sábado, 28 de octubre de 2023

Frova, un espía ítalo-uruguayo en la Segunda Guerra Mundial

 


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BOVE, UN ESPÍA URUGUAYO EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Como vimos en otro video, las redes de espionaje de la Alemania Nazi se extendieron a lugares tan lejanos como el Cono Sur, sin embargo es poco conocida la existencia de espías uruguayos al servicio de los alemanes, como fue el caso, entre otros, de Juan Alberto Bove Trabal. 

Una de las primeras noticias que tenemos sobre la relación de Bove con grupos de ideología fascista es de finales de los años '30. En esa época ya estaba vinculado a la agrupación uruguaya Acción Nacional, un grupúsculo de corte totalitario. En ese mismo tiempo se sabe que Bove se carteó con miembros del partido fascista brasileño Acción Integralista Brasileña, el cual protagonizaría en 1938 un levantamiento contra el gobierno brasileño. 

Años después, en 1942, Bove viajó a Europa con el político nacionalista argentino Juan Carlos Goyeneche, el cual mantuvo reuniones con reconocidos jerarcas de la España franquista, de la Alemania nazi y de la Italia fascista. Sobre que hizo Bove en su estancia en Europa no tenemos noticias, salvo que publicó varios artículos en periódicos españoles de ideología fascista. En uno de estos artículos culpaba a judíos y masones de la Leyenda Negra que recaía sobre los pueblos hispánicos, y en otro alababa la instauración del nacionalsocialismo en Alemania. 

Más tarde, a principios de 1943, de regreso a Uruguay, Bove fue reclutado por un ciudadano brasileño para la red de espionaje nazi que operaba en ese país, la cual estaba dirigida por el suizo José Pfeffer, al que conoció poco después. Durante los siguientes meses Bove realizó varios viajes entre Montevideo y Buenos Aires llevando valiosas informaciones, como los movimientos norteamericanos en Montevideo, lo que le convirtió en una importante pieza del entramado nazi en Sudamérica y le granjeó la amistad de Hans Harmeyer, uno de los espías nazis más importantes de Argentina. 

En uno de estos viajes, el realizado el 4 de noviembre de 1943, Bove llevó correspondencia de Pfeffer a Harmeyer. Tras la entrega Bove se reunió con Arturo Brinkmann, un militar argentino de origen alemán vinculado a la Legión Cívica Argentina que, según la inteligencia británica, filtraba información del gobierno argentino a Johannes Siegfried Becker, líder del espionaje nazi en aquel país. 

En esta reunión Brinkmann solicitó a Bove informaciones sobre los exiliados argentinos residentes en Montevideo. Además, Bove confesaría después que durante la reunión se hallaban presentes un boliviano de ascendencia alemana y dos argentinos, Ireneo Ernesto Banchs y Guillermo Lasserre Mármol, vinculado este último al Partido Fascista Argentino. 

Luego, el 7 de noviembre, cuando regresaba a Montevideo, Bove fue detenido. Según la prensa y las informaciones del S. I. S., el Servicio Especial de Inteligencia de Estados Unidos, el espía uruguayo transportaba propaganda pro-alemana, pro-italiana y contra los países que luchaban contra el Eje. Pero no fue solo propaganda lo que encontró la policía. Bove también transportaba dos cartas, una en alemán, cuya traducción reflejaba la existencia de un sistema de envío de información desde Montevideo a Buenos Aires a través de correos. 

Según el S. I. S., el Ministro de Relaciones Exteriores argentino, el general Alberto Gilbert, ofreció al embajador uruguayo en Buenos Aires la cooperación argentina en la investigación, lo que se creyó que se hacía en realidad para que no se hicieran públicos los nombres de altos funcionarios o miembros del gobierno argentino que pudieran estar involucrados en la red de espionaje nazi. 

Sea como fuere, Bove permaneció detenido durante algún tiempo mientras que la policía uruguaya y agentes del S. I. S. investigaban el caso, sin embargo, fue puesto en libertad por falta de pruebas en aquel momento, aunque esto no impidió que perdiera su empleo como taquígrafo en el Senado uruguayo y que sus actividades continuaran siendo vigiladas de cerca. 

Pero esta no fue la última vez que se supo de Bove. En base a las investigaciones de la Comisión Investigadora de Actividades Antinacionales y de la policía de Montevideo, se pudo relacionar a la red de espionaje descubierta en Argentina en 1944 con Bove y así se pudo determinar que en Uruguay existía una red de espionaje al servicio de los nazis, dependiente de la red que operaba en Buenos Aires, que recibía ordenes directas del S. D., el servicio de inteligencia de las S. S. 

De este modo, el 5 de enero de 1945, Bove y dos de sus hermanos fueron detenidos en Raigón, en el Departamento de San José. Asimismo, fueron detenidos otros 13 individuos, incluidos varios de origen alemán e italiano, y dos brasileños miembros de Acción Integralista Brasileña, aunque la mayoría fueron puestos en libertad poco después, Bove y otros 5 fueron enviados a la Cárcel Central de Policía. Sin embargo, no todos los miembros de la red pudieron ser detenidos. Dos se encontraban en Argentina y un tercero, Pfeffer, que había huido a Argentina tras la primera detención de Bove, había muerto allí después de que fuera detenido en 1944. 

De los que quedaron detenidos junto a Bove dos llaman la atención, Luis Alfredo Sciutto y Teodoro Muhlbauer. Sciutto era empleado de la aduana y reportero. En 1936 estuvo en Berlín cubriendo los Juegos Olímpicos, luego, en 1937, durante la Guerra Civil Española, visitó el frente junto a elementos nacionales, fue capturado por los republicanos y sentenciado a muerte, aunque finalmente fue liberado. En ese tiempo Sciutto se convirtió en ferviente filofranquista. Más tarde, fue reclutado por Bove para la red de Pfeffer. Como reportero, viajaba frecuentemente a Buenos Aires sin levantar sospechas, y como empleado de la aduana, logró valiosa información para la organización. Luego, tras acabar la guerra y ser liberado, sabemos que trabajó para Clarín. 

En cuanto a Muhlbauer, había nacido en Alemania pero vivía en Uruguay desde hacía tiempo. También había vivido en los Estados Unidos, por lo que dominaba el inglés a la perfección, lo que le fue útil para confraternizar con los marineros estadounidenses que llegaban a Montevideo, llegando a subir como visitante a un barco de guerra de ese país. 

Estas detenciones debieron parecer lo suficientemente importantes como para que el embajador estadounidense en Uruguay, William Dawson, escribiera de inmediato al Secretario de Estado, Edward Stettinius. En su carta Dawson señalaba algo llamativo, y es que varios de los detenidos habían trabajado no solo con la propaganda nazi, sino también con los servicios de inteligencia argentinos. Esta y otras cosas se descubrieron durante los interrogatorios a los detenidos. En el de Bove, nombre en clave “Juan”, el uruguayo confesó, como hemos dicho, cuando fue reclutado, el nombre de sus contactos en Argentina, quien integraba la red y su papel en la misma. 

Un año después, en enero de 1946, ya acabada la Segunda Guerra Mundial, Edward Sparks, un miembro de la Legación estadounidense en Montevideo, escribió al nuevo Secretario de Estado estadounidense, James Byrnes, para comunicarle que los seis miembros de la red de espionaje nazi de Uruguay que seguían presos habían sido puestos en libertad provisional a lo largo de diciembre sin que el asunto fuera publicado en prensa. Además, Sparks señalaba que la liberación de Bove se habría debido a posibles presiones ejercidas sobre la Suprema Corte de Justicia de Uruguay por personas interesadas y apuntaba que Bove tenía importantes conexiones familiares, ya que en su familia había reconocidos militares. 

Semanas mas tarde, vemos en la prensa como Néstor Mermot, otro miembro de la red uruguaya de espionaje nazi fue entregado por Gran Bretaña cuando era conducido a aquel país junto a varios espías alemanes y marinos del Graf Spee. 

