sábado, 27 de abril de 2024

1948, Venezuela rompe relaciones con el Gobierno de la Segunda República Española en el exilio

 


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LOS CONFLICTOS ENTRE VENEZUELA Y ARGENTINA (1944-1969)

Como hemos visto en las últimas semanas, las relaciones entre Venezuela y Argentina no atraviesan por su mejor momento, sin embargo, esto no es nuevo y en el tercer cuarto del siglo XX ambos países llegaron a romper relaciones hasta en cuatro ocasiones.

El primer conflicto destacable entre Venezuela y Argentina tuvo lugar en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial. A principios de ese año el gobierno del dictador argentino Pedro Pablo Ramírez había roto relaciones con Alemania y Japón. Sin embargo esto fue insuficiente para los Estados Unidos, donde se creía que a pesar de la ruptura, el gobierno del nuevo dictador argentino Edelmiro Farrell aún era cercano a la Alemania nazi, además a Farrell se le reprochaba su nula contribución al esfuerzo de guerra contra el Eje. Por este motivo, Estados Unidos fomentó que los países americanos aislaran a Argentina, como así sucedió. En el caso de Venezuela, el gobierno de Isaías Medina suspendió sus relaciones con Argentina en julio, las cuales no se volverían a retomar hasta abril de 1945.  

Años después, en 1957, estalló un nuevo conflicto entre Argentina y Venezuela que revestiría más gravedad. Todo comenzó en septiembre de 1955 cuando se produjo un golpe de Estado en Argentina contra Juan Domingo Perón, lo que provocó su exilio y dio inicio a la dictadura cívico-militar conocida como Revolución Libertadora que declaró proscrito al peronismo. 

Perón entonces comenzó un periplo por varios países de América, recalando en agosto de 1956 en Venezuela, donde recibió asilo. La presencia de Perón en Venezuela creó un fuerte malestar en el gobierno argentino presidido por el teniente general Pedro Eugenio Aramburu. Por ello, a través de su embajador en Caracas, el general Carlos Toranzo Montero, Aramburu exigió la expulsión de Perón de Venezuela, al que se acusaba de dirigir desde este país las actividades subversivas y terroristas contra el gobierno argentino. Sin embargo, el gobierno venezolano hizo oídos sordos a estos requerimientos. 

Poco después, a finales de mayo de 1957, sicarios a las ordenes del gobierno argentino atentaron contra Perón con una bomba, aunque este salió indemne del ataque. Como respuesta, el presidente venezolano, Marcos Pérez Jiménez, declaró persona non grata a Toranzo, al que se acusaba de estar detrás del ataque. 

Como es natural, la tensión entre ambos países fue a más y finalmente el 7 de julio el gobierno de Aramburu anunció la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Venezuela. Como respuesta, el gobierno venezolano retiró a su embajador de Buenos Aires. 

Así permaneció todo hasta que en enero 1958 el presidente venezolano fue derrocado por un golpe de Estado y Perón perdió su protección, por lo que tuvo que exiliarse en la República Dominicana. Sucedido esto, los motivos para la ruptura de relaciones con Venezuela habían desaparecido y el gobierno de Aramburu decretó retomarlas. 

Años después, en 1962, ya reinstaurada la democracia en Argentina, un nuevo golpe de Estado derrocó al presidente Arturo Frondizi el 29 de marzo, estableciéndose una dictadura encabezada por José María Guido. 

En esa época gobernaba Venezuela Rómulo Betancourt, el cual había establecido la conocida “Doctrina Betancourt”, que consistía, según palabras del mandatario en: “Regímenes que no respeten los derechos humanos, que conculquen las libertades de sus ciudadanos y los tiranice con respaldo de las políticas totalitarias, deben ser sometidos a riguroso cordón sanitario y erradicados mediante la acción pacífica colectiva de la comunidad jurídica internacional”. 

Esto llevó a Betancourt a romper durante su mandato relaciones diplomáticas con más de una decena de países americanos donde se había subvertido el orden constitucional. Este fue el caso de Argentina, con quien se rompieron relaciones solo unos días después del derrocamiento de Frondizi. Un año después, en 1963, con la reinstauración de la democracia en Argentina y la llegada de Arturo Illia a la presidencia del gobierno, Venezuela retomó sus relaciones con Argentina. 

Sin embargo, el derrocamiento de Illia en junio de 1966 tras el golpe de Estado que dio  inicio a la dictadura cívico-militar conocida como Revolución Argentina provocó que en julio Raúl Leoni, nuevo presidente de Venezuela y continuador de la “Doctrina Betancourt”, suspendiera las relaciones diplomáticas de su país con la Argentina presidida por Juan Carlos Onganía. Esta situación se mantendría hasta abril de 1969, cuando el nuevo presidente de Venezuela, Rafael Caldera, enterró la “Doctrina Betancourt” y decidió retomar las relaciones con Argentina.

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jueves, 18 de abril de 2024

Ejemplos de silabario de la lengua inuit

 







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ESQUIMALES, SEIS DATOS ASOMBROSOS

En el extremo norte de América, en el frío ártico, habitan los esquimales, un conjunto de pueblos por todos conocidos pero de los que paradójicamente sabemos pocos detalles. A continuación, hablaremos de las herramientas extraterrestres de los esquimales, de sus momias, tatuajes, mapas, “Objetos Alados” y máscaras, en definitiva, de seis datos sorprendentes y poco conocidos sobre los esquimales. 

Si es de sobra célebre que en la tumba del faraón Tutankamón se halló una daga fabricada con el hierro de un meteorito, lo es mucho menos que los pobladores de Groenlandia también utilizaron hierro meteórico para fabricar herramientas. Descartado por los análisis el origen vikingo, se confirmó que varias herramientas de hierro halladas en Groenlandia y Canadá en los siglos XIX y XX eran de origen extraterrestre como así se pensaba, más concretamente de un enorme meteorito caído hace miles de años en el Cabo York, en el noroeste de Groenlandia. De los fragmentos de este meteorito los proto-esquimales de la cultura Thule tomaron pequeños trozos de hierro y les dieron forma de hojas para cuchillos y ulus. 

Otro rasgo común entre las distintas culturas esquimales y el Antiguo Egipto es el de las momias. A diferencia de Egipto, en el caso esquimal solo contamos con algunas momias, siendo las más conocidas las halladas en el yacimiento de Qilakitsoq, en la costa oeste de Groenlandia. Aquí se encontraron a principios de los '70 ocho momias pertenecientes a la cultura Thule y datadas hacia el año 1475. Entre las momias, conservadas gracias a un ambiente frío, seco y bien ventilado, hay dos niños y seis mujeres, que por los análisis de ADN sabemos que en su mayoría estaban emparentadas entre sí, además varias de ellas presentaban tatuajes y por las pruebas que se les realizaron se pudieron conocer incluso sus patologías. 

Como acabamos de ver, y aunque ahora nos resulte extraño, en las culturas esquimales los tatuajes eran comunes en el pasado, sin embargo, con la llegada del cristianismo esta práctica se fue abandonando y solo en los últimos años se está intentando recuperar. Por lo que podemos observar en las momias, en dibujos y en fotografías antiguas los tatuajes esquimales eran diseños por lo general sencillos hechos a base de puntos y rayas, aunque existían diseños algo más complejos. 

