Napoleón, que se preparaba para ir a Egipto. En julio la “Santa Dorotea” consiguió apresar un corsario inglés. Con la “Santa Dorotea” San Martín participó en seis misiones hasta que fue atacada frente a Cartagena por el navío de línea ingles “Lion”. Tras un reñido combate, la “Santa Dorotea” no tuvo más remedio que rendirse, siendo capturada por los ingleses, mientras que a las tropas se les dejó libres. 

Según cuenta Bartolomé Mitre en su obra sobre San Martín, este dedicó los siguientes meses a cultivar el dibujo y a estudiar matemáticas. En 1801, durante la guerra entre España y Portugal, conocida como la Guerra de las Naranjas, San Martín, al frente de una compañía de su Regimiento, participó en la invasión del Algarve y en el sitio de Olivenza.  A finales de ese año, mientras se encontraba reclutando tropas en Valladolid, hay testimonios que señalan que San Martín fue asaltado por bandidos, los cuales le robaron una gran cantidad de dinero. 

En 1802, según Mitre, San Martín estuvo presente en el bloqueo a Gibraltar y en Ceuta, aunque otros autores dicen que no hay datos para afirmar eso, y es que a finales del año, en un documento fechado en Cartagena es nombrado Segundo Ayudante del Batallón de Infantería Ligera de Voluntarios de Campo Mayor. 

En 1804 encontramos al futuro Libertador en Cádiz como Capitán Segundo en el mismo batallón, donde hizo frente a una gran epidemia de Fiebre Amarilla que devastó la ciudad. Es posible que durante las etapas de descanso San Martín visitara a su madre en Orense, donde esta residía. 

En 1807, el Tratado de Fontainebleau entre España y Francia hizo que San Martín volviera a los campos de batalla. San Martín y los Voluntarios de Campo Mayor, bajo el mando del General Solano, invadieron el sur de Portugal. Entonces, España, traicionada por Francia, fue ocupada por las tropas napoleónicas, por lo que Solano y los españoles abandonaron Portugal. Al General Solano se le insistió para que se rebelara contra los franceses, pero se negó, siendo acusado de traidor y atacado a finales de mayo de 1808 por el pueblo en Cádiz. Debido a esto, San Martín y sus hombres tuvieron que atrincherarse para defenderse de la insurrección popular. Finalmente Solano fue muerto por la turba, mientras que San Martín escapó a duras penas. 

A continuación, encontramos a San Martín, ascendido a Mayor General, en el Ejército de Andalucía que se había formado contra los franceses. A finales de junio, comandando guerrillas, tuvo una participación destacada en la Batalla de Arjonilla, donde, con fuerzas mucho menores, venció a la caballería francesa, causándoles graves perdidas. Poco después fue nombrado Capitán agregado al Regimiento de Caballería de Borbón. 

A continuación participó en una acción en Villanueva de la Reina y poco después, en la gran batalla de Bailén, donde los franceses fueron derrotados. Más tarde, en septiembre, el Ejército de Andalucía entró en Madrid, donde San Martín recibió los despachos de Teniente Coronel y una medalla de oro por la Batalla de Bailén. A finales de noviembre las tropas españolas, derrotadas por las francesas en la Batalla de Tudela, van hacia el sur, mientras que San Martín cubre la retirada. Más tarde, en el Ejército de Cataluña, parece que participó en los socorros a Gerona en 1809, durante el tercer sitio al que esta ciudad fue sometida por los franceses, aunque esta cayó finalmente en diciembre de aquel año. 

En enero de 1810 San Martín fue nombrado ayudante de campo del Marqués de Coupigny. Más tarde, en 1811, participó junto a portugueses y británicos en la indecisa Batalla de Albuera. Poco después, pasó a ser agregado de comandante del Regimiento de Dragones de Sagunto. A continuación, al poco tiempo de regresar de una estancia en Lisboa, conocedor San Martín de la Revolución de Mayo de 1810 y después de la Revolución del 5 y 6 de abril de 1811 en el Río de la Plata, decidió abandonar el ejército español y viajar a Londres y a principios de 1812 a Buenos Aires, donde comienza su historia como Libertador. 

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viernes, 15 de julio de 2022

El conflicto entre Italia y Guatemala de 1892-1898

 




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EL IMPERIALISMO ITALIANO EN AMÉRICA LATINA (1864-1930)

Una de las características de los siglos XIX y XX en los países de América Latina fueron los enfrentamientos con las grandes potencias de la época, en especial con Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Sin embargo, es poco conocido el papel de Italia en estos conflictos. A partir de la década de 1860, cuando la unificación italiana estaba a punto de culminarse, el Reino de Italia comenzó a desarrollar una política exterior vigorosa y en ocasiones agresiva. En América Latina esta política exterior se tradujo en intentos por conseguir colonias y en numerosos conflictos con las repúblicas americanas. 

Una de las primeras noticias que tenemos sobre el interés de Italia en América es del año 1864. En noviembre el Gobierno uruguayo de Atanasio Aguirre arrendó a Italia la isla de la Libertad o de Rata, situada en la Bahía de Montevideo. Según el protocolo firmado, los italianos podrían construir depósito de la Regia Marina en la isla a cambio de 600 pesos anuales. Sin embargo, meses más tarde, en marzo, tras el cambio de Gobierno en Uruguay, Venancio Flores, Gobernador Provisorio, rescindió el contrato, lo que provocó la protesta italiana. Aún así, los italianos devolvieron la isla en agosto. 

Aunque este no sería el último intento italiano de conseguir un territorio en América. Entre 1868 y 1870 el Reino de Italia intentó obtener una colonia en las Antillas. Así, pretendió que Dinamarca le cediera la isla de Santa Cruz o que Suecia le vendiera la isla de San Bartolomé. Sin embargo, la aversión estadounidense a que una nueva potencia se instalara en el Caribe frustró los planes italianos. 

En la misma época, de acuerdo con algunas noticias, Italia pensó en crear colonias penitenciarias en ciertas partes de América, como las Malvinas, el Orinoco, Groenlandia, las Aleutianas o la Patagonia. Según algunas informaciones, a la Patagonia, territorio que Argentina aún no se había posesionado, pretendía el Gobierno italiano enviar a los briganti, los bandoleros del sur de Italia. Aunque este proyecto tampoco siguió adelante. 

Tras esta primera fase caracterizada por el intento italiano de expansión territorial, viene una segunda fase plagada de conflictos surgidos por el ansia italiana por proteger a sus ciudadanos emigrados a América. Uno de los primeros conflictos surgió con Venezuela. Durante la Guerra Federal varios ciudadanos italianos se vieron perjudicados, por lo que Italia intercedió por ellos, llegando a firmar un Convenio en 1866 que estipulaba una serie de indemnizaciones, aunque no sería hasta tiempo después cuando se establecieron las cantidades definitivas. 

El siguiente conflicto sucedió en agosto de 1868 en Perú, cuando los marinos del barco italiano, el “Emilio Rondanini”, se rebelaron en las Islas Chincha, resultando uno muerto y varios heridos, siendo otros detenidos por el Capitán del puerto. La legación italiana en Lima entonces protestó por la injerencia de los peruanos en un incidente ocurrido entre italianos en un barco italiano. A continuación, se produjo un largo intercambio de cartas entre las autoridades peruanas y la legación italiana donde se discutía sobre el Derecho Internacional. Finalmente, en marzo de 1869, Perú aceptó que los reos del “Emilio Rondanini” quedaran a disposición del vicecónsul italiano en El Callao. 

Años después Perú también fue en parte protagonista de otro conflicto con Italia. Durante la Guerra del Pacífico decenas de ciudadanos italianos residentes en Perú y Bolivia se vieron afectados por las acciones del ejército chileno, por lo que a finales de 1882 Italia y Chile firmaron una Convención de Arbitraje con el objetivo de crear un Tribunal Arbitral Italo-Chileno que resolviera las reclamaciones de estos ciudadanos, Tribunal que funcionó entre 1884 y 1888. 

En 1885 surgió el conflicto más agrio entre Italia y un país sudamericano. Ese año, durante la Guerra Civil colombiana, los bienes del italiano Ernesto Cerruti se vieron afectados y él acusado de colaborar con uno de los bandos. De inmediato Cerruti pidió la intervención de Italia para apoyar sus reclamaciones. Así surgió un largo conflicto diplomático, y casi militar, que se alargó durante 26 años. 

A principios de julio, para apoyar las reclamaciones de Cerruti, llegó al puerto de Buenaventura el buque de guerra “Flavio Gioia”. Su Capitán, para conseguir que le fuera entregado Cerruti, llegó a ordenar el desembarco de 150 de sus marinos y amenazó con bombardear aquel lugar, en un claro uso de la “Diplomacia de Cañoneras”. A pesar de este grave incidente, las negociaciones continuaron durante años, aunque ni la mediación de España ni de Estados Unidos fue suficiente para solucionar el conflicto. 

