viernes, 29 de marzo de 2024

1966, manifestaciones violentas antinorteamericanas en la República Dominicana

 


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LA INTERVENCIÓN MILITAR PARAGUAYA EN REPÚBLICA DOMINICANA (1965-1966)

Como hemos visto en otros videos, la historia de Paraguay está plagada de conflictos y guerras con sus vecinos y con remotas potencias, sin embargo, es menos conocido el envío de tropas paraguayas a la lejana República Dominicana durante su guerra civil. 

Todo comenzó en abril de 1965. El día 24 de ese mes los seguidores del depuesto presidente dominicano Juan Bosch, los llamados “constitucionalistas” se alzaron. Al día siguiente las fuerzas conservadoras, los “leales”, reaccionaron y así comenzó una guerra civil. Poco después los estadounidenses, con la excusa de proteger a sus ciudadanos, desembarcaron en la isla dando inicio a la Operación Power Pack. Semanas más tarde, en mayo, tras no llegarse a un arreglo y temiéndose que la República Dominicana se convirtiera en una segunda Cuba, la O.E.A. votó a favor de enviar a tropas a Santo Domingo con el objetivo de restablecer la paz. De este modo se creó la Fuerza Interamericana de Paz, la I.A.P.F. por sus siglas en inglés, un cuerpo formado en gran parte por tropas estadounidenses que además contaba con más de un millar de brasileños, 250 hondureños, 160 nicaragüenses, algunos policías costarricenses, unos pocos oficiales salvadoreños y casi dos centenares de paraguayos. 

El 10 de junio ya podemos leer en la prensa que el contingente paraguayo estaría formado por una compañía de infantería de 184 hombres, la cual estaría comandada por el coronel Roberto Cubas. Según podemos ver en los escritos del estadounidense Bruce Palmer, segundo comandante de la I.A.P.F., Cubas también se encargó de la inteligencia dentro del Estado Mayor conjunto que se creó, cometido que en un principio había correspondido a los costarricenses. 

Estas fuerzas finalmente partieron de Asunción el día 21 del mismo mes a bordo de aviones C-130 estadounidenses, siendo las últimas fuerzas de la I.A.P.F. en llegar a la República Dominicana. Una vez en la isla, el contingente paraguayo quedó adscrito a la Brigada Latinoamericana y, dentro de esta, al Batallón Fraternidad, compuesto por las fuerzas  latinoamericanas, a excepción de las brasileñas, que formaban su propio batallón. 

Días después, el 5 de julio se acordó que los paraguayos enviarían a Santo Domingo más tropas, en concreto un pelotón de comunicaciones de 29 hombres, con lo que a final de mes en la I.A.P.F. había 213 paraguayos. 

Lo siguiente que sabemos es que la noche del 25 de julio fuerzas paraguayas se vieron involucradas en un confuso incidente cuando, según los “constitucionalistas”, abrieron fuego contra un automóvil. 

Semanas después, el 19 de agosto, se publicó que tropas paraguayas y nicaragüenses del Batallón Fraternidad se vieron involucradas en un intenso tiroteo, pero carecemos de más información sobre lo sucedido. 

Más tarde, en febrero de 1966 tuvo lugar el incidente más grave del que tengamos noticias en el que tropas paraguayas estuvieron involucradas. La prensa publicó el día 15 de ese mes que, en mitad de una oleada de ataques de la insurgencia, una granada de fabricación casera lanzada por los terroristas en la madrugada del día anterior había herido a seis soldados paraguayos de las fuerzas pacificadoras interamericanas en el centro de Santo Domingo, aunque las heridas causadas por la metralla no revistieron gravedad. 

A parte de estos ataques, sabemos por el mencionado Palmer que la estancia de los paraguayos en República Dominicana fue amena. Según él “los paraguayos, jóvenes sencillos provenientes del campo de una nación sin salida al mar, quedaron encantados con el mar cuando llegaron y se quedaron despiertos toda la noche contemplando las aguas del Caribe; nunca se cansaron de esta sencilla diversión. Como todos los demás, también amaban la música y les gustaba bailar, [...] podían escuchar durante horas canciones de amor agridulces acompañadas del famoso arpa paraguaya”. 

A pesar de la idílica situación que describe Palmer, según ha señalado algún historiador en los últimos años, la coordinación en el seno de la I.A.P.F. en el que se hablaban tres idiomas distintos generó confusión sobre todo al principio. Igualmente se han puesto de manifiesto las rivalidades existentes entre las naciones participantes en la misión, especialmente entre paraguayos y brasileños, debido a los conflictos pasados y a la disputa por los Saltos del Guairá que se desarrollaba en aquellos momentos. 

Finalmente, en julio, tras estabilizarse la situación en el país, los paraguayos abandonaron la República Dominicana, haciéndolo las últimas fuerzas de la I.A.P.F. el 21 de septiembre, acabando así esta poco conocida intervención paraguaya en el conflicto dominicano. 

Por último, hay que señalar una información proporcionada por Palmer. Según cuenta el militar estadounidense, cuando Cubas regresó a Paraguay el presidente Stroessner sintió celos de la popularidad del coronel, el cual fue acosado y amenazado, por lo que tuvo que trasladarse a Estados Unidos, donde recibió su ayuda.

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sábado, 23 de marzo de 2024

Intercambio de prisioneros alemanes y de países aliados en España en 1944.


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1941, HAITÍ DECLARA LA GUERRA A JAPÓN, ALEMANIA, ITALIA, HUNGRÍA, BULGARIA Y RUMANÍA

Como hemos visto en otros videos, los países americanos no permanecieron ajenos a la Segunda Guerra Mundial. Este fue el caso poco conocido de Haití que, en solidaridad con los Estados Unidos, en solo unos pocos días de finales de 1941 declaró la guerra al Imperio del Japón, al Tercer Reich, a la Italia fascista, a Hungría, a Bulgaria y a Rumanía. 

Todo comenzó con el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de ese año. Tras este, Estados Unidos declaró la guerra al Imperio del Japón. Siguiendo su ejemplo, otros países americanos hicieron lo mismo. Este fue el caso de Haití. El 8 de diciembre, el mismo día que Estados Unidos declaró la guerra a los japoneses, el presidente de Haití, Elie Lescot, dirigió un mensaje al Comité Permanente de la Asamblea Nacional haitiana en el que mostraba su solidaridad con los Estados Unidos y declaraba que la política internacional de su gobierno sería un fiel reflejo de la estadounidense. Luego transmitió el telegrama que envió al presidente Roosevelt tras el ataque, en el cual ofrecía la ayuda haitiana contra Japón y ponía a disposición de los Estados Unidos el territorio de Haití si por necesidades militares fuera necesario. 

Por último, Lescot solicitó autorización al Comité Permanente de la Asamblea Nacional haitiana para declarar la guerra al Imperio del Japón. Tras obtenerlo, Lescot decretó que la República de Haití se encontraba en estado de guerra con el Imperio japonés. A continuación, en otro decreto Lescot puso a Haití en estado de sitio y colocó todas las actividades del país bajo el control de la autoridad militar, de la cual él era el máximo responsable como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas. 

