sábado, 29 de marzo de 2025

1880, expedición del buque chileno Amazonas a Perú, Ecuador, Panamá e islas Lobos durante la Guerra del Pacífico.

 


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1880, PIRATAS CHILENOS EN PANAMÁ DURANTE LA GUERRA DEL PACÍFICO

Durante la Guerra del Pacífico las tropas de Chile recorrieron las costas de Bolivia y Perú a lo largo de miles de kilómetros y llegaron tan al interior como los Andes y el lago Titicaca, sin embargo, es menos conocido que los chilenos extendieron sus operaciones tan al norte como Panamá. 

Todo comenzó a principios de 1880. En esos momentos, ante la escasez de armas en el ejército peruano, Federico Larrañaga, cónsul de Perú en Panamá, consiguió que desde Nueva York le fuera enviado un cargamento oculto de elementos de guerra, entre los que había una gran cantidad de munición y 2.500 rifles. 

Meses después, en mayo, Larrañaga consiguió una nave ecuatoriana o norteamericana, la Enriqueta, que, fingiendo dirigirse al puerto ecuatoriano de Guayaquil, debía en realidad transportar las armas al norte de Perú. El día 5, mientras las armas eran cargadas, el cónsul chileno en Panamá, Ramón Rivera Jofré, protestó, pero las autoridades panameñas no atendieron sus reclamos, lo que fue calificado por los chilenos como “grave ultraje i perjuicio para la causa i nacionales de Chile”. Además, se acusó a las autoridades panameñas de haber sido sobornadas por los peruanos. 

Ese mismo día Rivera escribió a Galvarino Riveros, Comandante en Jefe de la escuadra chilena, para comunicarle que en Panamá, la Estrella y la Enriqueta, dos buques cargados de armas iban a zarpar hacia Perú. Estos, según Rivera, tendrían que ser interceptados por alguna nave chilena. Además, el cónsul comunicó que a través de sus espías e informantes sabía que vapores ingleses estaban realizando contrabando de armas hacia Perú y que se esperaban nuevas remesas de material bélico llegadas desde Estados Unidos. 

También ese día Rivera, para interceptar aquel cargamento, fletó un barco, el San Ramón, y puso al mando a dos chilenos, Joaquín Hermida y Guillermo Whiting. Luego, tras ser reclutada una pequeña tripulación de chilenos y armarlos, el buque se dirigió aquella noche a la isla de Taboga, situada frente al puerto de Panamá. Según Hermida el objetivo era “cortar el paso a la Enriqueta, fuera de las aguas de Colombia[, país del que Panamá formaba parte por entonces,] i apoderarnos de ella por la razon o la fuerza”. 

A continuación, el día 6, Larrañaga, temeroso de que los chilenos residentes en Panamá intentaran algo, armó a la tripulación de la Enriqueta y ordenó que se alejara del puerto. Ese mismo día Larrañaga recibió información fehaciente de que los chilenos tramaban algo, por lo que informó a las autoridades panameñas, las cuales detuvieron a un chileno, aunque el resto ya había embarcado en el San Ramón

Poco después el San Ramón persiguió a la Enriqueta, aunque su capitán, al cerciorarse de esto, intentó burlar a los chilenos. La caza, como la llamaron los chilenos, duró varias horas, hasta que el capitán de la Enriqueta decidió regresar a puerto y refugiarse allí. Sin embargo, los chilenos, decididos a evitarlo, intentaron sin éxito embestir a la Enriqueta, la cual consiguió fondear en Panamá. A continuación, según los chilenos, al pasar cerca de la Enriqueta, fueron disparados, pero ellos no respondieron para evitar un conflicto con las autoridades panameñas. 

Sabedor Larrañaga de la amenaza chilena, solicitó a los panameños protección y la captura del San Ramón. Los panameños al llegar hasta la Enriqueta en las primeras horas del día 7 observaron que la tripulación se había amotinado y amarrado a su capitán en connivencia, según se dijo, con los chilenos. Los panameños liberaron al capitán, luego capturaron al San Ramón y obligaron a rendirse a sus tripulantes, los cuales fueron acusados de piratería por Larrañaga. 

Tras esto, la Enriqueta quedó bajo vigilancia en puerto ante posibles nuevos ataques chilenos. Por su parte, los tripulantes del San Ramón fueron encarcelados, aunque se mostraban satisfechos por haber evitado la partida de aquel cargamento de armas. 

Días después, Galvarino Riveros, mientras bloqueaba El Callao, recibió la comunicación de Rivera y sin saber todo lo sucedido después y pensando que la Enriqueta navegaba hacia Perú, dio ordenes al buque Amazonas para que buscara a la Enriqueta y a la Estrella entre Paita, al norte de Perú, y Panamá, y en caso de encontrarlas deberían ser capturadas y enviadas a El Callao. 

Semanas más tarde el teniente Manuel Riofrío, comandante del Amazonas, informó de la expedición organizada por Rivera y de los movimientos de la Enriqueta y de la Estrella. De este segundo buque Riofrío afirmaba que había conseguido descargar su cargamento en Tumbes, Perú. 

En esas fechas el cónsul Rivera informó que era tal el miedo que su expedición había infundido en los peruanos que estos se encontraban “completamente temerosos de despachar nuevos cargamentos, aunque, sin embargo, parecían pretenderlo de nuevo, cuando han sido interrumpidos por el oportuno aparecimiento [en Panamá] del Amazonas”, cuyo comandante estuvo vigilando a la Enriqueta para intentar tomar la parte de su cargamento que aún no había sido descargado. 

Para finalizar, hay que señalar que meses después, en agosto, informaciones chilenas apuntaban a que la Enriqueta había sido remolcada hasta Guayaquil por un vapor inglés y que de allí pasó a los puertos peruanos de Tumbes, Pacasmayo y Chimbote, descargando sus armas en este último, desde donde se llevaron a Huaraz y Huacho en mulas.

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sábado, 22 de marzo de 2025

1865, protesta de Argentina por una incursión boliviana en su territorio.

 



1866, LA INVASIÓN BOLIVIANA DE ARGENTINA

Como vimos en otro video, a mediados de 1866 Bolivia ofreció su mediación a los contendientes que se enfrentaban en la Guerra del Paraguay; luego protestó contra el tratado de la Triple Alianza, tanto por el perjuicio que significaba para Paraguay como para Bolivia en lo referente a su integridad territorial; y a continuación se acercó a Paraguay, llegándose en aquella época a hablar de que ambos países podrían aliarse. Sin embargo, es menos conocido que el descontento de Bolivia y su acercamiento a Paraguay desataron en Argentina el pánico a que los bolivianos invadieran el noroeste del país, lo cual se creyó que podría suceder de forma inminente desde septiembre de 1866. 

Este temor a una invasión boliviana de Argentina es palpable en las cartas de los dirigentes del país. Así, a mediados de agosto, el vicepresidente argentino, Marcos Paz, escribió al presidente Bartolomé Mitre para contarle que en Bolivia había gran descontento por el tratado de la Triple Alianza, en el cual se asignaba a los firmantes territorios que los bolivianos reclamaban como suyos. Asimismo, Paz transmitió a Mitre informaciones llegadas de Chile según las cuales “algo siniestro se trama contra la República por aquellos lados”, por lo que creía que se debería enviar a un representante a Bolivia para calmar las aguas. 