Poco después, del 22 de febrero, es la última noticia que tenemos sobre Bove. Ese día Byrnes escribió a Dawson para decirle que podía informar al presidente uruguayo Juan José de Amézaga que habían averiguado que el S. D. había estado detrás de la reunión entre Brinkmann y Bove, y que la información facilitada por este había sido transmitida por Brinkmann al ejército argentino y al S. D.

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sábado, 21 de octubre de 2023

1827, los berberiscos de Orán capturan un corsario de la Gran Colombia

 


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EL PLAN DE BOLÍVAR PARA INVADIR ESPAÑA

A mediados de la década de 1820 los españoles habían sido prácticamente expulsados de América y solo conservaban Cuba, Puerto Rico y algunos reductos en el continente. Aún así, el peligro de que los españoles atacaran a las nuevas repúblicas e intentaran reconquistar los territorios perdidos era patente, por lo que Simón Bolívar y otros Libertadores comenzaron a pensar incluso en invadir la mismísima España para así forzar al gobierno español a reconocer su independencia y de este modo garantizar la libertad de sus países. 

Desde que a finales de 1824 Bolívar convocara el Congreso de Panamá empezamos a encontrar referencias a un ataque a España. Así en febrero de 1825 Francisco de Paula Santander, vicepresidente de la Gran Colombia, menciona que en el Congreso debería tratarse, entre otras cosas, la alianza ofensiva y defensiva contra España, y la posibilidad de expedicionar sobre Cuba, Puerto Rico, las Canarias y las Filipinas para emanciparlas. 

En ese mismo mes, y durante los siguientes, podemos leer en varias gacetas que uno de los puntos a tratar en el Congreso sería el de las “medidas para llevar de común acuerdo la guerra á los mares, y costas de España” y si estas medidas deberían hacerse extensivas a las islas Canarias y Filipinas. Aunque, hay que señalar, que los corsarios americanos ya operaban en aguas españolas desde hacía años. 

Meses después, el 21 de enero de 1826, Santander escribió a Bolívar para comunicarle su plan contra España, que consistía en que las armadas combinadas de la Gran Colombia y México atacaran a la escuadra española anclada en La Habana y a continuación “bloquear a Cuba, Puerto Rico o Canarias, o cruzar sobre los mares de Europa y reducir al Gobierno español a una situación muy triste y embarazosa”. Más tarde, en abril, Bolívar respondió a Santander dándole el visto bueno a su proyecto. 

Ese mismo mes el prócer Pedro Briceño escribió a Bolívar para hablarle sobre su proyecto de crear una escuadra federal con la que defenderse de los españoles y dar la libertad a Cuba, Puerto Rico y Canarias, y “hostilizando luego las costas de la misma Península”, conseguir de España el reconocimiento a la independencia de las repúblicas americanas. 

Tiempo después, en junio, en unas conversaciones preliminares, ya durante el Congreso de Panamá, el representante colombiano Pedro Gual dijo a los representantes peruanos que se debería tener una Escuadra Confederada para que España quedara incomunicada de Cuba, Puerto Rico y las Canarias, y que así estos territorios pudieran independizarse sin necesidad de recibir auxilios. 

Luego, en julio y cuando el Congreso estaba a punto de acabar, Antonio José de Sucre, envió instrucciones a los diputados de Bolivia presentes en el mismo. En ellas podemos leer que uno de los objetivos primordiales de las fuerzas de mar y tierra de los aliados americanos debería ser “expedicionar contra las islas de Cuba y Puerto Rico” y “expedicionar contra España, si tomadas estas islas no hiciere la paz con los confederados”. 

Semanas más tarde, en agosto, Bolívar envió instrucciones semejantes a los representantes colombianos en el Congreso, en las que se dice que tras expedicionar contra La Habana y Puerto Rico, se marcharía contra España con mayores fuerzas si no quisieran los españoles hacer la paz. 

Poco después, en septiembre, Javier de Medina, representante de la Gran Colombia en Nueva York, escribió a Santander para informarle de la gran actividad corsaria colombiana contra España. Como prueba de ello, en las gacetas españolas de la época podemos leer como entre julio y agosto varios navíos fueron capturados o hundidos por corsarios colombianos en las costas del norte de España. Para finalizar su carta, Medina decía que si México se uniera a ellos expidiendo patentes de corso, los españoles no podrían soportar el bloqueo y se verían obligados a otorgar el tan ansiado reconocimiento. 

De meses más tarde provienen las informaciones que nos proporciona en sus Memorias el futuro presidente de Venezuela José Antonio Páez. Según Páez, Bolívar le comunicó en 1827 que sus planes eran que después de tomar Cuba, con los negros libertos de allí se formaría “un ejército sin perdida de tiempo, para transportarlos á España y auxiliar al partido liberal, en muestra de la grandeza de Colombia y para pedir reconocimiento oficial por quien quiera que las ideas del siglo coloquen en el trono de Fernando”. Es decir, el plan de Bolívar según Páez era invadir España, derrocar al rey Fernando VII y obtener del nuevo gobernante el reconocimiento a la independencia americana. 

Respecto a la idea de auxiliar a los liberales españoles, Bolívar mencionó en una carta de abril de ese año su idea de convencer al general liberal español Mina para acometer “el glorioso proyecto de libertar a España”. 

Finalmente, como diría Páez, los problemas internos de las nuevas repúblicas imposibilitaron realizar cualquier expedición contra Cuba o Puerto Rico, y mucho menos contra España.

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jueves, 12 de octubre de 2023

Biografía de Simón de Casseres en la Encyclopaedia Judaica, vol. 4, p. 331

 


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EL PLAN JUDÍO PARA INVADIR CHILE (1655)

Como es bien sabido, a lo largo de la historia de la América española varios países enemigos de España planearon, intentaron, y en muchos casos consiguieron, conquistar una parte de las Indias. Sin embargo aún hay muchos de estos planes que son poco conocidos, como es el caso del plan del judío Simón de Casseres para invadir y conquistar Chile. 

Casseres, o Cáceres, fue un notable comerciante judío de origen portugués o español, y por tanto sefardí, probablemente nacido en Ámsterdam, muy interesado en el comercio con América y con importantes conexiones en el norte de Europa que hacia septiembre de 1655 presentó un plan para invadir Chile a Oliver Cromwell, Lord Protector de la Mancomunidad de Inglaterra, Escocia e Irlanda tras la decapitación del rey Carlos I. Este plan ha llegado hasta nosotros gracias a la publicación en el siglo XVIII de los papeles de John Thurloe, secretario, primero del Consejo de Estado y luego de Cromwell y de su hijo Richard. 

Comenzaba Casseres su propuesta planteando que se deberían preparar cuatro buques de guerra, concretamente fragatas, y cuatro barcos de abastecimiento cargados de provisiones y municiones, los cuales deberían transportar alrededor de 1.000 soldados. 

Casseres se ofrecía a ir a Holanda y, mediante engaños, enrolar en la expedición a aquellos que en 1643 habían ido con Hendrick Brouwer a Chile. Además de a estos, Casseres pretendía llevar en la expedición a jóvenes de su nación, es decir, judíos, y ser él el jefe o al menos detentar un alto cargo en la misma, en las condiciones que Cromwell estimara oportunas. Por último, en referencia a la composición de la expedición, Casseres propuso que los oficiales fueran ingleses y que los judíos que fueran en ella deberían hacerlo como ingleses y al servicio del Lord Protector. 

La expedición, según Casseres, debería internarse en los mares del Sur, es decir, el océano Pacífico, a través de la ruta del cabo de Hornos previo paso por el estrecho de Le Maire o por el sur de la isla de los Estados, donde el mar es más amplio. 

Una vez llegada al océano Pacífico, la expedición debería dirigirse a las costas de Chile, concretamente a la ciudad de Valdivia, de donde los españoles habían sido expulsados por los araucanos hacía más de cincuenta años, sin embargo Casseres parece ignorar que en el momento de presentar su plan, los españoles habían comenzado a repoblar aquella zona. 