Los tatuajes se solían hacer por todo el cuerpo, con preminencia en rostro y brazos, y por lo que se sabe eran las mujeres las que más se tatuaban y las que tatuaban. Como en otras culturas alrededor del mundo, los tatuajes se hacían con fines rituales y medicinales, además, en el caso esquimal, el tatuaje facial en las mujeres señalaba que estas ya podían casarse. Igualmente, según el diseño y el lugar del tatuaje, este representaba distintas etapas en la vida de la mujer, como la maternidad. 

Aunque pudiéramos pensar que las culturas esquimales son primitivas, la realidad es que estaban más avanzadas de lo que parece y esto queda patente en que llegaron a crear sus propios mapas, elementos característicos de sociedades con cierto nivel de desarrollo. Estos mapas tallados en madera fueron encontrados en el siglo XIX en Angmagssalik, en el sureste de Groenlandia y todo indica que fueron creados sin influencias europeas. 

Como se puede ver en las imágenes, en los salientes y en las muescas talladas en la madera se representan golfos, cabos e islas, lo que servía de guía a las navegaciones de cabotaje de los inuit. A esto habría que sumar los testimonios de varios exploradores occidentales que mencionan a principios del siglo XX como los esquimales tenían la habilidad de dibujar con precisión mapas en papel pese a no haberlo hecho nunca. Esto queda de manifiesto en el mapa de la bahía de Disko, en el oeste de Groenlandia, elaborado en madera y piel de foca hace un siglo por un cazador inuit que nunca antes había hecho uno. 

Uno de los enigmas sobre la antigua cultura esquimal que ha intrigado a los investigadores desde hace décadas es el de los conocidos como “Objetos Alados” hallados en contextos funerarios de distintos puntos de la península rusa de Chukchi, en las islas de Punuk y en el noroeste de Alaska. Los “Objetos Alados”, datados entre los siglos V y XV de nuestra era, tienen una forma que se asemeja a una mariposa, están tallados en colmillo de morsa, miden entre 10 y 20 centímetros y presentan intrincadas decoraciones incisas. 

Se podría caer en el error de explicar estos objetos desde una perspectiva pseudocientífica como en el caso del pájaro de Saqqara o de los artefactos quimbaya, sin embargo la realidad es más mundana. Los primeros estudiosos creyeron que los “Objetos Alados” eran cabezas de arpón o que representaban aves y se utilizaban en ceremonias chamánicas. Más tarde, según el testimonio de varios ancianos esquimales, los “Objetos Alados” serían una pieza que unía las distintas partes de los kayak, aunque otros creían que se trataba de amuletos. Asimismo, se pensó que los “Objetos Alados” serían soportes para lámparas de grasa u objetos ornamentales de las embarcaciones esquimales. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha impuesto la opinión que sostiene que los “Objetos Alados” serían contrapesos para los arpones lanzados con propulsores. 

Otro tipo de objeto poco conocido que se utilizaba en la cultura material de los pueblos esquimales es el de las máscaras. Utilizadas hasta la introducción del cristianismo en bailes rituales y ceremonias chamánicas, estas máscaras estaban talladas en madera y decoradas con pintura, plumas o incisiones y representaban a hombres y mujeres, animales y a diversos espíritus. Algunas de ellas, como podemos ver, pueden parecer más amables, pero otras resultan grotescas, inquietantes y hasta terroríficas.

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viernes, 12 de abril de 2024

1885, tratado de paz entre Ecuador y España

 





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1866, LA GUERRA ENTRE ECUADOR Y ESPAÑA

Durante su historia Ecuador ha protagonizado varios conflictos con sus vecinos, sin embargo, la guerra que le enfrentó a España en 1866 es menos conocida. Todo comenzó en 1863. Desde ese año una serie de incidentes entre España y Perú desencadenaron un conflicto primero entre ambos países y luego entre España y Chile. En esos momentos el nombre de Ecuador ya empezó a aparecer en esta historia. 

Así, a mediados de 1864 ya tenemos noticias de como el gobierno ecuatoriano presidido por Gabriel García Moreno, desde una posición de neutralidad, se ofreció a mediar entre Perú y España después de la ocupación española de las islas peruanas de Chincha, aunque los peruanos rechazaron estos ofrecimientos. Poco después, el permiso ecuatoriano dado a los buques de guerra españoles para proveerse en sus puertos provocó la ira peruana hacia Ecuador, llegando a publicarse incluso que los peruanos podrían expedicionar contra Guayaquil como represalia. 

Sin embargo, un año después, en los últimos meses de 1865, en el momento en que empezaron las hostilidades entre España por un lado y Perú y Chile por otro, Ecuador comenzó a acercarse a estos últimos. Este cambio de postura del nuevo presidente ecuatoriano Jerónimo Carrión estuvo motivado por  los sentimientos americanistas del momento y por el temor a que Ecuador también fuera atacado por España. 

En diciembre peruanos y chilenos firmaron un tratado de alianza ofensiva y defensiva contra España y luego invitaron a Bolivia y Ecuador a unirse, adhiriéndose el país presidido por Carrión a finales de enero de 1866, haciéndolo poco después también Bolivia, creándose así la Cuádruple Alianza. 

Aquellos días se comenzó a preparar la defensa de Guayaquil, el principal puerto de Ecuador y uno de los más importantes del Pacífico sudamericano, pero ante las carencias ecuatorianas, los representantes peruanos en Ecuador ofrecieron armamentos para poder enfrentarse a la flota española. 

Luego, el 28 de febrero, tres semanas después del combate de Abtao acaecido en aguas chilenas, el presidente Carrión firmó un decreto por el cual “se declara al Ecuador en estado de guerra contra el Gobierno de España”. Poco después, el 2 de marzo, Carrión declaró al ejército en campaña. En los siguientes días el gobierno ecuatoriano solicitó dinero y armas a sus aliados, las cuales empezaron a llegar poco después a Guayaquil. En esas fechas se dispuso la expulsión de los buques mercantes españoles del puerto de Guayaquil, asimismo, se tomaron precauciones para evitar que la escuadra española se surtiera de carbón o víveres en las costas ecuatorianas. 

Debido a la distancia la noticia de la declaración de guerra de Ecuador no llegó a España hasta finales de marzo. En España se supuso que esta declaración había estado motivada por las presiones chileno-peruanas. En esas fechas podemos encontrar en la prensa española referencias a un futurible bombardeo de Guayaquil debido a la entrada de Ecuador en la alianza contra España. Además, como consecuencia de esto, en España se pusieron trabas a la importación de cacao ecuatoriano y se expulsó del país a varios ciudadanos y diplomáticos ecuatorianos. 

En abril tenemos noticias de como se envió armamento a la provincia de Esmeraldas ante la posibilidad de un desembarco español y sobre la entrega de dinero, cañones y rifles a Ecuador por parte de Perú y Chile, así como de la llegada de personal peruano para ayudar a fortificar Guayaquil y varios puntos de su bahía. Sin embargo, en aquellos días surgió entre los aliados suspicacias sobre las verdaderas intenciones de Ecuador y se llegó a pensar que al gobierno de Carrión nada le importaba el conflicto con España y solo pretendía obtener armas. 