Ese mismo día Lescot dirigió una proclama a la nación en la que declaraba la solidaridad haitiana con los Estados Unidos y anunciaba la declaración de guerra a Japón. Asimismo, comunicaba que había sido informado de planes de sabotaje contra varias infraestructuras del país y amenazaba a los responsables con ser llevados a una Corte Marcial. 

Días después, el 12 de diciembre, al igual que habían hecho los Estados Unidos, Lescot, en sendos decretos, declaró la guerra al Reich alemán y a Italia, los otros dos miembros del Eje Roma-Berlín-Tokio. Luego, en una nueva proclama, Lescot declaraba: “Hace apenas tres días, indignados por la cobarde agresión perpetrada contra las posesiones norteamericanas en el Pacífico, declaramos la guerra al Imperio japonés. ¡Hoy declaramos la guerra a la Alemania totalitaria y a Italia!”. A esto añadía Lescot, que hablaba “en nombre de una raza […], la raza negra odiada, despreciada por el nazismo...”. 

A continuación, el presidente haitiano dijo que esas declaraciones de guerra no eran simbólicas y que Haití no se doblegaría “bajo la bota del nazismo o del fascismo blanco o amarillo”. Por último, Lescot advertía a los ciudadanos del Eje que residieran en Haití con las graves consecuencias de cualquier actividad que ayudara al enemigo. 

Días más tarde, el 17, por un decreto el gobierno de Haití consideró enemigos a todos los gobiernos del Eje, a sus ciudadanos y a sus empresas, y “aliados de los enemigos” a todos los aliados de países con los que estuvieran en guerra. Asimismo, se embargaron todos los bienes de ciudadanos del Eje residentes en territorio haitiano. 

Una semana después, el día 24, otro decreto de Lescot declaró el estado de guerra entre Haití y Hungría, Rumanía y Bulgaria, países aliados de los alemanes y que habían declarado la guerra a los Estados Unidos días atrás. Curiosamente, Estados Unidos no declaró oficialmente la guerra a estos tres países hasta junio de 1942, siendo Haití uno de los primeros países del continente en hacerlo. Semanas más tarde y como medida previa a una posible movilización general, se decretó un registro de todos los hombres de entre 18 y 40 años de edad. 

Como en otros países, en Haití fueron internados varios ciudadanos del Eje. Así sabemos por la Cruz Roja que en mayo había internados en Fort National, a las afueras de Puerto Príncipe, 19 alemanes, 16 italianos y 2 austríacos que disfrutaban de unas buenas condiciones. Igualmente, sabemos que en poder alemán había al menos 5 haitianos, los cuales formaron parte de un intercambio de prisioneros llevado a cabo en España en 1944. 

Por otra parte, aunque Haití se encontraba lejos de los principales teatros de operaciones de la guerra, la ofensiva submarina desplegada por la Alemania nazi en el Caribe llegó a aguas haitianas, donde varios mercantes de diferentes países fueron hundidos en 1942 y 1943. Asimismo dos submarinos alemanes fueron hundidos en aquellas aguas en el mismo periodo. 

Por último, hay que señalar otros dos hechos destacados protagonizados por Haití durante la guerra. En primer lugar, en octubre de 1942 el país caribeño rompió relaciones diplomáticas con la Francia de Vichy, Estado títere de la Alemania hitleriana. Y en segundo lugar, pese a sus pocos recursos, Haití colaboró con el esfuerzo de guerra mediante la producción de caucho, una materia prima de gran importancia.

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sábado, 16 de marzo de 2024

Noticia sobre el ataque del buque corsario La Argentina a las islas Filipinas (Diario mercantil de Cádiz, 26-3-1819)

 



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CORSARIOS ARGENTINOS CONTRA PIRATAS MALAYOS (1817)

Como vimos en otros videos, entre 1817 y 1819 la fragata corsaria La Argentina de las Provincias Unidas del Río de la Plata realizó un audaz crucero alrededor del mundo en el que atacó a buques y a enclaves españoles en Lejano Oriente, en Norte y Centroamérica. Sin embargo, aún hay episodios de esta expedición asombrosos y que merecen nuestra atención, como el combate contra piratas malayos en aguas de lo que hoy es Indonesia. 

En julio de 1817 La Argentina, comandada por el francés Hipólito Bouchard, zarpó de la ensenada de Barragán, al sureste de Buenos Aires, y puso rumbo hacia el cabo de Buena Esperanza. Tras cruzar el Atlántico Sur y doblar aquel cabo, La Argentina se internó en el océano Índico y se dirigió a la isla de Madagascar, donde se vio involucrada en un incidente con unos buques esclavistas. A continuación, los corsarios se dirigieron al golfo de Bengala en busca de buques españoles, pero al ser informados de que allí no los encontrarían, pusieron rumbo a la isla de Java. 

En noviembre, azotada la expedición por el escorbuto, Bouchard decidió anclar en la isla de Peucang, al oeste de Java, para desembarcar a los enfermos, pero tras perder a más de cuarenta hombres por la enfermedad, La Argentina continuó su travesía y el 7 de diciembre se encontraba en el estrecho de Macassar, que separa las islas de Borneo y Célebes. 

Aquella mañana, en mitad de un mar en total calma, fueron avistadas cinco embarcaciones a la lejanía. Se trataba de barcos de vela y remos utilizados por los piratas malayos y conocidos como “proas” o “praos”. La Argentina, incapaz de huir por la ausencia de viento, solo pudo esperar a que los piratas malayos se acercaran a ellos a fuerza de remo. 

Uno de los buques, el más grande, dejó atrás al resto y pronto se acercó al navío de Bouchard, colocándose a su costado e izando una bandera negra o negra y con una espada roja según el relato de Tomás Espora, uno de los miembros de la tripulación. Los artilleros de La Argentina no pudieron hacer uso de sus numerosos cañones, según parece por falta de previsión y por la debilidad devenida del escorbuto y de una posterior disentería, aunque la tripulación sí se preparó para el abordaje y se armó con fusiles, pistolas, picas y sables. 

Por su parte, el cirujano Bernardo Copacabana dice en su relato que la imprevisión se debió a que Bouchard supuso erróneamente que aquella “proa” se trataba de un buque mercante. Este, luego se acercó a un costado de La Argentina hacia el medio día y por sorpresa sus tripulantes comenzaron a meterse dentro del buque por varias partes, incluidas las portas de los cañones. 

Según otros relatos, fueron los tripulantes de La Argentina los que llevaron la iniciativa y encabezados por el capitán inglés Nataniel Somers, varios marineros armados con pistolas y machetes saltaron al barco pirata, mientras que la infantería de La Argentina hacía fuego. Durante el combate cuerpo a cuerpo, según cuentan los relatos que se conservan, fueron heridos varios hombres, entre ellos Somers y el teniente Louis Greyssac, aunque no hubieron victimas mortales. 

Luego, según el diario de Bouchard “a la hora y media de fuego y del golpe de las armas […] el capitán (de los piratas), viendo frustrados sus designios, se dió dos puñaladas y se arrojó al agua. Lo mismo hicieron otros cinco, y el resto de la tripulación se defendió muy poco tiempo después, desmayada sin duda por la desesperación de su jefe y de los que le siguieron, no menos que por la multitud de muertos y heridos que tenían sobre la cubierta, y cuyos gritos debían consternarlos”. Mientras, viendo lo sucedido, las otras “proas” huyeron. 