Además de esto, Casseres señalaba que isla Mocha podría ser una buena base de operaciones ya que estaba solo a unas leguas al norte de Valdivia y en ella se podrían obtener provisiones, como se sabe que ya habían hecho en el pasado otras expediciones, como la del holandés Yoris Fan Spilbergen en 1615. Añadía Casseres que en isla Mocha encontrarían un buen fondeadero donde refugiarse, que allí se podría construir un fuerte y que entre aquellos indios estarían seguros, pues eran enemigos mortales de los españoles. 

Tras esto, Casseres pasaba a explicar los beneficios de aquella expedición. Según él, Chile, en especial la región de Valdivia, tenía más oro que Perú o que cualquier otro lugar del mundo, y que este se hallaba sin explotar. Aquí Casseres demuestra tener noticias de la existencia de oro en la zona de Valdivia, donde fue explotado por los españoles durante la segunda mitad del siglo XVI. Luego decía Casseres que el clima del país era bueno y que el territorio era rico en frutas, maíz, pescado, aves y ganado. 

A continuación, indicaba Casseres que sería fácil aliarse con los indios de aquella zona, los más guerreros de todos, pues eran enemigos irreconciliables de los españoles, los cuales les habían infligido mucho daño en el pasado. 

Seguidamente, en un pasaje algo confuso, Casseres parece decir que las fragatas de la expedición también podrían utilizarse para golpear o recorrer la costas del Pacífico americano y capturar las naves españolas que transportaban el tesoro de Chile a Arica y de ahí a Panamá. 

A continuación, Casseres señalaba que las fragatas también servirían para apoderarse de los buques cargados de riquezas de las Indias Orientales que cada año llegaban desde las islas Filipinas a Acapulco, en Nueva España, y que estos ataques, unidos a los que los ingleses efectuaban en el Caribe, desesperarían a los españoles, los cuales quedarían destrozados. 

Por último, terminaba Casseres su exposición diciendo que Chile sería el territorio español más provechoso y más fácil de conquistar, y ponía como ejemplo la expedición holandesa de 1643, la cual había conseguido llegar al territorio de Valdivia y asentarse efímeramente en el antes de regresar a Europa. 

Finalmente, Cromwell no llevaría a cabo el plan de Casseres, pero hay autores modernos que piensan que la expedición del inglés John Narborough a Chile en 1670 se basaría en parte en el plan de Casseres.

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viernes, 6 de octubre de 2023

Protesta alemana por el bombardeo boliviano de varias poblaciones paraguayas (1934)

 



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1934, BOLIVIA AMENAZA CON BOMBARDEAR LA CAPITAL DE PARAGUAY

Durante la terrible Guerra del Chaco que enfrentó a Paraguay y Bolivia entre 1932 y 1935 es poco conocido que los bolivianos a punto estuvieron de bombardear la capital paraguaya varias veces, lo que quizás hubiera cambiado el curso del conflicto. 

Ya en septiembre de 1932, recién comenzada la guerra, podemos leer en la prensa como, ante las supuestas ejecuciones de prisioneros bolivianos por parte de los paraguayos durante la batalla del Boquerón, manifestantes pedían en La Paz que la aviación boliviana bombardeara Asunción. La amenaza fue tomada en serio en Paraguay, por lo que incluso podemos ver en la prensa de aquel país consejos en caso de bombardeo. 

Tiempo después, en enero de 1933 encontramos dos noticias al respecto. Según la primera, aviones bolivianos lanzaron sobre posiciones paraguayas octavillas en las que se amenazaba con bombardear Asunción. En la segunda noticia leemos como la ciudad paraguaya de Concepción fue ametrallada por la aviación boliviana, llegándose a hablar en algunos casos incluso de bombardeo, algo que fue desmentido por los bolivianos, los cuales afirmaron que solo se había tratado de un reconocimiento aéreo al tratarse aquel lugar de un punto de concentración de tropas y donde se hallaban grandes depósitos de material de guerra. 

Meses más tarde, en mayo, volvemos a encontrar noticias sobre las intenciones bolivianas de bombardear Asunción, aunque fue en agosto cuando la aviación boliviana estuvo más cerca de atacar la capital paraguaya. Según señalan varios autores, el Comandante en Jefe de las fuerzas bolivianas, el alemán Hans Kundt, tenía previsto que el 6 de agosto varios aviones bombardearan el puerto y el arsenal de Asunción, aunque en el último momento el presidente de Bolivia, Daniel Salamanca, abortó la misión por las graves consecuencias que podría acarrear aquel ataque. 

Sin embargo, fue en 1934 cuando el asunto revistió mayor gravedad. El 2 de mayo de ese año la aviación boliviana bombardeó dos pequeños enclaves del Alto Paraguay, Puerto Guaraní y Puerto Mihanovich, causando importantes daños materiales y varios muertos y heridos, entre ellos un ciudadano alemán. Según los bolivianos aquellos objetivos eran dos puestos militares, aunque según los paraguayos se trataban de plantas de uso civil dedicadas a la extracción de tanino. 

Al día siguiente la legación de Alemania en Asunción protestó por el bombardeo de Puerto Guaraní, donde un ciudadano alemán había resultado herido. Además, el representante  alemán en Paraguay se mostró preocupado por los daños que sus conciudadanos pudieran sufrir en nuevos ataques y señaló que ya había puesto en conocimiento de su gobierno lo sucedido. 

El día 5 el gobierno paraguayo de Eusebio Ayala dio instrucciones a su representante en la Liga de las Naciones para que protestara por los bombardeos porque “es de notoriedad que esos establecimientos no poseen guarnición militar ni sirven para fin alguno militar...”, además, se señalaba que el gobierno paraguayo “se cree desobligado de respetar en relación a Bolivia reglas de Derecho violadas por ella abierta y deliberadamente”. 

Al mismo tiempo como podemos leer en la prensa de la época, el embajador paraguayo en Estados Unidos, Enrique Bordenave, anunció, como ya había hecho el ministro de Defensa de su país, que Paraguay tomaría “represalias contra prisioneros bolivianos mientras Bolivia continúe realizando ataques aéreos contra los civiles” y que Paraguay se declaraba, “en lo referente a Bolivia, libre de obligaciones con respecto a las reglas de la Ley Internacional, la cual Bolivia ha violado abierta y deliberadamente”. 

En respuesta a esto, el ministro de Defensa boliviano anunció el día 6 que “en vista de la declaraciones del ministro de Defensa del Paraguay, anunciando que se tomarían represalias contra los prisioneros bolivianos, como resultado de nuestros bombardeos aéreos hacia los puestos militares enemigos, el Ministerio de Defensa Nacional declara que, caso que el Paraguay ejecute tales actos de represalia, las fuerzas aéreas de Bolivia bombardearán la ciudad de Asunción”. 

A continuación aparecieron en prensa informaciones que decían que Paraguay ya había empezado a castigar a prisioneros bolivianos. Se decía que estas represalias afectaban al “régimen de alimentación y comunicaciones de los prisioneros”. Además, se publicó que se habían comenzado a sortear a los oficiales y soldados bolivianos que iban a ser fusilados. IMAGENES 29-30 Esto, aunque fue desmentido por los paraguayos, provocó que el ministro de Defensa boliviano dijera que esperaba “informes confirmatorios de que Paraguay ha tomado represalias contra los prisioneros bolivianos para bombardear la capital de la nación enemiga inmediatamente”. Asimismo, la Cancillería boliviana envió una nota en similares términos a la Liga de las Naciones. 

Poco después, el día 12, los paraguayos volvieron a afirmar que Puerto Guaraní y Puerto Mihanovich no tenían “carácter militar ni defensas que justificaran ataque alguno”. Además, las autoridades paraguayas señalaban que varios países habían solicitado a Bolivia que dejara de bombardear centros civiles, y añadían los paraguayos “que si Bolivia se niega a atender estas indicaciones, el Paraguay se verá obligado a tomar represalias proporcionadas a las trasgresiones de las reglas de la guerra”. 