Luego, tras conocerse el bombardeo español de Valparaíso del 31 de marzo, tuvieron lugar airadas protestas en Guayaquil. Poco después de esto el gobernador de Guayas dijo en una proclama: “El león ibérico pretenderá ensordecernos con sus salvajes rugidos, pero se estremecerá impotente al observar la actitud digna de un pueblo independiente por su abnegación y libre por sus esfuerzos”. 

Ya en mayo, el día 2, tuvo lugar en Perú el combate del Callao en el que hay noticias sobre la intervención de varios ecuatorianos residentes en aquel puerto, algunos de los cuales incluso llegaron a perder la vida. 

Ese mismo mes encontramos comunicaciones de las autoridades peruanas sobre el envío de armas a Guayaquil y sobre la necesidad de enviar un buque de guerra a patrullar el litoral ecuatoriano. Igualmente tenemos noticias sobre la conformación en Guayaquil de la “Legión Peruana” con ciudadanos peruanos residentes en aquel puerto y de la movilización general de los ciudadanos guayaquileños para que trabajaran en las fortificaciones ante la sospecha de un inminente ataque español. 

Asimismo, las autoridades de Guayaquil hundieron dos buques y establecieron una línea de torpedos en el canal de acceso a aquel puerto para imposibilitar la entrada de los buques españoles. Sin embargo, nada de esto fue necesario ya que, tras el bombardeo del Callao, la escuadra española se retiró de aquellas aguas. A pesar de esto los ecuatorianos siguieron trabajando en las fortificaciones de Guayaquil y de otros puntos de la bahía durante los siguientes meses, así como en un sistema de vigías que debería avisar de la llegada de la escuadra española. 

Más tarde, en agosto, podemos leer en un decreto del presidente Carrión lo siguiente: “Dentro de 50 días, contados desde esta fecha, los súbditos de España que se encuentren en el Ecuador, saldrán del territorio de la República”. 

Por último, hay que señalar que, aunque el conflicto no se volvió a reactivar, siguió latente durante los siguientes años y solo se acordó un armisticio entre España y la Cuádruple Alianza en abril de 1871, firmándose la paz tiempo después. En el caso de Ecuador, esta paz no llegó hasta enero de 1885, acabando así una guerra que duró de iure 19 años y en la que no se efectuó ni un solo disparo en territorio ecuatoriano.

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sábado, 6 de abril de 2024

1702, Real Cédula alertando sobre un complot contra España en Chile

 


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1711, LA INVASIÓN INGLESA DE CHILE

Como hemos visto en otros videos, durante la historia del Chile colonial los enemigos de España ambicionaron aquel territorio y quisieron invadirlo, sin embargo aún hay alguno de estos planes de invasión poco conocidos, como el que diseñó un español con ayuda inglesa en 1711. 

Todo comenzó a principios del siglo XVIII durante la Guerra de Sucesión Española. En esa época Felipe de Borbón y el archiduque Carlos de Austria luchaban por el trono de España. Felipe, que controlaba la mayor parte de España, contaba con el apoyo de Francia. Por su parte Carlos contaba, entre otros, con el apoyo del Sacro Imperio y de Inglaterra. 

En 1710 Carlos avanzó desde sus posiciones de Cataluña hasta Madrid, la cual fue tomada en septiembre. Allí se le unieron varios nobles, entre ellos Mateo Ibáñez, marqués de Corpa. Semanas más tarde, sin el apoyo popular, sin suministros y presionado por las tropas de Felipe, Carlos se vio obligado a dejar Madrid y con él Corpa, el cual luego se trasladó a Inglaterra. 

Sobre Corpa hay que decir que era pariente de Francisco Ibáñez, gobernador entre 1700 y 1709 de Chile, donde el marqués se había asentado y desde donde había llegado a España en 1708 para tratar ciertos asuntos. En Chile tenía Corpa amigos y partidarios que podrían causar perturbaciones, por ello, en febrero de 1711, semanas después de su salida de Madrid, Felipe ordenó que si Corpa regresaba a Chile sus bienes fueran embargados y él detenido y enviado a España por traidor y por los inconvenientes que podría causar en aquel reino. 

Tiempo después, la corte de Madrid fue conocedora de supuestos planes promovidos por Corpa en Inglaterra, consistentes en una invasión inglesa de Chile, los cuales no sabemos si guardaban alguna relación con el famoso plan de invasión de Sudamérica conocido como “Una propuesta para humillar a España” datado en el mismo año. 

Respecto a estos planes, el cronista Dionisio de Alcedo diría en la segunda mitad del XVIII que Corpa propuso en el Parlamento británico la conquista de Chile, lo que ayudaría a los ingleses a hacerse dueños de aquellos mares y les facilitaría la conquista del Reino de Tierra-Firme. Esta propuesta, según Alcedo, fue aprobada por el Almirantazgo británico, el cual dio orden de preparar una escuadra para realizar aquel proyecto. Sin embargo, no hemos podido corroborar las afirmaciones de Alcedo. 

Por su parte, otro cronista de esa época, el chileno Vicente Carvallo, señaló que el verdadero peligro estaba en que en la corte se sospechaba que los mercaderes de Chile querían independizar aquel territorio con ayuda holandesa e inglesa y que Corpa era el encargado de negociar aquella operación en Inglaterra, aunque esto en realidad parece hacer referencia eventos acaecidos en 1701. 

Sea como fuere, en una Real Cédula del 20 julio dirigida a Juan Andrés de Ustáriz, gobernador y capitán general de Chile, se le pedía a este que, ante las noticias de una posible invasión inglesa de aquel reino, hiciera todos los esfuerzos posibles para resguardar las costas chilenas y “los puertos de la Concepción, Valdivia, Valparaíso y todos los demás sitios importantes”. Para esto último, según el cronista Carvallo, Ustáriz envió a su hijo Fermín. 

A continuación, se le decía a Ustáriz que vigilara de cerca a todos los partidarios y amigos de Corpa y los separara de aquellos territorios. Por último, se le comunicaba a Ustáriz que ayudara a los gobernadores de aquellas plazas y se le decía que se había ordenado al virrey del Perú, el obispo Diego Ladrón de Guevara, que le ayudara en la defensa de Chile. 

En esas fechas fueron enviadas a otros puntos de América instrucciones para que se tuviera precaución ante cualquier maniobra del enemigo. Así, en una Real Cédula al virrey del Perú se le avisó de la posible tentativa enemiga de atacar los puertos del Mar del Sur. Igualmente, en otras enviadas al sargento mayor de Cartagena de Indias y al gobernador de Santa Marta se les advertía de los planes de los enemigos de la Corona para invadir esas costas. 

Meses después, el 11 de septiembre, una nueva Real Cédula fue enviada a Ustáriz. Ante el temor persistente de una invasión inglesa de Chile y conocedor el rey Felipe de lo mal defendidos que estaban los puertos de ese reino, podemos leer en este documento como se había ordenado al virrey del  Perú que enviara a Valdivia hombres, artilleros, municiones, pólvora, balas y armas. 

Además, se aconsejaba que el gobernador de Valdivia mantuviera buenas relaciones con los indios de paz, los cuales tendrían que socorrer aquella plaza en caso de ataque inglés. Asimismo, se señalaba que el virrey del Perú debería enviar armas y municiones a la plaza de Castro, en la isla de Chiloé, y a Concepción, lugar este que tendría que ser reforzado con más hombres, incluidas tropas reclutadas en el reino de Quito, el actual Ecuador. A continuación, se pedía que se asegurara Valparaíso y se le proveyera de soldados, armas y demás pertrechos. Y por último, se decía que la isla de Quiriquina debería ser fortificada o, en caso de no poder hacerse, que fuera despoblada para que el enemigo no pudiera refugiarse en ella. 