Tras esto, los hombres de Bouchard capturaron al barco pirata, donde encontraron cerca de cuarenta hombres vivos y otros tantos muertos. Los prisioneros intentaron rebelarse, aunque finalmente fueron reducidos. Seguidamente, Bouchard y su oficialidad se reunieron en consejo de guerra y decidieron ejecutar a aquellos piratas, pena que se solía aplicar en aquella época, y más teniendo en cuenta que hacía poco esos piratas habían asesinado a la tripulación de un buque portugués según su propia confesión recogida en el testimonio del teniente Michael Burgess. 

Antes de aplicar esta pena, se extrajeron del buque pirata los víveres, las armas y a los veinticuatro prisioneros más jóvenes, cuatro o cinco según Copacabana o siete niños según Burgess, luego los palos fueron derribados y por último, los cañones de La Argentina abrieron fuego, hundiendo al navío enemigo con sus prisioneros aún a bordo, los cuales, según algún testimonio, gritaban ¡Alá! ¡Alá! mientras se hundían, aunque según Copacabana consiguieron llegar a nado a la costa. 

Tras esto, La Argentina se dirigió a la isla de Joló y de allí a las Filipinas, donde estuvieron atacando buques españoles durante los primeros meses de 1818, pero esa es otra historia.

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viernes, 8 de marzo de 2024

RELATO DE MARTÍN DE MURÚA SOBRE LA DESTRUCCIÓN DE ARICA POR UN TSUNAMI EN 1604

El año de mil y seiscientos y cuatro, víspera de Santa Catherina, cuando dijimos que en la ciudad de Arequipa sucedió aquel terrible temblor que la asoló, vino la misma ruina por este puerto de Arica, que derribó la más casas dél y, habiendo pasado y entendido que la furia había cesado, la mar agitada y movida de las olas, salió con un ímpetu espantable de los límites ordinarios que en aquella costa tiene y, embistiendo con las casas, acabó de asolar lo que quedaba y aún con mayor daño que el pasado, porque, al retraerse a su lugar, se llevó tras sí todos los bienes muebles, alhajas, cajas con barras, oro y vestidos y las cosas preciosas que en ellas había, y dejó la villa arruinada, pobre y triste, y muchos hombres que estaba ricos en un momento se vieron pobres y desastrados. El que tenía muchas vestiduras que mudarse, se halló desnudo y con necesidad, que así suelen ser las vueltas y revueltas deste mundo en pocas horas. El mismo daño que hizo la mar en esta villa hizo en Camaná, donde salió casi media legua, y arruinó infinitas heredades de viñas y olivares, sacándolas de raíz, llevándoselas a la mar. 

Hase tornado a poblar esta uilla de San Marcos de Arica, en otro puesto cercano al que de antes tenía, pero más sano y de mejor temple, por estar más descubierto y desenfadado para gozar de los aires y mareas suaves de la mar, que limpian y purifican toda la costa, y así no hay las enfermedades que solían dar a los nuevos en él y que venían de fuera.

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1604, UN TSUNAMI ARRASA PERÚ

Por todos es conocido como Perú, en especial su costa, es un área de alta actividad sísmica, la cual podemos seguir a lo largo de su historia, una historia en la que ha habido enormes terremotos y tsunamis, como los que asolaron el sur de Perú el 24 de noviembre de 1604 y destruyeron por completo ciudades como San Marcos de Arica y Arequipa. 

En un documento, una carta del corregidor de Arica transcrita en la crónica de Bernabé Cobo, se dice como un temblor que comenzó hacia las dos de la tarde, entre la una y las dos según otras fuentes, derribó las casas, la iglesia mayor, el fuerte, el almacén de azogue y hasta la cárcel de la ciudad. 

A continuación, el corregidor cuenta como el mar se retiró, para luego embestir con violencia el puerto. Tras esto, hubo “otro recio temblor” y el mar se retiró de nuevo y nuevamente “volvió contra el pueblo” derribando muchas casas. Según este documento, “la violencia que traían las olas y mares contra el pueblo era tan grande, que parecía que la mar quería tragarle […] y continuando los temblores [...] se levantó un mar tan grande, que parecía un alto monte,...”, el cual asoló todo a su paso y se estampó contra el morro. De acuerdo a este texto, primero hubo tres grandes avenidas y luego otras tres. Por último, termina el corregidor diciendo que todo el mundo quedó en la miseria y que fue tanta la fuerza del mar que arrastró la artillería del destruido fuerte. 

Sobre esto nos habla otro documento del corregidor Ordoño de Aguirre, según el cual “el terremoto de temblores i creciente de mar” asolaron la ciudad y el fuerte que había en ella, llevándose al mar la artillería, la mosquetería y las municiones, aunque se consiguió recuperar parte de ellas. 

En otros documentos se menciona como, en referencia al almacén de azogue, “salió la mar de su curso i se llevó todo lo edificado”, o como un tal Francisco de Cervantes arriesgó su vida por salvar la Real Caja y los archivos. 

En otro relato fray Diego de Ocaña, presente en Ica en aquel momento, cuenta que el temblor fue tan grande “que no se ha visto cosa semejante, porque quedaron muchos pueblos del todo asolados y puestos por el suelo”, y añadió que parecía “que todo el mundo se hundía”. A continuación menciona los daños que hubo en Ica, aunque estos no fueron ni remotamente parecidos a los que hubo en otros pueblos. 

Ese fue el caso de Arica donde según cuenta “salió la mar de sus límites, y de improviso cubrió todo el pueblo del puerto de Arica […] y así cubrió todas las casas y iglesias, y al retirarse a su madre se llevó tras sí todo el pueblo,...”. A esto añade Ocaña “que se lo tragó todo el mar” y que por la hora en que sucedió todo, la gente pudo refugiarse, excepto algunos enfermos que no pudieron huir. 

A continuación, Ocaña dice que el tsunami se sintió a lo largo de más de 600 leguas de costa, desde Cañete, al sur de Lima, hasta Chile y que medía tres y cuatro picas, aunque no sabemos si con esto se refiere al arma que podía oscilar entre los algo más de cuatro metros y los casi cinco y medio, o a una unidad de medida que equivalía a algo menos de cuatro metros, por lo que la ola pudo alcanzar entre los 16 y los 22 metros de altura. También apunta Ocaña que en el puerto de Pisco “llegó el agua hasta las mismas bodegas”, aunque más al sur se sintió más “pues llegó a cubrir la más alta casa y torre del pueblo de Arica”. 

En Arequipa cuenta Ocaña que el temblor fue tan fuerte que la ciudad se derrumbó y que murieron muchos ciudadanos sepultados por las paredes de sus casas. Por su parte, en Nazca, dice Ocaña que “se abrieron en la tierra unas bocas por donde salió tanta agua y tan alta [...] que parecían montes de agua en el aire. Y todas las viñas e ingenios de azúcar que había se lo llevó todo el agua que de aquellas bocas salió; y quedaron lagunas muy grandes”. También menciona Ocaña a un pueblo de indios al que se lo tragó la tierra y a otros tres o cuatro que quedaron destruidos. 