Luego, el día 17, en la asamblea de la Liga de las Naciones se hizo un llamamiento a los representantes de Bolivia y Paraguay a fin de impedir actos que violaran los principios fundamentales del Pacto de la Liga. Sin embargo, el representante paraguayo comunicó que debido a la actitud boliviana, su país se veía obligado a no respetar dicho Pacto. 

Días después, el 29, el ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, Justo Pastor Benítez, puntualizó que su país aún no había violado ninguna regla del derecho internacional, algo que reiteró un día más tarde en una carta a su homólogo argentino, Carlos Saavedra Lamas, en la cual indicaba que su país solo se apartaría de la Ley Internacional en caso extremo. 

Finalmente no se produjo el tan anunciado bombardeo de Asunción, pero la guerra aún duraría un año más, culminando el conflicto con la victoria paraguaya.


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viernes, 29 de septiembre de 2023

Mariana de Austria ordena que se expulse a los ingleses que supuestamente se han asentado en el Estrecho de Magallanes (1675)


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LA PATAGONIA INGLESA

Durante el periodo colonial la Patagonia, territorio nominalmente español, no pudo ser ocupada de forma efectiva por España pese a varios intentos y proyectos. Esto fue aprovechado por ingleses, franceses y holandeses, que a lo largo de los años utilizaron las costas de este territorio como escala en sus expediciones contra Chile y Perú. Allí los enemigos de España hallaron puntos donde aprovisionarse sin temer a ser atacados por los españoles. Sin embargo, este no fue el único atractivo que los europeos encontraron en la fría Patagonia. También tomaron posesión de varias islas y enclaves de la costa patagónica, proyectando establecer colonias en esos puntos para así controlar el estratégico paso al Mar del Sur, es decir, el Pacífico. 

En el caso de los ingleses, la primera noticia que tenemos sobre su interés en la Patagonia  es de 1570. En ese año Guerau de Espés, embajador de Felipe II en Inglaterra, informó al rey que los ingleses pretendían “ocupar y poblar uno ó dos puertos en el Reino de Magallanes para tener el comercio del mar del Sur”. 

Tiempo después, en 1574, el noble Richard Grenville propuso a la corona hacerse con los territorios más meridionales de América, y aunque el plan no se materializó, llegó a oídos de los españoles, por lo que en 1579 varios prisioneros ingleses fueron interrogados al respecto por la Santa Inquisición en Lima. Según declararon aquellos prisioneros la intención era encontrar un territorio cerca del estrecho para poblarlo. 

La siguiente noticia que tenemos sobre el interés inglés en la Patagonia es del año 1578, cuando el famoso corsario Francis Drake atravesó el Estrecho de Magallanes. La escuadra de Drake, tras pasar por África, Brasil y el Río de la Plata, llegó a las costas de la Patagonia, donde visitaron varios puntos, permaneciendo algún tiempo en aquellos lugares. 

A continuación, en agosto, mientras los ingleses atravesaban el Estrecho de Magallanes llegaron a un grupo de tres pequeñas islas situadas en lo que hoy es la Región chilena de Magallanes. Según un relato publicado por el sobrino de Drake medio siglo después, el día 24 el corsario desembarcó en la más grande de estas islas y tomó posesión de ella en nombre de la reina de Inglaterra y la bautizó con su nombre, Elizabeth. En otro relato, este de un compañero de Drake, se menciona una ceremonia de toma de posesión de aquellos estrechos y territorios en nombre de la reina. 

Poco después, sabedor el virrey del Perú del paso de Drake por el Estrecho de Magallanes, envió en 1579 una expedición capitaneada por Pedro Sarmiento de Gamboa para explorar aquel territorio y averiguar si los ingleses habían establecido alguna población allí. Sarmiento, aunque no encontró ninguna población, escuchó historias de los nativos sobre el paso de unos barbudos contra los que habían guerreado y supo que dos ingleses vivían entre ellos. 

En esa misma época el escritor Richard Hakluyt planteó enviar al pirata Thomas Clarke para hacerse con el Estrecho de Magallanes, el cual sería poblado con cimarrones transportados por Drake desde Panamá. 

Tras estos primeros planes y tomas de posesión, los ingleses siguieron merodeando por la región, sin embargo, hubo que esperar hasta 1670 para encontrar otra toma de posesión de un territorio patagónico por su parte. El 25 de marzo de ese año el marino John Narborough llegó a Puerto Deseado, en la moderna provincia argentina de Santa Cruz, y tomó posesión de él. El relato que nos ha llegado sobre lo sucedido dice así: “...este día tomo posesión de este puerto y río de Puerto Deseado, y de toda la tierra de este país, en ambas orillas, para uso de Su Majestad el Rey Carlos Segundo, de Gran Bretaña y sus herederos”. 

Sin embargo, otros testimonios de compañeros de Narborough divergen sobre esto. Un miembro de la expedición tomado prisionero en Valdivia diría que no solo se tomó posesión de Puerto Deseado, sino de todo el territorio al sur de este punto. En cambio, Richard Williams, otro miembro de la expedición, diría que se tomó posesión de todos los territorios desde el Río de la Plata hasta el Estrecho de Magallanes. Sea como fuere, luego Narborough continuó su viaje hacia el sur, llegando a Puerto San Julián en abril. Allí permaneció los meses de invierno y el 26 de agosto tomó posesión de aquel lugar para el soberano “Carlos Segundo y sus herederos”. 

A continuación, Narborough siguió su navegación hacia el sur y entró en el Estrecho de Magallanes, donde, según el proyecto de la expedición, debería tomar posesión de la isla de Isabela, la Elizabeth de Drake, aunque no nos consta que lo hiciera. Tras esto, abandonó el estrecho y navegó hacia el norte en paralelo a la costa chilena. 

El día 30 de noviembre, de camino hacia Valdivia, Narborough llegó a una isla situada no muy lejos de la isla Guamblin, y, al no encontrarla en ningún mapa, la bautizó con su nombre y tomó posesión de ella para el rey y sus herederos. Luego Narborough se dirigió a Valdivia pero al no poder actuar contra aquella posición, emprendió el regreso a Inglaterra. 

Más adelante, y durante los siguientes años, llegaron a las autoridades españolas numerosas informaciones sobre nuevas expediciones inglesas y sobre supuestas colonias establecidas en la isla de Chiloé y en el Estrecho de Magallanes. Así, entre 1674 y 1676, Jerónimo Díaz de Mendoza, Bartolomé Diez Gallardo, Antonio de Vea y Pascual de Iriarte fueron enviados para explorar aquellas regiones, pero no encontraron rastro de asentamientos ingleses. 

Con posterioridad a esto, los marinos ingleses continuaron visitando las islas y costas patagónicas durante los siguientes decenios, lo que llevó a la aparición a mediados del siglo XVIII de nuevos rumores e informaciones sobre posibles asentamientos allí, lo que provocó a su vez el envió de nuevas expediciones españolas para comprobarlo. 

Tras esto, y en fechas tan tardías como mediados del siglo XIX, aún tenemos pruebas de que la ambición inglesa sobre aquellos territorios seguía viva. Así, en 1849 y 1850 se presentaron dos proyectos para la colonización inglesa de la Patagonia. En el primero, el que mejor conocemos, un tal Peter Simmonds proponía poblar Golfo Nuevo, en la moderna Provincia del Chubut, aunque las autoridades de su país no le prestaron demasiada atención ya que el territorio era reclamado por los argentinos.

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jueves, 21 de septiembre de 2023

Carta de Sebastián Vizcaíno al Virrey de Nueva España sobre el ataque holandés a Salagua (1615)

 


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EL ATAQUE HOLANDÉS A AMÉRICA DE 1615 (III): MÉXICO

Como vimos en otros videos, en agosto de 1614 una flota holandesa puso rumbo a Brasil. Allí tuvieron varios enfrentamientos con los indios y los portugueses del lugar. Luego siguieron hasta el Estrecho de Magallanes, el cual atravesaron, llegando al Pacífico en mayo de 1615. A continuación incursionaron en varios lugares de Chile, incluido Valparaíso, para luego dirigirse a Perú. En aguas del virreinato, entre julio y agosto, vencieron a una flota española en la batalla naval de Cañete, atacaron El Callao e incendiaron Paita, tras lo cual pusieron rumbo hacia el norte, llegando a aguas de Nueva España, el actual México, el día 20 de septiembre. 