Debido a la distancia, pasaron varios meses hasta que estas instrucciones llegaron a Chile. Así, Ustáriz no recibió la Real Cédula de febrero hasta diciembre, momento en el que procedió a embargar los bienes de Corpa en la ciudad de Santiago y en el campo. Después, en enero y junio de 1712, Ustáriz escribió al rey Felipe para decirle que había desterrado a varios familiares de Corpa a Lima, incluido al exgobernador de Chile. Esto también queda atestiguado en la crónica de Pedro de Córdoba y Figueroa, el cual señala que fueron enviados a Lima porque se sospechaba de su traición en caso de que una escuadra inglesa llegara al océano Pacífico. 

Finalmente, la Guerra de Sucesión Española acabó y los ingleses no llevaron a cabo los planes de Corpa, si es que alguna vez existieron, y aunque Chile no fue invadido, aquel reino no pudo vivir en paz, ya que durante los siguientes años sus costas fueron visitadas por escuadras inglesas, aunque esa es otra historia.

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viernes, 29 de marzo de 2024

1966, manifestaciones violentas antinorteamericanas en la República Dominicana

 


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LA INTERVENCIÓN MILITAR PARAGUAYA EN REPÚBLICA DOMINICANA (1965-1966)

Como hemos visto en otros videos, la historia de Paraguay está plagada de conflictos y guerras con sus vecinos y con remotas potencias, sin embargo, es menos conocido el envío de tropas paraguayas a la lejana República Dominicana durante su guerra civil. 

Todo comenzó en abril de 1965. El día 24 de ese mes los seguidores del depuesto presidente dominicano Juan Bosch, los llamados “constitucionalistas” se alzaron. Al día siguiente las fuerzas conservadoras, los “leales”, reaccionaron y así comenzó una guerra civil. Poco después los estadounidenses, con la excusa de proteger a sus ciudadanos, desembarcaron en la isla dando inicio a la Operación Power Pack. Semanas más tarde, en mayo, tras no llegarse a un arreglo y temiéndose que la República Dominicana se convirtiera en una segunda Cuba, la O.E.A. votó a favor de enviar a tropas a Santo Domingo con el objetivo de restablecer la paz. De este modo se creó la Fuerza Interamericana de Paz, la I.A.P.F. por sus siglas en inglés, un cuerpo formado en gran parte por tropas estadounidenses que además contaba con más de un millar de brasileños, 250 hondureños, 160 nicaragüenses, algunos policías costarricenses, unos pocos oficiales salvadoreños y casi dos centenares de paraguayos. 

El 10 de junio ya podemos leer en la prensa que el contingente paraguayo estaría formado por una compañía de infantería de 184 hombres, la cual estaría comandada por el coronel Roberto Cubas. Según podemos ver en los escritos del estadounidense Bruce Palmer, segundo comandante de la I.A.P.F., Cubas también se encargó de la inteligencia dentro del Estado Mayor conjunto que se creó, cometido que en un principio había correspondido a los costarricenses. 

Estas fuerzas finalmente partieron de Asunción el día 21 del mismo mes a bordo de aviones C-130 estadounidenses, siendo las últimas fuerzas de la I.A.P.F. en llegar a la República Dominicana. Una vez en la isla, el contingente paraguayo quedó adscrito a la Brigada Latinoamericana y, dentro de esta, al Batallón Fraternidad, compuesto por las fuerzas  latinoamericanas, a excepción de las brasileñas, que formaban su propio batallón. 

Días después, el 5 de julio se acordó que los paraguayos enviarían a Santo Domingo más tropas, en concreto un pelotón de comunicaciones de 29 hombres, con lo que a final de mes en la I.A.P.F. había 213 paraguayos. 

Lo siguiente que sabemos es que la noche del 25 de julio fuerzas paraguayas se vieron involucradas en un confuso incidente cuando, según los “constitucionalistas”, abrieron fuego contra un automóvil. 

Semanas después, el 19 de agosto, se publicó que tropas paraguayas y nicaragüenses del Batallón Fraternidad se vieron involucradas en un intenso tiroteo, pero carecemos de más información sobre lo sucedido. 

Más tarde, en febrero de 1966 tuvo lugar el incidente más grave del que tengamos noticias en el que tropas paraguayas estuvieron involucradas. La prensa publicó el día 15 de ese mes que, en mitad de una oleada de ataques de la insurgencia, una granada de fabricación casera lanzada por los terroristas en la madrugada del día anterior había herido a seis soldados paraguayos de las fuerzas pacificadoras interamericanas en el centro de Santo Domingo, aunque las heridas causadas por la metralla no revistieron gravedad. 

A parte de estos ataques, sabemos por el mencionado Palmer que la estancia de los paraguayos en República Dominicana fue amena. Según él “los paraguayos, jóvenes sencillos provenientes del campo de una nación sin salida al mar, quedaron encantados con el mar cuando llegaron y se quedaron despiertos toda la noche contemplando las aguas del Caribe; nunca se cansaron de esta sencilla diversión. Como todos los demás, también amaban la música y les gustaba bailar, [...] podían escuchar durante horas canciones de amor agridulces acompañadas del famoso arpa paraguaya”. 

A pesar de la idílica situación que describe Palmer, según ha señalado algún historiador en los últimos años, la coordinación en el seno de la I.A.P.F. en el que se hablaban tres idiomas distintos generó confusión sobre todo al principio. Igualmente se han puesto de manifiesto las rivalidades existentes entre las naciones participantes en la misión, especialmente entre paraguayos y brasileños, debido a los conflictos pasados y a la disputa por los Saltos del Guairá que se desarrollaba en aquellos momentos. 

Finalmente, en julio, tras estabilizarse la situación en el país, los paraguayos abandonaron la República Dominicana, haciéndolo las últimas fuerzas de la I.A.P.F. el 21 de septiembre, acabando así esta poco conocida intervención paraguaya en el conflicto dominicano. 

Por último, hay que señalar una información proporcionada por Palmer. Según cuenta el militar estadounidense, cuando Cubas regresó a Paraguay el presidente Stroessner sintió celos de la popularidad del coronel, el cual fue acosado y amenazado, por lo que tuvo que trasladarse a Estados Unidos, donde recibió su ayuda.

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sábado, 23 de marzo de 2024

Intercambio de prisioneros alemanes y de países aliados en España en 1944.


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1941, HAITÍ DECLARA LA GUERRA A JAPÓN, ALEMANIA, ITALIA, HUNGRÍA, BULGARIA Y RUMANÍA

Como hemos visto en otros videos, los países americanos no permanecieron ajenos a la Segunda Guerra Mundial. Este fue el caso poco conocido de Haití que, en solidaridad con los Estados Unidos, en solo unos pocos días de finales de 1941 declaró la guerra al Imperio del Japón, al Tercer Reich, a la Italia fascista, a Hungría, a Bulgaria y a Rumanía. 