De dos semanas después es una carta de autenticidad no confirmada enviada por el presidente de Bolivia, Mariano Melgarejo, a su homólogo paraguayo, Francisco Solano López, en la que le decía que pretendía adherirse a la causa paraguaya y prometía ir a Paraguay con una columna de 12.000 hombres. Sin embargo, esta misiva se conoció mucho después, por lo que no pudo ser la causa de los temores argentinos. 

Tiempo después, el 22 de septiembre, Pedro José Portal, gobernador de Jujuy, escribió a Paz para decirle que desde hacía tiempo corrían rumores de que Melgarejo estaba concentrando tropas y se disponía a invadir aquella provincia limítrofe con Bolivia. En la misma carta Portal reprodujo una información llegada de Perú que afirmaba que los chilenos querían lanzar a Melgarejo contra la provincia fronteriza de Salta “haciendo así una diversión en favor de los paraguayos”, sin embargo, el informante de Portal rebajaba el peligro ya que Melgarejo ni tenía recursos ni apoyos más allá de la capital boliviana, aunque recomendaba estar prevenidos y proveerse de armas. 

Un día más tarde comunicaban a Manuel Taboada, exgobernador de Santiago del Estero, que Bolivia se aprestaba a invadir Jujuy “de acuerdo con Salta...; que Salta no espera más que la aproximación del ejército boliviano para pronunciarse en favor de Paraguay, y que piensa segregarse de la Nación Argentina y anexarse a Bolivia...”. Además se señalaba como instigador de todo a Eugenio Caballero, cónsul boliviano en Salta. 

En esas fechas Paz informó a Mitre sobre la grave situación del país. Le hablaba de los apuros financieros, de los desordenes internos y de que tenían que temer a Chile y Bolivia. También en esos días José Benjamín Dávalos, gobernador de Salta, escribió a Paz solicitando armas ante una posible invasión extranjera. Aunque Dávalos la veía poco probable, creía por informaciones recibidas desde Bolivia que chilenos y bolivianos podrían amenazar distintos puntos “y dar por ese medio un aliento a Paraguay”. Asimismo, el gobernador señalaba que la opinión pública salteña estaba preocupada por la posibilidad de una guerra con Bolivia. 

Poco después, el 4 de octubre, Absalón Ibarra, gobernador de Santiago del Estero, solicitaba armas a Paz ante la posible invasión boliviana, la cual contaría con el apoyo de Chile y Perú, quienes además estarían “facilitando elementos para un pronunciamiento en las Provincias del Norte”. Luego, el día 10, encontramos noticias en prensa que desmentían los rumores de una invasión boliviana de Argentina, aunque días más tarde Ibarra envió a Paz nueva información sobre los planes de invasión de Bolivia y de “sus aliados los de las Repúblicas del Pacífico”. 

El día 24 Paz escribió a Mitre para informarle de los temores existentes en Jujuy, y aunque creía improbable una invasión boliviana, teniendo en cuenta el precedente del paraguayo López, se disponía a comprar armas. Además, decía que ante una invasión sería necesario sacar tropas de Paraguay para enviarlas a las provincias del noroeste. Por último, le informaba que se enviaría a Bolivia como agente diplomático al diputado Uladislao Frías con la misión de obtener información sobre lo que allí se pudiera estar tramando contra Argentina. 

Esos días, el diplomático peruano Benigno González Vigil informaba a su gobierno que la prensa argentina se mostraba muy alarmada por los rumores de que Melgarejo invadiría Salta sugestionado por Chile. También un diplomático español informaba a su gobierno sobre estas noticias publicadas en prensa. Según esta información el general Melgarejo “debía invadir al frente de 6.000 hombres la República Argentina, penetrando por la provincia de Salta, en donde le daría su apoyo el Partido Federal, para anexionarse aquella Provincia y las de Jujuy, Catamarca y Tucumán”. A continuación el español decía que otros periódicos desmentían la noticia, aunque a él el Ministro de Relaciones Exteriores, Rufino de Elizalde, le había manifestado su temor a una invasión y le señaló además la mala voluntad hacia Argentina de las Repúblicas del Pacífico por no haberse sumado a la guerra contra España. 

Poco después, Paz volvía a restar verosimilitud a la amenaza boliviana, aunque creía que había que tomar precauciones, por lo que iba a enviar fusiles y sables a Salta y Jujuy. Luego, en noviembre, Uladislao Frías escribió a Paz diciéndole que la invasión del general Melgarejo no era cierta, por lo que no le importaría que se suspendiera su misión a Bolivia. 

A continuación, a finales de mes y en diciembre, varios altos cargos argentinos informaron sobre la poca probabilidad de una invasión boliviana, ya que aquel país se encontraba agitado internamente y que Melgarejo parecía decidido a marchar contra Perú. También en esas fechas el gobernador de Salta se defendía de ciertas acusaciones de complicidad de su gobierno con el de Bolivia y descartaba por completo la invasión. Esto también lo manifestaba el gobernador de Santiago del Estero, aunque informaba sobre movimientos revolucionarios internos en varios territorios, en referencia a la rebelión de los caudillos federales Felipe Varela y Juan Saá que contaba con el apoyo boliviano. 

Poco después, el 9 de diciembre, el militar salteño Pedro José Frías comunicó a Paz que habían desaparecido los rumores de invasión surgidos en septiembre, aunque era conveniente armar a la provincia y le recordaba que en caso de invasión, la población de Salta reproduciría el tipo de guerra llevada a cabo por Güemes durante la Guerra gaucha contra los realistas cincuenta años antes. Un día más tarde el gobernador de Salta escribió descartando cualquier invasión y considerando imposible que Chile y Bolivia atacaran Argentina por más simpatías que sintieran hacia el tirano de Paraguay, aunque pedía armas para estar preparados. 

Sin embargo, a pesar de descartarse la invasión en diciembre, en marzo de 1867 surgieron nuevos rumores sobre la inminencia de la misma. En varias cartas enviadas desde Jujuy ese mes se hablaba de aprestos bélicos en la frontera y del reclutamiento de gente en Bolivia con el objeto de invadir el norte de Argentina, invasión que el gobernador Cosme Belaúnde creía que estaba fomentada por Chile. Por todo esto, desde Jujuy se solicitaban armas y se comunicaba que se estaba organizando la Guardia Nacional para poder enfrentarse a Melgarejo. 

Tras esto dejamos de tener noticias sobre la supuesta invasión boliviana de Argentina, aunque en septiembre encontramos comunicaciones en las que se señalaba a Melgarejo como colaborador de las montoneras de los caudillos federales Varela y Saá.

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jueves, 13 de marzo de 2025

1941, Nicaragua le declara la guerra a Hungría, Bulgaria y Rumanía.