Así llegamos a 1898, cuando los italianos, para exigir el pago del dinero estipulado por el Laudo Arbitral del Presidente de Estados Unidos, planearon atacar varios puertos colombianos, bloquear su comercio y realizar desembarcos de tropas en el país. Finalmente el plan no llegó tan lejos, pero los italianos enviaron un buque de guerra a Buenaventura y varios más a Cartagena para presionar al Gobierno colombiano, el cual tuvo que aceptar el pago de una gran suma de dinero. Poco después, Colombia rompió relaciones diplomáticas con Italia, las cuales no se reanudaron hasta 1904. Y no fue hasta 1911 cuando se resolvió definitivamente el conflicto. 

En ese periodo Italia tuvo otros pequeños conflictos con Colombia. En uno de ellos España tuvo que mediar entre ambos países para satisfacer las reclamaciones de varios ciudadanos italianos, y en 1906 se produjo otro incidente entre Italia y Colombia que se solucionó con una indemnización. 

De menor importancia fue el incidente diplomático de 1892 entre Guatemala e Italia surgido a raíz de la reclamación de una ciudadana italiana residente en el país centroamericano. Este incidente no se resolvería hasta años más tarde y gracias al arbitraje del Gobierno español. 

Otro pequeño incidente se produjo en Perú en 1893 cuando el dueño italiano de una imprenta fue atacado por los seguidores del General Cáceres. El Encargado de Negocios italiano en Lima protestó por ello y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú aceptó entregar una indemnización, pero señalando que el ataque a aquel ciudadano italiano no fue fortuito, sino por su actividad política. 

Poco después, debido a la Guerra Civil de Perú, decenas de ciudadanos italianos, perjudicados por el conflicto, realizaron con el apoyo de su Gobierno reclamaciones económicas. Ambos países, tras años de discusiones, firmaron un Acuerdo en 1899 por el cual se sometería la cuestión al arbitraje del Embajador de España en Lima, aunque no sería hasta 1901 cuando el Árbitro dictó los laudos. 

En esa época, en 1896 los Salesianos fueron expulsados de Ecuador y sus bienes expropiados, por lo que Italia protestó en 1898. 

Pero fue entre finales de 1902 y principios de 1903 cuando tuvo lugar uno de los sucesos más graves. Italia, Reino Unido y Alemania bloquearon los puertos venezolanos, en un evidente uso de la “Diplomacia de Cañoneras”. Las tres potencias europeas reclamaban al Gobierno de Venezuela una serie de deudas contraídas por los gobiernos anteriores e indemnizaciones a sus connacionales por daños sufridos durante las últimas guerras civiles. 

En el caso italiano la intervención de la Regia Marina se debió a problemas con la empresa minera Martini.  Las naves italianas “Giovanni Bausan” y “Carlo Alberto”, a las que luego se unió el “Elba”, se estacionaron ante La Vela de Coro. El bloqueó se saldó con los bombardeos de Puerto Cabello y del Fuerte de San Carlos y terminó en febrero de 1903 con la firma de una serie de Protocolos para acordar el pago de las deudas, sin embargo, aún en 1908 Italia y otros países pensaban en intervenir en Venezuela para resolver sus diferencias con el Presidente Castro. Asimismo, el litigio con la empresa Martini no se resolvería definitivamente hasta 1930. 

Poco después del levantamiento del bloqueo en Venezuela, tras el derrocamiento de Juan Isidro Jimenes en la República Dominicana, varios países, entre ellos Italia, enviaron navíos de guerra a la isla para apoyar ciertas reclamaciones económicas. En el caso italiano, existen informaciones de que sus fuerzas, comandadas por el príncipe Luis Amadeo de Saboya, estuvieron dispuestas a desembarcar en la isla. 

Más tarde, en 1910 se resolvió uno de los últimos conflictos de los que tenemos noticias. Se trata de la reclamación de un peruano de padres italianos que pedía la protección de Italia, algo que un Tribunal de Arbitraje le negó. 

Pero no todo fueron conflictos. En 1893 Humberto I de Italia actuó de arbitro en la disputa entre Gran Bretaña y Estados Unidos en el Mar de Bering. Más tarde, su hijo Víctor Manuel  III arbitró en una disputa territorial entre británicos y brasileños. Este mismo rey emitiría un laudo arbitral para determinar la posesión de la isla de Clipperton que Francia y México se disputaban.

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viernes, 8 de julio de 2022

Cronología aproximada de las incursiones húngaras en Europa Central y Occidental.

-892, Moravia. 

-898, Lombardía. 

-899, Lombardía. 

-900, Baviera, Lombardía. 

-901, Moravia, Baviera, Lombardía, Carintia. 

-902, Moravia. 

-903, Baviera. 

-904, Lombardía.

-906, Moravia, Sajonia. 

-907, Baviera. 

-908, Turingia, Sajonia. 

-909, Suabia, Baviera. 

-910, Suabia, Franconia. 

-911, Suabia, Turingia, Baviera, Franconia, Borgoña. 

-912, Turingia, Franconia. 

-913, Suabia, Borgoña, Baviera. 

-915, Suabia, Turingia, Sajonia. 

-916, Baviera. 

-917, Baviera, Suabia, Lorena, Borgoña. 

-919, Baviera, Lombardía, Sajonia, Lorena, Francia. 

-921, Lombardía. 

-922, Lombardía, Apulia. 

-924, Lombardía, Toscana, Suabia, Sajonia, Borgoña, Provenza, Septimania, ¿Condados Catalanes?

-926, Baviera, Borgoña. 

-927, Roma, Toscana, Apulia. 

-928, Lombardía, Umbría. 

-931, Exarcado. 

-932, Francia. 

-933, Turingia, Sajonia. 

-934, Lotaringia. 

-935, Lombardía, Aquitania, Borgoña, Lotaringia.

-937, Marca de Friul, Baviera, Campania, Apulia, Carintia, Turingia, Sajonia, Franconia, Lorena, Aquitania, Borgoña, Provenza. 

-938, Toscana, Turingia, Sajonia. 

-940, Roma. 

-942, Marca de Friul, Califato de Córdoba, Condados Catalanes. 

-943, Baviera, Lombardía. 

-947, Exarcado, Apulia. 

-948, Baviera, Carintia. 

-951, Lombardía, Borgoña. 

-954, Baviera, Lombardía, Lorena, Francia, Aquitania, Borgoña, Provenza. 

-955, Baviera, Suabia. 

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942, LA INVASIÓN HÚNGARA DE ESPAÑA

Muchos habrán oído hablar de las Segundas Invasiones ocurridas durante la Alta Edad Media en la que Europa fue invadida por distintos pueblos: normandos, sarracenos, búlgaros, eslavos, húngaros,... Pero algunas de las incursiones de estos pueblos son poco conocidas. Este es el caso de la incursión que los húngaros llevaron a cabo en el noreste de la España Medieval en el año 942. 

Los húngaros o magiares, probablemente desde las estribaciones de los Montes Urales, llevaron a cabo una migración que a lo largo de varios siglos les trajo a Europa. Desde su lugar de origen quizás llegaron al norte del Cáucaso a principios de la Edad Media. Desde allí llegaron al suroeste de la actual Ucrania. En el siglo IX atravesaron los Cárpatos y se asentaron en la llanura panónica, donde crearon el Principado de Hungría. 

Desde su base en la llanura de Panonia la caballería húngara lanzó decenas de incursiones de saqueo y pillaje a los Balcanes, Europa Central y Occidental desde finales del siglo IX hasta mediados del X. Se sabe que los húngaros alcanzaron dos veces Constantinopla, destruyeron la Gran Moravia, penetraron varias veces en Italia, llegando incluso a llegar al sur de la península, y lanzaron varias razzias, entre otro lugares, a Baviera, Sajonia, Turingia, Borgoña, Provenza y Aquitania. 

En el año 924, el emperador Berengario I estaba en guerra con Rodolfo II de Borgoña por la corona del Reino de Italia y llamó en su ayuda a los húngaros. Estos incursionaron en Italia. Desde Italia los húngaros llegaron al sur de Francia y continuaron hasta la Gotia, es decir, Septimania, como nos indica Flodoardo de Reims en su Crónica. En este territorio los húngaros fueron victimas de una epidemia lo que ayudó al Conde Raimundo III de Toulouse a dispersarlos y a acabar con los restos de sus bandas. Según algunos historiadores esta incursión quizás llegó hasta el sur de los Pirineos. 

En 942, casi veinte años después de que los húngaros se acercaran a las fronteras de España, penetraron en la Península Ibérica. Las fuentes que nos hablan de ello no son abundantes ni suelen extenderse en su relato, pero nos ayudan a hacernos una idea de lo que pudo suceder. 