Todo comenzó con el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de ese año. Tras este, Estados Unidos declaró la guerra al Imperio del Japón. Siguiendo su ejemplo, otros países americanos hicieron lo mismo. Este fue el caso de Haití. El 8 de diciembre, el mismo día que Estados Unidos declaró la guerra a los japoneses, el presidente de Haití, Elie Lescot, dirigió un mensaje al Comité Permanente de la Asamblea Nacional haitiana en el que mostraba su solidaridad con los Estados Unidos y declaraba que la política internacional de su gobierno sería un fiel reflejo de la estadounidense. Luego transmitió el telegrama que envió al presidente Roosevelt tras el ataque, en el cual ofrecía la ayuda haitiana contra Japón y ponía a disposición de los Estados Unidos el territorio de Haití si por necesidades militares fuera necesario. 

Por último, Lescot solicitó autorización al Comité Permanente de la Asamblea Nacional haitiana para declarar la guerra al Imperio del Japón. Tras obtenerlo, Lescot decretó que la República de Haití se encontraba en estado de guerra con el Imperio japonés. A continuación, en otro decreto Lescot puso a Haití en estado de sitio y colocó todas las actividades del país bajo el control de la autoridad militar, de la cual él era el máximo responsable como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas. 

Ese mismo día Lescot dirigió una proclama a la nación en la que declaraba la solidaridad haitiana con los Estados Unidos y anunciaba la declaración de guerra a Japón. Asimismo, comunicaba que había sido informado de planes de sabotaje contra varias infraestructuras del país y amenazaba a los responsables con ser llevados a una Corte Marcial. 

Días después, el 12 de diciembre, al igual que habían hecho los Estados Unidos, Lescot, en sendos decretos, declaró la guerra al Reich alemán y a Italia, los otros dos miembros del Eje Roma-Berlín-Tokio. Luego, en una nueva proclama, Lescot declaraba: “Hace apenas tres días, indignados por la cobarde agresión perpetrada contra las posesiones norteamericanas en el Pacífico, declaramos la guerra al Imperio japonés. ¡Hoy declaramos la guerra a la Alemania totalitaria y a Italia!”. A esto añadía Lescot, que hablaba “en nombre de una raza […], la raza negra odiada, despreciada por el nazismo...”. 

A continuación, el presidente haitiano dijo que esas declaraciones de guerra no eran simbólicas y que Haití no se doblegaría “bajo la bota del nazismo o del fascismo blanco o amarillo”. Por último, Lescot advertía a los ciudadanos del Eje que residieran en Haití con las graves consecuencias de cualquier actividad que ayudara al enemigo. 

Días más tarde, el 17, por un decreto el gobierno de Haití consideró enemigos a todos los gobiernos del Eje, a sus ciudadanos y a sus empresas, y “aliados de los enemigos” a todos los aliados de países con los que estuvieran en guerra. Asimismo, se embargaron todos los bienes de ciudadanos del Eje residentes en territorio haitiano. 

Una semana después, el día 24, otro decreto de Lescot declaró el estado de guerra entre Haití y Hungría, Rumanía y Bulgaria, países aliados de los alemanes y que habían declarado la guerra a los Estados Unidos días atrás. Curiosamente, Estados Unidos no declaró oficialmente la guerra a estos tres países hasta junio de 1942, siendo Haití uno de los primeros países del continente en hacerlo. Semanas más tarde y como medida previa a una posible movilización general, se decretó un registro de todos los hombres de entre 18 y 40 años de edad. 

Como en otros países, en Haití fueron internados varios ciudadanos del Eje. Así sabemos por la Cruz Roja que en mayo había internados en Fort National, a las afueras de Puerto Príncipe, 19 alemanes, 16 italianos y 2 austríacos que disfrutaban de unas buenas condiciones. Igualmente, sabemos que en poder alemán había al menos 5 haitianos, los cuales formaron parte de un intercambio de prisioneros llevado a cabo en España en 1944. 

Por otra parte, aunque Haití se encontraba lejos de los principales teatros de operaciones de la guerra, la ofensiva submarina desplegada por la Alemania nazi en el Caribe llegó a aguas haitianas, donde varios mercantes de diferentes países fueron hundidos en 1942 y 1943. Asimismo dos submarinos alemanes fueron hundidos en aquellas aguas en el mismo periodo. 

Por último, hay que señalar otros dos hechos destacados protagonizados por Haití durante la guerra. En primer lugar, en octubre de 1942 el país caribeño rompió relaciones diplomáticas con la Francia de Vichy, Estado títere de la Alemania hitleriana. Y en segundo lugar, pese a sus pocos recursos, Haití colaboró con el esfuerzo de guerra mediante la producción de caucho, una materia prima de gran importancia.

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sábado, 16 de marzo de 2024

Noticia sobre el ataque del buque corsario La Argentina a las islas Filipinas (Diario mercantil de Cádiz, 26-3-1819)

 



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CORSARIOS ARGENTINOS CONTRA PIRATAS MALAYOS (1817)

Como vimos en otros videos, entre 1817 y 1819 la fragata corsaria La Argentina de las Provincias Unidas del Río de la Plata realizó un audaz crucero alrededor del mundo en el que atacó a buques y a enclaves españoles en Lejano Oriente, en Norte y Centroamérica. Sin embargo, aún hay episodios de esta expedición asombrosos y que merecen nuestra atención, como el combate contra piratas malayos en aguas de lo que hoy es Indonesia. 

En julio de 1817 La Argentina, comandada por el francés Hipólito Bouchard, zarpó de la ensenada de Barragán, al sureste de Buenos Aires, y puso rumbo hacia el cabo de Buena Esperanza. Tras cruzar el Atlántico Sur y doblar aquel cabo, La Argentina se internó en el océano Índico y se dirigió a la isla de Madagascar, donde se vio involucrada en un incidente con unos buques esclavistas. A continuación, los corsarios se dirigieron al golfo de Bengala en busca de buques españoles, pero al ser informados de que allí no los encontrarían, pusieron rumbo a la isla de Java. 

En noviembre, azotada la expedición por el escorbuto, Bouchard decidió anclar en la isla de Peucang, al oeste de Java, para desembarcar a los enfermos, pero tras perder a más de cuarenta hombres por la enfermedad, La Argentina continuó su travesía y el 7 de diciembre se encontraba en el estrecho de Macassar, que separa las islas de Borneo y Célebes. 

Aquella mañana, en mitad de un mar en total calma, fueron avistadas cinco embarcaciones a la lejanía. Se trataba de barcos de vela y remos utilizados por los piratas malayos y conocidos como “proas” o “praos”. La Argentina, incapaz de huir por la ausencia de viento, solo pudo esperar a que los piratas malayos se acercaran a ellos a fuerza de remo. 

Uno de los buques, el más grande, dejó atrás al resto y pronto se acercó al navío de Bouchard, colocándose a su costado e izando una bandera negra o negra y con una espada roja según el relato de Tomás Espora, uno de los miembros de la tripulación. Los artilleros de La Argentina no pudieron hacer uso de sus numerosos cañones, según parece por falta de previsión y por la debilidad devenida del escorbuto y de una posterior disentería, aunque la tripulación sí se preparó para el abordaje y se armó con fusiles, pistolas, picas y sables. 

Por su parte, el cirujano Bernardo Copacabana dice en su relato que la imprevisión se debió a que Bouchard supuso erróneamente que aquella “proa” se trataba de un buque mercante. Este, luego se acercó a un costado de La Argentina hacia el medio día y por sorpresa sus tripulantes comenzaron a meterse dentro del buque por varias partes, incluidas las portas de los cañones. 