 


1918, NICARAGUA LE DECLARA LA GUERRA A LOS IMPERIOS AUSTROHÚNGARO Y ALEMÁN

A lo largo de su historia Nicaragua ha estado inmersa en varias guerras, unas internas y otras externas, ya fuera contra países vecinos o contra poderes llegados de más allá de América Central, como fue el caso del filibustero William Walker. Sin embargo, es menos conocido que durante la Primera Guerra Mundial Nicaragua declaró la guerra al Imperio de Austria-Hungría y al Imperio alemán, conocidos por entonces como Potencias Centrales. 

Una de las primeras noticias referentes a Nicaragua y la Primera Guerra Mundial es de diciembre de 1914, tan solo unos meses después de iniciarse la conflagración. En ese momento el país ya había manifestado su neutralidad en el conflicto europeo, aunque para que esta fuera efectiva el presidente Adolfo Díaz aprobó varias disposiciones para que esta se cumpliera, como por ejemplo la identificación de los buques comerciales de naciones beligerantes mientras estuvieran en puertos de la República o la prohibición de comunicar por telégrafo desde Nicaragua cualquier información que contuviera datos de índole militar. Asimismo, cualquier buque sospechoso de haber llevado a cabo alguna actividad bélica quedaría internado en puerto. 

Más tarde, el 18 de mayo de 1917, el nuevo presidente, Emiliano Chamorro, anunció que el Senado y la Cámara de Diputados habían decretado “suspender relaciones diplomáticas entre el Gobierno de Nicaragua y el Gobierno Imperial Alemán”. 

A continuación, y teniendo en cuenta que solo unas semanas antes los Estados Unidos habían declarado la guerra al Imperio alemán y que desde Washington se ejercía un cuasiprotectorado sobre el país centroamericano, en otro artículo de ese mismo decreto se facultaba “al Poder Ejecutivo para conceder al Gobierno de los Estados Unidos de América el uso de sus puertos, aguas territoriales, vías de comunicación y toda otra facilidad análoga que sea necesaria durante el presente conflicto”. 

Poco después, el día 21, se dispuso la cancelación de las patentes consulares de varios ciudadanos alemanes que actuaban como cónsules de Nicaragua en Alemania. Asimismo se cancelaron los exequátur de varios diplomáticos alemanes residentes en diferentes ciudades de Nicaragua 

Más tarde, casi un año después, el 6 de mayo de 1918 el Senado y la Cámara de Diputados de la República de Nicaragua decretaron: 

“1º- Declárese que desde esta fecha existe el estado de guerra entre Nicaragua y los gobiernos imperiales de Alemania y Austria-Hungría. 

“2º- Declárese que Nicaragua es solidaria con los Estados Unidos de América y con las repúblicas latinoamericanas, que se encuentran en guerra con los mencionados gobiernos imperiales. 

“3º- En consecuencia, declárese el estado de sitio en la República, (…)”. 

Tras este se publicaron otros decretos relaciones con la guerra, aunque el más llamativo llegó pocos días después de finalizar el conflicto. Así, considerándose “que con el advenimiento de la paz que culminó con el triunfo de las naciones que enarbolaron el estandarte del derecho, se asegura el prevalecimiento de la democracia en el mundo; se garantiza la existencia de las pequeñas nacionalidades y se afianza de modo estable para los pueblos el ejercicio del Derecho y el triunfo de la Justicia”, se decretó “el 28 de noviembre será día de fiesta nacional en la República y se tendrá como la fecha conmemorativa del triunfo de la democracia contra el absolutismo y la autocracia militar”.

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sábado, 8 de marzo de 2025

1821, el corsario artiguista Vencedor en Madeira.


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1820-1821, CORSARIOS DE ARTIGAS EN EL MAR MEDITERRÁNEO

Como vimos en otro video, desde 1816 el montevideano José Gervasio Artigas, líder de la Liga de los Pueblos Libres, expidió desde su campamento de Purificación numerosas patentes de corso con el objetivo de hacer la guerra naval a España y Portugal. Sin embargo, es menos conocido que estos corsarios no se limitaron a actuar en aguas americanas, sino que algunos de aquellos buques actuaron en aguas del Mediterráneo español, a más de 10.000 km de distancia de las antiguas posesiones del Virreinato del Río de la Plata. 

Las primeras noticias sobre la actividad de estos corsarios en el Mediterráneo podemos leerlas en las gacetas españolas en diciembre de 1820, paradójicamente cuando Artigas ya había caído y se encontraba refugiado en Paraguay. En estas publicaciones leemos que en la mañana del 5 de diciembre en el Cabo de Gata, en el sur de España, una goleta insurgente, llamada Argentino, capturó a tres pequeños mercantes que acababan de salir del puerto de Almería. 

Poco después, en otra gaceta leemos como la goleta corsaria había apresado a siete mercantes en aquellas aguas. Cuatro de ellos fueron echados a pique tras tomar sus cargamentos de algodón, sardinas y aguardiente. Las tripulaciones de estos barcos, tras llegar a Almería en una embarcación a la que fueron entregadas por los insurgentes, dijeron que “el pirata es una goleta con 40 hombres de todas clases, un cañón de á 18 reforzado, y 2 obuses”. Por último, se nos dice que el día 7 el corsario artiguista persiguió a un navío procedente de Málaga. 

Un día más tarde el Comandante militar de marina de la provincia de Almería escribió muy alarmado al ministro de marina para decirle que una goleta pintada de negro estaba “destruyendo el comercio español desde Cabo de Gata hasta Calahonda [en la provincia de Granada]”. A continuación le decía que el Argentino había capturado el día anterior un mercante de Málaga, quizás el mencionado anteriormente, y que “se presentó a la vista de este puerto dando caza á dos buques que entraron”. Además, en esta comunicación se decía que al buque corsario le acompañaba otra nave más pequeña, una escampavía armada, con cuya ayuda capturaba a los mercantes españoles. Luego se señalaba que quizás la guarida del Argentino sería el puerto norteafricano de Orán, donde lleva a sus presas para saquearlas. Por último, se pedía que un bergantín de guerra surto en Cartagena partiera de inmediato hacia aguas de Almería. 

Más tarde, el día 28, se escribía desde el puerto de Málaga que una goleta sospechosa merodeaba aquellas aguas, creyéndose que pudiera ser la misma que actuaba en el Cabo de Gata “ú otra de la misma especie de corsarios”. A continuación, en esta carta se pedía que buques de guerra zarparan de Cádiz para evitar los estragos que aquella goleta estaba causando al comercio. 

Un día después, el 29, un diario de Barcelona publicaba el testimonio del patrón de un mercante que “fue atacado sobre Sitges […] por una Goleta corsaria insurgente que llebava apresado y de remolque un jabeque, y apesar del fuego de su fusilería pudo abandonarlo y escapar con toda su tripulación”. 

Como respuesta a esto, según leemos en las gacetas, “un buque particular en union con otro de los guarda-costas” salió en persecución del corsario que por entonces se encontraba frente al puerto de Sitges. Igualmente, desde Valencia se dio orden de que todos los buques guardacostas de la provincia salieran en busca de aquel corsario. 