Durante los siguientes días el viento azotó a la flota holandesa, lo que les imposibilitó acercarse a tierra. El día 3 de octubre ya estaban a la altura de Acapulco. A continuación intentaron desembarcar en sus proximidades, pero el fuerte oleaje se lo impidió. Hubo que esperar hasta la tarde del día 11 para que los holandeses anclaran frente a Acapulco. Al verlos parte de los defensores huyeron al monte, lo que no impidió que la pequeña guarnición restante, capitaneada por Gregorio de Porras, abriera fuego con sus cañones desde la fortaleza. 

Sin embargo, los holandeses no respondieron violentamente y enviaron una barca con una bandera blanca en señal de paz. Los españoles se aproximaron a ella y prometieron proveerles de víveres. Los holandeses, que estaban dispuestos a tomar los víveres a la fuerza, se sorprendieron por esto. Una explicación a este ofrecimiento es que los españoles  esperaban así evitar la destrucción del pueblo y ganar tiempo mientras llegaban socorros desde México, ya que no habían tenido tiempo para fortificar Acapulco suficientemente pese a estar precavidos desde hacía semanas. 

Al día siguiente los holandeses acordaron con los españoles entregar a sus prisioneros tomados en Perú a cambio de ganado y alimentos. Durante aquella jornada, al tiempo que algunos holandeses desembarcaron para proveerse de agua y leña, varios españoles visitaron amigablemente los navíos holandeses. En el transcurso de los siguientes días continuaron aquellas relaciones amistosas, hasta que el día 18 la flota holandesa zarpó y siguió su travesía. 

Tras conocer la visita de los holandeses a Acapulco, el virrey de Nueva España, Diego Fernández de Córdoba, alertó a todos los puertos del Pacífico novohispano, haciendo lo propio con Filipinas, a donde se sospechaba que irían los holandeses. 

Después de dejar Acapulco, los holandeses avistaron un navío español el día 25. Al día siguiente encontraron al barco anclado muy cerca de la playa de Zacatula, por lo que el almirante holandés decidió enviar varios botes para capturarlo. Al tiempo que se aproximaban, parte de la tripulación huyó a tierra, mientras que el resto abrió fuego, lo que no impidió que el navío fuera capturado junto a varios tripulantes y pasajeros. Al comprobar que la nave estaba bien armada, los holandeses decidieron dotarla de una tripulación y sumarla a su flota con el nombre de La Perla. 

Más tarde, tras una lenta navegación, anclaron frente a Salagua el 10 de noviembre. Lo primero que hicieron fue enviar exploradores a tierra, los cuales encontraron huellas soldados, por lo que regresaron a sus naves. A continuación enviaron a tierra a un prisionero con una carta expresando que su único propósito era conseguir víveres, pero nadie apareció para recibirla. 

Al día siguiente los holandeses enviaron una tropa a tierra, pero con banderas blancas en sus barcas, sin embargo los españoles, capitaneados por famoso explorador Sebastián Vizcaíno, salieron del bosque y les atacaron. Tras un primer momento de confusión, los holandeses contraatacaron e hicieron huir a los españoles después de causarles muchos muertos. Después de esto, temiendo que los españoles regresaran, los holandeses volvieron a sus naves. 

Sin embargo, esto difiere de la versión dada por Vizcaíno al virrey en una carta. Según él, fueron los holandeses los que huyeron, pero cuando estos recibieron refuerzos desde sus naves y los españoles se quedaron sin municiones, ordenó retirarse, para, a continuación, reorganizar sus fuerzas por si tuvieran que enfrentarse a ellos al día siguiente o seguirlos hasta el Puerto de la Navidad. 

A continuación, Vizcaíno informó de que en la batalla habían caído muchos enemigos y que habían sido capturados varios pechilingas, nombre que se daba a los corsarios holandeses en aquella época. Por último, Vizcaíno acababa su carta diciendo que junto a ella enviaba las orejas de algunos holandeses. 

Sea como fuere, tras la batalla la flota holandesa se retiró a la cercana bahía de Santiago y luego, el día 15, levaron anclas y se dirigieron al Puerto de la Navidad, a solo unas millas de Salagua, donde esperaban conseguir víveres. El 17 una importante tropa de holandeses desembarcó y encontró el lugar vacío, lo que aprovecharon para proveerse de agua. Luego el almirante holandés mandó a un enviado a los indios del lugar para conseguir de ellos aves y frutas, lo cual consiguió. 

Tras proveerse de todo y sabiendo que los españoles de Salagua les estaban buscando, los holandeses zarparon el día 20, llegando el 24 al cabo Corrientes. De allí decidieron ir al cabo San Lucas, en la Baja California, donde esperaban encontrar algún barco español llegado de las Filipinas, aunque luego cambiaron de opinión y determinaron abandonar por fin las aguas americanas y cruzar el Pacífico hasta las islas de los Ladrones. Desde allí viajarían a las Filipinas y al resto de las Indias Orientales, para regresar a Holanda a través del Cabo de Buena Esperanza, pero esa es otra historia.

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viernes, 8 de septiembre de 2023

Relación de la jornada que se hizo en esta Mar del Sur contra la armada enemiga del Conde Mauricio (1615)

 









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EL ATAQUE HOLANDÉS A AMÉRICA DE 1615 (II): PERÚ

Como vimos en otro video, en 1614 una flotilla holandesa navegó a Brasil, donde tuvo varios enfrentamientos con los portugueses y con los indígenas del lugar. Luego cruzó el Estrecho de Magallanes, del cual salió a principios de mayo de 1615. Después de una escala en isla Mocha, los holandeses incursionaron en isla de Santa María, en la bahía de Concepción, en Valparaíso y en Papudo. Luego se dirigieron a Arica, aunque al no encontrar los transportes que debían llevar la plata de Potosí a Panamá, decidieron seguir su travesía. 

Tras dejar Arica a principios de julio los holandeses se adentraron en aguas del actual Perú. El día 10 los encontramos vigilando a un navío español que habían avistado y el cual creyeron que les espiaba. El día 12 los holandeses ya estaban a la altura de San Vicente de Cañete, cerca de donde fondearon. El 14 una pequeña tropa intentó desembarcar, siendo de inmediato atacados por la infantería y la caballería española. Tras este pequeño combate, los holandeses intentaron seguir su navegación, pero la ausencia de viento se lo impidió. 

El día 16 vieron un mercante y lo asaltaron con sus botes. Tras tomar prisioneros a sus tripulantes y robar el cargamento, hundieron la nave. Aquella misma noche avistaron a la escuadra que les había estado buscando desde hacía meses, la cual tenía por general a Rodrigo de Mendoza, sobrino del virrey del Perú, y por almirante a Pedro Álvarez del Pulgar. La escuadra española, que había partido de El Callao hacía poco, había sido reforzada con nuevos buques y ahora para buscar nuevamente a los holandeses contaba con siete poderosas naves, u ocho, según algunos relatos. 

El día 17 las cinco naves holandesas y las siete u ocho españolas se fueron aproximando. En la noche, según el relato holandés, su almirante envió a Mendoza un mensaje advirtiéndole del peligro de que atacara en medio de la oscuridad. A pesar de ello, Mendoza abrió primero fuego de fusilería y luego con sus cañones, a lo que los holandeses respondieron. 

Al principio el combate se produjo entre estas dos naves, pero luego, siempre que el viento lo permitía, se fueron sumando los demás barcos, produciéndose en ocasiones descargas de artillería a muy poca distancia. En una de estas acciones, el navío holandés Jager hundió al español San Francisco, aunque luego el Jager, al ser acosado por otros buques españoles, debió ser socorrido por varias lanchas holandesas. 