Según otros relatos, fueron los tripulantes de La Argentina los que llevaron la iniciativa y encabezados por el capitán inglés Nataniel Somers, varios marineros armados con pistolas y machetes saltaron al barco pirata, mientras que la infantería de La Argentina hacía fuego. Durante el combate cuerpo a cuerpo, según cuentan los relatos que se conservan, fueron heridos varios hombres, entre ellos Somers y el teniente Louis Greyssac, aunque no hubieron victimas mortales. 

Luego, según el diario de Bouchard “a la hora y media de fuego y del golpe de las armas […] el capitán (de los piratas), viendo frustrados sus designios, se dió dos puñaladas y se arrojó al agua. Lo mismo hicieron otros cinco, y el resto de la tripulación se defendió muy poco tiempo después, desmayada sin duda por la desesperación de su jefe y de los que le siguieron, no menos que por la multitud de muertos y heridos que tenían sobre la cubierta, y cuyos gritos debían consternarlos”. Mientras, viendo lo sucedido, las otras “proas” huyeron. 

Tras esto, los hombres de Bouchard capturaron al barco pirata, donde encontraron cerca de cuarenta hombres vivos y otros tantos muertos. Los prisioneros intentaron rebelarse, aunque finalmente fueron reducidos. Seguidamente, Bouchard y su oficialidad se reunieron en consejo de guerra y decidieron ejecutar a aquellos piratas, pena que se solía aplicar en aquella época, y más teniendo en cuenta que hacía poco esos piratas habían asesinado a la tripulación de un buque portugués según su propia confesión recogida en el testimonio del teniente Michael Burgess. 

Antes de aplicar esta pena, se extrajeron del buque pirata los víveres, las armas y a los veinticuatro prisioneros más jóvenes, cuatro o cinco según Copacabana o siete niños según Burgess, luego los palos fueron derribados y por último, los cañones de La Argentina abrieron fuego, hundiendo al navío enemigo con sus prisioneros aún a bordo, los cuales, según algún testimonio, gritaban ¡Alá! ¡Alá! mientras se hundían, aunque según Copacabana consiguieron llegar a nado a la costa. 

Tras esto, La Argentina se dirigió a la isla de Joló y de allí a las Filipinas, donde estuvieron atacando buques españoles durante los primeros meses de 1818, pero esa es otra historia.

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viernes, 8 de marzo de 2024

RELATO DE MARTÍN DE MURÚA SOBRE LA DESTRUCCIÓN DE ARICA POR UN TSUNAMI EN 1604

El año de mil y seiscientos y cuatro, víspera de Santa Catherina, cuando dijimos que en la ciudad de Arequipa sucedió aquel terrible temblor que la asoló, vino la misma ruina por este puerto de Arica, que derribó la más casas dél y, habiendo pasado y entendido que la furia había cesado, la mar agitada y movida de las olas, salió con un ímpetu espantable de los límites ordinarios que en aquella costa tiene y, embistiendo con las casas, acabó de asolar lo que quedaba y aún con mayor daño que el pasado, porque, al retraerse a su lugar, se llevó tras sí todos los bienes muebles, alhajas, cajas con barras, oro y vestidos y las cosas preciosas que en ellas había, y dejó la villa arruinada, pobre y triste, y muchos hombres que estaba ricos en un momento se vieron pobres y desastrados. El que tenía muchas vestiduras que mudarse, se halló desnudo y con necesidad, que así suelen ser las vueltas y revueltas deste mundo en pocas horas. El mismo daño que hizo la mar en esta villa hizo en Camaná, donde salió casi media legua, y arruinó infinitas heredades de viñas y olivares, sacándolas de raíz, llevándoselas a la mar. 

Hase tornado a poblar esta uilla de San Marcos de Arica, en otro puesto cercano al que de antes tenía, pero más sano y de mejor temple, por estar más descubierto y desenfadado para gozar de los aires y mareas suaves de la mar, que limpian y purifican toda la costa, y así no hay las enfermedades que solían dar a los nuevos en él y que venían de fuera.

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1604, UN TSUNAMI ARRASA PERÚ

Por todos es conocido como Perú, en especial su costa, es un área de alta actividad sísmica, la cual podemos seguir a lo largo de su historia, una historia en la que ha habido enormes terremotos y tsunamis, como los que asolaron el sur de Perú el 24 de noviembre de 1604 y destruyeron por completo ciudades como San Marcos de Arica y Arequipa. 

En un documento, una carta del corregidor de Arica transcrita en la crónica de Bernabé Cobo, se dice como un temblor que comenzó hacia las dos de la tarde, entre la una y las dos según otras fuentes, derribó las casas, la iglesia mayor, el fuerte, el almacén de azogue y hasta la cárcel de la ciudad. 

A continuación, el corregidor cuenta como el mar se retiró, para luego embestir con violencia el puerto. Tras esto, hubo “otro recio temblor” y el mar se retiró de nuevo y nuevamente “volvió contra el pueblo” derribando muchas casas. Según este documento, “la violencia que traían las olas y mares contra el pueblo era tan grande, que parecía que la mar quería tragarle […] y continuando los temblores [...] se levantó un mar tan grande, que parecía un alto monte,...”, el cual asoló todo a su paso y se estampó contra el morro. De acuerdo a este texto, primero hubo tres grandes avenidas y luego otras tres. Por último, termina el corregidor diciendo que todo el mundo quedó en la miseria y que fue tanta la fuerza del mar que arrastró la artillería del destruido fuerte. 

Sobre esto nos habla otro documento del corregidor Ordoño de Aguirre, según el cual “el terremoto de temblores i creciente de mar” asolaron la ciudad y el fuerte que había en ella, llevándose al mar la artillería, la mosquetería y las municiones, aunque se consiguió recuperar parte de ellas. 

En otros documentos se menciona como, en referencia al almacén de azogue, “salió la mar de su curso i se llevó todo lo edificado”, o como un tal Francisco de Cervantes arriesgó su vida por salvar la Real Caja y los archivos. 

En otro relato fray Diego de Ocaña, presente en Ica en aquel momento, cuenta que el temblor fue tan grande “que no se ha visto cosa semejante, porque quedaron muchos pueblos del todo asolados y puestos por el suelo”, y añadió que parecía “que todo el mundo se hundía”. A continuación menciona los daños que hubo en Ica, aunque estos no fueron ni remotamente parecidos a los que hubo en otros pueblos. 

Ese fue el caso de Arica donde según cuenta “salió la mar de sus límites, y de improviso cubrió todo el pueblo del puerto de Arica […] y así cubrió todas las casas y iglesias, y al retirarse a su madre se llevó tras sí todo el pueblo,...”. A esto añade Ocaña “que se lo tragó todo el mar” y que por la hora en que sucedió todo, la gente pudo refugiarse, excepto algunos enfermos que no pudieron huir. 

A continuación, Ocaña dice que el tsunami se sintió a lo largo de más de 600 leguas de costa, desde Cañete, al sur de Lima, hasta Chile y que medía tres y cuatro picas, aunque no sabemos si con esto se refiere al arma que podía oscilar entre los algo más de cuatro metros y los casi cinco y medio, o a una unidad de medida que equivalía a algo menos de cuatro metros, por lo que la ola pudo alcanzar entre los 16 y los 22 metros de altura. También apunta Ocaña que en el puerto de Pisco “llegó el agua hasta las mismas bodegas”, aunque más al sur se sintió más “pues llegó a cubrir la más alta casa y torre del pueblo de Arica”. 