De esos mismos días es una nota del Capitán General del Departamento de Cartagena comunicando que había partido de aquel puerto el bergantín de guerra Jasson con la orden de “recorrer toda la costa [del Cabo de Gata] cuidadosamente y perseguir, batir y apresar dicho pirata”, el cual estaba causando un grave perjuicio al comercio español. 

Poco después, en los primeros días de enero de 1821, el jefe político de Palma de Mallorca informó que al conocer que el buque corsario había capturado dos barcos, uno frente al cabo de San Sebastián y otro frente a Tarragona, dio orden de que tres buques fuertemente armados salieran en busca del corsario artiguista. 

Dos semanas más tarde, el día 16, Antonio Riquer, antiguo corsario y ahora comandante de los buques guardacostas de la provincia de Valencia, consiguió a bordo del buque San Antonio capturar al Argentino. Según cuenta Riquer en su informe, estuvo buscando sin éxito al navío insurgente frente a Barcelona, Mataró y el cabo de San Sebastián. Luego fue informado de que el corsario estaba en aguas de la provincia de Tarragona, consiguiendo al mediodía del día 16 avistarlo frente al pueblo de Altafulla mientras intentaba dar caza a un bergantín. A continuación, el Argentino abandonó la persecución y se dirigió hacia el navío de Riquer, quien a su vez se dirigía hacia los corsarios. 

Llegada la noche, y estando ambas naves cerca, cuenta Riquer que el corsario “rompió un vivisimo fuego de cañon y fusileria con grande griteria de urrà,...”. Luego, la San Antonio se aproximó al Argentino y lo llamó varias veces, aunque la nave enemiga guardó silenció. A continuación, mientras seguían siendo disparados, los españoles se acercaron aún más, abrieron fuego de cañón y fusilería, y finalmente lo abordaron. 

Según Riquer, la lucha, que duró unos tres cuartos de hora, fue muy reñida, aunque consiguió rendir a la goleta, tras lo cual pudo comprobar que “su cubierta y el mar estaban sembradas de cadaveres”, salvando la vida, aunque muy mal heridos, solo 31 de los más de 70 miembros de la tripulación enemiga, mientras que en el lado español solo hubieron dos heridos. Tras esto, la San Antonio y su presa se dirigieron primero a Valencia, donde serían desembarcados los prisioneros, y luego al puerto de Denia. 

Poco después, encontramos en las gacetas nuevas informaciones sobre el corsario enemigo. Según leemos, la mayor parte de la tripulación eran negros y en el navío se halló mucho dinero. También se dice que el Argentino había capturado durante su expedición 18 buques entre el Estrecho y Barcelona, que “pertenece al general de marina de los orientales de la América del sur, de los cuales es gefe y protector D. José Artigas”, que había sido armada en Margarita, que en ella había muchos fusiles, pistolas, sables y 10 cañones, y que la comandaba el estadounidense Alfred Guthery. 

Asimismo, junto a estas informaciones aparecen otras sobre un segundo buque corsario que acompañaba al Argentino y que había sido avistado entre Villajoyosa y Alicante. Esta nave, a la que se buscó sin éxito, era un bergantín llamado General Rivera comandado por el estadounidense Richard Moon, cuyo objetivo era “manifestarse en estado de guerra, y apresar buques de guerra ó particulares pertenecientes á España y Portugal”. 

Sobre Richard Moon sabemos que había sido corsario durante la guerra anglo-estadounidense de 1812. En cuando al General Rivera, hay noticias de que fue alistado en Baltimore en enero de 1820 y que navegó hasta isla Margarita. Más tarde, a mediados de año y antes de operar en Europa, el General Rivera actuó en las costas del Brasil portugués, donde consiguió burlar a sus perseguidores, pero esa es otra historia.

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sábado, 1 de marzo de 2025

1946, ayuda argentina a Luxemburgo tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

 


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1944, ARGENTINA ROMPE CON LAS POTENCIAS DEL EJE

Durante la Segunda Guerra Mundial los distintos gobiernos argentinos apostaron, a diferencia de otros países americanos, por la neutralidad, a pesar de que espías del Eje operaban en Buenos Aires y del hundimiento por submarinos alemanes de tres mercantes argentinos. 

No obstante, esta postura cambió en enero de 1944. El 26 de ese mes, el general Pedro Pablo Ramírez, presidente de facto de Argentina, decretó la ruptura de las relaciones diplomáticas con los gobiernos de Alemania y Japón. Esta medida se justificó por la constatación aquellos días de “la existencia [en suelo argentino] de un sistema de espionaje en beneficio de dichos países, atentatorio de la soberanía nacional y de la seguridad continental”, y que comprometía la neutralidad argentina. Aunque hay que señalar que ya antes se había demostrado que las redes del Eje actuaban en Argentina, en lo que se incidió en aquellas fechas para romper relaciones fue en la reiteración de estos actos de espionaje y que estuvieran involucrados diplomáticos que se amparaban en sus inmunidades y privilegios. 

Sin embargo, esto fue una excusa y el verdadero motivo para romper relaciones fueron las insistentes presiones que Estados Unidos venía haciendo desde el ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941. Estas presiones se hicieron más fuertes tras la toma del poder por parte de Ramírez en junio de 1943, cuyo gobierno se comprometió a romper relaciones con el Eje en agosto de aquel año, aunque después hubo un cambio de opinión bajo el argumento de que el gobierno argentino no tenía causas justificadas para romper con el Eje y que una ruptura sería vista como algo inducido desde el exterior, aunque el ministro de Relaciones Exteriores, el almirante Segundo Storni, señaló en una carta dirigida a las autoridades estadounidenses que la entrega de armamentos a Argentina por parte de Estados Unidos podría provocar un cambio en la opinión pública que conllevaría un giro en la política exterior del país. 

Como es natural, esta negativa a romper con el Eje disgustó a los estadounidenses, quienes, para presionar al gobierno argentino, hicieron pública la carta de Storni, sin embargo esto provocó lo contrario ya que los militares que gobernaban el país se enrocaron en sus posiciones nacionalistas y neutralistas, y Storni, el miembro más pro aliado del gobierno de Ramírez, cayó. 

Tras esto las presiones estadounidenses continuaron, alcanzando en noviembre las relaciones entre Argentina y los Aliados un punto crítico al ser detenido en Trinidad el cónsul argentino Osmar Alberto Hellmuth, enviado en secreto por su gobierno a Alemania para tratar varios asuntos, entre ellos la compra de armas, y a quien los británicos acusaban de ser un agente nazi. Esto, sumado al respaldo argentino a los golpistas bolivianos en diciembre, hizo que el presidente de Estados Unidos, Roosevelt, preparara sanciones económicas contra Argentina. Ramírez, enterado de ello y para evitar la ruptura con los Aliados, no tuvo más remedio que ignorar a los miembros de su gobierno que abogaban por la neutralidad y decidió finalmente, como dijimos anteriormente, romper relaciones con el Eje el 26 de enero de 1944. 