El historiador al-Masudi nos cuenta que los húngaros llegaron tan lejos como Roma o España. 

Liutprando de Cremona nos dice que el Rey Hugo de Italia hizo las paces con los húngaros y les entregó una gran cantidad de oro, a continuación les proporcionó un guía que les mostrara como llegar a Hispania. Pero no consiguieron llegar a Hispania ni a Córdoba porque el territorio que tuvieron que atravesar era seco y yermo. Creyendo que ellos y su caballos morirían de sed, mataron al guía de Hugo y regresaron rápidamente. Interpretaciones recientes dicen que Hugo envió a los húngaros a Fraxinetum, en la Provenza, y luego a España en una campaña punitiva contra Abderramán III, Califa de Córdoba, por no evitar las correrías de los salteadores de Fraxinetum. 

El geógrafo al-Maqdisi oyó en la Meca a un andalusí contar que los turcos, es decir, los húngaros, habían penetrado en una de las fronteras de al-Ándalus, que habían hecho prisioneros y habían capturado ganado. Añade que los caballeros encargados de perseguirlos capturaron a uno de los húngaros, pero no pudieron comunicarse con él. Ibn Hawqal, otro geógrafo árabe menciona que al-Ándalus era atacada en ocasiones por normandos, turcos pechenegos, eslavos y búlgaros. Quizás en su alusión a los tres últimos pueblos se refiriera realmente a los húngaros. 

Una fuente posterior, Ibn Hayyan, es más prolífico respecto a esta incursión de los húngaros, a los que también llama turcos. Cuenta que en julio del año 942 le llegaron al Califa de Córdoba una serie de cartas desde la Marca Superior, es decir, la frontera norte, informándole de una invasión de turcos. Estos invasores, llegados desde el este, pasaron por Lombardía y alcanzaron territorio musulmán desde el país franco. Desde el país franco la caballería húngara llegó y acampó cerca de la ciudad de Lleida y la asediaron durante 8 días. Desde allí lanzaron algunas algaradas contras las fortalezas árabes, avanzaron por el llano hasta Wadina, Cerretania y la ciudad de Huesca e hicieron prisionero al Señor de Barbastro. 

El Califa quedó consternado por estas noticias, pero otras cartas, una del gobernador de Huesca, le informaron de la retirada de los húngaros. Ibn Hayyan nos dice que la retirada se debió a que los húngaros eran tantos que pronto les faltó los alimentos y debieron retroceder. 

En septiembre el Señor de Zaragoza envió al Califa cinco cautivos húngaros, que según Ibn Hayyan, terminaron convirtiéndose y acabaron formando parte de la servidumbre del Califa. En el mismo mes, el Señor de Barbastro fue liberado tras el pago de un gran rescate. El geógrafo al-Udri también se hace eco de la liberación del gobernador de Barbastro, aunque por error se refiere a sus captores como “magus”, es decir, vikingos. Por último, llegó a Córdoba desde Tortosa la noticia según la cual los húngaros habían sido vencidos por los francos y otras naciones vecinas, causándoles grandes perdidas. 

A continuación, Ibn Hayyan, en otro pasaje. nos dice que Ramiro II, rey de León, aprovechó la entrada de los húngaros en el noreste de la península para atacar a los musulmanes. Esto es lo que nos dice: “cuando el enemigo de Dios, Ramiro hijo de Ordoño, conoció la aparición de los turcos en la Marca de Lérida y el pavor de los musulmanes de aquella zona, pretendió aprovecharse, violando las promesas a que se había comprometido […] al enviar al Señor de Castilla Fernán González con un nutrido ejército en apoyo de su yerno, García hijo de Sancho, Señor de Pamplona en la guerra contra los musulmanes. Juntando fuerzas se dirigieron a Tudela...” 

Aunque esta acción cristiana que nos cuenta Ibn Hayyan parece que no tuvo relación con la incursión húngara, ya que el ataque cristiano sobre Tudela y la posterior derrota de estos fue en primavera y el ataque húngaro tuvo lugar en verano. 

En referencia a este ataque cristiano, Ibn Hayyan nos da una pista sobre la poca importancia que pudo tener en realidad la incursión húngara. Nos cuenta este historiador que tras el ataque cristiano, los musulmanes respondieron en el mes de agosto con una incursión en territorio del Condado de Castilla. Esto hace pensar que sí tan grave hubiera sido la entrada de los húngaros en tierras musulmanas en verano, los musulmanes no hubieran desviado sus fuerzas hacia el territorio del Señor de Castilla. Por lo tanto, podríamos pensar que las correrías húngaras en el noreste de España solo fueron eso, unas correrías sin mucha importancia. 

Junto a las fuentes que nos hablan de la incursión de los húngaros hay que mencionar dos eventos que quizás estén relacionados. En primer lugar, la destrucción de iglesias que se produjo en el área de los Condados Catalanes a mediados del siglo X y su posterior reconstrucción. Y en segundo lugar, la Batalla de Baltarga, en la que murió el Conde Armengol de Osona, nieto del famoso Wilfredo el Velloso. Esta batalla es mencionada en una fuente cristiana, la Gesta de los Condes de Barcelona, y tuvo lugar en fechas cercanas a la irrupción de los húngaros. 

En cuanto a la destrucción de las iglesias aunque se puede relacionar con la presencia de los húngaros, no tenemos ninguna prueba de que fueran ellos los causantes. Y en lo referente a la mencionada batalla los historiadores se dividen. Algunos creen que fue un enfrentamiento entre los descendientes de Wilfredo el Velloso y otros opinan que fue una batalla entre cristianos y húngaros. Quizás esta última opinión se vea apoyada por lo que dijo Ibn Hayyan, según el cual, en su retirada, los húngaros habían sido derrotados por los francos y por sus naciones vecinas. 

Si tenemos en cuenta todos estos datos parece que la incursión fue un fracaso. No consiguieron tomar ninguna ciudad y al no poder sustentarse en un territorio tan seco y yermo debieron retirarse con un exiguo botín. Además, es posible que mientras volvían al sur de Francia, fueran vencidos por los cristianos de los condados catalanes. 

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miércoles, 29 de junio de 2022

Artículos secretos del Tratado paraguayo-correntino de 1845.

 



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LA GUERRA ENTRE PARAGUAY Y ARGENTINA DE 1845-1846

Como vimos en otro video, en noviembre de 1845 Paraguay y Corrientes se aliaron contra Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires. Semanas más tarde el presidente paraguayo, Carlos Antonio López, declaró la guerra a Rosas y luego eligió a su joven hijo, Francisco Solano, General en Jefe del Ejército Nacional destinado a Corrientes. En ese mismo momento el Enviado especial de Estados Unidos a Paraguay, Edward Hopkins, ofreció la mediación de su Gobierno para resolver el conflicto con Rosas. 

A continuación, a mediados de diciembre, podemos ver al joven López en la Villa del Pilar organizando el ejército que marcharía a Corrientes. En ese momento López tenía más de 2.000 hombres entre infantería y caballería, divididos estos en tiradores y lanceros. El día 20 comenzaron a embarcar las tres divisiones paraguayas creadas, dos de caballería y una de infantería, mientras que otra división de infantería, aún incompleta, aguardaría a la llegada de más tropas. 

El 22 por fin las tropas zarparon en 16 buques correntinos. Mientras, López se adelantó hasta Corrientes donde se reunió con el gobernador Joaquín Madariaga y con su hermano, el General Juan Madariaga. Allí se le informó que José María Paz, Director de la Guerra y General en Jefe del Ejército Aliado Pacificador, le esperaba en el Campamento de Villanueva para invadir juntos Entre Ríos y Santa Fe. 

El día 26 López se reembarcó y fue río abajo hasta Rincón de Soto, cerca de la ciudad de Goya, desde donde se dirigiría a Villanueva en los próximos días. En este punto, a orillas del río Paraná, López tenía algunas piezas de artillería y casi 2.300 hombres, a los que se sumarían nuevos contingentes durante las siguientes semanas, llegando a alcanzar el ejército paraguayo casi los 5.000 hombres. 

En Rincón de Soto López recibió  los saludos de Paz a los “valientes paraguayos”, aunque el mismo Paz, en sus Memorias, los llamaría ladrones e insolentes y menospreciaría los conocimientos militares del joven General. 

El 2 de enero de 1846 López escribió a su padre para comunicarle que los ingleses que participaban en el bloqueo del Río de la Plata le habían ofrecido armas y municiones. Asimismo, le cuenta que la marcha hacia Villanueva no había comenzado aún por la falta de sables, fusiles, ropa, carretas y caballos, aunque los correntinos le suministrarían miles de estos animales durante la campaña. Poco después, un huracán hundió tres barcos y mató a varios soldados paraguayos. 