Durante la noche dos de los barcos holandeses, el Aeolus y el Morgenster, se separaron del resto y esto fue aprovechado por Mendoza, que al amanecer del día 18 los atacó, aunque ambos buques resistieron la acometida española. Luego, las naves almiranta y capitana holandesas dieron alcance a sus homólogas españolas, produciéndose a continuación un fuerte combate entre ellas, siendo los españoles los que se llevaron la peor parte al ser acribillados por el fuego holandés, aunque según relataría luego el virrey, a punto estuvieron los españoles de capturar a la almiranta holandesa. Tras esta y otras refriegas que se prolongaron durante todo el día, incluido algún abordaje, la armada virreinal se retiró. 

Sin embargo, los holandeses no cejaron en su empeño y les persiguieron, consiguiendo alcanzar a la almiranta española, la Santa Ana, la cual se rindió debido a los graves daños que tenía. Aunque los holandeses intentaron salvar el maltrecho buque, aquella noche se hundió. A la mañana siguiente algunos de los náufragos españoles fueron rescatados, aunque un buen número fueron asesinados. Mientras, el resto de la flota española, destrozada y con muchas bajas, consiguió refugiarse en los puertos peruanos. Según algunas estimaciones los españoles habrían perdido cerca de 500 hombres, incluidos varios miembros de las más importantes familias limeñas. 

Tras la batalla, los holandeses navegaron hacia la isla de San Lorenzo y luego, el día 21, se colocaron frente a El Callao. En un primer momento parece que amagaron con desembarcar. Luego la artillería española les disparó, estando a punto de ser hundido el Jager. En la costa, bien atrincherados, les esperaban 2.000 infantes y 500 jinetes españoles, 1.200 negros y mulatos, y varios cientos de indios, todos ellos capitaneados por el mismísimo virrey Juan de Mendoza, el cual había ordenado fortificar también Lima mientras él dirigía la defensa de El Callao en persona. 

Los holandeses respondieron a los cañones españoles y dispararon hacia El Callao, pero ante la buena defensa del lugar decidieron alejarse algunas millas, aunque permanecieron en sus inmediaciones varios días con la esperanza de capturar alguna nave española, consiguiendo solo apresar un pequeño barco de poco valor. Finalmente, el día 26 desistieron y comenzaron a navegar hacia el norte. 

Aquella misma tarde varias lanchas holandesas capturaron un navío español cuyos tripulantes huyeron a tierra. Este navío fue dotado de una tripulación y formó parte desde ese momento de su flota. A continuación se dictaron ordenes en caso de encontrarse con la Flota de Panamá, siendo estas las de atacar con la artillería pero guardando las distancias y no abordar las naves salvó que el almirante así lo ordenara. 

El día 28 llegaron a Huarmey, cuya población había huido. Allí desembarcaron tropas holandesas, las cuales estuvieron saqueando lo que pudieron y consiguiendo víveres. En Huarmey, ante la pasividad de la caballería española, permanecieron algunos días cerca de las ruinas de su castillo preincaico. Finalmente, el 3 de agosto, tras la liberación de algunos prisioneros, o tras su fuga según otros relatos, los holandeses zarparon. 

Luego pasaron por Santa, Trujillo, Chérrepe y el puerto de Zaña, pero al no encontrar nada en esos lugares, siguieron su travesía. El día 6 pasaron cerca de la isla de Lobos de Tierra, donde persiguieron sin éxito un barco, y el 8 anclaron cerca de Paita. 

Al día siguiente 300 holandeses desembarcaron, pero tras encontrarse a los españoles bien atrincherados y tras producirse algunas escaramuzas, decidieron reembarcar para evitar perder muchos hombres. Luego tres de las naves holandesas se acercaron a Paita y bloquearon el puerto. El día 10 una numerosa tropa de mosqueteros volvió a desembarcar al tiempo que los buques bombardeaban el pueblo. Cuando cesó el bombardeo las tropas entraron en Paita, la cual encontraron vacía. A continuación la incendiaron y regresaron a sus naves. 

Los siguientes días la flota holandesa permaneció en las cercanías de Paita esperando la llegada de barcos desde Panamá. Por fin, el día 21 de agosto, tras liberar a la mayor parte de sus prisioneros, los holandeses zarparon hacia el norte. El 23 fondearon frente al río Tumbes. De allí pusieron rumbo a la isla del Coco, camino de la cual avistaron un barco, aunque no consiguieron atraparlo. 

De su paso por el golfo de Guayaquil tenemos varias noticias. La primera es que teniendo noticias en Quito de la inminente llegada de los holandeses a aguas de la Real Audiencia se reunieron tropas y se enviaron a Guayaquil ante la posibilidad de que fuera atacado este puerto. La segunda noticia nos la proporciona Antonio de Morga, nuevo presidente de la Real Audiencia de Quito, el cual, en una carta al rey, cuenta como en su travesía se cruzó con la flota holandesa y temió ser capturado. 

La tercera noticia nos llega de El Callao. Sabedor el virrey que su sustituto a la cabeza del virreinato, el príncipe de Esquilache, había zarpado en agosto de Panamá con destino a Perú y temeroso de que fuera capturado por los holandeses, envió una flotilla capitaneada de nuevo por su sobrino para evitarlo. Finalmente, Esquilache llegó sano y salvo, mientras, Mendoza patrulló aquellas aguas en busca de los holandeses. 

Estos, tras pasar cerca de la península de Santa Elena, en el moderno Ecuador, sufrieron terribles tormentas, las cuales evitaron que encontraran isla del Coco y dañaron el barco capturado un mes atrás, el cual tuvieron que abandonar. Por esa misma época se sabe que en Panamá se prepararon ante la posibilidad de un ataque, sin embargo la flota holandesa continuó su travesía y la encontramos a mediados de septiembre a la altura de Nicaragua, llegando a aguas de Nueva España, el actual México, el día 20, aunque esta parte de la expedición, la veremos en otro video.

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domingo, 3 de septiembre de 2023

Declaraciones de Juan Domínguez y Juanes de Ibarrueta, sobre el arribo de cinco barcos extranjeros a la isla de Santa María (Concepción, 30 de Mayo de 1615)




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EL ATAQUE HOLANDÉS A AMÉRICA DE 1615 (I): CHILE

En 1614, en mitad de la Tregua de los Doce años que en 1609 habían acordado las Provincias Unidas de los Países Bajos y la Monarquía Hispánica, los holandeses organizaron una escuadra capitaneada por Joris van Spilbergen, con la audaz misión de incursionar en la América española en su camino hacia las Molucas. 

El 8 de agosto de ese año partió de las costas de Holanda una flotilla de seis naves fuertemente artilladas y que transportaban varias lanchas y más de 700 hombres, entre marineros e infantería, en su mayoría holandeses, pero con la presencia de algunos alemanes y franceses de La Rochelle. Según el diario de la expedición, tras una escala en el sur de Inglaterra, a mediados de septiembre los holandeses zarparon rumbo sur, llegando a finales de octubre a las islas de Cabo Verde. 

De allí se dirigieron a las costas de Brasil, a donde llegaron a mediados de diciembre. A continuación fondearon en isla Grande, cerca de Río de Janeiro para tomar provisiones. Mientras hacían esto fueron atacados por los portugueses, una de las tripulaciones intentó amotinarse, capturaron una nave española y volvieron a ser atacados, esta vez por indios. 

Ya en enero de 1615, zarparon y llegaron a San Vicente, donde primero comerciaron con los portugueses y luego fueron atacados por estos y por los indios de la zona. Como represalia, los holandeses incendiaron la iglesia del lugar. Luego capturaron un barco, lo saquearon y lo quemaron. Finalmente zarparon a principios de febrero. Días después llegaron al Río de la Plata y el 1 de marzo estaban en el golfo de San Jorge. 

El día 8 los holandeses llegaron a la entrada del Estrecho de Magallanes. Allí sufrieron tormentas, un intento de motín y la deserción de una de las naves. Luego, tras casi dos meses de navegación en los que vieron indios de gran altura y caníbales, atravesaron el estrecho, llegando el 6 de mayo al Mar del Sur, es decir, al océano Pacífico. 