A continuación, un día después, el 27, Ramírez decretó “suspendidas todas las comunicaciones radiotelefónicas y radiotelegráficas con Alemania y Japón, y los países o territorios aliados, ocupados o controlados por ellos. Además, ese mismo día se decretó la suspensión de “todo intercambio comercial y financiero con Alemania, Japón y territorios dominados por esas naciones”. 

Poco después, el 4 de febrero, se declararon interrumpidas las relaciones diplomáticas con la Francia de Vichy, Bulgaria, Hungría y Rumanía. Esto se justificó aduciendo que tras la ruptura con Alemania y Japón el gobierno argentino había perdido contacto con sus representantes consulares en Francia, Bulgaria, Hungría y Rumanía, algo que no se podía achacar al decreto del 27 de enero y que por tanto no se podía continuar con las relaciones con estos países. Luego, el 31, se cancelaron las acreditaciones del cuerpo consular de Alemania y Japón. 

A continuación el día 9 se anunció oficialmente que los intereses argentinos en Alemania y Japón serían defendidos por Suecia y que Suiza cuidaría de los intereses alemanes y japoneses en Argentina. 

Simultáneamente a esto, entre los militares argentinos cundió el descontento con Ramírez por el abandono de la neutralidad, lo que provocó que poco después fuera empujado a abandonar la presidencia y fuera sucedido por Edelmiro Julián Farrell, algo que no sentó bien entre los Aliados, especialmente en Estados Unidos, quienes durante los siguientes meses presionaron al nuevo presidente para que su gobierno abandonara posturas pro Eje, cooperara con la defensa continental y le declarara la guerra a Berlín y Tokio, para ello se llegó incluso a no reconocer al gobierno de Farrell, a la suspensión de relaciones, al aislamiento y a la coerción económica. 

Finalmente, amparándose en las resoluciones de la Conferencia de Chapultepec y considerando, entre otras cosas, la agresión de Japón a los Estados Unidos en Pearl Harbor, Farrell decretó el 27 de marzo de 1945 lo siguiente: “declárese el estado de guerra entre la República Argentina por una parte y el Imperio del Japón por otra”. A continuación, en otro artículo se decía: “declárese igualmente el estado de guerra entre la República Argentina y Alemania, atento al carácter de esta última de aliado del Japón”. 

A este decreto siguieron otros. En uno de ellos se ordenaba la internación de los exrepresentantes diplomáticos y consulares del Japón y de sus familias. En otro se declaraba prisioneros de guerra a los tripulantes del acorazado alemán Graf Spee, hundido a finales de 1939 tras la batalla del Río de la Plata. En un tercer decreto se ordenó la confiscación de los bienes pertenecientes a Alemania y Japón. 

Tras esto, varias naciones reanudaron sus relaciones con Argentina, país que en los siguientes días envió ayuda a los países europeos recientemente liberados. Así el 10 de abril se pusieron a disposición de Italia 100.000 toneladas de trigo, el 28 fueron 40.000 para Noruega y el 28 de enero de 1946 se pusieron a disposición de Luxemburgo miles de pares de zapatos y miles de kilos de alimentos de toda índole.

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jueves, 20 de febrero de 2025

Reglamento de los corsarios bolivianos contra España (1866)

 





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1863-1864, LA CASI GUERRA ENTRE BOLIVIA Y CHILE

Como hemos visto en otros videos uno de los grandes conflictos de la historia de América fue la Guerra del Pacífico que entre 1879 y 1884 enfrentó a Bolivia y Perú por un lado y a Chile por otro. Sin embargo, es menos conocido que esta guerra pudo suceder años antes, en 1863, cuando el Congreso boliviano autorizó al presidente del país a declarar la guerra a Chile. 

Todo comenzó a principios de la década de 1860 como consecuencia de la disputa limítrofe del desierto de Atacama que se arrastraba desde la independencia de Chile y Bolivia. En esa época ambos países otorgaron concesiones para explotar los ricos yacimientos guaneros de la bahía de Mejillones, lugar que tanto bolivianos como chilenos reclamaban como propio. A raíz de esto, en octubre de 1862, el Gobierno de Bolivia hizo detener a Matías Torres, el empresario chileno que había obtenido la concesión del Gobierno de Santiago y que residía en el puerto boliviano de Cobija. 

De inmediato, las autoridades chilenas pidieron explicaciones al Gobierno de la Paz por la detención de Torres y reclamaban que se respetara el statu quo, es decir, la posesión chilena de los territorios situados al sur del paralelo 23º. Las autoridades bolivianas respondieron que, pese a las reiteradas incursiones chilenas realizadas en ese territorio a lo largo de los años, aquel territorio pertenecía a Bolivia y que Torres estaba extrayendo guano sin permiso boliviano en una guanera boliviana. 

A continuación, durante los siguientes meses, hubo un intercambio de notas entre chilenos y bolivianos, en las que los primeros protestaban por la condena a Torres y defendían su posesión de aquellos territorios y los segundos mantenían exactamente lo contrario, aunque ni unos ni otros perdieron la cordialidad en ningún momento. 

Sin embargo, todo se agrió en marzo de 1863. El 23 de ese mes los bolivianos enviaron una enérgica nota de protesta a los chilenos. En ella podemos leer que el Gobierno de Bolivia había sido conocedor de que los chilenos habían enviado dos buques de su marina a Mejillones y que se habían apoderado del puerto de Mejillones y de sus depósitos de guano, y se exhortaba al Gobierno de Santiago a respetar los derechos bolivianos sobre aquel litoral y a dejar de enajenar el guano de Mejillones. 

Semanas después los chilenos respondieron defendiendo su soberanía sobre aquellos territorios remontándose para ello hasta 1679. Por esa misma época los bolivianos enviaron a Pascual Soruco para tratar las diferencias entre ambos países, pero la falta de instrucciones a este imposibilitaron cualquier negociación. 

Mientras tanto, el 31 de marzo el presidente de Bolivia, José María de Achá, considerando que el Gobierno de Chile había ocupado una parte del litoral boliviano usando la fuerza de su armada, convocó una reunión extraordinaria de la Asamblea Nacional en la ciudad de Oruro donde se debía tratar “la cuestión internacional de la República de Chile, procedente de la ilejitima posesion que el Gobierno de esta República ha tomado del litoral boliviano desde el grado 26 hasta el 23 de latitud meridional y del apoderamiento que ha hecho de la bahía de Mejillones arrogándose la esplotacion de las huaneras recientemente descubiertas en ella,...”. 

Semanas más tarde, el 5 de mayo, comenzó el Congreso Extraordinario de Oruro. En su sesión inaugural el presidente Achá dijo: 

“Sabeis, Señores, que el Gobierno de Chile, conculcando los derechos de posesion i dominio que de tiempo inmemorial ha tenido la República sobre el litoral del desierto de Atacama, ha invadido de algunos años a esta parte nuestras costas i apoderádose progresivamente de ellas, incitado por el cebo de las riquezas que tanto en guanos como en materias minerales encierran”. 

A continuación, Achá recordó todos los intentos que los bolivianos habían hecho por vía diplomática para defender sus derechos sobre aquellos territorios, aunque estos, a juicio del Presidente, habían terminado en el momento en que los chilenos tomaron posesión de Mejillones. 