En Arequipa cuenta Ocaña que el temblor fue tan fuerte que la ciudad se derrumbó y que murieron muchos ciudadanos sepultados por las paredes de sus casas. Por su parte, en Nazca, dice Ocaña que “se abrieron en la tierra unas bocas por donde salió tanta agua y tan alta [...] que parecían montes de agua en el aire. Y todas las viñas e ingenios de azúcar que había se lo llevó todo el agua que de aquellas bocas salió; y quedaron lagunas muy grandes”. También menciona Ocaña a un pueblo de indios al que se lo tragó la tierra y a otros tres o cuatro que quedaron destruidos. 

Termina Ocaña su relato diciendo que también las ciudades de Cuzco y Chuquisaca quedaron dañadas, y que todos los pueblos que hay en un radio de 300 leguas quedaron lastimados, salvo Lima, donde el temblor llegó con poca fuerza. 

Por su parte, el cronista Martín de Murúa en su Historia General del Perú dice que tras el terrible temblor “la mar agitada y movida de las olas, salió con un ímpetu espantable de los límites ordinarios que en aquella costa tiene y, embistiendo con las casas, acabó de asolar lo que quedaba y aún con mayor daño que el pasado, porque, al retraerse a su lugar, se llevó tras sí todos los bienes...”. 

También menciona Murúa a Arequipa y Camaná. En la primera ciudad “tembló la tierra con tanta furia y estruendo, que no quedó en aquella miserable ciudad edificio que no viniese abajo,...”. En cuanto a Camaná, dice que la mar “salió casi media legua, y arruinó infinitas heredades de viñas y olivares, sacándolas de raíz, llevándoselas a la mar”. 

Tras Murúa hay que fijarse en el relato de Bernabé Cobo, cronista al que ya mencionamos. Según este, aquel temblor fue el más grande acaecido en aquel reino, llegando incluso a Cuzco, donde agitó los edificios. Cobo que se encontraba en Lima, dice que allí se sintió con fuerza pero que no causó daños. En cuando a Arequipa, azotada por un terremoto y las cenizas de un volcán en 1600, dice que el terremoto también se sintió con mucha fuerza, que agitó montes y edificios y levantó una espesa polvareda. 

También dice Cobo que muchos pueblos de indios quedaron destruidos por toda la provincia, señalando que el de Pausa quedó totalmente arrasado. Igualmente narra como en muchas partes se abrió la tierra y brotaron manantiales, algunos de agua negra y hedionda. En la provincia de los Chichas dice Cobo que se derrumbó un pedazo de un cerro y sepultó parte de un pueblo. En el valle de Moquegua también se sintió con mucha fuerza el temblor, quedando arrasados varios pueblos, como Torata, Tumilaca y Carumas. 

Por último, habla Cobo de tres tsunamis que penetraron más de una legua y media en algunos puntos, llegando a aislar El Callao de Lima durante un tiempo. La primera de estas olas rodeó Pisco, en Camaná lo arrasó todo y la tierra quedó cubierta de peces, y en el puerto de Ilo la ola también penetró “casi media legua el valle arriba” y destrozó una fragata. 

Aunque sin duda, como hemos visto, la peor parte se la llevó Arica, ciudad que tuvo que ser reedificada en un lugar próximo. Un siglo después, el viajero francés Amédée-François Frézier recordaría en su diario como aquel tsunami destruyó Arica, cuyas ruinas aún eran visibles.

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viernes, 1 de marzo de 2024

Sentencia contra Gerónimo García de la Jara por maltratar a varios indios (1589)






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MUTILACIONES EN LA CONQUISTA DE AMÉRICA (II): LA SUMISIÓN

Como vimos en el anterior video, durante la conquista y colonización de América la mutilación corporal se utilizó para aterrorizar, represaliar y castigar a los pueblos indígenas, sin embargo, como veremos a continuación, tuvo otro fin, el de someter a indios y esclavos negros. 

Este sometimiento mediante la mutilación consistía en cortar o seccionar alguna parte de la pierna para lisiar de forma permanente al individuo, para hacerlo, por así decir, más sumiso y evitar que huyera, para de este modo utilizarlo en trabajos como la minería. Esta práctica recibió distintos nombres según el tipo de mutilación. Así, encontramos “desgarronar”, que se refería al corte que se realizaba en la zona del tendón de Aquiles; “desjarretar”, al corte que se hacía en la corva, aunque este término también se utilizaba como sinónimo de desgarronar; y por último, “desgobernar”, que hacía referencia a cortar el pie antes del nacimiento de los dedos. 

Una de las primeras noticias que tenemos sobre esta práctica es de 1525. Ese año el gobernador de Cuba, Manuel de Rojas, ordenó que a los indios alzados se les pudiera capturar y esclavizar, y en la villa de Bayamo pudieran ser herrados, desgobernados de un pie y repartidos entre los españoles que participaran en la expedición punitiva  contra ellos. 

Años después, en 1537, en las Ordenanzas de Nueva Cádiz, en Venezuela, encontramos una disposición según la cual al negro que se alzara o se fugara se le debería cortar el pie derecho. Unas ordenanzas parecidas fueron promulgadas en 1549 por el gobernador del Perú, Pedro de la Gasca. En ellas se habla del “destroncado de un pie”, término menos frecuente que los anteriores y que hace referencia a la amputación del pie o de parte de el. 

Años más tarde, en 1573, una Real Cédula permitía que a los negros cimarrones de Panamá que no se entregaran se les desgarronara el pie izquierdo y se les cortara la oreja derecha. Un año más tarde otra Real Cédula decía que al negro que se le capturara después de haber estado fugado menos de seis meses se le desgarronara el pie izquierdo y se le cortara la oreja derecha para que así se le reconociera. 

Ese mismo año, el virrey del Perú, Francisco de Toledo, escribió respecto a los indios rebelados en Chile diciendo que los prisioneros fueran trasladados a la provincia de Coquimbo, desgobernados y que se les destinara a la extracción de oro. 

Poco después, hacia 1576, el contador de la Real Hacienda Francisco de Gálvez propuso en una relación que se podría entrar al Arauco, a Tucapel, a Mareguano y a la isla Mocha para capturar 1.000 o 1.500 indios, desgarronarlos, llevarlos a Coquimbo y que allí algunos fueran entregados a soldados y otros se dedicasen a la extracción de oro para Su Majestad. 

En 1578 el gobernador de Chile, Rodrigo de Quiroga, dice en una carta que conmutó la sentencia de muerte a varios cautivos y en su lugar ordenó que fueran llevados a La Serena, donde se les cortaría un pie a cada uno y serían destinados a las minas de oro. Semanas después se escribió desde La Serena comunicando que varios de los araucanos desterrados allí habían intentado huir, por lo que a cincuenta se les cortó un pie. Terminaba esta carta diciendo que aunque estos indios pudieran trabajar en las minas, no valían para hacerlo en la huerta. 