Continuaron la navegación hacia el norte y el día 26 desembarcaron en isla Mocha, donde sus habitantes, enemigos de los españoles, les aprovisionaron de víveres y ganado, incluido un guanaco, a cambio de hachas, chuchillos y otros objetos, como señala, entre otros, el cronista Diego de Rosales. 

Desde Mocha navegaron hacia la isla de Santa María, donde desembarcaron poco después. De inmediato el corregidor de la isla, al tiempo que fingía tener relaciones cordiales con ellos, envió varios hombres a Concepción a dar la voz de alarma. En Santa María, o en Mocha según otras versiones, supieron los holandeses que galeones españoles esperaban su llegada desde hacía meses y los estaban buscando, ya que incluso desde antes de su partida de Holanda había noticias sobre la expedición en España y en las Indias. 

El día 30 apareció una tropa de españoles y los holandeses reembarcaron. Pero al día siguiente una tropa de 300 de ellos desembarcó en la isla. Al verlos los españoles incendiaron la iglesia del lugar, un almacén de trigo y se retiraron. A continuación, mientras los holandeses tomaban provisiones, se produjeron varias escaramuzas. Luego, antes de reembarcarse, los holandeses quemaron las casas del pueblo. 

Tras esto los holandeses decidieron ir en busca de los galeones que les buscaban a ellos y para eso se dieron instrucciones exhaustivas de que hacer en caso de un combate naval. Después de anclar dos días frente a Arauco, el 3 de junio llegaron a la bahía de Concepción. Según los testimonios españoles, en Concepción se comenzó a preparar la defensa con trincheras y se reunieron 900 españoles y 300 indios aliados de los alrededores. 

Finalmente, aunque los holandeses permanecieron allí varios días, no desembarcaron y se dirigieron al norte, a Valparaíso. Según Diego de Rosales los holandeses se habrían retirado ante la presencia del gobernador Alonso de Ribera, famoso por sus campañas en Flandes y Francia, sin embargo, el miedo quizás no fue tal si tenemos en cuenta que es posible que los holandeses incendiaran las casas de isla Quiriquina. 

El día 11 realizaron un desembarco de reconocimiento cerca de Valparaíso. Luego fueron a Concón en busca de los galeones españoles. Allí fueron avistados y para evitar que capturaran un mercante, los mismos españoles le prendieron fuego. A pesar de ello, los holandeses intentaron capturar el navío y salvarlo, pero fueron disparados desde tierra y el barco fue irrecuperable. 

A continuación, los holandeses desembarcaron en Valparaíso, donde la infantería y la caballería española, que habían prendido fuego a las casas, les esperaban en formación de batalla. Aunque los holandeses avanzaban para intentar trabar combate y sus barcos disparaban, los españoles, capitaneados por Juan Pérez de Urasundi, se retiraban y evitaban la confrontación, por lo que finalmente los holandeses decidieron reembarcar y dirigirse al puerto de Papudo, aunque creyeron que era el de Quintero. 

A Papudo llegaron el día 13, donde desembarcaron para aprovisionarse de agua. Según el relato holandés apareció la caballería española, pero esta no quiso combatir con ellos. A continuación, los holandeses, antes de zarpar el día 17, liberaron a varios prisioneros traídos desde Brasil y Santa María. Según la documentación española, en aquel puerto los holandeses sufrieron la deserción de tres soldados. 

Más tarde, el 2 de julio, los holandeses llegaron a Arica, puerto con buenas defensas pero con una guarnición mal armada. Según las noticias de la época, ante la inminente llegada de los holandeses, se ordenó que los cargamentos de plata se detuvieran a varias leguas de la ciudad, para evitar así ser capturados por los enemigos. Además, se sabe que el “presidente de los Charcas”, Diego de Portugal, envió numerosas fuerzas. 

Podemos leer en la documentación ariqueña que el día que fueron avistados los navíos holandeses todos los hombres y muchas mujeres se prepararon para el combate. Sea por la defensa de Arica o porque no encontraron a los barcos que transportan la plata de Potosí hasta Panamá, los holandeses decidieron continuar su navegación. De este modo acabó la travesía holandesa por aguas del actual Chile. A continuación, como veremos en otro video, continuaron sus correrías por costas peruanas.

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jueves, 24 de agosto de 2023

Convenio de Girón entre la Gran Colombia y Perú (1829)

 






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1829, LA GRAN COLOMBIA ATACA A PERÚ

Es poco conocido que en 1829, como consecuencia de la guerra entre Perú y la Gran Colombia, las autoridades de este último país enviaron un buque a aguas peruanas para atacar a sus enemigos en una audaz expedición que duró varias semanas. 

En julio de 1828, aunque hacía pocas semanas que Perú había declarado la guerra a la Gran Colombia, Simón Bolívar ordenó que se suspendieran las expediciones de patentes de corso hasta que la ordenanza que regulaba esta práctica se volviera más estricta. 

Sin embargo, meses más tarde, después de que los peruanos bloquearan Guayaquil con su armada y de que ocuparan algunos territorios meridionales de la Gran Colombia, lo que hoy es el sur de Ecuador, sabemos que el Libertador trató de restablecer el corso. 

Así, en una carta fechada el 8 de febrero de 1829 el ministro Estanislao Vergara, tras saber que Bolívar quería reinstaurar el corso, le advirtió de varios inconvenientes, entre ellos los conflictos que podrían surgir si se capturaban buques de países neutrales. Poco después, el día 15, el ministro Rafael Urdaneta escribió a Bolívar para decirle que la goleta Istmeña, conocida por los peruanos como Tipuani, había sido armada en Panamá y estaba lista para navegar por el Pacífico. 

Sabedores los peruanos de las intenciones colombianas, actuaron. De este modo, el francés Hipólito Bouchard, comandante general de la escuadra peruana, ordenó el 4 de marzo a José Boterín que incursionara en el puerto de Panamá con los bergantines Arequipeña y Congreso para que capturara o incendiara a la Istmeña. 

Mientras que los peruanos navegaban hacia el norte, la Istmeña, capitaneada por el inglés Juan Unsworth, abandonó Panamá el 23 de marzo. Poco después capturó frente al puerto colombiano de Tumaco al bergantín inglés John Cato y lo envió a Panamá. En Tumaco el capitán de la Istmeña fue informado de la victoria colombiana sobre los peruanos en la batalla de Tarqui del 27 de febrero. Días más tarde, el 7 de abril, cuando los peruanos llegaron a Panamá no encontraron a la Istmeña, pero si al John Cato, el cual capturaron. 

Mientras tanto, la Istmeña llegó al Golfo de Guayaquil. Allí, según explicó Unsworth, decidió seguir su expedición al saber que la guerra continuaba. Sin embargo esto no es del todo cierto, ya que tras la batalla de Tarqui se firmó el Convenio de Girón, que en la práctica significó el final del conflicto. 

A continuación la Istmeña navegó hacia el sur. El día 23 los colombianos avistaron una balsa peruana llamada Mercedes, que se dirigía de Guayaquil a Sechura. Según la declaración posterior del capitán de la Mercedes, ese día avistó dos barcos y al día siguiente uno de ellos, cerca del Rincón de Plateros, les disparó dos cañonazos, luego les abordaron y saquearon su cargamento. 

Por último, finalizaba el capitán de la Mercedes su declaración diciendo que a estos dos buques colombianos al día siguiente se unió un tercero a la altura de Máncora, aunque sobre la identidad de los dos barcos que estaban junto a la Istmeña no tenemos información. 

Al día siguiente, el 25, la Istmeña intentó capturar frente a Paita al mercante peruano General La Mar. Según el capitán de esta nave los colombianos dispararon varios cañonazos y les persiguieron sin éxito. Esto se lo contó el capitán del General La Mar días después a Boterín, el cual, tras abandonar Panamá, seguía buscando a la Istmeña. 

Por los mismos días y en la misma zona la Istmeña capturó a la goleta Joaquina. Sobre este barco tenemos noticias de que aún en 1853 había pendiente una reclamación por su captura. En esas fechas, tras conocer Bouchard que la Istmeña operaba en la costa norte de Perú, envió en su búsqueda a la corbeta Pichincha y a la goleta Guayaquileña. 