Por último, Achá dijo: 

“Si el Gobierno de Chile desoyese nuestras justas demandas, i persistiese en apoderarse del antiguo litoral del desierto de Atacama i de la bahía de Mejillones […] no puede darse razones más evidentes, ni motivos más justificados para declarar la guerra a nuestro gratuito agresor […] Pido a la asamblea declarar la guerra a Chile si los medios diplomáticos no son suficientes para cortar desavenencias”. 

Luego, Rafael Bustillo, ministro de Relaciones Exteriores, presentó una Memoria sobre la cuestión de Mejillones en la que se defendían los derechos bolivianos sobre los territorios en disputa y señalaba que la soberanía chilena en ningún caso se extendía más allá del grado 24. 

Seguidamente, inspirada por esta Memoria, la Asamblea Legislativa Extraordinaria de Oruro promulgó el 3 de junio una ley de carácter secreto que buscaba una alianza con Perú para recuperar Mejillones y la protección peruana del litoral boliviano con su marina a cambió participar en los beneficios del guano. Asimismo, se mencionaba la realización de pactos con potencias amigas para recobrar Mejillones y el aumento, en caso de guerra, del ejército con la ayuda de un empréstito en Europa o América. 

A continuación, el día 5 se promulgó otra ley por la cual: 

“Se autoriza al Poder Ejecutivo para declarar la guerra al Gobierno de la República de Chile, siempre que agotados los medios conciliatorios de la diplomacia, no obtuviere la revindicacion del territorio usurpado, o una solucion pacífica compatible con la dignidad nacional”. 

Aunque se ha dicho que la publicación de esta ley solo era una mera advertencia para Chile, la realidad es que parece que no era un farol de los bolivianos, quienes buscaron activamente la amistad de peruanos, británicos y franceses. En el caso de Perú incluso se mencionó en un documento la posible reedición de la Confederación Perú-Boliviana para enfrentarse a Chile. 

Luego, en julio, los chilenos, conocedores de la ley del 5 de junio, reclamaron una explicación sobre esta autorización para declarar la guerra a Chile y sobre el supuesto envío de tropas bolivianas para invadir el territorio de Mejillones, a lo que los bolivianos respondieron remarcando que seguirían el camino de la diplomacia hasta el último momento. 

Durante las siguientes semanas la situación se fue tensando, sobre todo entre la opinión pública de Chile, y ya en septiembre las noticias llegaron a Europa, donde se llegó a publicar que la guerra podría ser inminente. Tiempo después, en noviembre, en el Congreso de Chile se hablaba abiertamente de las amenazas de guerra provenientes de Bolivia. 

En ese mismo mes un representante británico en Santiago comunicó a su gobierno que el asunto pintaba mal y que el Congreso de Chile había autorizado una importante inversión en buques de guerra. Además, señalaba que en Chile se creía que los bolivianos pretendían comprar tres corbetas a Francia y añadía que “una ocupará Mejillones, otra bloquearía Valparaíso y la tercera cazaría vapores chilenos...”. En relación a esto, un diplomático chileno en Bruselas escribió meses después que los bolivianos tenían “el propósito deliberado de adquirir barcos mercantes y armarlos a fin de emprender la guerra con Chile”. 

También en noviembre se firmó un Tratado de Paz y Amistad con Perú, pero el enviado boliviano a Lima, Juan de la Cruz Benavente, no consiguió que el Gobierno peruano se implicara en el asunto de Mejillones, del cual lo más que se consiguió fue una oferta de mediación. 

En esas mismas fechas llegó a Chile el boliviano Tomás Frías para tratar el asunto de Mejillones y negociar un tratado de límites, aunque al parecer en realidad trataba de ganar tiempo mientras su Gobierno buscaba ayuda y dinero en Perú y Europa. Durante las siguientes semanas Frías trató con el ministro Manuel Antonio Tocornal, quien le exigió la resolución del asunto Torres y la derogación de la ley del 5 de junio, a la cual Frías le restaba importancia. Además, ambos negociaron una indemnización económica por Mejillones, aunque no se llegó a un acuerdo en la cantidad. Finalmente Frías decidió abandonar Chile en febrero de 1864 y ambos países rompieron relaciones poco después. 

Semanas más tarde, ante la negativa peruana a una alianza contra Chile, en vista de la “impotencia marítima” de Bolivia y a la falta de medios para llevar a cabo una guerra, las autoridades bolivianas descartaron “llevar la guerra contra Chile”, aunque se enorgullecían de haber reivindicado con tanta energía sus derechos sobre aquellos territorios. 

Tras esto, y durante el siguiente año y medio, el asunto se enfrió, y no solo eso, en febrero de 1866 Bolivia enterró sus diferencias con Chile y se alió con este país, con Perú y con Ecuador en la guerra contra España, llegándose en ese mes a anular la ley del 5 de junio de 1863 y en agosto a firmar un Tratado de Límites entre Chile y Bolivia, sin embargo esto solo fue un paréntesis en el conflicto chileno-boliviano, que estalló en 1879, aunque esa es otra historia.

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sábado, 15 de febrero de 2025

Primeros artículos de la Constitución de la Confederación Granadina (1858).

 





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LA ANEXIÓN DE COLOMBIA A LOS ESTADOS UNIDOS (1857-1858)

Como hemos visto en otros videos a lo largo de su historia los Estados Unidos han planeado apropiarse o se han anexado numerosos territorios americanos, como por ejemplo las islas Lobos peruanas, el propio Perú o el norte de México, sin embargo, es menos conocido que en la década de 1850 varios líderes de lo que hoy se conoce como Colombia tuvieron la intención de que los Estados Unidos se anexaran su país. 

Ya en 1851, cuando el país aún se llamaba Nueva Granada y liberales y conservadores se enfrentaban en una guerra civil, hay noticias de que un grupo de conservadores pretendían que el país, o al menos el territorio de Antioquia, pasara a formar parte de los Estados Unidos “como un medio para obtener la estabilidad política y la seguridad de la propiedad”. A esto se opondría el escritor Emiro Kastos, quien a finales de ese año escribió: 

“hai entre nosotros algunos espíritus impacientes que, deseando a todo trance comercio, ferrocarriles i movimiento industrial i viendo por otra parte que nuestros pueblos solo despiertan de su estúpido letargo para devorarse en estériles revueltas, caminando siempre en la via social con paso trémulo, dirijen sus miradas a los Estados Unidos, i pronuncian en voz baja la palabra anexacion. Yo no acepto esta palabra fúnebre, ni este deseo antipatriótico”. 

Años después, en 1857, el conservador Mariano Ospina Rodríguez, presidente de la República, pensaba “que la inexorable expansión de los Estados Unidos inevitablemente engulliría a Nueva Granada antes o después”, por lo que lo mejor era hacerlo voluntariamente, sin derramamiento de sangre y previendo que “el dominio estadounidense traería estabilidad y seguridad a la propiedad privada”. 