A mediados de mes las fuerzas de Justo José de Urquiza, hombre de Rosas, comenzaron a penetrar en territorio correntino y obtuvieron su primera victoria en Las Osamentas. Mientras tanto Paz pidió a López que avanzara hacia el río Corrientes. Al mismo tiempo que las tropas de Urquiza perseguían a las de Paz, López llegó al río Santa Lucía, desde donde socorrió al General Madariaga con cuatro compañías. 

El 21, el mismo día que Urquiza cruzó el río Corrientes, López había llegado a Yatay Tí Calle, desde donde avanzó al río Batel, lugar en el que se reunió con Paz, quien dividió a las tropas aliadas en dos, por un lado los correntinos y algunos argentinos bajo su mando formaron el Primer Cuerpo del Ejército Aliado Pacificador y por otro lado los paraguayos el Segundo Cuerpo, el cual, falto de entrenamiento, contó con instructores argentinos. 

A partir de este momento comenzaron las quejas de López respecto a Paz. Primero porque Paz quería formar un Tercer Cuerpo con tropas paraguayas bajo el mando del Gobernador Madariaga, a lo que López se negó, pero no su padre. Luego porque Paz no le informaba sobre el plan de operaciones. Y por último, porque Paz dispersaba las fuerzas paraguayas sin saber López su destino y las exponía a peligros. 

En ese tiempo el Presidente López recibió la comunicación del Enviado británico, William Ouseley, según la cual uno de los objetivos de las fuerzas anglo-francesas que bloqueaban el Río de la Plata era forzar a Rosas a reconocer la independencia de Paraguay. A esto respondió el presidente con la pregunta de si su país podría contar con la cooperación inglesa en la guerra contra Rosas. 

Mientras tanto, el día 28, ante el avance de las tropas de Urquiza en Corrientes, los aliados comenzaron a marchar de forma separada hacia el norte, pasando por las proximidades de San Roque y de Tabay, aunque Paz ocultaba el destino final. Según contaría este en sus Memorias, ante la falta de preparación del ejército, decidió retirarse y evitar enfrentarse a Urquiza, así las tropas enemigas se agotarían en la persecución y sería más fácil batirlas en el momento y lugar oportuno, preferiblemente en los esteros del norte, donde los enemigos quedarían encajonados. 

Ese mismo día 28 López supo que guerrillas paraguayas se habían enfrentado con éxito a los enemigos, causándoles varias bajas. El 30 Paz ordenó a López que ambas columnas se reunieran para maniobrar contra las fuerzas de Urquiza. 

El 1 de febrero el Presidente López informó a su hijo que varios buques de la flota anglo-francesa se estacionarían en el litoral correntino y prestarían auxilios al Ejército Aliado. Poco después Paz pidió al Presidente López que enviara tropas a la Tranquera de Loreto para proteger a la población desplazada por el avance del enemigo. Asimismo, algunos puntos paraguayos al sur del Paraná fueron reforzados. 

El día 4 la vanguardia correntina, encargada de hostilizar al enemigo, fue derrotada en Laguna Limpia y el General Juan Madariaga fue hecho prisionero. El 6 el presidente paraguayo ordenó llevar a cabo una política de tierra quemada y trasladar a la población correntina hasta la otra banda del Paraná si las partidas de Urquiza llegaban a la Tranquera de Loreto. 

El día 8 López, tras pasar al norte de San Miguel, se encontraba en Barranquera, a orillas del Paraná, mientras el enemigo le acechaba. El 10 el Gobernador Madariaga comunicó a Paz la intención de Urquiza de negociar, lo que enojó al Director y le distanció del Gobernador. 

El 13, desde Ibahay, López escribió a su padre para comunicarle que, a parte de algunas acciones de guerrilla, no se habían enfrentado al enemigo pese a estar cerca, y que cuando ya estaban listos para presentar batalla, el ejército de Urquiza comenzó a retirarse. Ese mismo día el Presidente López, desconocedor de la retirada de Urquiza, ordenó guarnecer los pasos ante el peligro de una incursión enemiga. Durante los siguientes días los aliados estuvieron persiguiendo hacia el suroeste a las fuerzas de Urquiza. 

En esas fechas López fue conocedor de que Urquiza pretendía hacer las paces con los Madariaga al margen de Paz y de los paraguayos. López cuenta en su correspondencia que en su retirada el enemigo había dejado atrás más de 3.000 caballos, muchos de ellos degollados, y que él tuvo que dejar a más de 400 hombres enfermos en Caá Catí. 

El día 23, mientras López se encontraba en San Roque, le confirmaron que Urquiza, acampado en Capita Mini, había hecho proposiciones de paz al Gobernador Madariaga, aunque este no se lo había comunicado al Gobierno paraguayo aún. Poco después Urquiza se retiraría al otro lado del río Corrientes y luego a Entre Ríos. 

En aquellas fechas López escribió a su padre lo siguiente: “el Director de la Guerra sé que está pensando destinarme a ocupar la ciudad del Paraná con una columna de dos mil hombres para fortificarla y poner una guarnición fuerte. En seguida, me dicen que piensa marchar sobre la misma Capital”. El Presidente López respondió desaconsejando llevar la guerra a Entre Ríos, pues si había sido imposible defender Corrientes más difícil sería conquistar y defender la ciudad de Paraná. 

El día 28 López tuvo que hacer frente a una revuelta de parte de sus tropas mientras se dirigía a Villanueva. Según cuenta el joven General, tres escuadrones de la vanguardia se sublevaron, a lo que él respondió alistando cuatro escuadrones de caballería contra ellos, y cuando a punto estaba de producirse una batalla entre paraguayos, los sublevados entregaron a los cabecillas y se rindieron. López entonces los juzgó de inmediato y fusiló a los cuatro cabos responsables del motín. 

El 1 de marzo las fuerzas paraguayas alcanzaron a la retaguardia enemiga en Mocoretá y, tras una escaramuza en la que la caballería urquicista fue acuchillada, les tomaron armas y 200 caballos. El día 7 se encontraba López en el Campamento de Villanueva, cerca de la actual Mercedes, desde donde comunicó a su padre que continuaban las intrigas entre el enemigo y el Gobernador Madariaga, el cual le había pedido que detuviera su avance. 

Días después podemos ver en la correspondencia de López que las discrepancias entre Paz y Madariaga seguían por las negociaciones con Urquiza. Además, en aquellas fechas el Cuerpo correntino del ejército Aliado había sido licenciado, solo quedando los paraguayos, a los que se habían unido algunos correntinos. 

Desde mediados de mes López fue conocedor de las intrigas de Paz y del Congreso correntino contra Madariaga y se quejaba de que los hombres del Director comandaban tropas paraguayas en destinos que él desconocía y que le quedaban pocos soldados bajo su mando directo. También se quejaba López de los ultrajes a los que Paz y el coronel Indalecio Chenaut sometían a los paraguayos. 

En esas fechas, y fruto de la mediación de Estados Unidos, Rosas ofreció reconocer la independencia de la provincia de Paraguay pero dentro de la Confederación Argentina bajo los términos del Pacto Federal de 1831, siendo esto tratado de “cómica ocurrencia” en El Paraguayo Independiente. 

A finales de mes Paz maniobró para que el Congreso de Corrientes destituyera a Madariaga. Este se preparó para marchar contra los congresistas, a los que amenazó con degollar, y Paz respondió enviando al General José Domingo Ábalos para proteger a los congresistas. Entretanto, López se mantuvo neutral y consiguió que le devolvieran el mando sobre la mayoría de las tropas paraguayas. 

A principios de abril López comenzó a moverse hacia el norte, hacia la frontera paraguaya. En esos días Madariaga consiguió controlar la situación en Corrientes, el Congreso fue disuelto, Paz fue destituido como Director de la Guerra y huyó a Paraguay con algunos de sus hombres, su escolta paraguaya y varios congresistas correntinos. Debido a estos desordenes el Presidente López ordenó a su hijo que mantuviera la neutralidad y mandó evacuar a los enfermos de Caá Catí. 

Al mismo tiempo, Madariaga mandó a Asunción a un enviado con el propósito de acordar con el Presidente López negociar con Urquiza para alejarlo de Rosas. Además se debía acordar el nombramiento de un nuevo General en Jefe del Ejército Aliado, aumentar las tropas paraguayas hasta los 8.000 hombres y enviar un comisionado a Bolivia para negociar una alianza contra Rosas. Por entonces, el Presidente López, arrepentido de la Alianza con Corrientes por el conflicto surgido entre Paz y Madariaga, se negó a las peticiones del Gobernador.

El día 19 López se encontraba en Arroyito y pretendía avanzar hacia el Paraná a pesar de que Madariaga quería retenerlo en ese lugar. A principios de mayo López ya había llegado a Yahapé, en la costa del Paraná, donde fue conocedor de una posible conspiración de los soldados correntinos contra Madariaga por pactar con Urquiza. 