Días más tarde, el 4 de mayo, cerca de Lambayeque la Istmeña capturó un barquito y lo envió a Panamá. Según la declaración de los testigos, los colombianos, casi sin agua, tenían intención de ir al sur, a Pacasmayo, y surtirse allí. Ante la posibilidad de un desembarco en este punto, Luis José de Orbegoso, futuro presidente de Perú, armó a civiles para enfrentarse a los corsarios. 

A continuación, la Istmeña capturó en el puerto de Lambayeque al buque de guerra peruano Rímac, el cual fue rebautizado como Tarqui y entregado al segundo comandante de la Istmeña, Juan Miguel Labarriere, para que lo llevara a Panamá. 

Poco más tarde, tenemos noticias de que salieron de Paita las naves peruanas Adela y Peruviana en busca de la Istmeña. Días después, el 17, Unsworth escribió que habían tenido que hacer aguada en Cabo Blanco, al norte de Perú, y que a continuación se dirigiría a Panamá, a embarcar más marineros, ya que andaba escaso de ellos. De este modo acababa la expedición de la Istmeña en aguas de Perú, durante la cual consiguió varias presas al tiempo que burlaba a sus perseguidores.

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jueves, 17 de agosto de 2023

Carta de Francisco Solano López sobre la autorización de las Cámaras de EE. UU. al presidente Buchanan para usar la fuerza contra Paraguay.

 



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1858, CHILE AYUDA A PARAGUAY CONTRA ESTADOS UNIDOS

Como vimos en otro video, en la década de 1850 las relaciones entre Estados Unidos y Paraguay se agriaron, primero por un incidente con el cónsul Edward Hopkins en 1854 y luego con el navío “Water Witch” un año después. De inmediato sobrevoló la posibilidad de atacar Paraguay y los Estados Unidos presentaron reclamaciones por esos incidentes, sin embargo, todo se enfrió durante los siguientes meses. 

Pero a finales de 1857 el presidente James Buchanan revivió el asunto. Durante el mensaje anual al Congreso Buchanan dijo que Paraguay se había negado a ratificar el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, que Paraguay se había apropiado de bienes de ciudadanos norteamericanos y que los paraguayos habían atacado al “Water Witch” y matado a uno de sus tripulantes. Y concluía el presidente diciendo que las reclamaciones se harían con espíritu firme pero conciliador, lo cual será más probable que suceda si el Ejecutivo tiene autoridad para utilizar otros medios en caso de una denegación. 

Semanas más tarde, en marzo, Francisco Solano López, Brigadier y General en Jefe del Ejército Nacional e hijo del presidente de Paraguay, manifestaba en su correspondencia que era conocedor de las palabras poco amistosas de Buchanan sobre Paraguay. En abril López sospechaba que un vapor estadounidense mandado por el antiguo comandante del “Water Witch” podría llegar a Paraguay para provocar algún incidente. 

Luego, entre abril y mayo en Estados Unidos se discutió sobre las medidas a tomar contra Paraguay y a principios de junio Buchanan obtuvo permiso de las cámaras estadounidenses para usar la fuerza contra Paraguay. 

Casualmente, poco después, Francisco Solano López escribía que el “desenvolvimiento cualquiera de fuerzas en el Río de la Plata por parte de Estados Unidos, arrastrará consecuencias fatales...”. 

Ya en septiembre, por varias cartas sabemos que López era conocedor de que “el Senado y la Cámara de Representantes habían autorizado al Presidente a hacer uso de la fuerza para el arreglo de la cuestión paraguaya”. Y añadía: “los yankees siempre fieles al viejo sistema cuidando de hacer sentir la fuerza del cañón antes que la de la razón y la justicia”. En otra carta López incluso mencionaba la llegada de una flota de guerra. 

Estas informaciones de López solo quedaron confirmadas días después, cuando el Gobierno chileno aportó más datos, que sin duda ayudaron a los paraguayos a prepararse para enfrentarse a los estadounidenses. Así llegamos al 29 de septiembre, cuando Jerónimo Urmeneta, Ministro de Relaciones Exteriores chileno, escribió a su homólogo paraguayo, Nicolás Vázquez, para comunicarle unas informaciones confidenciales llegadas desde los Estados Unidos. 

Según Urmeneta el Gobierno de Chile había recibido comunicaciones confidenciales fechadas el 19 de agosto según las cuales “se estaba preparando en los puertos de la Unión una expedición naval para obrar contra el Paraguay”. 

Proseguía Urmeneta diciendo que “la fuerza de la expedición debe componerse de seis u ocho buques de poco calado, para poder remontar los ríos, pero armados de muchos y pesados cañones, y tripulados con un gran número de marineros y de tropa de desembarque para obrar en tierra”. Sin embargo, en este punto las informaciones chilenas eran inexactas, pues la escuadra que los Estados Unidos estaban preparando para atacar Paraguay era mucho mayor. La escuadra estadounidense, comandada por el Comodoro William Shubrick, estaba en realidad compuesta por 19 naves, 200 cañones y 2.500 hombres. 

En su carta Urmeneta seguía diciendo que “aunque se espera que esto no pase de una simple amenaza para obtener las reparaciones que ese Gobierno exige […], sin embargo en ello habrá un principio de guerra declarada de hecho contra una República Hermana, lo cual es un motivo de sincero pesar para mi Gobierno”. 

A continuación, Urmeneta comunicaba que se esperaba que la expedición zarpara en seis semanas, aunque en realidad lo hizo el 17 de octubre, ocho semanas después de la fecha de la comunicación confidencial. Asimismo, adjuntaba una traducción del documento que daba permiso a Buchanan para emplear la fuerza contra Paraguay. 

Por último, termina Urmeneta diciendo que su “Gobierno ve con sentimiento las próximas calamidades con que la guerra amenaza a esa República; y para prevenirlas en cuanto esté de su parte, me ha ordenado dirigir a Vuestra Excelencia este aviso, de una manera confidencial,...”. 

Semanas más tarde, en octubre, Francisco Solano López, no sabemos si conocedor ya de las informaciones chilenas, escribía que “las noticias aquí adquiridas de los Estados Unidos, no son pacíficas; se dá como hecho la partida de una escuadrilla de vapores de guerra americanos al mando del Teniente Page para nuestras aguas”. 

A principios de diciembre, el Semanario de Avisos publicaba noticias de la prensa de Nueva York sobre la flota enviada a Paraguay. Poco después, Nicolás Vázquez hizo acuse de recibo de la carta de Urmeneta y le agradeció la información proporcionada. Días más tarde, el día 18, la escuadra estadounidense llegó al Río de la Plata. 

Poco antes los paraguayos, ya conocedores de las informaciones chilenas y de la prensa estadounidense, empezaron a dar señales de comenzar a prepararse contra el ataque estadounidense. El día 16 el presidente Carlos Antonio López y su hijo, a bordo del vapor “Tacuarí”, visitaron el Campamento General de Humaitá. 

El 5 de enero de 1859, cuando parte de la escuadra estadounidense ya se dirigía a Paraguay, el Comandante Pantaleón Balmaceda informaba sobre como estaba acelerando los trabajos de la fortificación de Humaitá para, como dijo, “una vigorosa defensa de la República”. 

Luego, a partir del día 6, podemos ver varias ordenes del presidente López para reunir a artilleros licenciados o retirados y enviarlos a Humaitá. Asimismo hay ordenes para reclutar grupos de hombres, de entre 15 y 40 años, y enviarlos también a Humaitá. Incluso, en una comunicación del día 18 podemos leer que si no se podría “llegar a una conciliación honrosa, el Gobierno de la República se verá forzado á emplear el tremendo recurso de las armas”. 

Sin embargo, todos estos preparativos no hicieron falta, pues paraguayos y estadounidenses llegaron a un arreglo gracias a la mediación de Justo José de Urquiza, presidente de la Confederación Argentina.

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