Así, en cartas de mediados de aquel año, Ospina le decía lo siguiente a Pedro Alcántara Herrán, expresidente y en ese momento embajador en los Estados Unidos: 

“¿qué inconveniente le resultaría a la Nueva Granada de anexarse a la Unión Americana? ¿La Unión estaría dispuesta a aceptar la anexión? Todos los hombres que tienen sentido común... han empezado a preguntarse: siendo cierto que estos países van a ser absorbidos por la Confederación del Norte... ¿por qué no se hace de una vez aquella operación pacíficamente? Esta misma pregunta me la estoy haciendo yo hace algunos años, y hasta ahora no le he hallado respuesta. Me parece que dos veces le he propuesto a Ud. la cuestión; si Ud. tiene alguna respuesta satisfactoria, le estimaré que me la comunique. Yo solo encuentro que puede haber repugnancia por parte de los aceptantes de allá...”. 

Tiempo después, en febrero de 1858, el liberal Florentino González, Procurador General de la República, presentó un proyecto de Constitución para reorganizar el país y aconsejaba, en caso de no aprobarse, la anexión de Nueva Granada a los Estados Unidos como medio para atajar la crisis nacional. Esta propuesta queda resumida en las siguientes palabras de González: 

“Pasando a ser parte de la Unión Americana, los Estados granadinos se hallarían en la misma condición que los Estados de New York, Pensilvania i los demás de la Confederación; gozarían de la protección que en el esterior puede darles el poder de aquel Gran Pueblo; i conservarían su gobierno propio i los medios de mejorar su condición interior, sin riesgo de esas incursiones vandálicas de que ahora estamos amenazados. 

[...] 

“Incorporados los Estados granadinos a la Union Americana, la respetabilidad de esa gran Nacion nos preservaria de todos esos inconvenientes, nos daria toda la importancia que ella tiene, i destruiria la inseguridad que aleja de nosotros la poblacion i entorpece las empresas de toda clase. 

“Perderiamos una nacionalidad nominal para adquirir una real, potente i considerada por todos los Pueblos. Nuestra raza se mezclaria gradualmente con la raza Anglo-sajona”. 

Poco después, en abril, leemos en una carta de González expresar su temor a una anexión por la fuerza llevada a cabo por filibusteros de la clase de William Walker, quien poco antes había tomado el poder en Nicaragua. González temía que si esto pasaba los Estados del Magdalena y Bolívar podrían convertirse en Estados de esclavos, y expresaba su preocupación por los negros y mestizos de aquellas regiones. En cambio decía que “por lo que respecta a los Estados de Santander, Boyacá, Cundinamarca y Antioquia nada temo, pues la raza blanca es en ellos bastante numerosa y pueden conservar su importancia agregados a la Unión”. 

Meses más tarde, en octubre, estando ya Nueva Granada rebautizada como Confederación Granadina, volvemos a leer en una carta de González una referencia a la anexión de los Estados Granadinos a la Unión Americana, idea, que según él, estaba muy en boga en aquella época. 

Tras esto dejamos de oír sobre este proyecto de anexión, aunque hasta la actualidad han sido muchos los planes para anexar diferentes territorios americanos a Estados Unidos, aunque esa es otra historia.


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sábado, 8 de febrero de 2025

1865, la República Argentina declara la guerra al Gobierno del Paraguay.

 


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1865, EL ORIGEN DE LA INVASIÓN PARAGUAYA DE ARGENTINA

Como hemos visto en otros videos, la invasión brasileña de Uruguay en 1864 provocó que Paraguay invadiera en primer lugar el territorio brasileño del Mato Grosso y a continuación la provincia argentina de Corrientes. Sin embargo, entre ambos ataques paraguayos se produjeron varios hechos que en ocasiones se pasan por alto. 

Todo comenzó, en resumen, cuando los brasileños invadieron Uruguay en octubre de 1864 en apoyo a uno de los bandos que se disputaban el poder en aquel país. En respuesta, los paraguayos, en apoyo del otro bando oriental, invadieron el territorio del Mato Grosso a finales de diciembre de ese año. Durante los siguientes días las tropas paraguayas ocuparon sin dificultad varios puntos de aquel territorio. 

Tras estos éxitos iniciales, el presidente paraguayo, Francisco Solano López, quiso extender sus operaciones al sur de Brasil, a la provincia de San Pedro de Río Grande del Sur, aunque para ello necesitaba atravesar el territorio argentino, por lo que el gobierno paraguayo apoyándose en precedentes pasados solicitó permiso a Argentina el 14 de enero de 1865 para que sus ejércitos pudieran transitar por la provincia de Corrientes. 

Días después, el 9 de febrero, el ministro de Relaciones Exteriores argentino, alegando entre otras cosas la neutralidad de su país, dijo en una carta dirigida a su homólogo paraguayo que: “... el Gobierno Argentino […] no considera conveniente acceder á lo que solicita el Gobierno Paraguayo”. Ese mismo día el ministro argentino dirigió otra carta al paraguayo en la que le exigía explicaciones por las numerosas tropas que su país estaba concentrando en la frontera, en especial por el aumento de las guarniciones en la margen izquierda del río Paraná, un territorio cuyo dominio estaba en disputa. 

Semanas después, el 5 de marzo, el presidente López dirigió un mensaje al Congreso paraguayo en el que criticaba tanto la negativa argentina al tránsito por Corrientes, como la exigencia de explicaciones sobre la presencia de tropas paraguayas en la margen izquierda del Paraná. A continuación, durante los siguientes días vemos como en el Congreso paraguayo las críticas a Argentina arreciaron y como se llegó incluso a reclamar todo el territorio argentino de Misiones. 

Luego, preparándose para la guerra que se avecinaba, el Congreso paraguayo promulgó varias leyes. En primer lugar se aumentaban los generales y los brigadieres del ejército; a continuación se nombraba a López “Mariscal de los Ejércitos de la República”; seguidamente, se autorizaba al gobierno a contraer un empréstito; luego se otorgaba a López una presea de brillantes y una espada de honor, y por último se le autorizaba a crear una Orden Nacional para recompensar los servicios civiles y militares. 

A continuación, el día 18, el Congreso paraguayo declaró “... la guerra al actual Gobierno Argentino, hasta que dé las seguridades y satisfacciones debidas á los derechos, á la honra, y a la dignidad de la Nación Paraguaya y su Gobierno”. Esta declaración se basó en la negativa argentina al tránsito de tropas paraguayas por Corrientes, al desconocimiento de los derechos paraguayos sobre Misiones, a la protección que el Gobierno argentino brindaba a un comité revolucionario de traidores paraguayos y “a la indudable mancomunidad del Gobierno de la Confederación Argentina con el del Imperio del Brasil para dislocar el equilibrio político de los Estados del Plata...”. 

A continuación, el 11 de abril, el mariscal López dirigió la siguiente proclama al Ejército Expedicionario del Sud: 

“Soldados - Acatando la Soberana resolución de la Nacion, vais por segunda vez á llevar vuestras armas al suelo argentino para labar la afrenta que la demagogia no cesa de arrojar sin motivo alguno sobre vuestra Patria, sobre vuestro Gobierno y sobre vuestra honra militar. 