Termina Ocaña su relato diciendo que también las ciudades de Cuzco y Chuquisaca quedaron dañadas, y que todos los pueblos que hay en un radio de 300 leguas quedaron lastimados, salvo Lima, donde el temblor llegó con poca fuerza. 

Por su parte, el cronista Martín de Murúa en su Historia General del Perú dice que tras el terrible temblor “la mar agitada y movida de las olas, salió con un ímpetu espantable de los límites ordinarios que en aquella costa tiene y, embistiendo con las casas, acabó de asolar lo que quedaba y aún con mayor daño que el pasado, porque, al retraerse a su lugar, se llevó tras sí todos los bienes...”. 

También menciona Murúa a Arequipa y Camaná. En la primera ciudad “tembló la tierra con tanta furia y estruendo, que no quedó en aquella miserable ciudad edificio que no viniese abajo,...”. En cuanto a Camaná, dice que la mar “salió casi media legua, y arruinó infinitas heredades de viñas y olivares, sacándolas de raíz, llevándoselas a la mar”. 

Tras Murúa hay que fijarse en el relato de Bernabé Cobo, cronista al que ya mencionamos. Según este, aquel temblor fue el más grande acaecido en aquel reino, llegando incluso a Cuzco, donde agitó los edificios. Cobo que se encontraba en Lima, dice que allí se sintió con fuerza pero que no causó daños. En cuando a Arequipa, azotada por un terremoto y las cenizas de un volcán en 1600, dice que el terremoto también se sintió con mucha fuerza, que agitó montes y edificios y levantó una espesa polvareda. 

También dice Cobo que muchos pueblos de indios quedaron destruidos por toda la provincia, señalando que el de Pausa quedó totalmente arrasado. Igualmente narra como en muchas partes se abrió la tierra y brotaron manantiales, algunos de agua negra y hedionda. En la provincia de los Chichas dice Cobo que se derrumbó un pedazo de un cerro y sepultó parte de un pueblo. En el valle de Moquegua también se sintió con mucha fuerza el temblor, quedando arrasados varios pueblos, como Torata, Tumilaca y Carumas. 

Por último, habla Cobo de tres tsunamis que penetraron más de una legua y media en algunos puntos, llegando a aislar El Callao de Lima durante un tiempo. La primera de estas olas rodeó Pisco, en Camaná lo arrasó todo y la tierra quedó cubierta de peces, y en el puerto de Ilo la ola también penetró “casi media legua el valle arriba” y destrozó una fragata. 

Aunque sin duda, como hemos visto, la peor parte se la llevó Arica, ciudad que tuvo que ser reedificada en un lugar próximo. Un siglo después, el viajero francés Amédée-François Frézier recordaría en su diario como aquel tsunami destruyó Arica, cuyas ruinas aún eran visibles.

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viernes, 1 de marzo de 2024

Sentencia contra Gerónimo García de la Jara por maltratar a varios indios (1589)






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MUTILACIONES EN LA CONQUISTA DE AMÉRICA (II): LA SUMISIÓN

Como vimos en el anterior video, durante la conquista y colonización de América la mutilación corporal se utilizó para aterrorizar, represaliar y castigar a los pueblos indígenas, sin embargo, como veremos a continuación, tuvo otro fin, el de someter a indios y esclavos negros. 

Este sometimiento mediante la mutilación consistía en cortar o seccionar alguna parte de la pierna para lisiar de forma permanente al individuo, para hacerlo, por así decir, más sumiso y evitar que huyera, para de este modo utilizarlo en trabajos como la minería. Esta práctica recibió distintos nombres según el tipo de mutilación. Así, encontramos “desgarronar”, que se refería al corte que se realizaba en la zona del tendón de Aquiles; “desjarretar”, al corte que se hacía en la corva, aunque este término también se utilizaba como sinónimo de desgarronar; y por último, “desgobernar”, que hacía referencia a cortar el pie antes del nacimiento de los dedos. 

Una de las primeras noticias que tenemos sobre esta práctica es de 1525. Ese año el gobernador de Cuba, Manuel de Rojas, ordenó que a los indios alzados se les pudiera capturar y esclavizar, y en la villa de Bayamo pudieran ser herrados, desgobernados de un pie y repartidos entre los españoles que participaran en la expedición punitiva  contra ellos. 

Años después, en 1537, en las Ordenanzas de Nueva Cádiz, en Venezuela, encontramos una disposición según la cual al negro que se alzara o se fugara se le debería cortar el pie derecho. Unas ordenanzas parecidas fueron promulgadas en 1549 por el gobernador del Perú, Pedro de la Gasca. En ellas se habla del “destroncado de un pie”, término menos frecuente que los anteriores y que hace referencia a la amputación del pie o de parte de el. 

Años más tarde, en 1573, una Real Cédula permitía que a los negros cimarrones de Panamá que no se entregaran se les desgarronara el pie izquierdo y se les cortara la oreja derecha. Un año más tarde otra Real Cédula decía que al negro que se le capturara después de haber estado fugado menos de seis meses se le desgarronara el pie izquierdo y se le cortara la oreja derecha para que así se le reconociera. 

Ese mismo año, el virrey del Perú, Francisco de Toledo, escribió respecto a los indios rebelados en Chile diciendo que los prisioneros fueran trasladados a la provincia de Coquimbo, desgobernados y que se les destinara a la extracción de oro. 

Poco después, hacia 1576, el contador de la Real Hacienda Francisco de Gálvez propuso en una relación que se podría entrar al Arauco, a Tucapel, a Mareguano y a la isla Mocha para capturar 1.000 o 1.500 indios, desgarronarlos, llevarlos a Coquimbo y que allí algunos fueran entregados a soldados y otros se dedicasen a la extracción de oro para Su Majestad. 

En 1578 el gobernador de Chile, Rodrigo de Quiroga, dice en una carta que conmutó la sentencia de muerte a varios cautivos y en su lugar ordenó que fueran llevados a La Serena, donde se les cortaría un pie a cada uno y serían destinados a las minas de oro. Semanas después se escribió desde La Serena comunicando que varios de los araucanos desterrados allí habían intentado huir, por lo que a cincuenta se les cortó un pie. Terminaba esta carta diciendo que aunque estos indios pudieran trabajar en las minas, no valían para hacerlo en la huerta. 

Por la misma época, también en Chile, encontramos unas ordenanzas similares a las de Nueva Cádiz y a las de la Gasca en las que aparecían distintas penas para los negros fugitivos, entre la que estaba el “desgarrón” de un pie si era la segunda fuga por un periodo de entre 3 y 20 días, y los dos pies si la fuga superaba los 20 días. 

Años más tarde, en 1586, Gerónimo de Bustamante, tesorero de la Real Hacienda en Córdoba de Tucumán, cuenta en una carta al rey los malos tratos que recibían los indios, entre ellos los encomenderos les desjarretaban y cortaban pies y manos. 