El día 6 las tropas paraguayas comenzaron a cruzar con dificultad el río hacia su país mediante canoas y lanchones. Durante los siguientes días las tropas, junto con varios oficiales correntinos enrolados en el ejército paraguayo, continuaron cruzando el río. Finalmente, el pasaje del ejército concluyó a mediados de mes, pero permaneció acampado en Cerrito durante algunas semanas más. 

Por entonces el Presidente López ya daba por muerta la alianza con Corrientes y la estéril mediación de Estados Unidos. El día 24 el Presidente decretó que se conservara en Cerrito un ejército de 3.000 hombres mientras que el resto sería licenciado. El joven López pretendía seguir instruyendo a estas tropas para hacer frente a una posible invasión de Paraguay. 

Pero la guerra no acabó con la retirada paraguaya y como veremos en otros videos, esta no fue la última vez que los paraguayos intervinieran en la provincia de Corrientes.

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miércoles, 22 de junio de 2022

1600, carta de Isabel I de Inglaterra a Ahmed al-Mansur, Sultán de Marruecos.

 


1600-1601, EL PLAN MARROQUÍ PARA CONQUISTAR AMÉRICA

A lo largo de la historia de la América española fueron muchas las potencias extranjeras que intentaron invadir o invadieron aquellos territorios, pero es casi desconocido el plan marroquí para atacar y colonizar las Indias Occidentales. 

Durante la década de 1580 las relaciones de Inglaterra y España empeoraron hasta desencadenar una guerra que tuvo su punto álgido con la Armada Invencible en el año 1588. Isabel I quiso a su vez atacar España por lo que en 1589 se alió con el Sultán de Marruecos, Mulay Ahmad al-Mansur, y con el pretendiente de Portugal, Antonio, prior de Crato. Todos odiaban a Felipe II, Isabel quería acabar con el poder de su excuñado, al-Mansur ambicionaba reconquistar al-Andalus y el Prior de Crato quería ser rey de Portugal. 

Los ingleses lanzarían hacia la península una Contraarmada con la ayuda de las fuerzas marroquís, sin embargo, llegado el momento, el Sultán no acudió en ayuda de la armada isabelina, que fracasó en su ataque. Esto hizo que durante años las relaciones anglo-marroquís se enfriaran. A pesar de esto, durante ese tiempo los ingleses y los marroquís mantuvieron contactos para sumar a su alianza antiespañola a franceses, turcos y holandeses. 

Con el tiempo las relaciones anglo-marroquís volvieron a estrecharse y en el año 1600, en época de Felipe III, el Sultán de Marruecos envió a Inglaterra una embajada encabezada por Abd al-Wahid Annum para negociar con Isabel una nueva alianza contra España. En septiembre la Reina se entrevistó con el enviado marroquí el cual, según un documento inglés, ofrecía por su cercanía el territorio de Marruecos para atacar España. Además, ponía a disposición de Isabel la infantería, la caballería, la pólvora y todo lo necesario para hacerle la guerra a España. 

Y no solo eso, proponía también la posibilidad de atacar las posesiones españolas de ultramar. Decía que si se aceptaba la alianza entre ambos monarcas, también se le podrían arrebatar las Indias de Oriente y de Poniente a Felipe, lo que debilitaría al rey de España, pues su fuerza viene de aquellos territorios. Para tomar las Indias, el enviado marroquí ofrecía la infantería de su país, habituada al calor y que hacía poco tiempo había conquistado parte del Imperio Songhai. A continuación, al-Wahid exhortaba a la Reina a enviar un embajador al Sultán para tratar el proyecto de atacar las Indias. 

Tiempo después, en febrero de 1601 el Sultán al-Mansur escribió a Isabel una carta en la que se profundizaba en los planes contra España. El Sultán de Marruecos hacía hincapié en la idea de conquistar las Indias españolas, pues es de allí de donde extrae su poder el rey Felipe. Además, el dominio de esos territorios sería de gran beneficio y reputación para la alianza anglo-marroquí. Para llevar a cabo el plan, al-Mansur entregaría a Isabel 100.000 libras que le serían entregadas de forma secreta y segura para que los españoles no lo descubrieran y tuvieran tiempo de preparar su defensa. 

A continuación, en su misiva, el Sultán decía que su intención no era que las fuerzas anglo-marroquís atacaran y saquearan las Indias, sino poblarlas y dominarlas para siempre, y proponía que aquellas tierras fueran pobladas por sus tropas, más habituadas a los climas calurosos. 

Asimismo, al-Mansur mencionaba la necesidad de dividir el territorio y las rentas entre ambos países, para lo cual pedía a Isabel que le enviara a una persona con la cual discutir y acordar todo esto. Por último, apuntaba el Sultán que la conquista de las Indias españolas por los marroquís alegraría a otros príncipes musulmanes, los cuales serían así atraídos a la alianza anglo-marroquí. 

A pesar de estos ambiciosos planes, Isabel no se dejó cautivar por la oferta. Tiempo después, en 1603, morían ambos soberanos y aquellos planes cayeron en el olvido.

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miércoles, 15 de junio de 2022

La guerra de Marco Antonio contra Berenice IV, hermana de Cleopatra VII (Plutarco, Vidas Paralelas, Antonio, 3, 4-11).

Después de esta campaña, Tolomeo pidió a Gabinio que, a cambio de unos diez mil talentos, invadiese Egipto y le restituyera el poder real; pero la mayoría de sus generales mostraron su desaprobación y, aunque, en su fuero interno, Gabinio se sentía subyugado por esos diez mil talentos, sin embargo ponía reparos a entrar en liza. Pero Antonio, ansioso de grandes proezas y queriendo complacer a Tolomeo, se unió a él para convencer a Gabinio y movilizar su ejército para emprender la expedición. El riesgo de esta campaña estribaba en la vía de entrada de Pelusio, ya que la marcha discurría a través de un desierto seco y profundo, sobre todo por entre una depresión del terreno donde se encontraban unas marismas que formaban el lago Serbonio, lugar que los egipcios llaman los respiraderos de Tifón, y que parece que es una filtración subterránea del mar Rojo, que se extiende en la parte más estrecha del istmo que lo separa del mar. Pero Antonio, enviado al frente del ejército de caballería, no sólo tomó posesión de los estrechos, sino que incluso llegó a capturar Pelusio, una ciudad de importancia, y las atalayas de alrededor, al mismo tiempo que hacía más seguro el paso de la expedición y más cercana la esperanza de la victoria. 

Incluso sus enemigos sacaron provecho del deseo de gloria de Antonio, ya que Tolomeo a su entrada en Pelusio, movido por la cólera y el odio, estaba resuelto a masacrar a los egipcios, pero Antonio se opuso y lo impidió. En las batallas y en los grandes enfrentamientos, que se sucedieron con frecuencia y fueron numerosos, Antonio siempre dio muestras de su gallardía y de una sagacidad propia de un general. Especialmente brillante fue aquella ocasión en la que, con su decisión de cercar y rodear por la espalda a los enemigos, aseguró la victoria a los que estaban de frente, con lo que consiguió recompensas y distinguidos honores. 

Tampoco a sus enemigos se les pasó por alto el trato humanitario que recibió Arquelao a su muerte. A pesar de que en vida había sido su amigo y huésped, Antonio se había visto obligado a combatir contra él, y cuando encontró su cadáver, le honró con un funeral digno de un rey. Antonio dejó tras sí un muy grato recuerdo de su campaña en la mente de los alejandrinos y los soldados romanos que participaron en la expedición le otorgaron esa fama de hombre glorioso.

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BERENICE IV, REINA DE EGIPTO Y HERMANA DE CLEOPATRA VII

Es poco conocido que años antes de que la famosa Cleopatra reinara en Egipto su hermana mayor, Berenice IV, destronó a su padre, se enfrentó a los romanos y reinó en el país del Nilo durante tres años. 

A mediados del siglo I a. C. Egipto era un reino decadente que hacía tiempo que había perdido sus posesiones en la zona sirio-palestina, en Asia Menor y el Egeo. Más recientemente la Cirenaica y Chipre habían pasado a manos romanas y Egipto era víctima de las injerencias de Roma. Es en esta convulsa época cuando Berenice llegó al poder.

Cuenta Dion Casio que el rey de Egipto, Ptolomeo XII Auletes, “para asegurar su posición y contarse entre los amigos y aliados de Roma (…) había distribuido entre algunos romanos abundantes sumas (…) cuyo pago hacía recaer violentamente sobre los egipcios. A este motivo de impopularidad se añadía la negativa a reclamar Chipre a los romanos e incluso, según solicitaron sus súbditos, a renunciar a la amistad romana. Y como (el rey) no podía ni convencerlos ni forzarlos a permanecer en paz, (ya que no disponía de mercenarios), huyó de Egipto” en el año 58 y se dirigió a Roma. Según otras versiones, aprovechando una estancia de Ptolomeo en Roma sus hijas se hicieron con el trono de Egipto, aunque esto no está claro. 