“Hace veinte años combatiais sobre el mismo suelo argentino por vuestra Independencia, amenazada por el Gobernador de Buenos Aires, ahora vais á combatir por el sosten de esa misma Independencia, por el mantenimiento del equilibrio de los poderes y por la tranquilidad de vuestros hogares. 

“Entonces como ahora, encontrareis en los Pueblos argentinos, enemigos que combatir y dignos Ciudadanos á quienes tender la mano. No confundais al patriota desgraciado con el instrumento de la demagogia, que entronizada en la Ciudad de Buenos Aires, se declara vuestro gratuito enemigo, se alia al Brasil en su política de conquista, y haciendo votos por vuestro esterminio le ofrece toda la cooperación y ausilio que cabe en la corrupcion, la traicion, y la cobardía. 

[...] 

“Soldados y Marinos - Allí teneis los valientes de Coimbra y San Lorenzo, imitad su ejemplo y vuestra campaña no será larga y vuestros triunfos habrán afianzado para siempre el porvenir y la grandeza de la Nacion”. 

Tras esto, solo dos días después, naves paraguayas se presentaron frente a la ciudad de Corrientes, donde capturaron dos buques argentinos, para a continuación tomar la ciudad al día siguiente. 

Poco después, al conocer lo sucedido, el presidente de Argentina, Bartolomé Mitre, diría en una proclama: “... contestaremos la guerra con la guerra, y la haremos con toda la energía...”. A lo cual añadió poco después en un discurso: “... que dentro de veinte y cuatro horas estaremos en los cuarteles, dentro de quince dias en campaña, y á los tres meses en la Asuncion”. Al mismo tiempo, en esas fechas, se declaró el estado de sitio en toda la República y se movilizó a la Guardia Nacional. 

Días más tarde, el 1 de mayo, mientras las tropas paraguayas seguían avanzando por la provincia de Corrientes, Argentina, Brasil y Uruguay firmaron el Tratado secreto de la Triple Alianza contra Paraguay. A continuación, el día 9, Argentina decretó: “Que en virtud de los actos alevosos, criminales y hostiles designados y comprobados, la República Argentina está en guerra con el Gobierno del Paraguay”. A esto le seguirían cinco años de guerra, aunque esa es otra historia.

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sábado, 25 de enero de 2025

La constelación de El Arrodillado según Eratóstenes

 


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HÉRCULES, EL PLANETA OLVIDADO

En la Antigüedad astronomía y astrología eran una sola, y los astros estaban estrechamente relacionados con la mitología y la religión. Fruto de esta relación constelaciones y planetas recibían el nombre de dioses, héroes y personajes de los mitos. A continuación hablaremos de uno de estos planetas que en su día recibió el nombre de un héroe, pero que hoy día se ha olvidado. 

Podríamos estar hablando de Antichton o Antitierra, un planeta que según Filolao,  matemático y astrónomo pitagórico del siglo V a. C., se encontraba al otro lado del fuego que ocupa el centro del universo, a cuyos habitantes por ello no se les podía ver desde la Tierra. Pero no, en este caso nos referimos a un planeta visible y conocido por todos,  Pyroeis

Esta estrella errante, este planeta, conocido como Pyroeis o Piroidés, era el tercero para los astrónomos antiguos. Su nombre significaba 'con aspecto de fuego', 'ardiente' o 'ígneo', por su color rojizo. Por supuesto, el planeta al que nos referimos es el planeta de Ares, Marte, llamado así por el dios de la guerra, cuerpo celeste de sobra conocido, aunque en la Antigüedad recibió otro nombre que se perdió en los albores de la Edad Media. Este nombre fue Hércules. 

Lo que hoy llamamos Marte también fue conocido entre los siglos IV a. C. y el V de nuestra era como planeta de Heracles o Hércules, hijo de Zeus, el mayor héroe de la mitología grecolatina que fue divinizado al final de su vida. Este nombre, como podemos ver en las fuentes griegas y latinas, gozó de popularidad, aunque desconocemos su origen. Esta denominación podría tener una raíz grecolatina, fruto de la identificación y del sincretismo de Ares y Heracles en la religión y la astrología de la época, aunque algunos autores han señalado que quizás se debiera al influjo oriental, tal vez fenicio, egipcio o mesopotámico. 

El primer autor que nos habla del 'planeta de Heracles' es Epígenes de Bizancio, quien hacia el año 200 antes de nuestra era dice que el planeta al que los griegos llaman Ares, es llamado Heracles por los caldeos, pueblo de Mesopotamia, aunque también podría hacer referencia a los magos, astrólogos y matemáticos de oriente, llamados caldeos en época helenística y romana. Esta información también aparece en la obra de Varrón, autor del siglo I a. C., quien señala que “los caldeos llaman Estrella de Hércules a aquella que todos los demás pueblos llaman Estrella de Marte”. 

Otro autor que nos habla del 'planeta de Heracles' nos es desconocido, aunque se le suele llamar Pseudo-Aristóteles. La cronología de su trabajo, De Mundo, también la desconocemos, pero se manejan fechas entre el 350 a. C. y el 100 d. C. En esta obra leemos que al planeta Pyroeis también se le llama Ares o Heracles, información que para algunos provendría del geógrafo y astrónomo Posidonio, natural de Siria. 

Cerca de allí, en el siglo I a. C., el rey Antíoco I de Comagene hizo levantar en el Monte Nemrut, en la moderna Turquía, un santuario que contaba con estatuas colosales de varias divinidades. En este templo también se encuentra una gran losa de piedra con un león esculpido y tres estrellas que representan una conjunción planetaria de Marte, Mercurio y Júpiter que tuvo lugar en el año 62. Junto a la estrella que representa a Marte encontramos una inscripción que dice 'Pyroeis Heracleos', “el llameante Heracles”. 

Años después, en época de Augusto, Higino, autor de probable origen hispano, también menciona a Hércules como otro nombre del planeta Marte. Más tarde, hacia el año 77 d. C., Plinio el Viejo, en su famosa Historia Natural, y el filósofo y matemático Teón de Esmirna a principios del siglo II nos dicen lo mismo. A mediados del mismo siglo, el alejandrino Aquiles Tacio introduce una novedad y dice que el nombre de 'estrella de Hércules' proviene de los egipcios. En esa misma época volvemos a encontrar referencias a la 'estrella de Heracles' en el Tetrabiblos del reconocido astrónomo y geógrafo Claudio Ptolomeo y en los escritos del autor númida Apuleyo, quien señala que son muchos los que llaman así al planeta. 

Tras esto, una de las referencias más tardías proviene de Servio, gramático que vivió a caballo entre los siglos IV y V, quien transmite lo dicho por Varrón, es decir, el origen caldeo del nombre de Hércules. Después de Servio, la última noticia que tenemos sobre el 'planeta de Hércules' es de una anotación de cronología incierta en una obra del general romano del siglo I de nuestra era Germánico que nos ha llegado a través de un manuscrito medieval. Luego parece que la denominación de Hércules para el planeta Marte cae en el olvido y se impone hasta la actualidad este último nombre.

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