Por último, hay que señalar el texto de Alonso González de Nájera, aquel soldado español que dejó un escrito a principios del siglo XVII en el que proponía soluciones para revertir la situación generada por la guerra del Arauco. González de Nájera decía que aquel que quisiera comprar indios esclavos los desgarronara de un pie, aunque fueran mujeres o muchachos, para así evitar que huyeran, ya que esto impedía andar un largo camino y menos por el monte, pero que siguieran siendo aptos para el trabajo, aunque hay que señalar que para este autor desgarronar se refiere a cortar un nervio de la parte delantera del pie. 

Más adelante, González de Nájera cuenta como era el procedimiento para cortar el pie a los enemigos cautivos. Según él, con un pujavante o con un machete se golpeaba el pie poco antes del nacimiento de los dedos y la herida se cauterizaba con sebo hirviendo.

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jueves, 22 de febrero de 2024

Del descubrimiento de la provincia de Tolten, y la batalla de la gran laguna (Pedro Mariño de Lovera, Crónica del Reino de Chile)

 






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MUTILACIONES EN LA CONQUISTA DE AMÉRICA (I): GUERRA Y CASTIGO

Como mencionamos en otros videos, durante la conquista y colonización de América los españoles utilizaron con frecuencia la mutilación corporal contra los pueblos indígenas. Esta táctica de guerra, usada en la Antigüedad y en la Edad Media, fue llevada por los españoles al Nuevo Mundo y utilizada para aterrorizar, represaliar y castigar a sus enemigos. 

Una de las primeras noticias que tenemos sobre mutilaciones es de 1494. Cristóbal Colón, durante su segundo viaje, dio instrucciones al catalán Pedro de Margarit para que cortara las narices y las orejas a los indios de La Española que descubriera hurtando, algo que serviría como advertencia al resto de indios. 

Más tarde, durante la conquista de México, se acusó a Hernán Cortés de hacer la guerra a indios de paz en el momento en el que desembarcó en aquellas costas, a los que, entre otras cosas, hizo que se les cortaran las narices, brazos, pies, orejas y se les sacasen los ojos. Este tipo de actuaciones por parte de Cortés las corrobora Andrés de Tapia, compañero del extremeño y cronista, que dice que en una ocasión Cortés descubrió que varios de sus intérpretes eran espías, por lo que les hizo cortar las manos. 

Años después, en 1530, varios relatos cuentan como Nuño de Guzmán hizo cortar las manos y las narices a dos indios durante su campaña en el territorio de Jalisco. En la misma zona, en 1541, durante la guerra del Mixtón, el gobernador Cristóbal de Oñate, según cuenta fray Antonio Tello, ordenó que a varios indios se les cortaran las narices, orejas, manos y pies, para luego curarlos con aceite hirviendo. 

Ese mismo año, una relación sobre la guerra contra los chichimecas llevada a cabo en el territorio de lo que hoy es Zacatecas cuenta como a dos prisioneros se les cortaron las manos y a dos prisioneras los pechos, siendo luego enviados con un mensaje para su señor. 

También tenemos noticias de estos métodos en Sudamérica. En Perú encontramos testimonios de como Alonso de Alvarado, de camino a Cuzco para luchar contra la rebelión de Manco Inca en 1536, hizo quemar a los naturales, cortarles las manos, a las mujeres los pechos y a los niños la mano derecha. 

Poco después, en 1539, en el Nuevo Reino de Granada, la actual Colombia, los españoles, según el cronista Pedro Simón, atacaron un pueblo de indios agataes donde capturaron a cientos de ellos y a algunos les cortaron “las narices, a otros las orejas, pulgares o manos, enviándolos así por mensajeros...”. 

Un año más tarde y en el mismo reino, según el cronista Pedro de Aguado, como castigo por alzarse, a muchos indios muisca se les cortaron las manos, los pies, las narices y las orejas. Ese mismo año el conquistador Jorge Robledo, según el cronista Lucas Fernández de Piedrahita, mientras se dirigía a la provincia de Quimbaya capturó a varios indios e hizo que a algunos les cortaran las manos, a otros las orejas y las narices a otros, para luego enviarlos como correos a sus caciques y que estos vieran lo que había pasado. Años después, en 1544, fray Jerónimo de San Miguel cuenta como durante la conquista y pacificación de este territorio los españoles cortaron las manos, narices, lenguas y otros miembros a muchos indios. 

Más al sur, en Chile, cuenta el cronista Pedro Mariño de Lobera que en una ocasión, hacia 1551, los españoles capturaron a varios indios tras un combate y a unos les cortaron las manos, a otros los pies, a otros las narices y a otros las mejillas. Este mismo cronista cuenta como tras la victoria araucana en la batalla de Catirai en 1569, muchos españoles fueron ejecutados debido a las crueldades que solían cometer, como la de cortar los pechos a las mujeres o los pies, manos y narices a los hombres. 

Tiempo antes, fray Gil González de San Nicolás cuenta en una carta dirigida al Consejo de Indias en 1559 que durante una de las campañas de García Hurtado de Mendoza, gobernador de Chile, a algunos indios se les aperreó y a muchos se les ahorcó, se les “cortaron los brazos, pies, narices, dedos...”. 

Ese mismo año, Fernando de Santillán, oidor de la Audiencia de Lima, cuenta en una relación que en tiempos de Diego de Almagro, de Pedro de Valdivia y con posterioridad, a muchos indios de las provincias de Chile, entre otras crueldades, se les aperreó, se les quemó, se les cortaron pies, manos, narices y pechos. 

Sin embargo, estos actos no se cometieron solo en tiempo de guerra y contra los enemigos. Tenemos testimonios sobre como los conquistadores utilizaron las mutilaciones contra los indios que estaban a su servicio. Así, el sacerdote Martín González cuenta en 1575 que en Paraguay algunos españoles castraban a los indios que tenían en su casa para evitar que yacieran con las indias que tenían a su servicio. 

Años después, en 1588, un tal Gerónimo García de la Jara fue condenado por el gobernador de Tucumán por maltratar a los indios de su repartimiento. Según podemos leer, García de la Jara corrompió a varias muchachas, causando la muerte de dos de tierna edad, a dos indios mandó que se le cortaran las lenguas, hizo que sus yanaconas flechearan a otra, hizo cortar los pulgares a cinco más y desjarretar a otros dos. 

Por último, hay que indicar que los españoles también fueron víctimas de estas prácticas. Así podemos citar los testimonios que acusaban a Colón de hacer cortar las lenguas a dos mujeres que llegaron a América en su segundo viaje por decir que era de bajo linaje. Otros testimonios indican que Cortés hizo cortar un pie a Gonzalo de Umbría por haberse rebelado. Este castigo, como hemos visto, fue muy frecuente en la América española, pero como veremos en el siguiente video, además de para castigar, mutilar o lisiar el pie o la pierna también se usó como un método de sometimiento.

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martes, 13 de febrero de 2024

Relato de Alberto Amerlan sobre el abordaje paraguayo de dos acorazados brasileños el 2 de marzo de 1868.

 




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EL PLAN PARAGUAYO PARA GANAR LA GUERRA (1868)

Como vimos en otros videos, durante la Guerra de la Triple Alianza tanto aliados como paraguayos diseñaron audaces planes para derrotar a su enemigo. Uno de estos planes fue ideado por el mariscal Francisco Solano López. Este plan consistía en capturar varios buques de guerra brasileños, asestando así un duro golpe a los aliados, contra quienes se utilizaría esta poderosa arma. 