Estrabón cuenta que fue elegida reina Berenice, la única hija legítima de Ptolomeo. Mientras que Dion Casio dice por error que Berenice era la hermana de Ptolomeo. Sin embargo, todo indica que Berenice compartió el trono con su madre, Cleopatra V Trifena, o con una supuesta hermana conocida como Cleopatra VI Trifena. Aunque es posible que ambas mujeres fueran la misma persona. 

Luego, los alejandrinos enviaron una embajada a Siria para pedir que Antíoco, quizás el ex rey seléucida Antíoco XIII, fuera a Egipto a reinar junto a las hijas de Ptolomeo, pero este enfermó y murió. A continuación, hacia el año 57, Filipo II, un exrey seléucida, intentó ir a Egipto para gobernar allí, pero Aulo Gabinio, gobernador romano de Siria, se lo impidió. Poco más tarde murió Cleopatra, lo que hace pensar que ella y Berenice quizás se enfrentaron y eso le costó la vida. De este modo Berenice se convirtió, como atestiguan algunos papiros, en única reina de Egipto. 

Después, Berenice, para asegurar su posición, hizo venir desde Siria a un tal Seleuco, al parecer uno de los últimos seléucidas. Berenice se casó con él, lo hizo su consorte y con él compartió el reino y la guerra venidera. Por su parte, Estrabón dice que el marido de Berenice en realidad simulaba pertenecer a la familia de los seléucidas y le llama Cibiosactes, un insulto que viene a significar algo así como “vendedor de pescado”. 

Según interpretaciones modernas, este Seleuco sería el Seleuco VII que años atrás quizás reinó sobre el pequeño reino seléucida de Siria junto a su madre, la egipcia Cleopatra Selene. Sea como fuere, cuenta Dion Casio que Berenice dio muerte a su esposo pues nadie le tenía en cuenta. Por su parte, Estrabón dice que Berenice “lo hizo estrangular pocos días después (de la boda) pues no soportaba su vulgaridad y servilismo”. 

Mientras tanto, Ptolomeo, previo paso por Rodas y Atenas, había llegado a Roma, donde fue recibido por Pompeyo Magno, que lo recomendó al Senado y puso en marcha su restauración organizando una expedición que iba a capitanear Espínter, Procónsul de Cilicia. 

Poco después los egipcios enviaron una embajada a Roma para contrarrestar los movimientos de Ptolomeo ante el Senado romano. Según Dion Casio, Ptolomeo hizo matar a la mayoría de los enviados antes de que llegaran a Roma, pero según Estrabón, la orden habría partido de Pompeyo. 

A continuación, cuenta Dion Casio que en el año 56 un rayo cayó sobre una estatua de Zeus, lo que fue tomado como un mal presagio y retrasó el inicio de la campaña contra Berenice. Luego fueron consultados los Libros Sibilinos y se descubrió un pasaje que decía así: “si llega el rey de Egipto en petición de ayuda, no se le niegue la amistad, pero tampoco le asistáis con tropa alguna. De lo contrario, tendréis penalidades y zozobras”. Por tanto, quedó suspendida la campaña de Espínter. 

Luego surgieron discusiones entre los romanos. Unos querían que Ptolomeo regresara a Egipto junto a Espínter, pero sin tropas. Otros pensaban que debía ser acompañado por Pompeyo, pero finalmente el Senado se opuso a ambas propuestas. De este modo, abandonado por sus aliados, Ptolomeo renunció a volver a Egipto por el momento y se instaló en Éfeso. 

Mientras, Berenice ofreció su mano a un tal Arquelao, sacerdote en Comana e hijo de Arquelao, general de Mitrídates el Grande. En ese tiempo Gabinio se encontraba en Siria preparando una campaña contra los partos, allí, según Dion Casio, llegó Ptolomeo con cartas de Pompeyo y con promesas de grandes recompensas si se le ayudaba a recuperar el trono. Por su parte, cuenta Plutarco que Ptolomeo entregó a Gabinio 10.000 talentos a cambio de su ayuda. 

Gabinio, dubitativo, fue convencido finalmente por el joven Marco Antonio, futuro amante  de Cleopatra VII, la hermana de Berenice. Entonces Gabinio abandonó los preparativos contra los partos y marchó hacia Egipto de forma ilegal, pues no tenía permiso del Senado. 

Cuenta Dion Casio, que estando aún en Siria, Gabinio había hecho capturar a Arquelao, pero lo liberó pensando que así la recompensa ofrecida por Ptolomeo sería más grande al tener que enfrentarse no solo a Berenice, sino también a su esposo. Además, según el mismo historiador, Arquelao habría sobornado a Gabinio, el cual “lo dejó ir, aunque hizo como si se hubiese escapado”. De este modo pudo Arquelao llegar a Egipto y ser proclamado rey junto a Berenice. 

Por su parte, Gabinio, de camino a tierras egipcias, capturó al rey Aristóbulo II de Judea e impuso un tributo a los judíos. Ya, en el año 55, Gabinio y su ejército llegaron a Pelusio, al este del Delta del Nilo. Según Plutarco, Marco Antonio, jefe de la caballería romana, capturó Pelusio. Luego se sucedieron varias batallas, incluida una fluvial, en las que los egipcios fueron derrotados. A continuación, Gabinio llevó a cabo numerosas ejecuciones, entre ellas la de Arquelao, aunque Plutarco dice que murió luchando contra su amigo Marco Antonio, el cual le honró con un funeral digno de un rey. 

Por último, Gabinio ya dueño de todo Egipto, se lo entregó a Ptolomeo. A continuación, según Dion Casio, Ptolomeo dio muerte a su hija Berenice y a la gente más rica y principal, ya que necesitaba dinero en abundancia. Debió ser en aquella época, según Apiano, cuando estando en Alejandría Marco Antonio puso sus ojos en la hermana de Berenice, la joven Cleopatra, aunque esa es otra historia.

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sábado, 11 de junio de 2022

Decreto boliviano para armar buques corsarios contra España en 1866.

 




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LAURA, UN CORSARIO BOLIVIANO EN LA GUERRA DEL PACÍFICO

Durante la Guerra del Pacífico tuvieron lugar grandes y conocidos hechos de armas, sin embargo hay algunos episodios poco conocidos de este conflicto, como el intento boliviano de usar barcos corsarios contra Chile. 

Entre febrero y marzo de 1879 las tropas chilenas ocuparon Antofagasta y el resto del litoral  boliviano. Como respuesta, el Presidente de Bolivia, Hilarión Daza, emitió un decreto autorizando el corso contra las naves chilenas. Bolivia, sin apenas tradición marítima, ya había permitido el corso en 1866 durante su guerra contra España. En esta ocasión, según el decreto de Daza, se autorizaba a los corsarios bolivianos a apresar todos los buques chilenos, así como sus cargas. 

Ese mismo día, Joaquín Godoy, representante diplomático de Chile en Lima, informaba a su Gobierno que el coronel boliviano Aramayo iba a viajar a los Estados Unidos para colocar patentes de corso allí, aunque por lo que sabemos solo compró rifles. 

Semanas después varios países, principalmente Estados Unidos, protestaron por el peligro que el corso podría entrañar. Finalmente el corso boliviano no actuó durante la guerra, sin embargo, hay noticias de que justo antes de que el decreto de Daza se expidiera, un barco llegó a armarse contra los chilenos. 

En algún momento indeterminado de marzo de 1879 cinco marinos peruanos se pusieron de acuerdo con los diplomáticos bolivianos en Lima para organizar, a costa de la marina chilena, una escuadra de cruceros bajo bandera boliviana. Primero compraron el vapor Laura, ya que con su “reducido porte y débil construcción no podía inspirar recelo”. Lo proveyeron del carbón y de los “víveres necesarios para el viaje que debía hacer”. “Se procuraron ocho piezas de artillería rayada para armarlo en guerra” y se “contrataron los oficiales de mar y numerosos tripulantes que demandaba la realización de la empresa”. 

Según la biografía de uno de estos cinco marinos, Guillermo García y García, aparecida en la Revista Peruana a finales de 1879, el objetivo del Laura, que se bautizaría como Antofagasta, sería capturar el vapor chileno Itata, de la Compañía Sud Americana de Vapores, en las proximidades de la isla de San Lorenzo, frente al Callao, el 22 de marzo. 

A continuación, ambos barcos navegarían hacia el sur y deberían capturar el vapor Loa, de la misma compañía, a su paso por la isla de San Gallán, al suroeste de Pisco. Una vez armados ambos vapores, los conspiradores pretendían navegar hacia el sur y capturar el Rímac a su paso por Arica. 