Por la misma época, también en Chile, encontramos unas ordenanzas similares a las de Nueva Cádiz y a las de la Gasca en las que aparecían distintas penas para los negros fugitivos, entre la que estaba el “desgarrón” de un pie si era la segunda fuga por un periodo de entre 3 y 20 días, y los dos pies si la fuga superaba los 20 días. 

Años más tarde, en 1586, Gerónimo de Bustamante, tesorero de la Real Hacienda en Córdoba de Tucumán, cuenta en una carta al rey los malos tratos que recibían los indios, entre ellos los encomenderos les desjarretaban y cortaban pies y manos. 

Por último, hay que señalar el texto de Alonso González de Nájera, aquel soldado español que dejó un escrito a principios del siglo XVII en el que proponía soluciones para revertir la situación generada por la guerra del Arauco. González de Nájera decía que aquel que quisiera comprar indios esclavos los desgarronara de un pie, aunque fueran mujeres o muchachos, para así evitar que huyeran, ya que esto impedía andar un largo camino y menos por el monte, pero que siguieran siendo aptos para el trabajo, aunque hay que señalar que para este autor desgarronar se refiere a cortar un nervio de la parte delantera del pie. 

Más adelante, González de Nájera cuenta como era el procedimiento para cortar el pie a los enemigos cautivos. Según él, con un pujavante o con un machete se golpeaba el pie poco antes del nacimiento de los dedos y la herida se cauterizaba con sebo hirviendo.

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jueves, 22 de febrero de 2024

Del descubrimiento de la provincia de Tolten, y la batalla de la gran laguna (Pedro Mariño de Lovera, Crónica del Reino de Chile)

 






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MUTILACIONES EN LA CONQUISTA DE AMÉRICA (I): GUERRA Y CASTIGO

Como mencionamos en otros videos, durante la conquista y colonización de América los españoles utilizaron con frecuencia la mutilación corporal contra los pueblos indígenas. Esta táctica de guerra, usada en la Antigüedad y en la Edad Media, fue llevada por los españoles al Nuevo Mundo y utilizada para aterrorizar, represaliar y castigar a sus enemigos. 

Una de las primeras noticias que tenemos sobre mutilaciones es de 1494. Cristóbal Colón, durante su segundo viaje, dio instrucciones al catalán Pedro de Margarit para que cortara las narices y las orejas a los indios de La Española que descubriera hurtando, algo que serviría como advertencia al resto de indios. 

Más tarde, durante la conquista de México, se acusó a Hernán Cortés de hacer la guerra a indios de paz en el momento en el que desembarcó en aquellas costas, a los que, entre otras cosas, hizo que se les cortaran las narices, brazos, pies, orejas y se les sacasen los ojos. Este tipo de actuaciones por parte de Cortés las corrobora Andrés de Tapia, compañero del extremeño y cronista, que dice que en una ocasión Cortés descubrió que varios de sus intérpretes eran espías, por lo que les hizo cortar las manos. 

Años después, en 1530, varios relatos cuentan como Nuño de Guzmán hizo cortar las manos y las narices a dos indios durante su campaña en el territorio de Jalisco. En la misma zona, en 1541, durante la guerra del Mixtón, el gobernador Cristóbal de Oñate, según cuenta fray Antonio Tello, ordenó que a varios indios se les cortaran las narices, orejas, manos y pies, para luego curarlos con aceite hirviendo. 

Ese mismo año, una relación sobre la guerra contra los chichimecas llevada a cabo en el territorio de lo que hoy es Zacatecas cuenta como a dos prisioneros se les cortaron las manos y a dos prisioneras los pechos, siendo luego enviados con un mensaje para su señor. 

También tenemos noticias de estos métodos en Sudamérica. En Perú encontramos testimonios de como Alonso de Alvarado, de camino a Cuzco para luchar contra la rebelión de Manco Inca en 1536, hizo quemar a los naturales, cortarles las manos, a las mujeres los pechos y a los niños la mano derecha. 

Poco después, en 1539, en el Nuevo Reino de Granada, la actual Colombia, los españoles, según el cronista Pedro Simón, atacaron un pueblo de indios agataes donde capturaron a cientos de ellos y a algunos les cortaron “las narices, a otros las orejas, pulgares o manos, enviándolos así por mensajeros...”. 

Un año más tarde y en el mismo reino, según el cronista Pedro de Aguado, como castigo por alzarse, a muchos indios muisca se les cortaron las manos, los pies, las narices y las orejas. Ese mismo año el conquistador Jorge Robledo, según el cronista Lucas Fernández de Piedrahita, mientras se dirigía a la provincia de Quimbaya capturó a varios indios e hizo que a algunos les cortaran las manos, a otros las orejas y las narices a otros, para luego enviarlos como correos a sus caciques y que estos vieran lo que había pasado. Años después, en 1544, fray Jerónimo de San Miguel cuenta como durante la conquista y pacificación de este territorio los españoles cortaron las manos, narices, lenguas y otros miembros a muchos indios. 

Más al sur, en Chile, cuenta el cronista Pedro Mariño de Lobera que en una ocasión, hacia 1551, los españoles capturaron a varios indios tras un combate y a unos les cortaron las manos, a otros los pies, a otros las narices y a otros las mejillas. Este mismo cronista cuenta como tras la victoria araucana en la batalla de Catirai en 1569, muchos españoles fueron ejecutados debido a las crueldades que solían cometer, como la de cortar los pechos a las mujeres o los pies, manos y narices a los hombres. 

Tiempo antes, fray Gil González de San Nicolás cuenta en una carta dirigida al Consejo de Indias en 1559 que durante una de las campañas de García Hurtado de Mendoza, gobernador de Chile, a algunos indios se les aperreó y a muchos se les ahorcó, se les “cortaron los brazos, pies, narices, dedos...”. 

Ese mismo año, Fernando de Santillán, oidor de la Audiencia de Lima, cuenta en una relación que en tiempos de Diego de Almagro, de Pedro de Valdivia y con posterioridad, a muchos indios de las provincias de Chile, entre otras crueldades, se les aperreó, se les quemó, se les cortaron pies, manos, narices y pechos. 

Sin embargo, estos actos no se cometieron solo en tiempo de guerra y contra los enemigos. Tenemos testimonios sobre como los conquistadores utilizaron las mutilaciones contra los indios que estaban a su servicio. Así, el sacerdote Martín González cuenta en 1575 que en Paraguay algunos españoles castraban a los indios que tenían en su casa para evitar que yacieran con las indias que tenían a su servicio. 

Años después, en 1588, un tal Gerónimo García de la Jara fue condenado por el gobernador de Tucumán por maltratar a los indios de su repartimiento. Según podemos leer, García de la Jara corrompió a varias muchachas, causando la muerte de dos de tierna edad, a dos indios mandó que se le cortaran las lenguas, hizo que sus yanaconas flechearan a otra, hizo cortar los pulgares a cinco más y desjarretar a otros dos. 

Por último, hay que indicar que los españoles también fueron víctimas de estas prácticas. Así podemos citar los testimonios que acusaban a Colón de hacer cortar las lenguas a dos mujeres que llegaron a América en su segundo viaje por decir que era de bajo linaje. Otros testimonios indican que Cortés hizo cortar un pie a Gonzalo de Umbría por haberse rebelado. Este castigo, como hemos visto, fue muy frecuente en la América española, pero como veremos en el siguiente video, además de para castigar, mutilar o lisiar el pie o la pierna también se usó como un método de sometimiento.

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