El 19 de febrero de 1868 varios buques brasileños consiguieron forzar el paso de Humaitá e internarse aguas arriba de esta posición. Tras este duro golpe, cuenta el coronel paraguayo Centurión en sus Memorias que López, empeñado en encontrar algún medio para hacer cambiar el rumbo de la guerra, ideó apoderarse de los acorazados brasileños que se encontraban entre Curupayty y Humaitá. 

Para llevar a cabo esta misión López contó con los capitanes Ignacio Genes y José Tomás Céspedes, a los que encargó que encontraran hombres que fueran buenos nadadores. A estos se sumaron los capitanes Eduardo Vera y Manuel Bernal. A continuación, López les dijo que se formarían cuatro divisiones de 50 hombres cada una y que ellos las comandarían. 

En un primer momento se dispuso que los hombres se echaran al agua con sus sables y avanzaran junto a las plantas que arrastra la corriente hasta llegar a los acorazados y abordarlos inmediatamente. Sin embargo, al ensayarse esto se comprobó que había partes del río donde las corrientes eran muy fuertes como para poder aproximarse nadando hasta los acorazados. Por esto, se decidió construir unas balsas para transportar a los hombres hasta los acorazados, aunque cuando una noche el sistema se puso a prueba, resultó un fracaso. 

Así, el mariscal López optó por la construcción de ocho canoas que serían conducidas por bogavantes, nombre que en unas fuentes reciben el conjunto de las fuerzas paraguayas de abordaje y que en otras solo se les da a los remeros. Estas canoas debían “llevar cada una 25 hombres y 10 oficiales, armados de sables bien afilados y de bombas de mano”, y con pistolas y cohetes como mencionan otros testimonios. 

Las canoas, atadas por la popa, “al llegar al encorazado tenían que abrirse, á fin de que la proa de este cojiese la soga en medio, yendo las canoas arrastradas por la corriente á colocarse naturalmente á los costados, y en seguida, ejecutar el abordaje saltándose á bordo”. Por último, cuenta Centurión que cada hombre llevaría en las manos las plantas acuáticas conocidas como camalotes y aguapées con las que cada embarcación se camuflaría como si fuera una isla flotante de estas plantas que la corriente solía arrastrar por el río en esa época del año. 

Finalmente llegó el día de actuar. La madrugada del 1 al 2 de marzo las divisiones paraguayas partieron de Humaitá, aunque no sabemos la cifra exacta de esta fuerza, ya que los testimonios son muy dispares al respecto, señalando alguno de ellos que las tropas de López alcanzaban más de 1.200 hombres y hasta 48 canoas, sin embargo, la cifra real debió ser menor. 

Sea como fuere, mientras navegaban hacia los buques brasileños una lancha enemiga se percató del extraño movimiento de aquellas islas flotantes de camalotes y terminó por chocar contra la canoa del capitán Genes. Los brasileños de inmediato viraron aguas abajo y dieron la voz de alarma. Genes y Céspedes comenzaron a perseguirles, llegando todos al mismo tiempo al monitor Lima Barros, cuyos tripulantes no habían tenido tiempo para prepararse para el combate. 

Enseguida los paraguayos subieron al navío brasileño, encontrando en cubierta a unos 30 enemigos que no habían conseguido refugiarse dentro del monitor y a los que mataron después de un combate cuerpo a cuerpo. A continuación, llegó la división de Vera para prestarles apoyo, mientras que la de Bernal se dirigió a la corbeta Cabral. Igualmente, algunos testimonios señalan como otras canoas no lograron alcanzar su objetivo y fueron arrastras aguas abajo, situándose entre la flota brasileña. Estos imprevistos causaron que el plan inicial de tomar cuatro acorazados quedara desbaratado. 

Según Centurión, durante el combate la Cabral estuvo a punto de ser tomada, mientras tanto en el Lima Barros los brasileños dispararon a través de las escotillas y lanzaron agua caliente. Aunque todo acabó con la llegada de otros buques brasileños, entre ellos el Silvado y el Herval, que lanzaron granadas y dispararon a hombres y canoas, causando así una gran carnicería entre los paraguayos. 

Algunos paraguayos, incluido el capitán Céspedes, fueron capturados mientras huían a nado, otros en cambio fueron acribillados en el agua. Por su parte, Genes logró escapar, aunque gravemente herido. Del lado brasileño, hubieron algunas bajas, incluido el comandante del Lima Barros

Según el británico Richard Burton, presente en Paraguay en aquellos momentos, una bomba en una canoa podría haber hundido un buque brasileño, pero López no quería destruir los acorazados, sino capturarlos. En opinión de Burton y de Centurión, con un solo acorazado capturado se podrían haber limpiado aquellas aguas de enemigos, quizás por ello meses después los paraguayos intentaron repetir la operación. 

El momento llegó en julio. En esas fechas la fortaleza de Humaitá estaba siendo acosada por numerosas tropas brasileñas y era cuestión de tiempo que cayera. En esas circunstancias, López decidió volver a intentar capturar algunos buques enemigos y así revertir la situación. 

El día elegido fue el 9 de ese mes. Ese día el mayor Francisco Lino Cabriza comandaba una fuerza de 24 canoas y cerca de 240 hombres, incluidos varios maquinistas que debían manejar los buques brasileños cuando fueran capturados. El objetivo de esta fuerza eran dos acorazados brasileños, la cañonera Barroso y el monitor Río Grande, que se encontraban a unos 20 kilómetros aguas arriba de Humaitá, más allá de la posición paraguaya de Timbó y muy cerca de la batería aliada de Tayí. 

Según investigaciones recientes, los brasileños supieron con antelación por varios prisioneros que un cuerpo de bogavantes escogido de entre las tres ramas del ejército paraguayo estaba siendo entrenado para abordar sus acorazados. Este cuerpo estaría armado con sables, armas de fuego, cohetes y tubos de compuestos asfixiantes. Sin embargo, al no conocer la fecha precisa de la acción, los brasileños no pudieron poner a resguardo sus naves. 

Los paraguayos, divididos en dos divisiones, partieron por la tarde con sus canoas del río Bermejo camuflados con plantas, llegando a media noche al punto donde se encontraban los buques brasileños. La división que se dirigía hacia la Barroso fue dispersada por el fuego de fusilería de su tripulación y los hombres que consiguieron subir a cubierta fueron barridos por los cañones brasileños. 

Mientras tanto, la otra división abordó el Rio Grande y consiguió matar a muchos de sus tripulantes, aunque el resto se refugió en el interior de la nave. Sin embargo, el éxito paraguayo fue efímero, pues desde la orilla del río la batería aliada de Tayí abrió fuego contra ellos, al igual que la Barroso, que ametralló a los soldados paraguayos, matando a muchos, hundiendo varias canoas y apresando algunos hombres. De este modo acabó la segunda tentativa paraguaya de capturar a los buques enemigos.