La captura de estos tres barcos, que serían utilizados para el transporte de tropas chilenas durante la guerra, habría causado un gran daño a Chile, sin embargo, el plan fue descubierto por el Gobierno de Perú. De inmediato el Jefe del Estado Mayor hizo llamar a Guillermo García y le pidió que abandonara sus planes, pues por entonces Perú intentaba mediar entre bolivianos y chilenos. También le solicitó que desarmara el Laura bajo la advertencia de que si intentaba salir del Callao sería echado a pique por el Huascar. 

Semanas más tarde, ya comenzada la guerra entre Chile y Perú, García moriría en el combate naval de Punta Gruesa. Por su parte, la siguiente noticia que tenemos del Laura es que Zoilo Flores, Enviado Extraordinario boliviano en Lima, escribió en junio a Manuel Irigoyen, Ministro de Relaciones Exteriores de Perú, para comunicarle que su legación había hecho entrega a la Comandancia General de Marina de los víveres comprados para este vapor. Flores finalizaba su carta lamentando que la mediación peruana hubiera malogrado la expedición del Laura, que podría haber capturado varios vapores chilenos que en ese momento se utilizaban en la guerra. 

La última noticia que tenemos sobre el Laura es que en enero de 1881, tras la Batalla de Miraflores, para evitar que cayera en manos chilenas fue hundido junto a otros barcos por los peruanos en El Callao, justo antes de la ocupación de Lima.

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martes, 31 de mayo de 2022

25 de febrero de 1942, el U-156 hunde al sur de Puerto Rico el petrolero británico La Carrière

 




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1942, LA ALEMANIA NAZI BOMBARDEA PUERTO RICO

Aunque pudiera parecer que Puerto Rico estuvo alejado de los campos de batalla durante la Segunda Guerra Mundial, la realidad es muy distinta. En el marco de la guerra submarina emprendida por la Alemania nazi, durante la Batalla del Atlántico, fue lanzada en 1942 la “Operación Neuland” que tenía como objetivo atacar los barcos mercantes y los petroleros que navegaran por el Caribe. Fue durante esta campaña cuando una pequeña isla de Puerto Rico fue bombardeada por un submarino alemán. 

En enero el submarino alemán U-156, comandado por Werner Hartenstein, partió hacia el Caribe. El 16 de febrero este sumergible junto a otros 6 atacaron la refinería de Aruba. En esta acción el U-156 hundió un barco y dañó otros dos. 

Durante los días posteriores el U-156 hundió otros 4 barcos, incluido un petrolero al sur de Puerto Rico y un mercante al norte de la República Dominicana. 

La noche del día 2 de marzo el U-156 se aproximó a Isla de Mona, una isla situada a unos 70 kilómetros al oeste de Puerto Rico. Según las informaciones, desde una distancia de unas dos millas al sur de la isla y aprovechando la noche, el U-156 emergió y desde la superficie bombardeó Mona con uno de sus cañones de cubierta, lanzando cerca de 30 proyectiles. Isla de Mona se convirtió así en el primer territorio estadounidense del Atlántico atacado durante la Segunda Guerra Mundial. 

El Gobernador de Puerto Rico, Rexford Tugwell, informaría poco después que en la isla, casi deshabitada, se encontraban unos 170 muchachos en un campamento juvenil, aunque ninguno resultó herido ya que los proyectiles cayeron sobre los acantilados. Aún así, el responsable del campamento solicitaría protección inmediata. 

Poco después, patrullas navales y aéreas estadounidenses comenzaron a buscar al submarino alemán, aunque no lo encontraron y este pudo regresar a su base en Lorient, en la Francia Ocupada, desde donde inició nuevas expediciones a aguas americanas, siendo hundido finalmente en marzo de 1943 al oeste de Barbados por un avión estadounidense. 

Pero el ataque a Isla de Mona no fue la única acción de guerra llevada a cabo por los submarinos nazis en las proximidades Puerto Rico. Al sur de Mona fue hundido el 6 de junio el petrolero de bandera panameña C. O. Stillman. Poco después, en el Canal de la Mona fue hundido el barco estadounidense Cheerio. Más tarde, el 5 de junio de 1944, en la costa noroeste de Puerto Rico fue hundido el mercante de bandera panameña Pillory. 

Para finalizar, y como curiosidad, hay que señalar que en 1944 Estados Unidos botó el USS Mona Island, un barco que estuvo destinado en Pacífico durante la guerra contra Japón.

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sábado, 21 de mayo de 2022

La batalla de Curupaytí (1866) según Bartolomé Mitre.

 



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LA BATALLA DE CURUPAYTÍ (1866): LOS ALIADOS CONTRA PARAGUAY

El 22 de septiembre de 1866 la Triple Alianza sufrió un descalabro en las trincheras de Curupaytí de tal magnitud que a punto estuvo, como veremos, de romper la coalición y dar la victoria en la guerra a los paraguayos. 

Todo empezó en Curuzú. Tras la toma del Fuerte de Curuzú por parte de los brasileños a principios de septiembre, los ejércitos aliados, en lugar de proseguir su avance y tomar fácilmente la batería de Curupaytí, como habían pensado en mayo y como acordaron en agosto, permanecieron inactivos mientras sus líderes discutían los planes a seguir, aunque su escuadra siguió bombardeando las posiciones paraguayas. 

El día 8 se reunieron Bartolomé Mitre, Presidente de Argentina y General en Jefe de los aliados, Venancio Flores y Polidoro Jordão y planearon atacar Curupaytí el día 17. La escuadra bombardearía las posiciones paraguayas para inutilizar su artillería. Luego, un ejército de 18 o 20.000 hombres atacaría las líneas paraguayas mientras que la caballería aliada, comandada por Flores, rodearía a los paraguayos por su izquierda y provocaría una batalla en la retaguardia que permitiría tomar Curupaytí y a continuación seguir hasta Humaitá. Por último, el Mariscal Polidoro aguardaría con el resto del ejército para poder acudir al frente en caso necesario. Poco después el Barón de Porto Alegre y el Almirante Tamandaré darían su visto bueno a este plan. 

Mientras tanto, aprovechando la inactividad aliada, los paraguayos primero se establecieron en una trinchera a medio camino entre Curuzú y Curupaytí, pero el día 8 el Mariscal López, para proteger Humaitá, ordenó la fortificación de Curupaytí. Los planes de fortificación se atribuyen a Francisco Wisner de Morgenstern y a George Thompson, aunque el Coronel paraguayo Centurión en sus Memorias niega la autoría de este último. De inmediato se aumentó la guarnición y de día y de noche se excavaban trincheras, se cortaban árboles y se construían plataformas para los cañones. 

A continuación, según cuenta Centurión, para ganar tiempo con el que acabar las fortificaciones de Curupaytí, López propuso a Mitre una entrevista. De este modo, durante un par de días se interrumpieron los bombardeos aliados y el día 12 tuvo lugar una conferencia entre ambos presidentes en Yataytí Corá, aunque esta no sirvió para alcanzar un arreglo pacífico. Ese mismo día las tropas argentinas se trasladaron hasta Curuzú, donde los ejércitos aliados acamparon. 

El día 16 los aliados colocaron una batería a unos 400 metros de los paraguayos. El 17, según cuentan Centurión y el argentino Francisco Seeber, estaban listos para atacar pero el mal tiempo lo impidió, aún así, bajo una copiosa lluvia que duró tres días, se llevó a cabo un reconocimiento de las líneas paraguayas. El 18 se repitió la misma operación, aunque como cuenta Seeber, el reconocimiento fue insuficiente. El día 21, Thompson inspeccionó las fortificaciones de Curupaytí y dio su visto bueno. 

Por fin, el 22 llegó el momento del ataque. Como veremos a continuación, el Fuerte de Curupaytí se presentaba casi inexpugnable. Frente al Fuerte de Curuzú, a un kilómetro y medio aproximadamente, se encontraban las defensas paraguayas de Curupaytí que formaban un frente fortificado de unos dos kilómetros. 

El territorio entre Curuzú y Curupaytí estaba encuadrado a la izquierda por el río Paraguay y a la derecha por una laguna poco profunda llamada López o Méndez. Esta laguna comenzaba a la derecha de las posiciones aliadas y llegaba hasta las líneas paraguayas, para luego girar en dirección al río y cubrir el centro y la derecha del frente. En la orilla derecha de la laguna se encontraban otras fortificaciones paraguayas, lo que hacía imposible flanquear el Fuerte de Curupaytí. 