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miércoles, 7 de febrero de 2024

1908, Estados Unidos rompe relaciones diplomáticas con Venezuela

 


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ESTADOS UNIDOS Y LA INVASIÓN DE VENEZUELA (1906-1908)

Como vimos en el anterior video, varias reclamaciones estadounidenses contra Venezuela hicieron que en 1905 el presidente Theodore Roosevelt encargara la redacción de un plan para invadir aquel país y ocupar varias de sus ciudades, sin embargo, la situación interna e internacional hicieron que la expedición se cancelara, o más bien, se postergara, ya que, como veremos, Roosevelt volvió a proponer en 1908 lanzar un ataque contra Venezuela. 

A pesar de las intenciones iniciales de Roosevelt y de su animadversión contra el presidente venezolano Cipriano Castro, desde mediados de 1905 los estadounidenses intentaron resolver sus controversias con Venezuela por la vía diplomática, aunque el nuevo Secretario de Estado estadounidense, Elihu Root, cosechó los mismos resultados negativos que su antecesor. 

Por este motivo, ya en enero de 1906 Roosevelt volvió a contemplar usar la fuerza contra Venezuela. De ese mes es una carta de Roosevelt al Estado Mayor en la que pregunta sobre la existencia de algún plan contra Venezuela y señala que una campaña contra ese país debería realizarse con una fuerza enorme para minimizar la posibilidad de una resistencia efectiva por parte de los venezolanos. 

Sin embargo, ese año tampoco se produjo la expedición contra Venezuela, en gran medida gracias a Root, que frenó las ansias belicistas de Roosevelt y prosiguió las reclamaciones contra Venezuela por vía diplomática, a pesar de que consideraba a Castro un “bruto loco”. 

Durante los siguientes meses las propuestas de arbitraje y los reclamos estadounidenses siguieron fracasando. Roosevelt, frustrado por esto, escribió en julio de 1907 que se temía que algún día tendrían que azotar a Venezuela. 

Toda esta beligerancia de Roosevelt se apoyaba en dos principios desarrollados por el mismo. En primer lugar, la doctrina del Gran Garrote que propugnaba el uso de la diplomacia pero con la amenaza de fondo del uso de la fuerza. En segundo lugar el Corolario Roosevelt, una adición a la Doctrina Monroe según la cual los Estados Unidos se reservaban el derecho a intervenir en cualquier país americano que no se comportara de una manera recta. 

Fruto de este modo de pensar, son dos cartas de Roosevelt a Root de febrero y marzo de 1908. En la primera, el presidente preguntaba al Secretario de Estado sobre la disputa con Venezuela y si ya era el momento de actuar. En la segunda, Roosevelt, informado de que Venezuela no aceptaba un arbitraje, le decía a Root que era el momento de intervenir. Creía el presidente que había que enviar barcos y transportes con marines, hacer planes para una expedición o al menos, tomar las aduanas venezolanas. 

De nuevo, la cautela de Root, señalada por varios historiadores, frenó un ataque a Venezuela. Root prefirió esperar a que Castro cayera, ya que su gobierno se encontraba en serias dificultades tanto interna como internacionalmente. Mientras tanto, los Estados Unidos rompieron relaciones diplomáticas con Venezuela en junio. 

Al final Root acertó y a finales de año el vicepresidente venezolano Juan Vicente Gómez , aprovechando la ausencia de Castro del país, se proclamó presidente. Con él, a diferencia de Castro, los estadounidenses pudieron negociar el arreglo de las cuestiones pendientes, acabando así la amenaza de una intervención armada contra Venezuela.

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miércoles, 31 de enero de 2024

Número de tropas necesarias para invadir Venezuela según un plan estadounidense de 1905

 



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EL PLAN DE ESTADOS UNIDOS PARA INVADIR VENEZUELA (1905)

Debido a ciertas reclamaciones económicas, entre diciembre de 1902 y febrero de 1903 varios países bloquearon las costas venezolanas, llegando a bombardear algunos puntos, aunque el asunto se resolvió con la mediación de los Estados Unidos. 

Sin embargo, un año después, en 1904, surgieron problemas entre los Estados Unidos y Venezuela debido a las actitudes del presidente Cipriano Castro y a varias reclamaciones económicas, en especial la relativa a la New York & Bermúdez Asphalt Company, lo que hizo que el presidente Theodore Roosevelt y varios de sus colaboradores se plantearan actuar militarmente contra Venezuela, aunque finalmente el presidente decidió esperar hasta después de las elecciones presidenciales. 

Fue en marzo de 1905 cuando la expedición contra Venezuela estuvo a punto de hacerse realidad. El día 10 de ese mes, el Secretario de Estado John Hay envió a Venezuela una seria advertencia, pero Castro hizo oídos sordos a esta. Semanas después Roosevelt pidió al capitán Chauncey B. Humphrey que redactara un plan para invadir Venezuela. Este, antiguo agregado militar en Venezuela, conocía bien el país, por lo que el día 26 ya tenía listo su plan. 

Humphrey comenzó su plan diciendo que para la expedición contra Venezuela serían necesarios emplear entre 10 y 12.000 hombres, entre los que deberían haber 7.000 soldados de infantería, 2 escuadrones de caballería y distintas piezas de artillería. 

A continuación, Humphrey dijo que aprovechando los incidentes que por entonces se estaban produciendo en Santo Domingo, las tropas estadounidenses deberían ser enviadas desde distintos puertos de Estados Unidos a Puerto Rico con la excusa de intervenir en Santo Domingo, aunque en realidad serían enviadas a Venezuela, lo que sorprendería a los venezolanos. 

Una vez concentradas las tropas estadounidenses en Puerto Rico, serían reembarcadas haciendo creer que navegarían con destino a Santo Domingo, así Castro no tendría tiempo de reunir sus tropas en Caracas y sus alrededores. 

Luego, ya en aguas venezolanas, la expedición se tendría que dividir. Una fuerza de 5.000 hombres debería desembarcar al anochecer al oeste de La Guaira, en Cabo Blanco o Sandy Point. Los 2.000 primeros desembarcados tendrían que desplazarse rápidamente hacia Caracas a través de la Quebrada Tacagua, y entrar en esta ciudad por el oeste. Las siguientes tropas desembarcadas deberían pasar por el pueblo de Maiquetía y capturar, si fuera posible, La Guaira, para hacer creer que el objetivo era este puerto y no Caracas. 

A la mañana siguiente, otros 1.500 hombres desembarcarían y se dirigirían a la estación de ferrocarril Zig-Zag. Otra fuerza de 500 hombres marcharían por el valle de la Quebrada Tacagua. Esta fuerza tendría como objetivo reforzar a la primera en un plazo inferior a 12 horas, lo que pondría en manos estadounidenses el camino entre La Guaira y Caracas. 

Proseguía Humphrey diciendo que si se encontrara resistencia en Caracas, deberían tomarse y fortificarse las elevaciones próximas a la estación de Catia, al oeste de la capital. Luego señalaba el capitán estadounidense que la primera expedición o la segunda debería cortar el llamado Ferrocarril Alemán a la altura de La Vega o Antímano para evitar que los venezolanos se retiraran hacia el oeste y que establecieran su capital en La Victoria o Valencia. De este modo se obligaba a los venezolanos a retirarse hacia el este o hacia el sur, hacia El Valle, y se evitaba que Caracas recibiera refuerzos desde Puerto Cabello, Valencia o Maracay. 

Así, debido a la sorpresa de este movimiento general contra Venezuela, las fuerzas estadounidenses deberían alcanzar la estación de Catia antes de encontrar oposición, incluso Caracas debería ser capturada sin mucha resistencia. 

Tras esto, Humphrey creía que lo mejor sería bombardear Fuerte Libertador y Fortín Solano en Puerto Cabello, los cuales consideraba vulnerables, y luego que al menos 3.000 hombres tomaran ese puerto, para de allí avanzar sobre Valencia. En caso de que no se pudiera desembarcar en Puerto Cabello, la mejor opción, a juicio de Humphrey, sería hacerlo al oeste, en El Palito, y desde allí dirigirse a Valencia. 

Al controlar La Guaira, Caracas, Puerto Cabello, Valencia y el Ferrocarril Alemán, los estadounidenses controlarían la mejor y más rica parte de Venezuela, pero en caso de que se considerara necesario ocupar otros puntos como Ciudad Bolívar, Carúpano, Cumaná, Barcelona o Maracaibo, sería necesario enviar refuerzos desde Estados Unidos a La Guaira, y desde allí emprender expediciones menores. 

A continuación, Humphrey explicaba con detalle el número y el tipo de fuerzas que deberían enviarse a Venezuela. Por la orografía venezolana, Humphrey aconsejaba hacer poco uso de la caballería y de la artillería, salvo la de montaña. También recomendaba la presencia de ingenieros por si hubiera que reparar las líneas de ferrocarril y dos compañías de Signal Corps equipadas con modernos aparatos de telegrafía y telefonía. 

Por último, Humphrey, entre otras cosas, señalaba el número de fuerzas venezolanas que los estadounidenses encontrarían en su avance e informaba sobre la situación política de Venezuela en ese momento, apuntando a que el pueblo venezolano vería con buenos ojos la intervención de Estados Unidos, por lo que sería fácil conseguir guías y espías entre la población local. 

Finalmente, el plan fue desechado por varios motivos. Por un lado, Roosevelt creía que la opinión pública de su país no se mostraría favorable a la intervención. Por otro, otros problemas internacionales requerían su atención. Y por último, el estallido de un escándalo de corrupción que salpicaba al embajador estadounidense en Venezuela. Por todo esto, la opción militar fue rechazada de momento. 

Así, el 2 de abril Roosevelt escribía que Castro era “un monito indescriptiblemente villano” y aunque le gustaría enviar una expedición contra él, la situación interna e internacional del momento lo desaconsejaba. Sin embargo, como veremos en el siguiente video, Roosevelt volvió a querer atacar Venezuela en 1908.

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viernes, 26 de enero de 2024

ISRAEL Y LA GUERRA DE LAS MALVINAS

Durante la guerra de las Malvinas muchos países mostraron su apoyo a Argentina, sin embargo llama la atención el caso de Israel, cuya ayuda no se fundamentó en declaraciones diplomáticas como en otros casos, sino que, además de vender armas a Argentina, al parecer y según documentos desclasificados, envío equipo militar de forma clandestina a los argentinos. 

El primero de estos documentos es del 4 de mayo de 1982. Ese día Michael Palliser, un asesor de la Primera Ministra británica, envió una nota a Antony Acland, un subsecretario del ministerio de Relaciones Exteriores, en la que se decía que un contacto le había asegurado que los israelíes estaban preocupados por la publicación en prensa de informaciones sobre su venta de armas a Argentina. 

A continuación, la nota decía que los israelíes iban a cumplir los contratos existentes con Argentina, y aunque luego se dice que se suspendería el envío de armas durante la guerra, en realidad la nota se refiere a la firma de nuevos contratos durante la misma. Luego, el contacto de Palliser aseguraba que de acuerdo a instrucciones de Manájem Begín, primer ministro de Israel, se estaba intentado obstaculizar el envío de armas a Argentina, pese a los contratos existentes y previos a la guerra. 

Poco después, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Yitzhak Shamir, declararía que Israel cumpliría los contratos vigentes con Argentina, pero que no se habían cerrado nuevos acuerdos desde el inicio de la guerra. 

Del mismo periodo encontramos otro documento desclasificado. El 5 de mayo el embajador británico en Estados Unidos, Nicholas Henderson, envió un telegrama al ministerio de Relaciones Exteriores de su país en el que decía que el estadounidense Steadman Hinkley, presidente de una pequeña aerolínea, les había comunicado que su compañía había sido contactada para fletar 10 vuelos con municiones desde Tel Aviv a Montevideo, aunque él sospechaba que el envío en realidad era para Argentina, por lo que se negaba a aceptar el encargo. Por último, Henderson dice en su telegrama que había informado a los estadounidenses de esto. 

La siguiente noticia que tenemos sobre el supuesto suministro de armas a Argentina por parte de Israel es del día 27. Esa fecha The New York Times publicó que días antes un avión de carga ecuatoriano que transportaba equipo israelí había sido detenido por las autoridades federales en Nueva York y que, según un alto funcionario de la administración Reagan, este avión, que había despegado de Tel Aviv con un cargamento de, entre otras cosas, bombas y municiones, se dirigía en realidad a Argentina, país que estaba realizando un esfuerzo frenético a nivel mundial para adquirir municiones y repuestos. Sin embargo, pese a las irregularidades en la documentación del avión, el Departamento de Estado, los israelíes y los ecuatorianos negaron que el cargamento del avión estuviera destinado a Argentina, aunque estas explicaciones fueron puestas en duda por el periódico neoyorquino. 

Poco después, el 4 de junio, un portavoz israelí negaría los “envíos secretos de armas israelíes a Argentina” y dijo que el abastecimiento de armas se hacia de forma abierta y en virtud a contratos vigentes. Dos días más tarde, el 6 de junio, The New York Times publicó la negativa de Israel de que estuviera vendiendo misiles Gabriel a Argentina, aunque existía la posibilidad que fueran otros países los que estuvieran suministrando a Argentina sus misiles Gabriel de origen israelí. 

Para tener nuevas noticias sobre el envío de armas desde Israel a Argentina debemos esperar a 2016. En agosto de ese año varios periódicos británicos e israelíes se hicieron eco de la desclasificación de varios documentos sobre el asunto. Según estos documentos británicos, los israelíes habrían vendido armas a los argentinos antes, durante y después de la guerra, y hacían especial hincapié en los aviones Skyhawk

En estas noticias de 2016 también encontramos referencias a informaciones que aparecieron en dos libros, uno de 2005 y otro de 2011. En el primero se mencionan informes sobre el transporte de armas y repuestos desde Israel a Argentina a través de terceros países. Además, se dice que cuando las tropas británicas entraron en Port Stanley encontraron equipo israelí. En el segundo libro se habla extensamente de esto y se dice, entre otras cosas, que Israel envió armas a Argentina a través de Perú. 

Por último, hay que señalar que como podemos ver en los archivos británicos, aún quedan documentos sin desclasificar sobre el suministro de armas a Argentina por parte de Israel durante la guerra de las Malvinas.

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