El terreno entre Curuzú y Curupaytí, anegado por las lluvias de aquellos días, salvo algunas elevaciones, era por lo general llano, con partes arboladas y el resto estaba cubierto por maleza. A un kilómetro de Curuzú comenzaban las defensas paraguayas. Primero había, tras un parapeto de tierra, una trinchera que comenzaba en el río y discurría en paralelo a este y luego giraba hacia la derecha, hasta la laguna López, donde enlazaba con una línea de abatís, que consistía en  una barricada de árboles cortados con las ramas aguzadas y vueltas hacia el enemigo. 

Después, hasta la siguiente defensa paraguaya, había un espacio de unos 300 metros plagado de zanjas y hoyos con estacas en el fondo conocidos como “bocas de lobo” que fueron rellenados de espinas. A continuación, se encontraba una segunda línea de abatís dividida en dos partes, la primera ocupaba la parte central del frente y la segunda, unos 50 metros más adelante, iba desde el río hasta el centro del frente. 

Detrás de los abatís se encontraba un profundo foso con estacas en su interior. Tras el foso se levantaba un grueso muro de tierra con barbetas o espacios abiertos para la artillería. Detrás de este muro se excavó un foso interior donde se protegían las tropas paraguayas y sobre plataformas se colocaron dos baterías de coheteras Congreve y 49 cañones de varios calibres, algunos de los cuales habían sido capturados a los uruguayos en la Batalla de Estero Bellaco. 

Luego, en la retaguardia, se construyeron varios polvorines subterráneos. Por último, todo el complejo defensivo estaba defendido 5.000 tropas de infantería y una división de caballería, ambas armas bajo el mando de José Eduvigis Díaz. 

Seguidamente, todo este dispositivo terrestre enlazaba con la fortificación fluvial que cortaba el paso a la flota aliada. Primero, la línea fortificada de Curupaytí continuaba sobre la situación elevada de la barranca que discurría a lo largo de la orilla del río y en la que habían varios cañones que amenazaban a las naves imperiales. 

A continuación, el río estaba cortado por varios elementos defensivos como una línea de estacas, minas o torpedos, damajuanas que simulaban sostener torpedos y, según Thompson, buques sumergidos. También había brulotes, es decir, viejas naves cargadas con materiales inflamables listas para ser lanzadas contra los buques enemigos y aguas arriba, los barcos paraguayos representaban la última línea defensiva. 

Según Centurión, aquella mañana, a primera hora, los 22 buques brasileños, con más de 100 cañones, comenzaron un bombardeo sobre Curupaytí que duró cuatro horas. A eso de las 10 y media, tras ser atacados por las baterías aliadas, los paraguayos abandonaron la primera trinchera. A medio día tres acorazados brasileños avanzaron aguas arriba forzando la barrera de estacas y atacaron la retaguardia paraguaya, aunque sin mucho éxito debido a la altura de la barranca. Al mismo tiempo las baterías paraguayas del río causaron diversos daños en las naves brasileñas. De este modo, durante toda la batalla los aliados dispararon 5.000 balas de cañón por 7.000 de los paraguayos. 

Poco después los aliados comenzaron a avanzar mediante cuatro columnas. A la izquierda los brasileños dirigidos por Porto Alegre y a la derecha los argentinos. La primera columna brasileña, comandada por Augusto Caldas, estaba conformada por infantería y caballería a pie y atacó por la parte más cercana al río. 

La segunda columna brasileña, dirigida por Albino Carvalho, estaba compuesta de infantería, caballería a pie y artillería y atacó por el centro junto a la tercera columna, argentina y formada por infantería, comandada por el General Paunero. Por último, la cuarta columna, argentina y comandada por Mitre, estaba compuesta por infantería y algunas piezas de artillería, atacó por la derecha. Además, uno o dos batallones brasileños fueron apostados en la orilla opuesta del río para hostilizar a los paraguayos con sus rifles. En total las fuerzas aliadas estaban compuestas por unos 18.000 hombres. 

Los aliados, protegidos por el fuego de su propia artillería y de la escuadra, avanzaron con dificultad por el barro hacia Curupaytí. Cuando llegaron a campo abierto se encontraron expuestos y, según Centurión, los cañones paraguayos abrieron fuego “con fragor espantoso que hacía temblar la tierra (…) sembrando en sus filas confusión y muerte”. Aún así, los aliados llegaron a la primera trinchera y la cruzaron con puentes hechos con árboles. 

A partir de ese momento “las bombas, las balas rasas y metrallas que vomitaban” los cañones paraguayos comenzaron a abrir claros en las columnas aliadas, donde los hombres eran hechos pedazos y se levantaban columnas de agua mezclada con sangre. Sin embargo, como podemos ver en los cuadros del pintor argentino Cándido López, que participó en la batalla, las columnas aliadas, destrozadas, consiguieron llegar hasta la segunda línea paraguaya. 

Allí los aliados lograron abrir unas cuantas brechas entre los abatís y asaltar las posiciones enemigas con las escalas que portaban, plantando algunas en el foso y penetrar hasta la cresta del parapeto paraguayo, pero sin lograr cruzar bayonetas con los paraguayos, aunque hay noticias de que los brasileños consiguieron penetrar en Curupaytí por la izquierda y tomar 4 piezas de artillería antes de ser rechazados, sin embargo, Centurión lo niega. 

Entre una densa atmósfera de humo y polvo, el olor a sangre, pólvora y azufre, las estelas de los cohetes Congreve, las arengas de los jefes y los gritos de los heridos, los soldados aliados caían frente a la trinchera o dentro de ella víctimas del fuego cruzado de los cañones y de la fusilería paraguaya, en algo que Centurión calificó de espectáculo “horriblemente bello é interesante”. 

Según Seeber, a causa de las numerosas perdidas, se dio orden de retirada que se anuló debido a la falsa noticia de que los brasileños habían penetrado en las defensas paraguayas por la izquierda. Así, los valerosos aliados, reforzados con nuevos batallones, embistieron por segunda vez las posiciones de los no menos valerosos paraguayos. 

Cuenta Seeber que los soldados se llegaron a batir a pistola “pero caen hombres tras hombres, y el sacrificio resulta totalmente estéril”. A continuación, ante la imposibilidad de avanzar por el centro, los aliados intentaron atacar por los flancos, pero el río lo impedía por el izquierdo y la laguna por el derecho. 

Mientras esto pasaba en Curupaytí, el brasileño Polidoro con miles de hombres debía desde su posición en Tuyutí hacer creer que atacaría el Paso Gómez, pero en realidad solo debía acometer si se daba la oportunidad. Al mismo tiempo, Flores, con 2.500 tropas de caballería brasileña y 500 argentinas y orientales, avanzó por la derecha pasando por el Estero Rojas, y tras atacar a unos pocos paraguayos, se retiró antes de que la caballería paraguaya cargara. 

Por fin, a las 4, Mitre dio orden de retirada, pero los aliados, en su regreso a Curuzú, sufrieron más perdidas. Mientras tanto, los paraguayos, aunque seguía el bombardeo de la escuadra, celebraron la retirada aliada. Díaz quiso perseguirlos con la caballería pero López lo evitó, aunque Mitre cuenta que protegió su retirada con fuego de artillería durante más de tres horas, impidiendo así la salida de los paraguayos. Por entonces, cuenta Seeber que el campo de batalla estaba teñido por la sangre. 

A continuación, los paraguayos pudieron salir de sus posiciones para recoger las armas aliadas y hacer prisioneros a los supervivientes, a pesar de que Mitre y Seeber informaran de que habían recogido a todos sus heridos. Por su parte, Thompson dice los heridos fueron masacrados por los paraguayos. Según Centurión, los paraguayos regresaron a sus posiciones disfrazados con los uniformes de los aliados y llevando consigo 6.000 fusiles de Liège, carabinas minié, espadas y alguna bandera, además de algún dinero y relojes. 

Aquel día los aliados perdieron según Seeber más de 4.000 hombres, según Centurión más de 5.000, entre ellos bastantes jefes, muchos de los cuales serían enterrados en las zanjas del campo de batalla o echados al río. En cambio, Mitre cifró las perdidas en solo 3.000, entre muertos y heridos, aunque Thompson triplica esta cifra y habla de 9.000. Por su parte, los paraguayos solo tuvieron 92 bajas entre muertos y heridos, la mayor parte causados por los brasileños del Chaco, que a su vez sufrieron las granadas paraguayas. 

Según se publicó aquel mismo día en El Semanario de Avisos de Asunción, “toda la extensión del campo de batalla quedó amontonada de cadáveres...”, “sangre, (…) cuerpos mutilados, caballos despedazados, (…) en que se ven los estragos de nuestros proyectiles,...”. 

Tras esta catástrofe surgieron graves disensiones entre los aliados, también entre los mismos mandos brasileños, tanto que los paraguayos pensaron en que se podría romper la Triple Alianza. Igualmente surgieron las criticas en Argentina y Brasil, por lo que comenzó un periodo de inacción de varios meses y hubo un relevo de generales.

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